polémica

'Hombres, os odio', el libro que ha desatado una tormenta política en Francia

Un asesor del Ministerio de Igualdad galo pidió retirar el libro por "incitación al odio". El título ha sido comprado por unas de las editoriales más grandes del país y se vende por miles

Foto: Pauline Harmange.
Pauline Harmange.

La 'rentrée' en Francia, el único lugar donde debería ser válida esa palabra, ha llegado este septiembre calentita. La culpa la tiene una escritora de 25 años, Pauline Harmange, y su primer libro ‘Moi les hommes, je les détestes’ (algo así como ‘Hombres, os odio’), un breve ensayo sobre la misandria que ha desatado toda una tormenta política. Porque en el asunto ha entrado todo el mundo, el primero, Ralph Zurmély, asesor del Ministerio de Igualdad del país galo, que quiso sacarlo de las librerías por considerarlo un ataque de odio. Los efectos, por supuesto, han sido todo lo contrario a lo que hubiera deseado este asesor: el libro de 80 páginas, que había sido publicado por una editorial minúscula, ha pasado ahora al catálogo de Editions Seuil, una de las editoriales más grandes del país. Y está arrasando.

'Moi les hommes, je les deteste'.
'Moi les hommes, je les deteste'.

La historia comenzó el pasado 19 de agosto, cuando Harmange publicó el libro con la editorial Monstrograph, un sello independiente y pequeño. De hecho, la autora pensaba vender unos 200 ejemplares entre familiares y amigos. Lo había escrito porque los editores se lo habían sugerido después de leer varias entradas en su blog en las que hablaba sobre la misandria. En ellas, Harmange se basaba, sobre todo, en las experiencias que había tenido trabajando para una organización no gubernamental que ayuda a las víctimas de agresiones y abusos sexuales. “Y puedo afirmar con certeza que la mayoría de los agresores son hombres”, señalaba recientemente en una entrevista para 'The Guardian'. También le animó que notaba cierta indiferencia entre los hombres de su entorno —progresista— hacia la lucha de las mujeres. Como si esas cifras no fueran con ellos.

El libro, que, según las reseñas publicadas en Francia, abunda en que si los hombres han dado a las mujeres todas las razones del mundo para que no les gusten, igual a las mujeres se les debería permitir no amar la especie masculina como un todo, sino hacer excepciones para ciertas anomalías, llegó a oídos del asesor Zurmély. Y no le gustó. Rápidamente escribió al pequeño sello independiente y minúsculo señalando que “la incitación al odio basada en el sexo es un delito. En consecuencia, le pido que elimine inmediatamente este libro de su catálogo bajo pena de enjuiciamiento penal”. El escándalo acababa de empezar. Más aún cuando Mediapart publicó la historia a finales de agosto. Las palabras que brotaron aludían a la censura e incluso a la cancelación de la joven escritora.

El libro abunda en que a las mujeres se les debería permitir no amar a la especie masculina como un todo, sino hacer excepciones para anomalías

La ministra de Igualdad gala, Elisabeth Moreno, que había sido nombrada el pasado julio con la reestructuración del Ejecutivo, quiso despejar la polémica manifestando que era una opinión personal de su asesor. Pero la bola ya había crecido. Además Zurmély llegó a decir que tampoco se había leído el libro entero. Menos mal que solo eran 80 páginas, aunque parece lo más habitual hoy en día cuando solo se leen títulos, titulares o tuits. No más de 200 palabras. Lo demás es leer demasiado.

Efecto Streisand

En estas semanas, Pauline Harmange no se ha amilanado con la polémica. Al contrario, ya que su libro no solo no ha sido censurado sino que se vende por miles. Está llegando a mucha más gente que solo a sus amigos y familiares. Un efecto Streisand de manual.

Ella, que por otro lado está casada con un hombre con quien vive al norte de Francia, ha aprovechado para dar entrevistas en las que ha ironizado sobre el asesor.“Si un funcionario estatal se enfrenta a un libro de 80 páginas que solo había publicado entonces 400 copias, tiene un problema. Es un libro que debería haberse impreso solo 500 veces, tal vez 700 copias como máximo, y se ha pedido más de 2.000 veces”, manifestó a finales de agosto cuando todavía no lo había comprado Seuil, que anunció su salida a las librerías el pasado 11 de septiembre. También indicó que era raro que se quejara un asesor de Igualdad cuando algunas de las fuentes mencionadas en su libro provienen directamente del Gobierno y del Ministerio de Igualdad.

¿Qué es la misandria?

La autora también ha desarrollado en estas entrevistas su concepto sobre la misandria y por qué lo utiliza en su ensayo. El concepto, en términos académicos, se refiere al desprecio por el sexo masculino, casi en contraposición a la misoginia. De hecho, la autora manifiesta en el texto que es una reacción a la misoginia, "que es la raíz de la violencia sistémica" contra las mujeres, escribe. Y ofrece datos estadísticos como que en 2018, el 96% de las personas condenadas por violencia doméstica eran hombres y el 99% de las condenadas por violencia sexual eran hombres. "Mientras que la misandria nunca ha matado a nadie", escribe Harmange.

Si somos heterosexuales, se nos anima a que nos gusten los hombres, pero deberíamos tener el derecho a que no nos gusten


Por eso, para ella la misandria es esa reacción “a todo lo que nos oprime y que, de repente, nos lleva a adoptar comportamientos de rechazo, desconfianza y hostilidad, pero sin llamar jamás a la violencia”. Y lo hace desde una perspectiva heterosexual: “Si somos heterosexuales, se nos anima a que nos gusten los hombres, pero deberíamos tener el derecho a que no nos gusten. Me doy cuenta de que esto suena como un sentimiento violento, pero creo firmemente que deberíamos permitirnos no amarlos como un todo y hacer excepciones para ciertos hombres”, comentó en 'The Guardian'. Ella misma se hace una pregunta clave: “¿Qué pasa si las mujeres tienen buenas razones para detestar a los hombres?”.

Otro de los motivos de su libro tiene que ver con crear un mayor hermanamiento entre las mujeres. De hecho, según ella, mostrar esta ira hacia los hombres inicia un camino alegre y emancipador. “Creo que abre las puertas del amor a las mujeres y hacia nosotras misma”, ha resaltado Harmange.

Misóginos franceses

El ensayo también ha abierto otro debate en Francia sobre la propia literatura francesa y los autores franceses. No se olvida que este país fue el que emitió el famoso manifiesto, firmado por actrices, escritoras y otras tantas mujeres de la cultura, contrario al #MeToo estadounidense. Sin entrar en esta cuestión, sí se ha abierto cierta veda sobre lo que se ha permitido durante siglos en el país vecino. En la literatura y otras artes.

El escritor francés Michel Houellebecq, el año pasado, en el Festival de San Sebastián. (EFE)
El escritor francés Michel Houellebecq, el año pasado, en el Festival de San Sebastián. (EFE)

“La misoginia está tan bien anclada en la literatura francesa que a menudo ni siquiera nos damos cuenta”, ha destacado Harmange sobre un país que eleva a los altares a autores como Michel Houellebecq o permitió durante años que el editor Gabriel Matzneff hablara abiertamente de sus relaciones con prepúberes. Varios artículos han destacado que si no ha prohibido a Houellebecq y sus comentarios misóginos en sus novelas —lo cual sería un acto de censura— por qué habría que hacerlo con Harmange. Tampoco ocurrió con Baudelaire, que profirió unos cuantos insultos a George Sand, incluso por su físico.

En España, algunas autoras también se han llevado insultos misóginos. Una de las que más los sufrieron fue Emilia Pardo Bazán, a la que no se dejó entrar en la RAE y, entre otras razones, Juan Varela adujo que tenía el culo demasiado gordo para el asiento de la Academia. Sería una gracieta.

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