Arte

Rembrandt, en el Thyssen: burguesía, opulencia y selfis en el siglo XVII

El museo reúne en una exposición 97 retratos, 22 de ellos del pintor, que muestran la explosión capitalista y el ascenso de la ciudad

Foto: 'Autorretrato con gorra y dos cadenas', de Rembrandt
'Autorretrato con gorra y dos cadenas', de Rembrandt

Si un artista quería triunfar en el siglo XVII una de las mejores ciudades era Amsterdam. Como el París del XIX o la Viena del XX, la ciudad portuaria se encontraba en un fulgurante ascenso. El dinero entraba a espuertas gracias al comercio, se liberalizaba la economía y la sociedad. Los nobles y aristócratas daban espacio a la nueva clase social bullente: la burguesía liberal. Y esta nueva clase media adquiría casas más grandes, con paredes desnudas que había que decorar con los retratos de los propios dueños. Porque cuando a un grupo social no le hace falta buscar fuera se mira a sí mismo. Burguesía, opulencia y selfis. Quizá no es un mundo que nos quede tan lejano.

A esta Amsterdam llegó Rembrandt (1606-1669) en 1630. Todavía no era un pintor muy reconocido pero acudió a la urbe conocedor de que se buscaban retratistas. Él no había pintado ni uno solo, pero no importaba. Amsterdam era el sitio, como deja bien claro la exposición ‘Rembrandt y el retrato en Amsterdam, 1590-1670’ que se inaugura este martes en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, y que recoge toda esta explosión por el retrato durante casi cien años. Los lienzos de otros pintores como Cornelis van der Voort, Werner dan den Valcklert, Frans Hals o Jacob Backer, antecesores y coetáneos de Rembrandt, dialogan con el autor de la Lección de anatomía mostrando cuál era el contexto de una de las primeras ciudades capitalistas de la Historia. En total la exposición reúne a 35 artistas y estará abierta hasta el 24 de mayo.

Una exposición a rebufo del aniversario

La muestra llega un tanto a rebufo del 350 aniversario de la muerte de Rembrandt, celebrado el año pasado. De hecho, como señaló este lunes en rueda de prensa Mar Borobia, conservadora de pintura antigua del museo, la idea ya surgió hace cinco años. El Thyssen tiene en su posesión ‘Autorretrato con gorra y dos cadenas’ desde 1976 cuando lo compró el barón Thyssen y se pretendía hacer una muestra alrededor de este lienzo. Pero el aniversario hizo que no hubiera tantos cuadros del holandés para prestar (hubo exposiciones por todo el planeta). Se ha tenido que esperar hasta ahora para mostrar estas 97 pinturas -22 son de Rembrandt- de las cuales 17 han sido prestadas por el Museo de Amsterdam y otras proceden de pinacotecas como el Hermitage de San Petersburgo, el Metropolitan de Nueva York, la National Gallery de Nueva York y la National Gallery de Londres, más colecciones privadas.

'La Guardia Cívica', de Bartholomeus van der Helst (1655)
'La Guardia Cívica', de Bartholomeus van der Helst (1655)

Por tanto, con menos hincapié en la propia figura de Rembrandt, la pretensión ha sido elaborar un recorrido cronológico por cómo fue el desarrollo artístico del retrato en Amsterdam, ciudad rica en la que trabajadores como los gobernantes y gobernantas de hospitales y centros de caridad, síndicos, médicos, jueces y abogados querían tener su propio retrato. Daba prestigio, daba clase y era cool.

Los guardias, síndicos, médicos, jueces y abogados querían tener su propio retrato. Daba prestigio, daba clase y era cool

Rembrandt lo capta enseguida y se dispone a copiar a los que habían trabajado antes que él como el 'Retrato de un hombre' y 'Retrato de una mujer', de Cornelis Ketel (1594) o el 'Retrato familiar', de Cornelis van der Voort (1620). Retratos de medio cuerpo, sobrios, con fondo negro y el rostro algo hiératico. Sin embargo, Rembrandt pronto va a introducir nuevos recursos que demuestran su genio como un mayor movimiento a los modelos. No eran sólo rostros. “Lo que podemos ver es a un ser humano, es como si nos mostrara su identidad, su vida, sus tragedias. Vemos caracteres, emociones”, aseguró Norbert Middelkoop, comisario de la exposición. Y también hay acción. Un ejemplo evidente es 'Retrato de un hombre en un escritorio', de 1631. “Se tiene la sensación de que se está interrumpiendo su concentración”, sostiene Middelkoop.

Declive por no seguir la moda

Hacia 1640 el pintor ya tiene cierto renombre y baja su producción de retratos. Es la época en la que aparecen grandes cuadros como 'Ronda de noche'. Sin embargo, la moda del retrato persistía. Es más, los clientes empiezan a pagar por obras en las que ya no se les saque en posición hierática sino en escenas cotidianas. La típica imagen en la que no se está posando (pero en realidad, sí). Es el caso de cuadros como 'El cirujano Jacob Fransz y su familia', de Egbert van Heemskerck.

'Las gobernantas', de Santvoort (1638)
'Las gobernantas', de Santvoort (1638)

Diez años después Rembrandt retoma el retrato porque “necesitaba dinero”, afirma Middelkoop y este formato era el que más emolumentos otorgaba. Pero el estilo ya había cambiado. “Ahora era mucho más colorista”, comenta Borobia. Y más refinado. Rembrandt, sin embargo, no es capaz de asumir los cambios y en obras como el 'Retrato de un caballero' y 'Retrato de una dama' (1654-55) siguen predominando las sombras, el monocromatismo y los contrastes. De hecho, todavía le daría tiempo a ver cómo cambiaba el retrato y cómo hacia la década de 1660 y 1670 los clientes burgueses empezaban a exigir retratos que les pintaran de una forma más aristocrática, con trajes coloridos y enmarcados en habitaciones que podrían ser las de una palacio. Las aspiraciones del nuevo rico.

Rembrandt nunca quiso cambiar su estilo y por eso al final de sus días incluso discípulos como Jürgen Ovens adquirieron más renombre que él. Siempre ha existido el cambio generacional (y de gustos). La exposición, no obstante, no ha querido cerrar con esta fase de declive sino con sus grabados, que alcanzaron tanta fama como sus cuadros. Y, como culmen, el fragmento que se conserva de 'La lección de anatomía del doctor Jan Deijman' con la sesera de un caballero abierta y que pintó hacia 1656. Cuando Rembrandt se aferró a no abrazar las nuevas tendencias.

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