aquí salen del armario (lector)

¿Adivinas cuál es el único equipo español de fútbol con un club de lectura?

¿Quién dice que los futbolistas no leen?

Foto: Mikel Balenziaga
Mikel Balenziaga

Mikel Balenziaga apenas había leído tres libros en toda su vida cuando decidió apuntarse a un club de lectura. Nacido en Zumárraga en 1988, su entrenador, Ernesto Valverde, le había convertido en el lateral izquierdo imprescindible del Athletic de Bilbao. Buenas críticas, aplausos de la grada y de los que saben de fútbol en las secciones deportivas de los periódicos. Pero prácticamente nada relacionado con la literatura en su biografía. Sin embargo, Balenziaga quería darle una oportunidad a esto de los libros y se apuntó al club que ofrecía la Fundación cultural del equipo. Un profesor de ikastola le propuso leer la novela Mussche (Lo que mueve el mundo, en castellano), de Kirmen Uribe, y decidió compartir su lectura con cuarenta alumnos. Y, además, en San Mamés. Fútbol, literatura y el acompañamiento de un ídolo para los chavales. Así fue como el lateral izquierdo también salió del armario de la lectura. Una experiencia mágica.

Y novedosa. Desde hace tres años, el Athletic de Bilbao es el único club de fútbol de primera división que ofrece la posibilidad de aunar la literatura y el fútbol implicando a los propios jugadores. Fue una idea que nació de la Fundación que tiene el equipo y rompe con todos los prejuicios que siempre han orbitado en torno a este deporte y a los que lo practican, y es que los futbolistas apenas salen de una consola como pasatiempo cultural.

La fórmula es sencilla: cualquier jugador, ya sea del equipo masculino o femenino, puede apuntarse como voluntario al club de lectura, se le ofrece un libro y este se compromete a leerlo en un mes y después comentarlo. Como indican desde la Fundación, lo que se pretendía era hacer una acción de promoción de la lectura, pero que cambiara la perspectiva: que la lectura no fuera un acto solitario y que los futbolistas no fueran meros reclamos publicitarios indicando que la gente leyera, sino que ellos mismos fueran los lectores.

¿Y qué leen?

Balenziaga no fue el único en participar de la iniciativa. Antes de fichar por el Barça también se apuntó Ernesto Valverde, del que sí se conoce su pasión por la literatura y la fotografía, quien leyó 'La educación de un ladrón', de Edward Bunker, junto a un grupo de presos, lo que concebía una mayor relevancia a esta biografía puesto que, antes de convertirse en un escritor y guionista de prestigio, Bunker pasó por varias cárceles a lo largo de su vida. Un ídolo como Carlos Gurpegui, que estuvo durante 14 años en el primer equipo, compartió la lectura de 'Los surcos del azar', de Paco Roca, con varios técnicos de Lezama, mientras que el defensa Xabier Etxeita se decantó por El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Entre las jugadoras, la portera, también de la selección española, Ainhoa Tirapú, que leyó Un tranvía en S.P, de Unai Elorriaga, quien estuvo presente cuando se habló del libro. Y la lista no ha dejado de engrosar nombres y apellidos que no sólo se cantan en el estadio.

¿es incierto que los jugadores no lean? ¿Salen más allá de Instagram y Twitter? ¿Estamos todos equivocados?

El interrogante resulta, entonces, facilón: ¿es incierto que los jugadores no lean? ¿Salen más allá de Instagram y Twitter? ¿Estamos todos equivocados? Porque hasta la fecha no son muchos los que se han distinguido, si se exceptúan casos puntuales como el de Jorge Valdano, hace ya varias décadas. En la Fundación se reconoce que hay una mirada prejuiciosa, puesto que la mayoría de los jugadores “leen lo que lee cualquier chaval de su edad con otra profesión”. A esto se une un estigma curioso, como se cuenta desde el equipo: muchos prefieren callarse esta pasión para no recibir ‘palos’ en el campo. Es decir, aquí se viene a jugar y no a otra cosa. Uno más de los secretos y misterios extraños que rodean a este deporte.

Sin embargo, desde el Athletic de Bilbao están decididos a darle un vuelco a estos prejuicios que huelen a principios de siglo, y no del XXI. Hay una lógica: ciertas cuestiones sólo se puedan modificar desde dentro. Por eso, desde hace ya ocho años también se monta el festival Fútbol y Literatura que propone encuentros con escritores, periodistas, dramaturgos, músicos y actores con el fin de reivindicar esta pasión balompédica como un tema de desarrollo de la literatura, y también para que este deporte tenga un desarrollo cultural en otros ámbitos. Un camino de ida y vuelta que, si bien al principio costó que llegara a los ciudadanos, ahora está en plena expansión con exposiciones, talleres para niños pequeños, cuentacuentos y una publicación anual relacionada con el balompié. Este año el autor elegido ha sido el alemán David Safier, de cuyo relato se han repartido hasta 20.000 ejemplares en librerías y bibliotecas públicas.

En la Fundación existe, además, otra pretensión: que se considere al fútbol algo más que Cristianos y Messis. Algo más que las noticias de corrupción y evasión fiscal. Algo más que megaestrellas en casas y coches de lujo. Algo más que equipos destrozando mercados con la compra de jugadores. “Hay un montón de historias humanas, en el futbol de base, en el amateur, pero también incluso en el de más arriba. Y queremos reivindicarlas”, aluden desde la Fundación. Y quizá acercarse más a Inglaterra, país donde nació este deporte y que ha dado a enormes escritores con grandes novelas sobre fútbol como Nick Hornby o Irvine Welsh –dos aficionados que no bajan fácilmente de las gradas-. Salir del armario lector es una buena iniciativa.

'Hijos del fútbol'

Cuando era pequeño, Galder Reguera (Bilbao, 1975) veía porterías de fútbol hasta en los huecos de las alcantarillas. Hasta ese punto llegaba su pasión por un deporte que le había inoculado su abuelo, para quien lo más importante en la vida era el  Athletic, Dios y la patria. En ese orden. Sin embargo, para Reguera la relación con el balompié era problemática. “Lo adoraba, pero me di cuenta de que era un ámbito para determinados tipos de hombres y vi actitudes que no me gustaban, no me sentía cómodo. Y a la vez era mi gran pasión. Era como ser un escritor frustrado”. Muchos años más tarde estudió Filosofía y aunque no se dedicó profesionalmente al fútbol su trabajo sí lleva un tiempo ligado al Athletic de Bilbao y su Fundación.

Ahora acaba de publicar el libro 'Hijos del fútbol' (Los Libros del Lince) en el que, a partir de la ficción intenta explicar a su hijo, también entusiasmado con el deporte, que lo mejor del fútbol no es jugar bien o mal, sino seguir jugando. Disfrutar, al fin y al cabo. Hay melancolía, historias de amantes a este deporte en las que salen a pasear anécdotas del Mundial de España 82, México 86 o Italia 90. Y la conclusión definitiva:  cuando lo amas, no puedes hacer nada por evitarlo.

Reguera también expone que a día de hoy, el fútbol es mucho mejor que cuando él era pequeño. Desde los entrenadores, “que tienen muy claro que tienen una doble vertiente, de entrenador y otra de referente moral, de pedagogo” hasta lo que ocurre en las gradas de los partidos de chavales: “Alimentamos un debate artificial, un poco alarmista. Hay miles de partidos todos los fines de semana y hay dos en los que hay violencia. En general son espacios de convivencia. Estadísticamente no son simbólicos”. Casi como ocurre en los estadios modernos, convertidos hoy en espacios familiares y donde han quedado lejos las bengalas, petardos y hasta el alcohol. “En Inglaterra se dieron cuenta de que si se quedaban como un reducto de holligans borrachos, el modelo de negocio no era sostenible asi que lo transformaron en un plan familiar.  No fue tanto por la violencia, sino por una cuestión de mercado”, relata Reguera.

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