Historia

Republicanos de derechas: los conservadores acabaron con la monarquía dos veces

La institución parece tambalearse sin las fuerzas conservadoras de su parte... pero también con su ayuda

Foto: Francisco Franco, con el rey Juan Carlos.
Francisco Franco, con el rey Juan Carlos.

“Católico, apostólico y romano, conservador de cuanto merezca ser conservado, liberal hasta la médula de los huesos (…) Quiere esto decir que nadie podrá tachar mi relato sin mentir, descaradamente, de masónico, judaizante y comunistoide”. Lo único que le faltaba añadir al político Miguel Maura es que era republicano. Uno de los artífices de la consolidación de la Segunda República y ministro del primer gobierno provisional de 1931. Sí, el republicanismo fue también de derechas. Nadie hizo más en España por la república que la propia institución monárquica y en cierta medida los políticos y militares conservadores hartos del 'borboneo'.

Por contraposición, la historia de las dos únicas repúblicas que ha habido surgieron contra el rey, no a pesar de él y en ambas fueron también los conservadores, no solo los revolucionarios, los que acabaron dándole la puntilla. Ahora, los escándalos del rey emérito Juan Carlos I, al igual que ya ocurriera con los de su abuelo, Alfonso XIII y antes con Isabel II, han desenvainado la hoja más afilada contra la monarquía: el hartazgo con una institución que sin las fuerzas conservadoras de su parte parece tambalearse.

Sin los conservadores, tanto en 1868 como en 1931, no habría habido república. Su hartazgo con la corona decidió la suerte de Isabel II y Alfonso XIII

Solo Franco, que mantuvo la consideración de reino de España a pesar de concentrar todo el poder, rompió el esquema con la mayor anomalía de nuestra historia al cerrar el camino al trono a don Juan de Borbón de España y educar a Juan Carlos I, a quien hizo su propio sucesor. Franco era monárquico, solo que decidió que el rey sería él. El testamento político del dictador fue muy claro.

Antes de eso, tanto en la brevísima historia de la Primera República, apenas un año entre 1873 y 1874, después de un golpe militar y la revolución de la Gloriosa contra Isabel II por el hartazgo de la élite gobernante, como en la segunda, de apenas cinco años, se inclinó la balanza con los conservadores, que luego tuvieron que echar marcha atrás. No ha habido república en España sin ellos. No la habrá tampoco nunca si no es con su apoyo.

Guardia pretoriana

En el lejano siglo XIX la Unión Liberal, que sustentaba en parte a la monarquía, acabó sumándose con el general Serrano a los demócratas y a los progresistas que encabezaba el general Prim. El concurso de los conservadores en el Pacto de Ostende fue definitivo para el descalabro de la reina. Las élites políticas y el ejército lideraron la revolución que desembocó en el errático sexenio democrático: la monárquica parlamentaria con el rey extranjero Amadeo de Saboya primero, la efímera Primera República después y el colofón del régimen del general Serrano.

Finalmente, la vuelta a la monarquía con Alfonso XII, hijo de Isabel, en 1878 fue encabezada por el general Martínez Campos después de que el general Serrano se hubiera asentado en la jefatura del estado creando de facto una "dictadura republicana" marcadamente conservadora. Ostende no sería la última vez en la que las fuerzas políticas de signo contrario se unieran contra el trono. Sesenta años después, Alfonso XIII, nieto de Isabel II, viviría de nuevo el exilio.

Pacto de San Sebastián. sentados: Lerroux, Azaña, Alcalá Zamora y Besteiro.
Pacto de San Sebastián. sentados: Lerroux, Azaña, Alcalá Zamora y Besteiro.

La paulatina mala gestión del gobierno, los escándalos del monarca y la injerencia, el 'borboneo', acabaron por plantear la proclamación de la Segunda República, que tenía ya una gran aceptación. Las elecciones municipales de 1931 fueron el detonante, pero la causa existía con anterioridad. Según el historiador Santos Juliá: "El rey no contaba con una estructura de poder político, era más que dudosa la adhesión de los intereses económicos, no disponía de instituciones de poder ideológico y nadie podía saber cuál sería el comportamiento del poder militar: estaba asilado". Así, una parte de las fuerzas conservadoras habían abandonado al rey tras el pacto de San Sebastián con los republicanos de izquierdas, el resto se inhibió. Fue la puntilla para la monarquía.

Sin la guardia pretoriana, que era el ejército fundamentalmente pero también la burguesía conservadora, el rey, como Calígula, estaba vendido. Es más, durante la dictadura de Primo de Rivera, aunque solo existía un partido, Unión Patriótica, Largo Caballero líder de la UGT pactó con el dictador para seguir en la luz pública. La realidad es que la caída de Alfonso XIII fue pacífica no solo porque el rey se autoexiliara para evitar confrontamientos, sino porque a casi todo el mundo le parecía bien: "Al tener todo el mundo que definirse en la primavera de 1930, nadie, ni siquiera los viejos monárquicos, lo hizo por el rey" -Santos Juliá, 'La España del siglo XX' (Marcial Pons).

Alcalá Zamora fue presidente de la II República pero su partido se diluyó frente a la derecha antirepublicana de la CEDA y Renovación Española

Entre los conservadores, Miguel Maura, hijo de Antonio Maura, presidente del consejo de ministros con Alfonso XIII, es un buen ejemplo junto a su compañero de partido Niceto Alcalá Zamora aunque no el único. Habría que sumar a Alejandro Lerroux, del Partido Radical, cuya evolución hacia posiciones de centro desde sus comienzos no rebajó en cambio su republicanismo.

Al final, aunque Alcalá Zamora fue presidente de la II República, su partido se diluyó frente a la derecha antirrepublicana de la CEDA y la monárquica Renovación Española. Tiene su explicación, ya que en 1934 entregó el gobierno a Lerroux, cuando había sido la CEDA quien ganó las elecciones. Lo intentaría después con Portela Valladares, también de un partido minoritario que podría calificarse de centro. Imagínense que en 2015 el presidente por sanción del jefe del estado hubiera sido Albert Rivera, no Mariano Rajoy.

Los militares y el trono

Los dos periodos republicanos son incomparables salvo por un detalle: en ambos la mayoría conservadora se bajó del tren. Sin duda, el más significativo por la descomunal importancia en nuestra historia fue el periodo de 1931-1936. La gran diferencia reside en que el general Martínez Campos pensó en continuar con la dinastía borbónica como si no hubiera pasado nada cuando derrocó a Serrano y en cambio Franco, ya durante la Guerra Civil, desechó la idea al tiempo que construía un nuevo estado en el que no cabía el rey, al menos mientras él viviera.

Los generales monárquicos sublevados el 18 de julio le entregaron el mando único y la jefatura del Estado tras la liberación del Alcázar al comienzo de la Guerra Civil y cuando alcanzaron la victoria ya no pudieron restaurar la monarquía. Tampoco sobrevivió la derecha antirrepublicana anterior al golpe de estado. El movimiento, es decir, la imposible unión de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, en el que estaban incluso los carlistas, se convirtió en el partido único y cuando falleció el dictador, el sucesor designado en la jefatura del estado fue el rey Juan Carlos I. Don Juan se quedó fuera porque así lo decidió Franco.

El republicanismo ha estado intoxicado desde 1936 por la Guerra Civil. Ya en democracia, no han dejado de ser tan minoritarias que eran reseñables

El debate del republicanismo ha estado intoxicado desde 1936 precisamente por la Guerra Civil y la revolución de 1934. La experiencia del complejo sexenio revolucionario queda aún más lejana. La derecha, salvo tímidas iniciativas del tardofranquismo como las encabezadas en democracia por el notario Antonio García Trevijano, no han dejado de ser casi folclóricas: tan minoritarias que eran reseñables. La propia conspiración de salón de Trevijano con el banquero Mario Conde, a mitad de los noventa, antes de que el banquero fuera encarcelado por cometer delitos financieros en la presidencia de Banesto es la más célebre. Era de esperar que fracasara, puesto que la actual monarquía parlamentaria había sido refrendada en 1978 con una aplastante mayoría. Los antecedentes para el republicanismo son, sin embargo, bastante reveladores: descrédito de la monarquía y pérdida de la confianza entre los sectores conservadores. La izquierda siempre ha querido una república. La derecha cedió dos veces.

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