LA HISTORIA DE MOISÉS, TERRY Y SARINA

Los judíos en España rompen su silencio: "Ya no tenemos miedo"

“Nunca hemos querido que se nos vea. Estamos cambiando”. En España, hay 14 comunidades que representan a las 45.000 personas que profesan esta religión

Foto: Moisés Hayón abraza a su hija Sarina en presencia de su yerno, Isaac, en la boda de ambos en junio de 2020 en la sinagoga de Torremolinos. (Arhivo personal de Sarina Hayón)
Moisés Hayón abraza a su hija Sarina en presencia de su yerno, Isaac, en la boda de ambos en junio de 2020 en la sinagoga de Torremolinos. (Arhivo personal de Sarina Hayón)

“El miedo está en nuestro ADN. Eso nos ha calado mucho. Nunca hemos querido que se nos vea. Hay un miedo ancestral a exponerse. Estamos cambiando”. Son las palabras de un miembro de la comunidad judía española que explica la importancia “histórica” del martes 13 de octubre.

Esta fue la fecha elegida para la presentación pública de la nueva junta directiva de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE). Ofrecían transparencia e incluso autocrítica por haber estado tanto tiempo sin dar la cara. “Existimos y no estamos escondidos”. El nuevo presidente se llama Isaac Benzaquén. Natural de Melilla, de 69 años y jubilado tras haber sido directivo de banca, vive en Málaga desde los 18. Hace autocrítica. “No hemos sido suficientemente explícitos. Queremos trabajar en que se enseñe bien el Holocausto en los colegios y los libros de texto. Debemos ser más visibles, no solo en la parte religiosa”.

Ante el envejecimiento de sus miembros, la necesidad de un relevo generacional y la fundación de la asociación Ben Gabirol, integrada también en su consejo asesor por no judíos, que en febrero de 2021 organizará unas jornadas para reivindicar la figura de este filósofo judío, al cumplirse 1.000 años de su nacimiento, forman parte de los objetivos de la nueva etapa de la FCJE.

En España hay 45.000 judíos y 14 comunidades. Ceuta y Melilla fueron el germen. Los venezolanos Moisés, Esther y Sarina (padre, madre e hija) están dispuestos a conversar con El Confidencial sobre su vida y cómo la religión es parte esencial de su día a día.

Sin TV, sin internet, sin móvil

Residían en la convulsa Caracas hasta que llegaron a Málaga en 2015. Moisés Hayón, de 59 años, es miembro de la junta directiva de la comunidad judía de la ciudad andaluza (en la provincia de Málaga, cuentan con 2.500 miembros). Es viernes y en el paseo marítimo malagueño de la zona oeste el sol sigue fuerte. Quedan cinco horas para que se recojan en casa para orar en el ‘Shabat’, el día sagrado judío, que les prohíbe “prender” la televisión, conectarse a internet o ver el móvil. La entrada en el ‘Shabat’ no se mide por horas, sino por el anochecer, las noches. “La hora fue inventada por el hombre; la noche y el día, por Dios”.

Esther Hassan, más conocida desde pequeña como ‘Terry’ ("todo el mundo me llamaba terrible, a mis padres les gustó, y ni respondía cuando me llamaban Esther"), tiene 59 años. Fue la que más insistió de la familia para lograr la nacionalidad sefardí y abandonar Venezuela. Terry estaba dispuesta a viajar sola a Málaga antes de seguir más en su país. También les fue de ayuda que en Málaga vivía un tío de su marido.

Moisés, Terry, Sarina e Isaac, con el rabino de la sinagoga de Torremolinos. (Archivo personal de Sarina Hayón)
Moisés, Terry, Sarina e Isaac, con el rabino de la sinagoga de Torremolinos. (Archivo personal de Sarina Hayón)

“Fuimos pioneros en lograr la nacionalidad española por el Registro Civil gracias a la ley Sefarad”. La firma se produjo el 16 de febrero de 2016. Moisés no tenía tan claro abandonar Venezuela y eso que hace años ya había sufrido un asalto, le pararon en la mitad de una carretera, le bajaron del coche, le tiraron a la cuneta y casi le matan. Su hermano ha sido secuestrado varias veces y su familia ha sufrido constantes atracos.

Habla Sarina, de 29 años, la hija de Terry y Moisés. “En Venezuela, no tenía libertad de expresión, ni seguridad. Por las noches, la inseguridad era tan grave que tenía que salir con un hombre, no podía hacerlo sola, y siempre tenía miedo. Tenía que notificar constantemente dónde estaba, yo lo veía como una prisión domiciliaria. Y si el mensaje no llegaba a tiempo, mis padres se angustiaban”.

"Tenía agorafobia, le preguntaban por la calle qué hora era y no quería contestar a nadie porque pensaba que la iban a atracar"

El primer año de vida de Sarina en Málaga fue duro. No lograba superar la ansiedad. Le costaba mucho tener una vida independiente. Tenía agorafobia, le preguntaban por la calle qué hora era y no quería contestar a nadie porque pensaba que la iban a atracar. “Ahora estoy más relajada: esto es otro mundo”.

Pero no olvidan sus raíces. “Venezuela me dio una vida judía, la unión familiar y las amistades que son como mis hermanas. El colegio judío y la comunidad judaica son muy valiosas en Caracas. Hay una diversidad cultural muy grande”, cuenta Sarina, docente especialista en niños con dificultades con el aprendizaje, que ya ha publicado dos libros sobre esta materia: ‘La lupa y sus misterios’ y ‘Princesa Down’.

Moisés, Sarina y Terry, el pasado viernes, en el Paseo Marítimo Antonio Banderas, de Málaga. (Agustín Rivera)
Moisés, Sarina y Terry, el pasado viernes, en el Paseo Marítimo Antonio Banderas, de Málaga. (Agustín Rivera)

La joven, a la que no le han homologado en España su título de Educación Especial y Diversidad Funcional, quiso desde siempre escribir un libro y ya tiene un par. Ahora está escribiendo otro sobre dislexia. “Quiero explicar cómo yo mismo la superé”. Y no para. Junto a su padre, prepara otra obra sobre la trayectoria de las comunidades judías en todo el mundo.

Sarina se casó el 28 de junio en la sinagoga de Torremolinos con Isaac Bitan, que nació en Barcelona y se crio en Caracas. Se conocieron en la Costa del Sol. Los padres de él son malagueños. En Venezuela, estudiaron en el mismo colegio judío, pero no se conocieron porque su marido es 10 años mayor que ella.

Sarina cumplió también con la tradición del baño ritual de purificación. Se trata de "enseñar al hombre" que la mujer no es un objeto sexual

No fue la boda que soñaba: solo 45 invitados y todo el mundo con mascarillas. Se pasó el confinamiento llorando y no sabía si habría o no boda o si la podría hacer como realmente quería. A pesar de que habían confirmado muchos familiares de países diferentes, solo pudo estar Samuel, su hermano de 32 años, que vive en Miami.

Un detalle de la boda de Sarina e Isaac.
Un detalle de la boda de Sarina e Isaac.

Moisés le ha prometido a su hija que cuando se pueda, tendrá fiesta. También ponerse el vestido de berberisca que la abuela de Sarina le había diseñado antes de fallecer y que se probó justo antes de morir. Se pensó incluso cambiar la fecha de la boda, pero el judaísmo lo impide. Dudó si saltarse la norma, pero como pensaba que la pandemia iba para largo…

Sarina cumplió también con la tradición del baño ritual de purificación. Se trata de “enseñar al hombre” que la mujer no es un objeto sexual. Durante una o dos semanas después de la boda, no se puede tener sexo. “Se trata de mantener la chispa. A la mujer se la puede comparar con la luna creciente o menguante”. La Torá, la Biblia de los judíos, dice que es obligación tener hijos. “Os tenéis que multiplicar”, recuerda Moisés que menciona la Torá.

Amigos en vez de rechazo

Cuenta Terry, que trabajó en Publicidad en Caracas y ahora se dedica a la gestión de eventos, que no ha encontrado problemas en España con ser judía. “Más bien todo lo contrario. Me abren los brazos y les interesa saber de mí y de mis costumbres. Cuando les digo que soy judía, me dicen: ¡qué interesante!”. Moisés también lo comparte. “Por ser judío, en vez de sentirme rechazado he ganado grandes amigos”.

La escritora sí admite que casarse con alguien que no fuera judío hubiera ocasionado algún problema en un matrimonio. “El amor siempre va a ser una prioridad, pero también tengo amor a la religión. Sé que la convivencia hubiera sido un inconveniente porque no como pollo, ni carne ni cerdo. Tampoco salgo los viernes por la noche. Sabía que eso me podría complicar a mí y a la otra persona y no quería limitarla. Y luego ¿cómo crías a los niños?”. Lo deja aún más diáfano: “Mi prioridad era casarme con un judío, pero siempre y cuando estuviera enamorada”.

El judaísmo tiene “demasiadas reglas”, confiesa Moisés. "Ser judío no es una religión, sino un estilo de vida". Pero hay niveles. “Hay quien cumple demasiado, hay quien cumple nada y quien cumple intermedio como yo”, dice Sarina. “Yo puedo ‘prender’ la televisión y tomar el coche para ir a casa de mis padres. Espero que no se entere el rabino. Ja, ja”.

El rabino de la boda de Sarina e Isaac.
El rabino de la boda de Sarina e Isaac.

Su religión es “tradicionalismo sin caer en el fanatismo”, aporta Moisés en el diálogo. Nada que ver con los ultraortodoxos que proliferan en algunas zonas de Norteamérica y que retrata la serie de Netflix ‘Unorthodox’.

—¿Quién es Jesucristo?

Sarina: “Un profeta. Para nosotros, Dios no tiene figura humana”.

Terry: “No lo tipificamos. Iba más allá de un ser humano normal”.

Moisés: “Una persona muy, muy convincente. Una persona super inteligente”.

Sarina quiera aportar más sobre Jesús de Nazaret: “Era un ‘influencer’ de la religión. No creemos que pueda ser Dios. No sabemos quién era”

No creen, como dice el Nuevo Testamento, que era “el rey de los judíos”. “Por debajo de Dios no hay nada”, dice Terry. “En los últimos años, sí estamos viendo un acercamiento de las religiones a raíz de los atentados terroristas. La gente se ha reunido frente al mal y las fuerzas negativas. Yo tengo muchos amigos musulmanes”. Para Moisés, solo existe una clave: “Respetar los diez mandamientos y que el amor al prójimo sea la base de cualquier individuo”.

Identificación con Israel

Convertirse al judaísmo no es fácil. Hacen faltan muchas pruebas y exámenes. Un profundo conocimiento de la Torá, la Biblia judaica. La aprobación de jueces que vienen desde Israel y conceden o desaprueban la conversión. “Hace falta convicción personal e inquietud. También he visto a personas convertidas que son más religiosas que los propios judíos”, dice Moisés.

Israel y el judaísmo. “El 95% de los judíos nos identificamos con el Estado de Israel”, asegura Sarina. La llamada ‘Tierra prometida’ representa para el pueblo judío lo mismo que el Vaticano para los católicos. También se les atribuye un gen empresarial, comerciante. Linces para los negocios. Esta famlia cree que eso surge de manera muy clara porque existe la solidaridad entre los judíos. “Cuando tenemos un problema, entre nosotros siempre nos ayudamos”, aporta Terry.

"Quitarse la vida es un pecado muy grande y tampoco nos podemos poner un tatuaje. Solo podemos donar órganos a familiares"

El 10% del sueldo (el diezmo) se dona a personas que lo necesiten. Normalmente, se da a alguna institución hebrea, pero de manera anónima. “Se trata de la caridad sin ostentación para que tú no te levantes y el otro no se sienta humillado de que le estás ayudando”.

Hay normas del judaísmo que son de obligatorio cumplimiento, desde la reproducción sexual (están prohibidos los anticonceptivos a menos que sean para salvaguardar la salud de la madre) a la obligación de cuidar el cuerpo. “No podemos hacer lo que nos dé la gana. Quitarse la vida es un pecado muy grande y tampoco nos podemos poner un tatuaje, ni donar órganos, a menos que sea para un familiar. Así como hemos venido nos tenemos que volver a ir”, relata Moisés. Tampoco se admite la incineración. El cuerpo solo se puede enterrar.

Sarina considera que el judaísmo es la primera religión feminista. Se es judío si tu madre lo es, no porque tu padre lo sea. Si tu padre lo es y tu madre no es judía, no eres judío. Terry aporta una explicación: “Hace miles de años, cuando una mujer se quedaba embarazada, no se sabía quién era el padre, porque a veces las violaban”. “El judaísmo nunca se pierde”, apunta la escritora.

Pepita Santos y León Levy, en su casa de Málaga. (Agustín Rivera)
Pepita Santos y León Levy, en su casa de Málaga. (Agustín Rivera)

León Levy y Pepita Santos viven en Málaga. León tiene 88 años y Pepita está a punto de cumplirlos. Durante más de 50 años, residieron en Montreal. León se crio en Tánger. La Guerra de los Seis Días de 1967 incrementó la migración de los judíos residentes en Marruecos. León y Pepita huyeron cuando una de sus hijas fue amenazada de muerte, cuando apenas era una niña, por una empleada de hogar. No practica mucho la religión, aunque sí va algunas veces a la sinagoga. “Yo celebro las fiestas del judaísmo, pero soy libre. ¿A quién le hace daño un bocadillo de jamón?”, se pregunta.

“Hemos estado siempre callados y sumisos. Hay que abrirse más”, señala León antes de enseñar un folleto de CIMA, la Comunidad Israelita de Málaga, con el horario de las fiestas y servicios religiosos. Moisés e Isaac no observan antisemitismo en España. “Más bien notamos que este país es prosemita. Nos sentimos integrados, aunque no nos podemos confiar, con lo que está pasando en Europa”, avisa Isaac. Atrás quedan décadas de silencio y con tanto miedo.

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