Día de las librerías

La Cuesta de Moyano se muere: "Tenemos pérdidas de más del 50%"

Esta zona de librerías emblemática de Madrid es una de las que más ha sufrido los efectos de la pandemia: hoy organizan 'Librero por un día' para revitalizar las ventas

Foto: La Cuesta de Moyano en su reapertura el pasado mes de mayo (EFE)
La Cuesta de Moyano en su reapertura el pasado mes de mayo (EFE)
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A las siete de la tarde apenas quedan paseantes por la madrileña Cuesta de Moyano. Mucho menos por el pasillo cercano a las 30 casetas de los libreros que a esa hora ya se afanan por recoger las baldas en las que durante todo el día han estado esperando lectores numerosos libros de segunda mano, piezas de bibliofilia -primeras ediciones casi inencontrables- y alguna novedad. Una de estas libreras es Carolina Méndez, hija y nieta de libreros, que está a punto de echar el cierre a la caseta número 30, la que regentó su abuelo Ángel desde 1938. A esa ultimísima hora llega una lectora y compra un libro. Carolina casi se sorprende. Son días difíciles en la cuesta, un lugar emblemático de libros desde los años veinte del pasado siglo. “La cosa está muy mal. Ya estaba mal de antes, pero es que con todo esto las ventas han bajado un 50%. Este año está perdido y la Navidad la damos prácticamente por perdida”, afirma con pesar. La Cuesta, que tuvo muchos años briosos y que, sin barras de bar ni paredes de ladrillo visto, es más madrileña que el bocata de calamares de la plaza Mayor, se muere.

Carolina es también la presidenta de la Asociación de Libreros de la Cuesta de Moyano, una organización surgida para revitalizar este empinado emplazamiento de camino a El Retiro que ha ofrecido libros a la ciudad casi desde el siglo XIX, cuando los feriantes se colocaban cerca de la estación de Atocha para vender su material a los recién llegados a la capital. Los libreros sobrevivieron a aquellas ferias y se acabaron situando en el Paseo del Prado, si bien su espacio actual es de 1924. Desde entonces han pasado muchas crisis -y hasta una Guerra Civil-, pero la de ahora, como muchos de ellos señalan “es el remate”.

Ya estaba mal de antes, pero es que con todo esto las ventas han bajado un 50%. Este año está perdido y la Navidad la damos prácticamente por perdida

Por ello, ya en abril de 2019 también se creó la organización ciudadana Soy de la Cuesta, conformada por periodistas, gestores culturales, ilustradores, libreros, empresarios, expertos en sostenibilidad, abogados, etc , con el fin de ayudar a estas librerías. Un esfuerzo que se ha redoblado con la imprevista llegada de la pandemia, que cerró las casetas durante tres meses y que todavía hoy hace que cojeen las ventas. Entre todos lucharon por que el ayuntamiento exonerara del pago del canon en 2020 -en algunos casos puede llegar a los 10.000 euros- y han puesto en marcha acciones como la que se celebra este viernes para conmemorar el Día de las Librerías. Es lo que han denominado ‘Librero por un día’ y por la cuesta pasarán desde las 12 horas autores como Arturo Pérez-Reverte, Rosa Montero, Fernando Aramburu o Pío Caro-Baroja que se situarán junto a los libreros para recomendar libros a los transeúntes. Estarán hasta las 18.30.

“Estos libreros son autónomos, tienen que pagar su luz, su agua… Y están a pie de calle, con todo lo que eso supone. Hemos puesto en marcha todo esto también para que renueven el público, ya que muchos se les mueren… Se necesita el respaldo del ayuntamiento”, cuenta Lara Sánchez, presidenta de esta asociación. Y que vengan los ciudadanos. Muchos.

Crisis estructural

A las siete Alberto también está recogiendo los libros de la caseta Antonio, que lleva en la cuesta desde hace treinta años. Como Carolina, está apesadumbrado. Por los efectos de la pandemia, pero a la vez porque esta ha acentuado una crisis “que ya venían de antes” y que tiene varias problemáticas: “Una de ellas es la crisis estructural del gremio del libro de segunda mano, otra es la que ha supuesto Internet con webs como Iberlibro y ya por último la pandemia. Y todavía no nos hemos recuperado de esos tres meses cerrados”, manifiesta.

Parte del equipo de Soy de la Cuesta junto a Carolina Méndez, presidenta de los Libreros (en el centro), y Julio Caro-Baroja
Parte del equipo de Soy de la Cuesta junto a Carolina Méndez, presidenta de los Libreros (en el centro), y Julio Caro-Baroja

Con respecto a la segunda mano, el librero insiste en que todavía sigue existiendo ese perfil de lector que viene en su búsqueda. “Hay muchos que vienen buscando títulos que se han agotado. Y después hay gente joven que se acerca porque aquí puede encontrar novedades más baratas que en otros sitios. Y aquí también hay libros a uno o dos euros”, explica. El problema, según él, es que es un tipo de lector que disminuye. Y no solo en cuestión de libros, sino que para él es una crisis cultural estructural. “¿Tú has visto que a la gente le interese la música, el jazz, el buen pop, rock? Pues el libro tampoco”, afirma con cierta resignación. Tampoco, avisa, quiere echar toda la culpa al empedrado, es decir, a Internet y webs como Iberlibro. “No, no, si Internet está muy bien y a mucha gente le está viniendo muy bien Iberlibro, que es un buscador. De hecho, es que tienes que estar casi ahí para vender”.

“¿Tú has visto que a la gente le interese la música, el jazz, el buen pop, rock? Pues el libro tampoco”, afirma el librero Alberto con cierta resignación


Precisamente, otro Alberto, este de la librería Barber, reconoce que él ya está vendiendo por Internet, “porque si no…”. Porque si no, no hay ventas. Y más ahora que “la cosa está muy dura porque hay que pagar otras cosas. Ya estábamos jodidos con el online y las plataformas, pero es que ahora…”, sostiene mientras apila libros en su caseta. A él tampoco le salen las cuentas tras los meses de cierre. “Yo creo que se han perdido unos 7.000-8.000 euros por caseta”, cuenta. Hay muchos libreros que en los días más oscuros e invernales ni siquiera abren ya por la tarde. Destinan ese tiempo a la venta online.

Sin barrio ni turistas nacionales

La gente tampoco ha regresado en manada después del confinamiento domiciliario. Los libreros reconocen que se acercan muchos menos paseantes que antes de la pandemia. “Quizá algo más los fines de semana porque también se nota que la gente no sale de fiesta”, afirma el segundo Alberto. Pero lo cierto es que hay barrios confinados y muchas personas de la periferia madrileña no se están acercando al centro.

Otro asunto importante: los turistas nacionales, que son un buen perfil del comprador en Moyano, tampoco están. Los cierres perimetrales han vallado las comunidades autónomas y se percibe. Ocurre en los grandes museos y en la cuesta.

“Esto no es Moratalaz. Allí sí hay vecinos por las calles. Aquí no”, manifiesta Carolina, que vive en ese barrio colindante con la M30 (pero hacia afuera).

Y la tercera pata: los vecinos. Esos que, en realidad, en una zona como la del Prado, no existen. “Esto no es Moratalaz. Allí sí hay vecinos por las calles. Aquí no”, manifiesta Carolina, que vive precisamente en ese barrio colindante con la M30 (pero hacia afuera). Es decir, lo que está ocurriendo en los centros de las grandes capitales. “Todo esto lo notamos mucho cuando abrimos en mayo porque no había nadie en la calle. Ahí es cuando peor lo pasamos, porque no teníamos ni ayudas ni gente, pero las facturas llegaban igual”, afirma esta librera.

Futuro (mal)

Con estos mimbres el futuro no se ve muy halagüeño. Ahora se está negociando el pago del canon del año que viene, pero quedan muchas cosas para hacer. La más importante, la supervivencia, pero hay otras incluso de cariz estético, ya que la cuesta se ve vieja y hasta abandonada con casetas muchas de ellas pintarrajeadas.

MADRID, 20 05 2020.- Dos personas miran los libros de los tradicionales puestos de la Cuesta de Moyano, en Madrid, que han abierto de nuevo el pasado lunes con las medidas higiénicas y de seguridad que demanda la adaptación a la nueva realidad impuesta por la pandemia de la Covid-19. EFE Fernando Alvarado
MADRID, 20 05 2020.- Dos personas miran los libros de los tradicionales puestos de la Cuesta de Moyano, en Madrid, que han abierto de nuevo el pasado lunes con las medidas higiénicas y de seguridad que demanda la adaptación a la nueva realidad impuesta por la pandemia de la Covid-19. EFE Fernando Alvarado


“Dicen en el ayuntamiento que nos las van a limpiar, pero vamos a ver qué pasa”, manifiesta uno de los Albertos. Para Carolina sería importante que el consistorio diera más a conocer a estos libreros y que les cuidaran un poquito más. “Aquí es que no nos reponen ni los árboles y necesitamos unos toldos, porque esto en verano es el desierto del Gobi”, insiste. Y recuerda iniciativas que, aunque estarían hechas desde la buena intención, fueron nefastas, como los bares que el consistorio puso hace tres años. “Es que venían extranjeros que se emborrachaban y la liaban parda. Y había que tener cuidado porque los libros estaban al lado. Lo del teatro sí estuvo bien, pero para mantenerlo necesitaban a los bares… era la pescadilla que se muerde la cola”, comenta.

A las siete y media de la tarde ya no queda nadie en Moyano. Todas las casetas han cerrado ya y los paseantes han dejado de pasar de camino hacia El Retiro o de vuelta hacia Atocha. El comercio se ha apagado hasta el próximo día cuando pase algún paseante distraído… y compre.

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