Estreno en Netflix

El día en que la clase obrera robó el fútbol a los ricos (y todo cambió)

El creador de 'Downton Abbey' estrena en Netflix 'Un juego de caballeros', donde se cuentan los inicios del fútbol. No obstante, no esperen ver una serie sobre este deporte

Foto: Fotograma de 'Un juego de caballeros'
Fotograma de 'Un juego de caballeros'

El fútbol nació entre los muros de los colegios británicos más prestigiosos. Entre uniformes escolares y rimbombantes nombres como los de Eton, Harrow o Cambridge, en Inglaterra. La primera vez que se peloteó no fue en un arrabal sino en una zona cuidada. Y no fue un chaval con su balón porque no tenía otra cosa, sino los hijos de los que lo tenían todo y utilizaron el fútbol, ese deporte rarísimo porque no se usaban las manos, para pasar el tiempo. Así era este juego mundial de masas a finales del siglo XIX. Ni un negocio ni siquiera un ascensor social. Simplemente, un juego de ricos. Hasta que todo cambio y la clase obrera conquistó este deporte.

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Esta transformación hacia la popularización es la que narra 'Un juego de caballeros' ('The English Game', en original, un título más acorde) una serie de seis episodios creada por Julian Fellowes -creador de 'Downton Abbey', entre otras- que se ha estrenado este mes en Netflix. Pero el fútbol y los partidos que aparecen son casi una mera excusa. Como decía el propio Fellowes estos días en la prensa británica, la serie “no trata solo del fútbol, ​​sino del drama humano. Lo que sucedía en el fútbol también sucedía en la sociedad. Cuando el fútbol se convirtió en un juego de niños pateando una pelota en la calle comenzaron una serie de convulsiones extraordinarias”. Lo que comenzó fue la revolución social que trajo consigo la industrialización. Lo que se inició fue un puro relato dickensiano.

Inicios del fútbol

La serie bascula entre la historia real y algunas concesiones a la ficción para potenciar el efecto dramático, como suele ocurrir con todas las creaciones, pero permite conocer cómo era una sociedad y cómo se produjeron un buen cúmulo de cambios hilvanados a través del desarrollo del fútbol. Y sí, también hay alguna concesión maniquea (sí: ricos malos, pobres buenos, y un malo que se vuelve bueno), que si no molesta demasiado se puede pasar por alto.

Los Old Etonians a finales del siglo XIX
Los Old Etonians a finales del siglo XIX

Lo que interesa es la historia real y esta señala que este deporte al que jugaban los jóvenes de la clase alta británica ni siquiera tuvo reglas unificadas hasta 1863, cuando se creó la Asociación Inglesa de Fútbol (Football Association, de donde procede la palabra ‘soccer’). Hasta entonces existían dos códigos, Cambridge y Sheffield, que marcaban algunas reglas. Una de las más importantes era que este nuevo deporte consistía en driblar y regatear, no en placar, como el rugby. Y tampoco se podían usar las manos. Pero, por otro lado, ni siquiera en esa época las porterías tenían travesaño, que se añadiría mucho más tarde.

La asociación de fútbol se creó tras varias reuniones de los clubs de Londres en la taberna Freemason. Por supuesto, todos caballeros ingleses. Esta taberna, que existe todavía, era un centro bastante neurálgico puesto que allí también se celebraban reuniones de política y economía a la que acudían personajes como Thomas Malthus o David Ricardo. En una de las reuniones futbolísticas se produjo la escisión final entre el rugby y el fúbtol. El rugby no tendría su asociación hasta 1871. No obstante, los códigos del fútbol no se llegaron a unificar hasta 1878.

Profesionalización

Ahí es donde comienza la historia de la serie. En esos años, los jugadores no cobraban por jugar. A los ricos no les hacía falta. Tenían su puesto asegurado en la empresa de su padre, como sucede con Arthur Kinnaird, hijo de banquero y miembro del equipo de los Old Etonians, de Eton, el colegio al que ha ido siempre la clase más pudiente británica como la monarquía o Boris Johnson, que también jugó en el equipo de fútbol. Los Old Etonians eran los que dominaban el campeonato de la FA Cup, una especie de nuestra Copa del Rey, en los años setenta del siglo XIX. Kinnaird es uno de los protagonistas de la serie (en la vida real estuvo 33 años al frente de la Asociación de Fútbol).

Boris Johnson, en el centro sentado, con el equipo del colegio Eton
Boris Johnson, en el centro sentado, con el equipo del colegio Eton


Sin embargo, en 1878 (y esto fue real) el Darwen Club de fútbol, el equipo de los obreros de una fábrica textil, rompe las normas y ficha por primera vez a dos jugadores, Fergus Suter y Jimmy Love, los otros dos protagonistas del relato. En la serie el dueño de la fábrica, Mr Walsh, les pone a trabajar y además les da una paga por jugar. La intención es básica: quiere reforzar la plantilla para ganar la copa esa temporada. El razonamiento hoy entra dentro de toda lógica, pero era inconcebible en una época donde los equipos de obreros de las fábricas no tenían casi ninguna oportunidad de pasar casi de octavos de final.

La serie (y la realidad) dan una vuelta de tuerca más al contar cómo Suter es a su vez fichado por más dinero por el Blackburn, otro equipo de obreros de la ciudad homónima, al norte del país. Hoy también puede parecer natural “robar” al jugador de otro equipo con dinero -por supuesto, no había cláusulas de rescisión ni ninguna fórmula que hoy sí están estipuladas -pero fue una acción completamente novedosa.

El jugador Fergus Suter, uno de los primeros profesionales de la historia del fútbol
El jugador Fergus Suter, uno de los primeros profesionales de la historia del fútbol


En la historia real el Blackburn es una unificación de dos equipos de la zona, el Blackburn Olympics y el Blackburn Rovers, que a comienzos de los ochenta ya empezaron a intimidar a los equipos de los pijos ingleses. De hecho, el clímax de la serie se encuentra en estos enfrentamientos y cómo el pundonor y el talento en el juego llevaron a los obreros a conquistar el título por primera vez en 1883. Los años siguientes también serían gloriosos para los equipos de obreros. Y supondrían el punto de inflexión total en este deporte (y un paso más hacia las revueltas sociales de finales del XIX).

Lucha de clases

En una cabriola se podrían ligar las reflexiones de Charles Fourier y sus falansterios socialistas o las de Prudhon y su anarquismo o directamente las de Karl Marx, con lo que ocurrió con el fútbol y la lucha de clases sociales. La serie va por ahí, como apunta su creador Fellowes cuando dice que “tenías a los Old Etonians tratando de controlarlo y establecer las reglas, y al mismo tiempo estaba creciendo en popularidad a través de los Midlands y el Norte en comunidades recientemente industrializadas que se identificaban con sus equipos locales de fútbol. Estaba toda esa lucha de poder”.

Uno de los asuntos tiene que ver con el hecho de ganar dinero con el juego. La clase alta no quería porque, como se dice en la serie, el juego acabaría siendo del pueblo y eso no se podía permitir. Pero como les contesta uno de los obreros: “nosotros trabajamos y luego, cansados, tenemos que ir a entrenar y a jugar. Vosotros ni siquiera trabajáis y podéis entrenar y llegar al partido frescos. Eso no es justo”. Por eso las fábricas comienzan a pagar a sus jugadores para que estos no tuvieran que trabajar. Son las propias fábricas las que comenzaron a profesionalizar el fútbol.

Y llegaron los hooligans

En una de las escenas también se observa la crítica desde la clase alta hacia los “bárbaros trabajadores”. Ocurre durante un partido de fútbol. Antes tampoco existían los campos que hay ahora y ni siquiera había gradas. Los espectadores, a los que se empezó a cobrar entrada hasta casi la década de 1880, veían el partido de pie en los laterales. En uno de los momentos en un partido entre dos equipos de obreros, un jugador hace una fea entrada a otro que tiene que ser retirado en camilla y que casi pierde la pierna por una hemorragia: el fútbol podía costarte casi la vida. Por supuesto, no existían las tarjetas amarillas y rojas y tampoco la expulsión. Los hinchas se enfadan, empiezan a pelearse y saltan al campo montándose una verdadera tangana. La élite que había acudido a ver el partido dicta sentencia: los obreros vulgarizan el juego. De alguna manera, habían nacido los hooligans, posiblemente una de las peores lacras que ha arrastrado este deporte a lo largo de toda su historia.

No vean esta serie si están buscando ver un partido de fútbol porque no va a de eso. Esto es 'Downton Abbey' con una pelota


Otro de los aspectos dramáticos de la serie que confluye con la realidad de la época -y que más convierte esta ficción en un retrato social- tiene que ver con las mujeres, tanto las de la clase trabajadora como las de la clase alta. De las primeras se da cuenta la situación a la que se exponían si se quedaban embarazadas siendo solteras: repudiadas, sin trabajo o acudiendo a una casa de acogida donde dar a su hijo en adopción. Sin estar embarazadas: al igual que los hombres, trabajaban como burras. En el caso de las mujeres pudientes, estaban prácticamente abandonadas (y aburridas) por sus maridos, que se dedicaban a sus negocios y… al fútbol.

Y esto es ‘Un juego de caballeros’. Por cierto, no vean esta serie si están buscando ver un partido de fútbol porque no va a de eso. Ni tiene su acción, ni su entusiasmo. Esto va de ricos y pobres. Y es un poco ‘Downton Abbey’ y todas esas series victorianas, pero con una pelota.

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