INFORME INÉDITO DEL ENCUENTRO

Jugar con fuego: la morbosa reunión del PSOE con Armada antes del 23-F

Jordi Gracia desvela nuevos datos sobre los contactos entre Armada y Múgica en 1980 en su biografía sobre Javier Pradera. El militar enredó con las ansias socialistas de tumbar a Suárez

Foto: Alfonso Armada, en 2011. (EFE)
Alfonso Armada, en 2011. (EFE)
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Te encuentras a Alfonso Armada en una escalera y nunca sabes si está salvando la democracia o montando un golpe de Estado… Alfonso Armada ha pasado a la historia como muñidor del 23-F, pero bien podría haberlo hecho como el gran especialista español en el arte de ocultar lo que piensa: Rajoy es un libro abierto en comparación.

Jordi Gracia acaba de publicar 'Javier Pradera o el poder de la izquierda', biografía del escritor, intelectual y cerebro gris de 'El País'. Como jefe de opinión, Pradera escribió algunos de los editoriales más relevantes del periódico en sus años de mayor influencia. Los meses previos al 23-F, Pradera criticó los flirteos del PSOE con las operaciones para derribar al presidente Adolfo Suárez, como las encabezadas por el general Alfonso Armada, antiguo secretario de la Casa del Rey y segundo jefe del Estado Mayor del Ejército. En plena crisis política con ruido de sables de fondo, Armada se dejaba querer para encabezar un Gobierno de concentración nacional en calidad de, ejem, militar independiente. Se llamó la Solución Armada... y se acabó cruzando con el tejerazo el 23-F.

Una comida indigesta

El 22 de octubre de 1980, Armada comió en Lérida con Enrique Múgica Herzog, diputado socialista, Joan Reventós, líder del PSC, y Antoni Siurana, alcalde socialista de Lérida. Lo que hablaron ese día, aún está en disputa, pero Gracia ha accedido —vía José María Maravall— a un informe inédito de la reunión redactado por Múgica y entregado a Felipe González.

“Se trataba de contarle con detalle su almuerzo en Lérida 15 días atrás… Armada tenía ya para entonces muy entrenada la defensa de su propuesta para que todo convergiese en él como figura salvadora del caos y la parálisis gubernamental. Pero había arrancado meses atrás, al menos desde junio, y eso es lo que contó, según el informe de Múgica, en ese almuerzo... Describió las cuatro posibles salidas que supuestamente examinaba el documento entregado al rey en junio o julio... Ese desconocido documento debería contener sin duda los planes de Armada como líder intelectual de una conspiración para derribar a Suárez y reemplazarlo por un Gobierno de coalición bajo su presidencia… Un 'Gobierno de coalición a partir de un voto de censura”, resume Gracia citando el informe socialista.

Múgica y Armada hablaron de las operaciones en marcha para tumbar a Suárez. El PSOE lo negaría insistentemente tras el 23-F

Y sigue: “En la copia del informe que González pidió a Múgica sobre aquel almuerzo, fechada a 5 de noviembre, se detalla la propuesta de la 'presidencia por un neutral', pero también el 'modus operandi' que Armada propone: 'podría ser que el Rey' llamase a Palacio a los líderes políticos, 'sin ninguna exclusión' (lo que incluye a los comunistas), y sugería que el rey se 'viera confortado por la formulación que hiciera Felipe' en favor de esa coalición presidida por un 'neutral”.

“El informe de Múgica… no transpira suspicacia ni rechazo sino una suerte de neutralidad ante el plan”, concluye Gracia.

Múgica y Armada, por tanto, hablaron ese día de las maniobras en marcha para tumbar a Suárez, algo que el PSOE negaría insistentemente los meses posteriores al 23-F.

En enero de 1982, Múgica, Reventós y Siurana declararon ante el juez militar instructor del sumario del 23-F. A cuenta del almuerzo con Armada. Los tres aseguraron que se trató de una comida de perfil bajo. Múgica declaró en sede judicial: "Se habló del paro, por supuesto, se habló de la situación agraria de Lérida, se habló de cuestiones locales, se habló de lo hermosa que era Cataluña, pero no se habló en absoluto de ningún golpe de timón de ninguna clase”, testimonio judicial recogido por el historiador Robert Muñoz Bolaños en una investigación.

Repetimos: "Se habló de lo hermosa que era Cataluña". Múgica, por tanto, mintió.

Felipe González y Adolfo Suárez, durante una reunión en la Moncloa en 1977. (EFE)
Felipe González y Adolfo Suárez, durante una reunión en la Moncloa en 1977. (EFE)

Tras salir de declarar, el alcalde Siurana dijo a la prensa. “Hablamos de temas que afectan al ejército en una provincia como Lérida… Se quieren ver cuestiones que no existen en absoluto en una reunión que no tuvo importancia política alguna”. Siurana también mintió. ¿Por qué esa insistencia en mentir si no se había hecho nada malo?

Pujol: "El PSOE tenía una auténtica obsesión por hacer caer a Suárez"

Por cierto: no sería la única vez que Múgica pisaría un charco conspiratorio, como explicó Jordi Pujol en sus memorias: “El PSOE tenía una auténtica obsesión por hacer caer a Suárez. Una prueba de ello es la visita que el destacado líder socialista Enrique Múgica me había hecho a finales del verano de 1980 a mi casa de Premià de Dalt para preguntarme cómo veríamos que se forzase la dimisión del presidente del Gobierno y su sustitución por un militar de mentalidad democrática. Le manifesté mi total desacuerdo. Esta visita, junto con otros hechos, revela que los socialistas, o una buena parte de los socialistas, tenían una prisa enorme por llegar al poder. Todo ello, en definitiva, muy poco responsable”.

Pradera, en contra

Aunque Armada maniobraba en la sombra, su conversión en presidenciable requería también cultivar un perfil mediático. La Solución Armada se convirtió en tema recurrente en los mentideros madrileños. Era un secreto a voces. Pradera criticó los coqueteos del PSOE con Armada en varios editoriales para iniciados. La posición de Pradera era la siguiente: jugar con Armada era jugar con fuego y el PSOE podía acabar quemándose.

Lo explica Gracia en su libro: “El nombre de Alfonso Armada circula ya por redacciones y corrillos como ideólogo de un movimiento militar. Él lo promueve como si fuese un contragolpe destinado a sofocar el golpe duro que planean otros, y al menos el rey tiene información sobre todo ello (si es cierto lo que cuenta Armada en el almuerzo en Lérida). Que un Gobierno de coalición fuese una maniobra lícita, e incluso inscrita de forma nuclear en la tradición socialdemócrata, no diluía la convicción del periódico de que era un error en el caso español y en aquellas circunstancias. Tensaría las cuerdas de una democracia en construcción y dañaría los intereses del PSOE como partido de poder en el futuro... El rumor contra el que va destinada la reflexión de ese editorial... tiene que ver con la presunta 'transformación de esa batalla política en una conspiración palaciega', porque eso sí 'sería harina de otro costal y un bocado difícilmente digerible por un régimen democrático'. El aviso está explícitamente destinado a abortar el mero intento o la consideración siquiera de 'una eventual maniobra extraparlamentaria para derribar' a Suárez, porque 'significaría, simplemente, el comienzo del fin de la experiencia parlamentaria en nuestro país'”.

Pradera, por tanto, se olió la tostada: dar cuerda a Armada podía acabar desencadenando un golpe de algún tipo.

La exministra Mercedes Cabrera, junto a Javier Pradera. (EFE)
La exministra Mercedes Cabrera, junto a Javier Pradera. (EFE)

El comentario editorial iba destinado a cortar en seco el sotobosque blando o duro de una 'conspiración palaciega' contra Suárez. Lo verdaderamente lamentable sería dilapidar el crédito socialista con un exceso de silencio táctico o con permisividad inconsecuente y que tanto 'las desmedidas ambiciones' como 'la concupiscencia del poder de los profesionales de la política' deformasen 'patológicamente el sistema parlamentario'. Esas 'maniobras, conspiraciones y combinaciones' no guardan apenas relación 'con los mandatos electorales' al realizarse 'extramuros de las Cortes Generales'”, resume Gracia sobre el editorial de 'El País'.

El encuentro de los socialistas con Armada podía ser convertido por él en falsa complicidad, en tácita conformidad o incluso en adhesión plausible


Y sigue: “Entender ahora un Gobierno de coalición 'como remedio preventivo de un supuesto golpe de Estado' podría tener también un efecto inverso al deseado. Pradera pensaba entonces, a 8 de noviembre, que podía acabar sucediendo lo que cuenta la fábula del pastor, 'que de tanto simular a gritos la presencia del lobo' solo consigue que nadie crea la amenaza cuando 'se convierte en realidad', y hoy uno de los divulgadores militantes de la amenaza golpista es el mismo general Armada. Excepto por un incontrolable 'deseo de llegar cuanto antes al poder', desde 'El País' seguían sin 'verse las razones' por las que los socialistas puedan ahora pretender o exigir su entrada en el Gobierno por la puerta falsa de las maniobras extraparlamentarias, incluidos documentos firmados por altos mandos militares".

Reflexión al hilo: es fácil hablar ahora de los grandes consensos de la Transición y de la falta de altura de miras de los políticos actuales. Es fácil sobre todo si uno ignora que la Transición se hizo también a golpe de conspiraciones, engaños y puñaladas por la espalda.

La hora del astracán

Cuando Armada se presentó en el Congreso la noche del 23-F, camuflado de desactivador del golpe, se produjo una escena digna de Pepe Gotera y Otilio: Tejero echó a patadas a su superior jerárquico (tanto en el escalafón militar como en el operativo golpista). El mismo Tejero con el que Armada se había reunido días antes para preparar la asonada. A Tejero se le cruzaron los cables cuando Armada le enseñó una lista con un Gobierno de salvación nacional —presidido por él— con ministros de los principales partidos, incluidos los de izquierdas.

O Tejero no se había enterado bien de qué iba aquel golpe, o Armada le había ocultado información, o ambos.

El enredo fue de tal calibre —al solaparse golpe duro y golpe blando— que Tejero entró en un estado de confusión del que ya no volvió a salir, como reconocería luego en el juicio: “Lo que yo quisiera es que alguien me explique lo del 23-F… porque yo no lo entiendo”.

Portada del libro.
Portada del libro.

“Lo que deploró Pradera en 1980 fue tanto la tentación socialista de acceder al poder por una vía distinta de una mayoría absoluta electoral como los contactos con un general que lideraba entonces movimientos de militares para buscar salidas a la situación. El encuentro de los socialistas con Armada podía ser convertido por él en falsa complicidad, en tácita conformidad o incluso en adhesión plausible con esa solución inaceptable, en lugar de favorecer su total neutralización atajando sin reservas cualquier insinuación parecida. Nada de esto induce a pensar ni en conspiración golpista alguna de los socialistas es un absurdo retorcido y capcioso— ni tampoco prueba que Armada fuese un candidato aceptable en la ejecutiva o para la mayoría del partido. La irresponsabilidad que reprueban Pradera y el periódico es no haber abortado la rumorología que el propio Armada y otros propiciarían. Quizá no lo hicieron porque era una hipótesis tan esperpéntica que desmentirla era más comprometido que obviarla, o quizá no lo hicieron porque en la estrategia de acoso y derribo a Suárez aumentaba la presión sobre el presidente, sin sentirse comprometidos con semejante solución. La astucia de Armada en el almuerzo de Lérida pudo desarbolar a los socialistas presentes o cuando menos persuadirlos de estar ante una operación aceptable: pudo engañarlos llanamente mintiendo sobre la petición de dimisión del rey a Suárez o sobre su verdadero papel en un golpe preventivo, o sobre la gravedad y consistencia de los impulsos golpistas de otros militares como el mismo Tejero. Que la mentira habilidosa era parte de su temple lo sabemos positivamente y que negó hasta el final de su vida la menor participación en el 23- F también”, concluye Gracia.

O Armada como la madre de todos los enredadores.

José Luis Martín Prieto describió así a Armada en sus crónicas sobre el juicio del 23-F en 'El País': “Como el protagonista de la fábula de Kipling, Armada quería ser Rey, (o presidente del Gobierno) en una estrategia de sobreentendidos, medias verdades, citas fuera de contexto o distorsiones de la realidad... Quizá sinuoso por naturaleza, desarrolla una autodefensa basada en la práctica rural de marear a la perdiz… Raramente contesta sí o no, y aún menos con énfasis; sus construcciones verbales son curvilíneas, rodea constantemente el objetivo intelectual al que quiere acercarse, para, muchas veces, acabar huyendo de él... Si a Armada se le preguntara en la sala si es autor directo de un crimen de sangre es harto probable que no contestara con una indignada y cortante negativa; comenzaría aduciendo que las cosas son en esta vida más complicadas de lo que parecen y que si se le permite procederá a un exordio previo”.

En efecto, Armada era tan sinuoso que a su lado la variante de Pajares parece una línea recta. Cuando uno pisaba territorio Armada, podía acabar despeñándose. Algo así le ocurrió al PSOE a finales de 1980.

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