Holocausto gitano: los 500.000 exterminados por los nazis (y olvidados)
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Holocausto gitano: los 500.000 exterminados por los nazis (y olvidados)

Un libro de la profesora María Sierra recupera la historia apartada del medio millón de romaníes asesinados en la Solución Final

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Gitanos conducidos al fusilamiento por los nazis.

Los vencedores suelen escribir la Historia, o más bien reescribirla para fijar un relato oficial de los hechos, matizada con los años por intereses del guion, modificado desde conveniencias políticas. La Historia en mayúsculas, no debemos olvidarlo, la investigan y deberían transmitirla los historiadores a través de estudios, y en ellos podemos detectar cómo entre los derrotados también hay vencedores. Lo comprobamos con 'Holocausto gitano', el nuevo ensayo de María Sierra en Arzalia, libro aún más sorprendente por la ignorancia generalizada de hechos terribles.

Según la autora, catedrática de Historia contemporánea en la Universidad de Sevilla, la casi nula resonancia del Holocausto gitano puede atribuirse a tres factores. "El primero se relaciona con estos vencedores de los derrotados: la comunidad judía internacional tiene muchos más recursos que la romaní para obligar a las sociedades mayoritarias a encarar el fenómeno. Los dos restantes son el desdén judicial de la posguerra al negar la persecución racial a los gitanos durante el nazismo, complementado con la vigencia del antigitanismo".

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El libro 'Holocausto gitano', de María Sierra. (Arzalia)

El antigitanismo nace en un minuto cero brumoso, entre los siglos XIV Y XV, cuando el avance turco en los Balcanes empujó a este pueblo proveniente del nordeste de la India a Europa Occidental, sumida en una vorágine de procesos hacia el Estado Nación, generándose nuevas estructuras para controlar la población y el territorio. El nomadismo penalizó a los mal llamados bohemios o egiptanos como eternos extranjeros, sofisticándose sus estereotipos negativos con el refinamiento de la Ilustración y esa mezcla salvaje del siglo XIX, con el Romanticismo y la ciencia inmiscuyéndose en asunto para dibujar un exotismo por supuesto delincuencial.

A finales del XIX la gran mayoría de imperios del Viejo Mundo tenían mecanismos de represión para los romaníes. Su estigmatización física entronca con la tipificación policial mediante rasgos faciales, un espectáculo más bien arbitrario en sus conclusiones y muy bien maquillado, con clara intencionalidad, a través de un alud de datos en archivos con fichas y más fichas.

El antigitanismo nace en el siglo XIV, cuando el avance turco en los Balcanes empujó a este pueblo del nordeste de la India a Europa

En 1899 Alfred Dillmann devino director en Múnich de la primera oficina de registro y control a los gitanos, modelo para todas las sucesivas. Además de recopilar informaciones relativas al físico y a la genealogía también acumuló carpetas en torno a la criminalidad asociada a la forma de vida congenial a este grupo. Los pioneros bávaros fotografiaron a millares de personas, anticipándose a la modernización extendida durante el período de entreguerras, cuando se intensificó la coordinación internacional sobre las poblaciones itinerantes. A lo largo de esos años los discursos sobre higiene social y eugenesia tuvieron eco en la opinión pública, e incluso el psiquiatra suizo August Forel igualó a los desgraciados protagonistas de este artículo con prostitutas, alcohólicos, enfermos mentales, drogadictos, chinos, judíos y negros.

placeholder Gitanos europeos en los años 30.
Gitanos europeos en los años 30.

La frontera para el mañana estaba en el imaginario colectivo, sin tener trascendencia la integración emanada, los consideró ciudadanos, por la República de Weimar, papel mojado ante las distintas medidas legales promulgadas por entes locales a mediados de los años veinte para combatir a vagabundos, gitanos y vagos. Ante este panorama es obvio preguntar a Sierra sobre si, en realidad, los nazis solo perfeccionaron una cadena represiva establecida por sus antecesores: "sí rotundo, el Tercer Reich se encontró un camino servido en bandeja por leyes, iniciativas de las autoridades locales o estereotipos imbuidos. En diciembre de 1938, Heinrich Himmler emitió el decreto para combatir la plaga gitana, y su mismo nombre guarda similitud con otros previos".

"La gran diferencia", prosigue, "radica en transformar estas tradiciones legales y socioculturales en prácticas genocidas justificadas tanto desde la ciencia como la política, ejecutadas en campos de concentración y exterminio, guetos, fusilamientos masivos, trabajo esclavo y tortura, un espeluznante salto cualitativo respecto a las trayectorias de antaño".

Una cara B invisible

'Holocausto gitano' es un puñetazo en el estómago por muchas razones. Lees sus páginas y es frecuente el estupor desde el desconocimiento, desde las estadísticas en aumento sobre el medio millón de romaníes exterminados hasta su equiparación con los hebreos, siendo sometidas ambas comunidades al mismo elenco persecutorio, con detenciones sin necesidad de control judicial, traslado a centros de deportación y exterminio, lugares de asesinatos masivos como Babi Yar o su tratamiento como sujetos de experimentación clínica.

El 16 de diciembre de 1942, Heinrich Himmler firmó un decreto según el cual los gitanos debían ser deportados a Auschwitz-Birkenau

"No deja de ser significativo", explica Sierra, "cómo los primeros documentos sobre el genocidio romaní fueron descubiertos por historiadores judíos a la búsqueda de pistas sobre el Holocausto en los archivos". La coincidencia no es en absoluto casual. El 16 de diciembre de 1942, Heinrich Himmler firmó un decreto según el cual los gitanos debían ser deportados a Auschwitz-Birkenau, ampliándose de este modo los apéndices de la Conferencia de Wansee de enero de ese mismo año, cuando se rubricó la Solución Final a la cuestión judía.

En Auschwitz, los gitanos fueron recluidos en un campo especial, un Zigeunerlager con familias enteras de media Europa, sin separación por sexos. Según Sierra, "no están claros los motivos de esta especificidad", si bien contempla el interés de algunos jerarcas nazis, entre ellos Himmler, en el origen indio de los gitanos y la experimentación científica como las causas de su aislamiento, bien plasmado en memorias de los supervivientes, cuyo sentimientos de rabia, dolor, impotencia y angustia debieron ser muy graves por denegar hasta hace bien poco su reconocimiento como víctimas del Holocausto, rompiéndose así un espeso muro de silencio. La autora otorga un rango imprescindible a estos textos por su valor terapéutico, aviso de navegantes para generaciones futuras en lo personal, con un hondo mensaje reivindicativo en lo concerniente a la lucha por adquirir más derechos cívicos.

El racismo banal como trasfondo

'Holocausto gitano' ayuda a paliar el superlativo hueco bibliográfico sobre la materia, en consonancia con el mutismo sobre la suerte de los gitanos, inexistentes y aún envueltos en sus rasgos tópicos. Para María Sierra, su libro está escrito desde el noble anhelo de extirpar el racismo banal, expresión acuñada por Hannah Arendt para definir aquel racismo inconsciente de la vida cotidiana mediante chistes, opiniones, lugares comunes y sintetizada en el inevitable yo no soy racista, pero…

Carecemos de métodos para erradicarlo, y el contexto narrativo para tapar lo plural de la realidad con murallas recuerda a la metáfora de Pier Paolo Pasolini y las periferias, un tercer mundo ausente para el primer mundo, feliz por expulsar de su cosmovisión todos los márgenes de miseria y heterogeneidad. El extrarradio como problema era innegable en aquellos años cincuenta italianos, así como también era innegable el Holocausto gitano, arrinconado en una nada a superar, concluye Sierra, "con una labor educadora en todos los niveles para tumbar desde el conocimiento el sinfín de estereotipos asignados a todo un colectivo".

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