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Más allá de 'Gambito de dama': las mejores novelas de ajedrez de todos los tiempos

El éxito de la serie de Netflix invita a la lectura de las mejores novelas jugadas sobre un tablero de negras noches y de blancos días

Foto: 'Gambito de dama'. (Netflix)
'Gambito de dama'. (Netflix)

"Dios mueve al jugador, y este, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonía?"

Jorge Luis Borges, el autor de estos versos, contaba que su padre le enseñó la paradoja de Aquiles y la tortuga sobre un tablero de ajedrez, juego que le obsesionó siempre, como los espejos, los laberintos y las kenningar nórdicas. El ajedrez ha obsesionado a otros muchos autores durante siglos en oleadas de fascinación que rompían al ritmo de las vicisitudes de la época brindando metáforas perfectamente antagónicas. Lo que en un momento podía representar la indisoluble jerarquía medieval de reyes, nobles, clero y pueblo llano, en otro encarnaba la ruptura revolucionaria en la que el osado movimiento de un solo peón podía dar jaque al monarca y acabar con su cabeza en un cesto.

La última vuelta de ficción la ha dado 'Gambito de dama', una exitosa miniserie de Netflix protagonizada por una desconocida y brillante Anya Taylor Joy que invierte una vez más los términos de un juego firmemente engarzado en la masculinidad y erige como protagonista a una mujer, una gran maestra que acarrea una historia dramática y toda clase de adicciones.

'Alicia a través del espejo'.
'Alicia a través del espejo'.

No es de todas formas la primera vez que un personaje de ficción femenino mueve ficha. En 'A través del espejo y lo que Alicia encontró allí', la continuación de 'Alicia en el país de las maravillas' que el matemático y escritor británico Lewis Carroll publicó en 1871 todo el mundo mágico de la Casa del Espejo funciona como un gigantesco tablero de ajedrez en el que cada una de las 64 casillas en juego comprende un paraje geográfico delimitado por valles, ríos y montañas y en el que las diferentes piezas blancas y rojas, cobran vida como personajes de la acción: los Caballeros, las Torres, las Ostras, el Mensajero, Haigha y, por supuesto, la Reina Blanca y la Reina Roja con sus respectivos consortes.

'Novela de ajedrez' (Acantilado).
'Novela de ajedrez' (Acantilado).

Tal vez la más inolvidable historia inspirada en este pasatiempo milenario sea 'Novela de ajedrez' (1941), una novelita que el muy prolífico Stefan Zewig firmó poco antes de quitarse la vida en su exilio en Petrópolis (Brasil) incapaz de soportar la que entonces parecía inevitable victoria del Eje totalitario en la Segunda Guerra Mundial. Y fue precisamente aquella funesta aprensión la que volcó en un libro que reúne todos los elementos del perfecto encantamiento literario: el escenario acotado y teatral de un transatlántico en travesía de Nueva York a Buenos Aires, un gran maestro gris y aparentemente invencible y su negativo, un estrafalario y claramente inestable fugitivo que huye de los nazis tras haber sufrido reclusión y tortura y que se revelará en los compases finales como un dramático e inesperado matarreyes.

'La defensa' (Anagrama).
'La defensa' (Anagrama).

Es precisamente otro 'outsider' el que protagoniza 'La defensa' (1930). La tercera novela de Vladimir Nabokov y la más querida por él de su primera etapa 'rusa', la que "difunde el mayor 'calor', lo que podría parecer extraño si se tiene en cuenta cuan tremendamente abstracto se supone que es el ajedrez". La sencillez de la trama es aparente: el gran maestro Luzhin halla entre alfiles y torres el orden y la armonía que faltan en su desdichada juventud y allí, desde su refugio de escaques se reconstruirá como imbatible campeón hasta que la obsesión sobre la que ha edificado su victoria se vuelva contra él con implacable determinación hasta destruirlo.

'El ocho'.
'El ocho'.

Una historia de destrucción y búsqueda a través de los siglos se despliega en las páginas del gran superventas inspirado en el ajedrez de los últimos tiempos, 'El ocho' (1988), de Katherine Neville, una especie de 'Código da Vinci' de bastante más altura que transcurre entre la abadía de Montglane en 1790, en la Francia revolucionaria, y la Nueva York de los años 70 del siglo XX a la búsqueda de un juego de ajedrez alquímico y con invitados especiales como Napoleón, Robespierre, Rousseau, Casanova, Voltaire, Isaac Newton o Catalina la Grande.

'La tabla de Flandes' (Debolsillo).
'La tabla de Flandes' (Debolsillo).

Es quizás la intriga más completa y competente de la dilatada producción novelística de Arturo Pérez-Reverte. La tabla de Flandes (1990) nació, según ha relatado el propio autor "en un coche-cama, a la luz de una pequeña lámpara de cabecera, entre las páginas de un libro de problemas de ajedrez. De pronto, lo vi. Una partida que se juega hacia atrás, una joven bella y silenciosa. Y un misterio. Un cuadro. Un cuadro flamenco, del siglo XV, en el que dos personajes juegan una partida. La partida de ajedrez. Un enigma desvelado quinientos años más tarde. 'Quis necavit equitem'. 'Quién mató al caballero'. El mundo de la pintura, el arte como enigma, la vida como juego. Una mujer atrapada por un cuadro. Y un jugador oculto, misterioso, omnipotente. Había música allí, además de pintura. Notas que se repetían, empezando de nuevo una y otra vez. Como un dibujo de Escher. Y un tablero con las casillas cambiadas, llenas de trampas que desorientan al jugador. El foso en lugar del puente, la cárcel en vez de la posada, la muerte escondida en el jardín..."

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