Juegos de Guerra: 12.000 españoles muertos en Annual por la temeridad de un rey
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Juegos de Guerra: 12.000 españoles muertos en Annual por la temeridad de un rey

La injerencia de Alfonso XIII en Marruecos llevó a la peor derrota colonial de España, el Desastre de Annual, tras nombrar y alentar a su favorito, el general Manuel F. Silvestre

Foto: Cadáveres insepultos en Monte Arruit, el último episodio de Annual.
Cadáveres insepultos en Monte Arruit, el último episodio de Annual.

En mayo de 1921, apenas un mes y medio antes de que las tropas del ejército español en Marruecos tuvieran que salir en desbandada de la posición de Annual, el comandante en jefe y responsable del imprudente avance, el general Manuel Fernández Silvestre, partió de Melilla para acudir a un acto que presidiría la reina en la Academia General de Caballería de Valladolid. Se estaba gestando el penúltimo capítulo del Desastre de Annual, en el que murieron 12.000 hombres. La mayor derrota de un ejército europeo en África y el acontecimiento militar más decisivo de la Historia de España antes de la Guerra Civil.

Silvestre, comandante general de Melilla y amigo íntimo del rey Alfonso XIII, disfrutó de un acto que se convirtió en una auténtica fiesta de lo más granado del ejército español. Y durante las reuniones que se realizaron ese día apuntaló su deseo de realizar el imprudente avance hacia la bahía de Alhucemas desde la posición de Annual.

Es muy probable que tanto el monarca Alfonso XIII como sus compañeros de armas le animaran a seguir hasta Alhucemas

Sobre lo sucedido en esta reunión, a la que también se incorporó desde Melilla Fernando Primo de Rivera del Regimiento de Alcántara, se han hecho numerosas especulaciones acerca de si fue animado Silvestre por el rey a llegar rápidamente a la bahía de Alhucemas. Desde luego, no hay pruebas sobre esta cuestión, pero es muy probable que tanto el monarca Alfonso XIII como sus compañeros de armas le animaran a seguir hasta Alhucemas, pudiendo incluso fijar la emblemática fecha del 25 de julio, día de Santiago, patrón del arma de Caballería, como día de conquista de la bahía. —Manuel Serrano Vélez, 'Manuel Silvestre o el sueño de un imperio', (Almuzara)—. El comienzo de la tragedia.

El rey Alfonso XIII y Manuel Fernández Silvestre con uniforme claro.
El rey Alfonso XIII y Manuel Fernández Silvestre con uniforme claro.

A pesar de que el rey Alfonso XIII se quejaría más adelante de que si hubiera sido un "rey a secas" en vez de un "rey constitucional" no habría ocurrido el desastre, la realidad era más bien la contraria —Javier Tusell, 'Alfonso XIII, el rey polémico' (Taurus)—. Debía someterse al escrutinio del parlamento y del gobierno desde la restauración canovista, pero el peso de Alfonso XIII en el ejército era total, porque decidía los nombramientos y destinos de todos lo generales y departía con ellos sugiriendo acciones militares. "Era el Ejército del rey, en el que podía conceder grados, ascensos y recompensas militares, por lo que, si bien el empleo militar era propiedad del individuo que lo desempeñaba, los destinos, las comisiones y los cargos obedecían a la libre voluntad del rey", —Manuel Serrano Vélez, 'Manuel Silvestre o el sueño de un imperio', (Almuzara)—.

El favorito del rey

En ese contexto de influencia de la monarquía, Silvestre se convirtió en el favorito de Alfonso XIII. Es más, desde que le nombrara en 1915 jefe del Cuartel Militar del Rey, habían compartido juergas, decisiones y planes militares. Se les veía siempre juntos y el trato era muy cercano hasta el punto de que Silvestre sustituía con frecuencia al rey en algunos actos. Sin embargo, la mayor ambición del general era el expansionismo en África, en el protectorado del Rif. Al final, Alfonso XIII dejó clara su posición respecto al protectorado cuando le nombró jefe de la Comandancia de Melilla.

Silvestre había comenzado una serie de avances desde Melilla con un sistema de comunicaciones, abastecimiento y defensa desastroso

El valimiento regio y la circunstancia de ser Fernández Silvestre más antiguo en el grado de general de División que Dámaso Berenguer, movieron al comandante general a prescindir frecuentemente de su superior jerárquico en Marruecos y a proceder muchas veces por propia cuenta. La Comandancia de Melilla se convirtió así en un cantón autónomo. Dámaso Berenguer su máximo superior como Alto Comisario en Marruecos estaba enfrentado a él y sin embargo no supo detener a su subordinado en los momentos clave por la influencia de éste con el monarca.

El general Silvestre con rifeños.
El general Silvestre con rifeños.

El nombramiento de Silvestre por parte de Alfonso XIII pronto dio sus primeros frutos y a finales de 1920 se habían comenzado una serie de avances desde Melilla con un sistema de comunicaciones, abastecimiento y defensa tan poco adecuados que serían célebres a partir de entonces como ejemplo de lo que nunca se debe hacer. Por otra parte, aunque Silvestre conocía bien Marruecos, hasta el punto que hablaba el árabe, ignoró repetidamente las advertencias de la inteligencia militar y del resto de oficiales que conocían a las cabilas rifeñas aliadas de España en el protectorado y que eran la verdadera clave de la posición militar.

Cuando llegamos a Annual el 15 de enero me quede horrorizado y me preguntó Silvestre que me pasaba. Le dije que iba a ser una preocupación constante

Las acciones de Silvestre y la falta de decisión de Berenguer estaban convirtiendo todo el protectorado en un inmenso polvorín que estallaría trágicamente unos meses después. Como comandante general de Melilla, Silvestre comenzó una serie de avances en sintonía con la propia opinión del rey, cuya estrategia era claramente expansionista.

El general Fidel Dávila, célebre unos años después por ser uno de los destacados militares rebeldes que se sumaron al golpe de Estado del 18 de julio de 1936 escribió: "Cuando llegamos a Annual el 15 de enero —1921— me quedé horrorizado y me preguntó Silvestre que me pasaba. Le dije, mi general no se me han puesto los pelos de punta porque no tengo, pero me ha salido el pelo a través de la calva. Esto es imposible, esta posición va a ser una preocupación constante" —Luis Miguel Francisco 'Morir en África. La epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual' (Crítica)—.

El aviso de Monte Abarrán

Por si fuera poco la imprevisión con la que se estaban realizando las operaciones en la comandancia de Melilla, se produjo el aviso definitivo de lo que les esperaba en caso de continuar con esa estrategia. Se ha escrito mucho sobre el preludio inmediato de la desbandada de Annual, el asedio a Monte Igueriben, en el cual el comandante Julio Benítez aguantó un día y medio hasta la última bala de cañón tras un asedio sin agua ni apenas municiones, durante el cual tuvieron que beberse la tinta y hasta sus propios orines antes de caer ante los rifeños de Abd el Krim.

Igueriben era el ejemplo de esas posiciones defensivas aisladas unas de otras por una mala red de comunicación y que encima carecían de agua

Igueriben era el ejemplo perfecto de ese sistema de blocaos que impuso Silvestre: posiciones defensivas aisladas unas de otras por una mala red de comunicaciones y que encima carecían de agua en su mayoría, por lo que era necesario recurrir a las aguadas: convoyes que la trasladaban desde los pocos pozos a las posiciones defensivas y que podían ser fácilmente interceptadas por el enemigo. Pero antes de Igueriben el verdadero aviso fue Monte Abarrán.

Un convoy en el Protectorado de Marruecos.
Un convoy en el Protectorado de Marruecos.

Silvestre, contra el criterio de la mayoría de oficiales y sin tener en cuenta la situación política de los líderes de las cabilas rifeñas decidió apoderarse de la posición con una deficiente dotación de hombres y armamento. No ocurrió lo improbale si no lo que se sí se había previsto. Las tropas de Abd el Krim asediaron la posición que cayó estrepitosamente: murieron todos los oficiales y prácticamente toda la guarnición y desde el punto de vista militar fue un desastre porque además el enemigo capturó piezas de artillería cruciales entonces y que además significaban un golpe moral incontestable.

Silvestre decidió acudir inmediatamente en persona a socorrer a sus soldados de Abarránquelo: un arrojo y valentía atolondrada característica suya

Cuando Silvestre recibió el telegrama en Melilla sobre lo que ocurría en Monte Abarrán, decidió acudir inmediatamente en persona a socorrer a sus soldados, un arrojo y valentía atolondrada característica de su personalidad y que sería decisiva en todo lo acontecido en el terrible verano de 1921. El rey Alfonso XIII admiraba ese tipo de comportamiento militar más propio de los espadones del siglo XIX que de los ejércitos modernos y compartía esa visión de la ofensiva, el honor y el arrojo antes que el cálculo, la paciencia y el análisis. Los ayudantes de Silvestre le impidieron acudir a una muerte segura, porque además precisamente Abd El Krim —que conocía la personalidad de Silvestre—, había retrasado y pausado la ofensiva de Monte Abarrán esperando que acudiera a la posición con el objetivo de capturarlo.

Abd El Krim

El líder rifeño, que había estudiado en Madrid y después trabajó en la administración española, lo que le confirió un gran conocimiento de sus mecánicas, sabía que la acción militar era solo una parte del juego. De cara a los diferentes líderes de las cabilas existía también un importante componente psicológico que se basaba en demostrar que los europeos no eran superiores, que su armamento o su capacidad militar podían ser anulados.

Abd El Krim.
Abd El Krim.

Abd el Krim mostró después fotos de los cañones capturados y desarrolló una labor propagandística. Consiguió de hecho la adhesión de los rifeños y la posterior defección de la Policía Indígena: tropas locales al mando de los españoles que resultarían cruciales en el desastre de Annual.

Silvestre se hundió anímicamente tras la derrota de Monte Abarrán y comunicó ya entonces a Gómez Jordana que "prefería morir en el campo de batalla"

Silvestre se hundió anímicamente tras la derrota de Monte Abarrán y comunicó ya entonces a Gómez Jordana que "prefería morir en el campo de batalla antes que asumir la responsabilidad y la vergüenza de haber actuado mal en el campo de batalla", lo que explicaría en parte los rumores nunca aclarados de que fue él mismo quien se disparó en la cabeza cuando la mañana del 21 de junio cayó Annual y comenzó la desbandada. Sin embargo, para mayo se había rehecho y cuando acudió a la crucial cita de Valladolid estaba exultante.

El comienzo del fin

En un momento del acto se dirigió a sus compañeros en estos términos: "La ocupación de posiciones, el establecimiento de contacto con Alhucemas, podrá efectuarse, según las circunstancias, con lentitud, ganando adhesiones en los poblados montañeses y aprovechando sus rivalidades, o, por el contrario, marchando laderas arriba y llegando a la cumbre ¡a todo trance! Claro es que esto último requerirá sacrificios. No los ha escatimado ni los escatima el ejército. Pero téngase en cuenta que hasta que llegue el momento de ver a nuestra bandera en las alturas de esas montañas, hay que trepar por desfiladeros fragosísimos, donde no existen sendas ni huellas de sendas, donde ni siquiera hay veredillas que permitan el paso de los borriquitos morunos… Allí solo han subido hasta hoy los montaraces cabileños. ¡Allí subiremos nosotros!

Al final se dio cuenta de que ellos mismos estaban rodeados en una relación de 1 a 5. No había ninguna otra posibilidad que llegar a Melilla como fuera

Silvestre salió del acto de la Academia de Caballería de Valladolid eufórico. Según Manuel Serrano Vélez: "En este mismo acto, dijo a sus íntimos: 'Me voy contentísimo. No pasarán muchos días sin que tengáis noticias, y buenas, de mí. Aseguro que voy a dar no poco que hablar a amigos y enemigos'. ¿Tenía una tácita autorización para ello del propio monarca?". No se sabe que hubiera ocurrido porque antes de que se produjera cualquier otra operación las tropas de Abd El Krim comenzaron el terrible calvario de las tropas españolas con el asedio de Monte Igueriben el 19 de julio de 1921.

El calvario de Annual

Silvestre, que lo intentó todo para socorrer a los hombres de Julio Benítez, al final se dio cuenta en la noche del día 20 que en realidad no solo no podría ayudar a Monte Iguiriben sino que ellos mismos estaban rodeados en una relación de 1 a 5. No había ninguna otra posibilidad que intentar replegarse a Melilla como fuera. El general murió esa misma mañana probablemente tras pegarse un tiro y comenzó la desesperada huida de los 12.000 soldados españoles. De ellos, 5.000 cayeron esa misma mañana. El regimiento de Caballería Alcántara comandado por Fernando Primo de Rivera, hermano del que luego sería dictador, hizo lo que pudo por mantener el orden de la tropa.

El hecho de que Alfonso XIII alentara al general Silvestre y le envalentonara es una prueba de su responsabilidad en la terrible derrota

No llegaron nunca a Melilla. Tras una semana de pesadilla huyendo de los rifeños tuvieron que refugiarse en el cercano fuerte de Monte Arruit a tan solo 20 km de la posición principal del ejército español. Ni siquiera entonces pudieron ser socorridos. En Monte Arruit los últimos supervivientes de la desbandada de Annual fueron acuchillados por los marroquíes cuando el alto comisario Dámaso Berenguer ordenó al general al mando Felipe Navarro que se rindieran tras descartar una operación de salvamento que rechazaron todos los generales del alto Estado Mayor reunidos para estudiar la posibilidad de acudir en su ayuda —Luis Miguel Francisco, 'Morir en África' (Crítica)—.

Nunca se pudo determinar con claridad la responsabilidad directa del monarca en las operaciones que llevaron al desastre de Annual. La izquierda en el parlamento hizo todo lo posible por vincular a Alfonso XIII con el Desastre de Annual, pero ni siquiera la concienzuda instrucción del general Fernando Picasso llegó tan lejos. No obstante, es más que evidente para la mayoría de historiadores del periodo que la injerencia del rey fue crucial desde el mismo nombramiento de Silvestre. El hecho de que alentara al general y le envalentonara es una prueba de su responsabilidad en la derrota que acabó por dinamitar la restauración canovista tras la dictadura de Primo de Rivera que él mismo instigó para librarse de cualquier responsabilidad.

En mayo de 1921, apenas un mes y medio antes de que las tropas del ejército español en Marruecos tuvieran que salir en desbandada de la posición de Annual, el comandante en jefe y responsable del imprudente avance, el general Manuel Fernández Silvestre, partió de Melilla para acudir a un acto que presidiría la reina en la Academia General de Caballería de Valladolid. Se estaba gestando el penúltimo capítulo del Desastre de Annual, en el que murieron 12.000 hombres. La mayor derrota de un ejército europeo en África y el acontecimiento militar más decisivo de la Historia de España antes de la Guerra Civil.

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