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Easton Ellis: “La izquierda se había convertido en una máquina de odiar"

Se publica 'Blanco', las memorias del autor de 'American Psycho', en las que carga contra la censura cultural y muestra su hartazgo por “la pataleta constante de los inconsolables" 'millennials'

Foto: Bret Easton Ellis, en el Festival de Cine de Roma de 2019. (EFE)
Bret Easton Ellis, en el Festival de Cine de Roma de 2019. (EFE)

La historia de las memorias de Woody Allen no aparece en ‘Blanco’, el libro de Bret Easton Ellis (Los Ángeles, 1964) que recoge apuntes sobre la cultura y la política estadounidense de los últimos años, pero podría haberlo hecho. Nada hubiera sido más del gusto del creador de 'American Pyscho' que este relato sobre trabajadores cabreados y un 'millennial' desatado —Ronan Farrow— que consiguen que la editorial Hachette eche para atrás la publicación de la autobiografía de Allen por considerarlo un abusador sexual (sin juicio y con desestimación de pruebas por delante). Porque de eso va esta especie de memorias de Ellis publicadas estos días en español por Penguin Random House: una carga contra la censura —básicamente procedente de la izquierda— y un hartazgo de “la pataleta constante de los inconsolables”, porque “los puntos de vista políticos distintos se consideran inmorales, racistas, misóginos”. Esos inconsolables son, en su mayor parte, los llamados 'millennials', a los que tacha de ‘generación Gallina’.

“La política identitaria de cualquier tipo tal vez sea la peor idea de nuestra cultura y, desde luego, una idea que alienta la expansión de la derecha alternativa separatista y de las organizaciones solo para blancos”, escribe Ellis en el último capítulo, ‘Hoy día’, de este libro y que transcurre en 2018. El escritor se describe en varias ocasiones como “progresista”, señala que jamás ha votado a Donald Trump y que, ante todo, es un firme defensor de la libertad de expresión: “Rechazo un sistema que permite a un grupo dogmático, desinformado y ambicioso suprimir la libertad de expresión, crear relatos falsos y pisotear la libertad sin inmutarse. Rechazo el odio. Esas son las razones por las que me hice progresista”.

'Blanco', de Bret Easton Ellis.
'Blanco', de Bret Easton Ellis.

Pero, como insiste, “la izquierda se había transformado en aquel 2018 en una máquina de odiar, proclive a la autocombustión”. Por eso este libro no solo se titula ‘blanco’ sino también ‘escritor, 'hater', tuitero, deslenguado, transgresor, hombre, privilegiado’. Todas las etiquetas que hoy en día pueden disparar precisamente esa combustión en las redes sociales. No incluye la palabra ‘gay’, pese a que él es homosexual, porque también considera que buena parte de la comunidad se ha adherido a estos nuevos mantras identitarios de una falsa izquierda.

El escritor parte del momento en que Trump estaba próximo a ganar las elecciones de EEUU en 2016. Ahí, en cenas y comidas con amigos, constata la polarización ideológica que comienza a existir convirtiendo el país “en un desquiciado instituto de secundaria” en el que la dinámica era “comparar a Trump con Hitler y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas con la Gestapo” lo que, según él, no hacía más que dar alas a la derecha (que acabó ganando lo que a él no le sorprendió en absoluto). De hecho, una de las gotas que colmó su vaso fue el discurso anti Trump de Meryl Streep en los Globos de Oro de 2017 “después de poner a la venta su casa de Greenwich Village por treinta millones de dólares”. En definitiva, llama pija a Streep y una de las menos indicadas para quejarse de Trump, lo que hizo, como recuerda, que parte de la prensa y de La Resistencia —como llama a los demócratas de la izquierda identitaria— le colocara como “un bicho raro nacionalpopulista y pro-Trump”.

El escritor se describe como “progresista”, señala que jamás ha votado a Trump y que, ante todo, es un firme defensor de la libertad de expresión

Estos movimientos nos suenan bastante. Todo es posicionamiento, todo es trumpista o todo es facha o en su otra versión, pijoprogre, si no es de los míos. Una constante que se sucede en España en los últimos años. Nos suena tanto como lo que cuenta acerca de Kanye West —el rapero odiado por los demócratas—, del que decidieron rescatar algunos tuits en los que elogiaba a Trump. A West se le exhortó a borrarlos, cosa que no hizo; la actriz Roseanne Barr comparó en otro tuit a una asesora de Obama con un personaje simiesco de 'El planeta de los simios' y fue despedida por la Disney Company por racismo. Barr dijo después que ni siquiera sabía que era negra. Hay tuits que te llevan al banquillo de los acusados —que se lo digan al cantante de Def con Dos— y otros que incluso acaban con tu trabajo. Aunque sean medio en broma. “Ya ni el progresismo más vehemente podía salvarte. La libertad de expresión se había convertido en un deseo de muerte estético, en un suicidio 'de facto”, escribe Ellis.

Un tuit/una indignación

Hace tiempo que el autor de 'Suites imperiales' —su última novela, ya de 2010— no tuitea más allá de sus 'podcasts'. No son pocos los tuits que le han salido caros, aunque en su caso haya sido en forma de discusiones en la red —que tampoco es un plato de muy buen gusto—. “Casi siempre el sentimiento es la indignación, porque la indignación llama la atención, la indignación logra que tu voz se escuche por encima del ensordecedor estruendo”, sostiene Ellis. Es decir, montar un drama de lo que alguien haya podido decir en un tuit.

Entre otros muchos temas le ocurrió con la opinión que soltó de David Foster Wallace a quien no llegó a conocer personalmente, pero tampoco despreciaba. Eso sí, le consideraba “el escritor más sobrevalorado de nuestra generación, así como el más pretencioso y atormentado”. Y eso es lo que tuiteó una noche tras haber visto el documental 'El último tour' en el que se omitía al DFW “que más llevaba la contraria, el despectivo, el capullo celoso” y el que votaba a Reagan y apoyó a Ross Perot —que muy adalides de la izquierda no eran—. Al día siguiente los fans se le echaron encima. “Yo no tenía ningún problema personal con David: los tuits eran una diatriba contra los fans que habían olvidado los aspectos negativos y desagradables de la vida de Wallace”, apostilla el escritor.

David Foster Wallace es el escritor más sobrevalorado de nuestra generación, así como el más pretencioso y atormentado

Más o menos lo mismo le ocurrió con Quentin Tarantino, pero al contrario. Hizo una semblanza de él para 'The New York Times' tras dos horas de conversaciones con el cineasta que dio lugar a duras críticas contra Tarantino en Twitter por las alusiones críticas que principalmente había hecho a la película de Katryn Bigelow, En tierra hostil”. Ellis recuerda que el director también hizo otras críticas a películas dirigidas por hombres, pero estas no llamaron tanto la atención. Después de aquello le defendió por la red social y fue entonces cuando quedó completamente proscrito, ya que indicó: “Todavía creo que si 'En tierra hostil' lo hubiera dirigido un hombre no habría ganado el Oscar al Mejor Director”. Si la comunidad tuitera no quería caldo… Ellis tampoco borró nunca ese tuit.

El posimperio

Aunque casi todo esto cristaliza con Trump y las primarias entre Hillary Clinton y Bernie Sanders, Ellis va algo más atrás y señala que en realidad EEUU cambió a raíz del 11S cuando pasó de ser el Imperio al posimperio. El Imperio era, en resumen, la época en la que no había tanta sobreprotección —por ejemplo, hacia los niños—, los nacidos en el 'baby boom' vivían extraordinariamente bien y todavía las películas, las novelas y las canciones tenían una influencia cultural (no como ahora). En España, diríamos que eran, más o menos, esos 70-80, cuando todavía existían columpios de hierro oxidado.

Tras el 11-S, la gente empezó a desembarazarse del decoro del 'establishment'. Ahí comenzaron a triunfar Las Kardashian, Jersey Shore...

¿Y en la cultura popular? Pues el Imperio eran Los Eagles, Reagan, El Padrino y Robert Redford mientras que el Post Imperio lo reflejaban American Idol, el agua de coco, el Tea Party y Shia Le Beaof, dice Ellis. O lo que aquí fueron La Clave o Queremos saber y, pongamos un Juan Diego, a Operación Triunfo y los Muchachada (por no decir David Broncano, aunque haya llegado más tarde) y… Vox. Porque ya a partir del siglo XXI, todos los cambios eran globales. Es decir, “la gente empezó a desembarazarse del decoro del establishment (...) y las actitudes marginales se colaron en la cultura de masas”. Ahí fue cuando comenzaron a triunfar Las Kardashian, Kanye West, Jersey Shore, Nicki Minaj, Charlie Sheen, Ricky Gervais y Trump. ¿Quién no pilló este cambio hacia la desvergüenza? Taylor Swift, queda bastante evidente en el documental 'Miss Americana', que se puede ver ahora en Netflix, cuando la salida del armario político de la cantante hacia posiciones feministas y progresistas parece puro cartón piedra propagandístico —Anne Hathaway, Bruno Mars, Bono o Madonna—. Ellis da algunos de esos nombres. Y aquí está toda la polarización política de EEUU que define al posimperio y que nos ha acabado llegando como un tsunami. Y, pese a quien pese, aún no hay contra receta.

'American Psycho', cancelada en 1990

En 1991, Bret Easton Ellis, que apenas tenía 26 años, se hizo mundialmente famoso por la novela 'American Psycho' —y lo sería mucho más en el año 2000, con la película protagonizada por Christian Bale como el psicópata 'yuppie' Patrick Bateman—. Después llegarían otras como 'Las leyes de la atracción', 'Glamourama' o 'Lunar Park' definiéndose como uno de los autores de la frívola e irónica Generación X, que es lo que le achacan sus críticos 'millennials' (si bien la frivolidad y la ironía no son un drama en sí mismos). También le consideran un narcisista egocéntrico, que algo de eso sí tiene.

Quizá muchos lectores encuentren precisamente en este libro un choque generacional, que lo hay, pero Easton Ellis también se apremia a señalar que 'American Psycho' nunca lo tuvo fácil para ser publicada. Los mecanismos de la censura no son solo de ahora, y Simon & Schuster desestimó su publicación después de comprar el manuscrito al considerarla muy violenta y misógina. Consiguió volver a venderla a Vintage Book —que pertenecía a Random House, hoy Penguin Random House—, que la publicó en 1991. Y después, afirma el escritor, ya empezó a ser leída “con el espíritu con el que había sido creada: como una sátira. Incluso algunos de sus mayores paladines fueron mujeres”.

'American Psycho'.
'American Psycho'.

Sin embargo, el problema que él ve hoy con la censura es que no existe ya esa separación hombre /obra por la cual Sade, Celine o Mailer no serían publicados ni Polanski rodaría más de medio minuto. Es más, esto no procede siquiera de la decisión de una empresa sino del berrinche que se expande por las redes sociales y que “en esencia es fascista” (y que por razones económicas copia la empresa). Berrinche que, como insiste una y otra vez, procede de esa Generación Gallina a la que denomina así “por su sensibilidad a flor de piel, su insistencia en tener siempre la razón, su incapacidad para considerar las cosas en su contexto, su tendencia general a la reacción excesiva (...)”. Sí, él sabe que le van a criticar por esto.

"El gay como elfo mágico"

El escritor estadounidense tiene para todos en sus memorias. También para los gais siendo él homosexual. Obviamente no para todos y no por el hecho de ser gays sino para los creadores de la etiqueta ‘El hombre gay como elfo mágico’ que es: “el elfo dulce y risueño, sexualmente inofensivo, con valores progresistas y una actitud positiva (...)”. Ellis indica que este grupo, además, tiene que votar una determinada opción porque si no, está fuera. “A algunos de nosotros la defensa corporativa de la homosexualidad siempre nos ha parecido alienante”, escribe Ellis mientras relata cómo La GLAAD (Alianza Gay y Lesbiana contra la difamación) le retiró la invitación a un homenaje a Bill Clinton “por un par de tuits que había posteado a lo largo de los últimos años”.

Hay mucho más en estos apuntes. Es un constante fluir de opiniones sobre muy diversos temas, pero apuntando, paradójicamente, al fin de la diversidad tal y como la habíamos conocido. Easton Ellis sabe que le van a caer críticas, pero como también recalca: “Si has tenido una carrera lo bastante larga y ya te has llevado más de un golpe, también terminas dándote cuenta de que rebotan”. Y él lleva unos cuantos toques.

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