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El fabuloso viaje de Joe Crepúsculo: "Es un momento malo pero no es el peor"

Acaba de lanzar 'Supercrepus II', un disco que enlaza directamente con su primer gran éxito, 'Supercrepus', y en el que las guitarras ganan terreno a los sintetizadores

Foto: Joe Crepusculo
Joe Crepusculo

Hace años, por casualidad, compartí un rato de barra en un bar del Rastro de Madrid con Joël Iriarte Parra. Me dijo que él se dedicaba a la música tecno y que estaba deseando abrir una taberna donde solo se sirvieran platos de mejillones al vapor y vasos de pisco. Era Joe Crepúsculo (cantautor que ha producido tanto tecno como flamenco, tanto trap como rock y punk) y posiblemente estaba teniendo otra gran idea. Hoy todavía no ha montado aquel curioso bar, pero acaba de lanzar 'Supercrepus II', un disco que enlaza directamente con su primer gran éxito, 'Supercrepus', y en el que las guitarras ganan terreno a los sintetizadores.

Entre un disco y otro han transcurrido doce años, otros ocho álbumes, y Crepus ha lanzado decenas de singles (algunos tan bailados como ‘La canción de tu vida’), colaboraciones con Tomasito o La Prohibida y hasta el tema central de ‘Colossal’, la película de Nacho Vigalondo.

Joe Crepúsculo - 'Supercrepus II'
Joe Crepúsculo - 'Supercrepus II'

'Supercrepus II' encaja a la perfección con la situación actual y cada canción parece escrita para recoger alguno de los terrores o desasosiegos que nos produce la pandemia. Pero son canciones ideadas antes de la peste y, aunque es cierto que los futuros postapocalípticos han protagonizado buena parte de las ficciones de la última década, por su precisión y clarividencia, podríamos pensar que Crepus es un mago. Lo hemos visto dentro de un caldero y sus letras parecen conjuros: en medio de un estribillo pegadizo, entre rápidas guitarras disco, nos habla “del brillo de los pliegues de la realidad”. En cualquier caso, vidente o no, tiene el poder de componer temas redondos, canciones que nos llegan desde un territorio fabuloso, lleno de referencias cultas y pop. La fábrica de baile de Joe Crepúsculo, como él dice, no cabe en corazones pequeños y el suyo es enorme. La entrevista lo demuestra: lo que más le interesa es la gente, y, como para cualquier licenciado en filosofía atento —él lo es—, nada humano le es ajeno.

PREGUNTA: Has sacado un disco doble, con un diseño cuidado y con diecisiete canciones muy bien secuenciadas, como un largo viaje en una época de singles.

RESPUESTA: Lo tenía previsto así y, de hecho, tenía pensadas veinte. Veinte como 'Supercrepus', pero vi que no me funcionaba porque perdía el ritmo. Y se quedó en diecisiete. De estas me gustaban todas y quería hacer un disco doble para que fuera una verdadera secuela: todo coincidió y todo remó en esa dirección. Mucha gente solo saca singles en Youtube, pero también hay mucha gente sacando discos. Bad Bunny saca discos, J. Balvin, The Weekend, Dua Lipa… Yo creo que al disco todavía le queda tiempo… Es verdad que con Internet y con el streaming la industria ha cambiado muchísimo, parece que sea otra cosa, pero cuando las canciones forman parte de discos es muy fácil distribuirlas para que tengan una intencionalidad, una imagen… A los discos les queda todavía un cacho.

Yo creo que al disco todavía le queda tiempo pese al streaming

P: Es el disco más rock de tu carrera. Hay guitarras brillantes, medios tiempos que recuerdan a lo mejor del “adult oriented rock” (o música para adutos)… ¡Algunas baladas parecen de los Stones!

R: Es el disco más rock, totalmente. Está estructurado y está pensado, junto a Sergio Pérez, el productor, para que sea un disco en el que los pianos quedan lejos, en algunos temas tienen importancia… pero lo que de verdad importa son las guitarras, son las que marcan el desarrollo. Al final una cosa u otra no deja de ser un barniz. Tienes una canción, es decir, una estrofa, una melodía, unos acordes y luego puedes ponerle sintetizadores y hacerlo a máquina o grabarlo con una batería y ponerle guitarras. Decidimos que fuera rock. Sergio le dio su magia en la producción, decidió cómo iban a sonar muchos temas. Por ejemplo, fue una idea suya que ‘Discoteca en ruinas’ tirase hacia Aerosmith; y en ‘Destruir la sociedad quiso grabar armónicas en vez de trompetas. Y al final ha sido una mezcla entre Sergio, en Barcelona, y el guitarrista, Alberto Martínez del Río, que toca en orquestas en Pontevedra y que también ha tenido muchas ideas para desarrollar las canciones. Ha habido una triangulación muy curiosa: los tres hemos tenido ideas buenas para construir este disco de rock. A mí me encantan las baladas y las canciones clásicas, así que esta propuesta es un gusto.

Joe Crepúsculo
Joe Crepúsculo

P: ¿Cuántas canciones tenías ya y cuáles están escritas tras el comienzo de la pandemia?

R: Es muy curioso, porque posterior al inicio de la pandemia sólo está ‘Cuarentena sin ti’.

P: Entonces ‘Discoteca en Ruinas’ es anterior al desastre… ¡Qué visionario!

R: ¡Todas son de antes! El último día antes del estado de alarma, en marzo, se grabó la segunda tanda de baterías del disco con Marc López, el batería de Medalla; y ahí ya grabamos todas las canciones que faltaban. Todas tienen un punto apocalíptico: ‘Calaveras Negras’, ‘Rata Salvaje’… ‘Comiendo shawarmas’ dice “quiero estar toda mi vida en el bar”, aunque lo que me pasó es que estaba en Barcelona haciendo promo y no encontraba bares. Pero me da la sensación de que el disco casa muy bien con el momento actual, como si se hubieran escrito ahora todas las canciones.

P: “Baila hasta morir” parece sobre la epidemia de baile de 1518 y es posible encontrar muchas versos premonitorios: “vivo en el futuro como si fuera un faquir”, “ya no quedan tantos bares en el centro de Madrid”. Te vamos a insistir mucho en tu capacidad adivinatoria.

R: ¡Sí! Es muy curioso, como si una parte extraña de mi inconsciente hubiera llegado a conectar con el futuro hace un año. Es curioso pero me da un poco de miedo… Tampoco te creas que me gusta mucho, hasta me asusta un poco, porque no estoy contento con esta situación. Pero realmente no me explico cómo llegó a relacionarse mi realidad de hace un año con la de ahora. A ver si al menos a la gente le gusta y le puede servir para algo.

Es como si una parte extraña de mi inconsciente hubiera llegado a conectar con el futuro hace un año

P: Y personalmente, ¿cómo llevas la situación? Parece que el mundo del trabajo de repente se ha partido, y además te encantan los bares, hacer de tus directos una fiesta… Igual se pierde esa promiscuidad nocturna que mezclaba a gente muy distinta en la madrugada.

R: Realmente el mundo tenía esa tendencia, iba ya en una dirección, estaban desapareciendo muchos sitios que me gustan como bares, mercerías… Pero me da la sensación de que con todo esto se está acelerando este proceso. A muchas empresas les está yendo bien usando Internet para vender y convertirnos en unos consumidores totales… Pienso que conforme vaya pasando el tiempo es posible que perdamos empatía, sociabilidad… Aunque espero que lleguemos a estar igual que siempre, que no perdamos nuestra manera de ser. Hay que pensar que es un momento muy malo, pero no es el peor momento de la humanidad. Hemos vivido guerras mundiales, hemos tenido gente en trincheras durante meses, así que bueno, ahora al menos tenemos los supermercados llenos y las plataformas digitales a tope. Yo espero que pase con paciencia y que le vaya lo mejor posible a tanta gente con familiares enfermos o con negocios cerrados.

P: El año pasado sacaste el single ‘España’, que dice: “España: ginebra y marihuana”: ¿qué parte es una broma y qué parte es un homenaje kitsch?

R: Es una canción que hice con mucho cariño. Me imaginaba a turistas bailando en chiringuitos en las playas… Es verdad que hoy, después de un año, es como si hubiéramos atravesado tres dimensiones diferentes, tres mundos enteros, pero entonces me gustaba imaginarme a la gente con unas cervecitas, comiendo chistorras y bailando la canción. Al final, más que ironía, hay sentido del humor. Yo había tenido siempre la idea de una canción que hablara de la paella, que dijera: ¡sangría y paella!. Esta me parece una canción divertida, bailable, para que todo el mundo se abrace escuchándola, en España, en Cataluña o en el País Vasco.

Joe Crepúsculo
Joe Crepúsculo

P: En 2015 hubo mucha polémica cuando compusiste el supuesto himno de Podemos, ¿qué pasó realmente?.

R: En verdad fue una música que me pidieron para abrir los actos, había elecciones municipales y autonómicas y en ningún momento quisimos un himno, sino un jingle. Se sacó de quicio todo aquello hablando de un himno cuando nunca fue un himno. Pero para mí fue un placer poder colaborar para unas elecciones en las que se ganaron los ayuntamientos de Barcelona y de Madrid, fue un momento muy bonito. Ahora no sé si lo volvería a hacer después de la repercusión que tuvo. Pero yo lo hice con mucha ilusión y estoy contento con ello, se hicieron cosas buenas aquel año. La canción se puso durante esas campañas, tuvo su función y ahí está.

P: Tampoco entraste en el juego perverso de la redes sociales. No contestaste a aquellas críticas tan feroces.

R: Qué va, intento que mis redes sean un contenedor curioso. Aparte de poner las cosas de mi proyecto, también me gusta compartir artículos de astronomía y de cultura extraña que me interesa, o hablar de algunos sueños… Pero no tengo mucha interacción, no me gusta entrar en discusiones. No sé si estoy haciendo un uso demasiado blando de las redes sociales, pero lo pasaría mal si entrara en disputas con la gente.

Se sacó de quicio todo aquello hablando de que hice 'un himno a Podemos' cuando nunca fue un himno

P: Hablando de astronomía y de cultura extraña, creo que los artículos de Álvaro Cunqueiro están llenos de sabiduría divertida.

Tengo unas recopilaciones de artículos que salieron en El Faro de Vigo, publicadas por Tusquets, unos libros dorados muy bonitos. Hay algunos sobre monstruos marinos, otro sobre tesoros, otros sobre literatura. Empieza hablando de algo y termina hablando de otra cosa; me encanta su manera de tocar, en un formato tan corto como un artículo, tantas partes de su cultura tan impresionante. Tengo por leer ‘Merlín y familia’ y me da un poco de pena no leerlo en gallego, así que no sé si dar el paso o terminaré leyéndolo en castellano.

P: En tus letras se nota que lees mucho, ¿qué tienes entre manos últimamente?

R: Para las canciones sirve todo… En cuarentena me estuve leyendo ‘Guerra y Paz’ y me divertí muchísimo metiéndome en esas guerras entre Francia y Rusia. También he estado con los ‘Cuentos de terramar’ de Úrsula K. Le Guin, una especie de versión primitiva de Harry Potter. ‘Macarras interseculares’ de Iñaki Domínguez cuenta cosas muy interesantes sobre Madrid y me da aun más ganas de pasear… Suelo tener varios frentes abiertos. Tengo también en marcha los cuentos de Ted Chiang… Creo que es bueno planificar el ocio, ahora que pasamos tanto tiempo en casa. Es bueno tener una serie, tener un libro y tener un juego y encontrar momentos para todas las cosas, porque si lo basamos todo en una obsesión nuestro cerebro se vuelve de cartón.

P: ¿Y la planificación del trabajo? ¿Te impones un horario?

R: Yo soy una persona solar. Me gusta crear por la mañana. Antes mi hora favorita para crear eran las cuatro de la tarde, con un café después de comer, pero ahora mis horas favoritas van de las ocho a las doce. Luego me voy al gimnasio. Después de este disco no estoy creando mucho. Antes sí lo hacía, cuando sacaba un disco, enseguida estaba escribiendo canciones nuevas pero ahora con toda esta situación, después de acabar las diecisiete canciones me he quedado un poco paralizado, seco. Pero bueno, estoy con la promoción, con las entrevistas y montando una banda de rock para tocarlo en directo. Sobre todo, a mí por las mañanas no me gusta hacer cosas de ocio pasivo, así que las dedico a ocio activo: crear, leer o hacer ejercicio. Y ya cuando se pone el sol, ocio pasivo.

Me resulta más fácil la música, me sale muy rápido y luego dedico mucho más tiempo a pensar y dar forma a la letra

P: Pero esas más de cien canciones redondas, ¿cómo surgieron?

R: Cada canción es diferente. Pero en un noventa por ciento de los casos, primero hago una base, hago unos acordes y hago una melodía en “wachu wachu”. Me resulta más fácil la música, me sale muy rápido y luego dedico mucho más tiempo a pensar y dar forma a la letra… Tengo miles de bases que no han conseguido tener letra.

P: En esas letras siempre encuentro una mezcla de ternura y entusiasmo. No sé si es tu manera de ver el mundo: compasión por los débiles y un entusiasmo ingenuo y luminoso.

R: Como en todo, hay una parte planificada y otra parte que te sale porque eres tú mismo. Quieres darle una tonalidad a la letra y a mí me gusta que sea luminosa. También me gusta que las letras digan algo, aunque sea la cosa más naíf o más sencilla posible. Por ejemplo, ‘Chococristo’ o ‘Pisciburguer’, que se podrían situar al mismo nivel, no hablan de nada concreto pero sí que transmiten una idea. O ‘Calaveras Negras’, que habla de amor, pero la idea de amor no es lo principal en la canción. A mí me gusta el escenario, dónde está situada: en un plano futurista, estilo Terminator 2, donde la humanidad está en guerra con los robots… Al final las letras transmiten ideas y a veces me gusta la ternura y otras veces me gusta transmitir algo más conceptual, o cambio a un punto de vista con más sentido del humor… Me gusta que la gente no sepa si hay sentido del humor, si hay algo serio o si escondo un concepto extraño. Me gusta mezclarlo todo y que el punto central siempre esté un poco desenfocado.

P: ¿Entonces algunas son para desconcertar?

R: Busco la sencillez, pero dentro de ella, añado un elemento descontrolado que hace que esa sencillez tenga varias plantas.

P: ¿Y con algunas quieres hacer feliz a la gente?

R: Claro, por ejemplo cuando escribí ‘Tus cosas buenas’ pensé en hacer una canción bonita. Aunque al final la gente va a escucharla para fregar los platos, para bailar, para hacer el amor… O incluso para torturar a alguien. Una vez has creado el disco, queda para quien lo quiera usar. Mira cómo los americanos ponían ‘Rock the Casbah’ de The Clash para bombardear Irak. Lo que quiero decir es que al final, aunque tú tengas una intención al hacer música, la gente va a hacer lo que quiera con ella.

P: Sí, aquello de que la recepción influye sobre la obra…

R: Totalmente. Igual un libro tiene más capacidad para llegar al mismo sitio con varios lectores. Pero la música es incluso más compleja, porque las letras pueden ser tan oscuras y a la vez tan sencillas… Creo que las canciones pueden ser herramientas para que la gente haga cosas con ellas. A mí me gusta que la gente pueda interpretar mi música como quiera… Mi casa siempre tiene las puertas y las ventanas abiertas. Mis canciones cuentan las historias que me interesan a mí, son el mundo filtrado por mí. Pero de una canción se puede pensar todo. Una canción es como un poema musicalizado, algo muy rico. La música añade capas y queda un mapa del tesoro muy complejo.

P: Estudiaste filosofía y antes de dedicarte a la música tuviste un montón de trabajos, ¿no?

R: Precisamente, justo después de ‘Supercrepus’ empecé a tener conciertos y a poder vivir de la música. Antes trabajé en una empresa de digitalización en la que podía estar meses numerando albaranes o escaneando multas de tráfico, había trabajado en fábricas de plástico, haciendo encuestas, como acomodador, de telefonista… Intentando pagarme la carrera y tener algo de dinero para mí. Y el mismo mes de noviembre saqué el disco y me echaron del curro de digitalización. A partir de entonces, sucedió algo muy loco, porque en enero se declaró ‘Supercrepus’ disco del año en Rockdelux y a partir de eso me llegaron muchos conciertos. Desde entonces sigo en esa ola tan bonita.

P: Y para terminar, hablando de conciertos, ¿cómo te los planteas con el público sentado?

R: No he tocado desde marzo. Sólo he ido de público a un concierto en Pontevedra, de Baiuca. Ahora estoy montando una banda de rock con el grupo de Aaron Rux, los Crying Cowboys, con batería, bajo y dos guitarras; y tenemos dos conciertos, uno el 24 de noviembre en el Teatro Calderón de Madrid y otro el 28 en el Castillo de Montjuic en Barcelona. No sé qué sensación será tocar sin ver la cara a la gente. Pero yo tengo ganas de proponer y ver cómo reacciona la gente ante la interpretación de las canciones antiguas con banda. Me apetecía aparcar la caja de ritmos durante un tiempo e ir al rock.

* Joe Crepúsculo presentará su disco en directo con su nueva banda el 24 de noviembre en el Teatro Calderón de Madrid y el 28 en el Castillo de Montjuic, Barcelona.

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