Carmen Laforet o el tormento del talento

La gran biografía escrita por Anna Caballé e Israel Rolón-Barada se reedita diez años después con nuevas cartas entre la escritora y su amante la tenista Lilí Álvarez

Foto: Carmen Laforet
Carmen Laforet

¿Otra vez Carmen Laforet? ¿No existía ya esta biografía de Anna Caballé e Israel Rolón-Barada? ¿Qué sentido tiene volver a publicarla? Muchos, y no sólo por la excusa planteada en la nueva edición de RBA, donde el descubrimiento de cartas entre la escritora y la tenista Lili Álvarez parece cerrar el círculo intuido con anterioridad para mostrar como "la mujer nueva", no sólo el título de su tercera novela, escondía todas las represiones de la autora de 'Nada', en fuga por estar siempre al borde del abismo durante una época poco propicia para una personalidad con tantas ataduras internas.

Hace poco Alberto Olmos abogaba en estas mismas páginas por el sentido de recuperar textos, y si hablamos de estudios literarios e históricos su reflexión cobra aún mayor sentido porque nuestra tradición es más bien escasa a la hora de abordar vidas pasadas, carencia remarcable si nos comparamos con la tradición europea, mucho más prolija en este aspecto para enlazar el pasado con el presente y propiciar mimbres para el futuro al entender la cultura desde una continuidad enlazada, no sólo comida rápida desechada cuando se difuminan las modas.

'Carmen Laforet. Una mujer en fuga'. (RBA)
'Carmen Laforet. Una mujer en fuga'. (RBA)

Alguien podría alegar esa condición en Carmen Laforet por el manoseo del personaje y la facilidad de citarla desde esa querencia tan contemporánea por el conocimiento de Trivial Pursuit y la proliferación de máximas, una especie de fachada sin habitaciones idónea para mostrar cómo hoy en día construimos edificios desnudos al prescindir de todas sus esencias para favorecer su banalización al no querer profundizar nunca, conformándonos con el envoltorio.

Los estudiosos del presente volumen navegan contracorriente por su afán de no dejar ningún cabo suelto, indudable motivo de retomar un manuscrito muy afinado en 2010 y perfeccionado con la conclusión del decenio, donde la figura de Laforet adquiere otra centralidad desde el resurgido Feminismo al ser su trayectoria consecuencia de un tiempo fatídico, primero al adelantarlo desde el prodigio y a posteriori por sucumbir a un entorno desfavorable en demasía para vivir con el desparpajo requerido por sus anhelos de libertad.

Nada o la revolución

La existencia de la joven Carmen Laforet transcurre en Las Palmas, donde su padre consiguió una envidiable posición como arquitecto municipal, codeándose con la flor y nata de la ciudad isleña con el prestigio añadido de provenir de Barcelona, en esas fechas la urbe más cosmopolita de la España peninsular.

La educación de la adolescente y su crecimiento se vio desbaratado por la muerte de su madre y su reemplazo por una madrasta opresora, aunque válida para abandonar el antaño apacible hogar y embarcarse en la aventura de estudiar en la capital catalana apenas terminada la Guerra Civil, cuando marchó enamoradísima de Ricardo Lezcano tras chantajear a su progenitor con revelar una carta demostradora de sus relaciones con la suplente antes del matrimonio, una bomba de relojería en esa inmediata posguerra, donde Laforet descubrió las penurias de su propia familia en el legendario piso de la calle Aribau, el mismo de su novela 'Nada', forjada durante sus estudios universitarios, o más bien entre sus escapadas de los mismos por su intimidad con un grupo bohemio de pintores y escritores, ambiente casi congénito al ser el de su clan, trasladándolo a su debut literario, ganador del Premio Nadal otorgado la noche de reyes de 1945.

Carmen Laforet
Carmen Laforet

Por aquel entonces Carmen residía en Madrid, impulsada por la desazón de las cuatro paredes del Eixample, el acicate de prolongar su amistad con Lina Babecka y recalar en otro ámbito, como si así prosiguiera esa huida constante, amplificada tras la concesión del galardón, mito fundacional para posibilitar una literatura de calidad entre las tinieblas junto a 'La familia de Pascual Duarte', de Camilo José Cela.

Si el gallego era ambicioso ella carecía por completo de este atributo y, además, siempre se mostró reacia al mundillo y a sus mecanismos. Su relación con la prensa fue, como mínimo, arisca, resistiéndose a ser puesta a prueba con inquisiciones y esos análisis intelectuales tan poco afines a su proceder, pues como declaró en una ocasión tenía facultades novelísticas, no así la vocación, factor clave, si bien no estaría de más añadir la contradicción de casarse con Manuel Cerezales, sin quien quizá no hubiera sabido de la convocatoria de la revista Destino, encrucijada de sus días al causar todos sus infinitos quebraderos de cabeza, con el matrimonio en una posición destacadísima al ser su marido un coartador de su talento, avezado en lo autobiográfico como recurso central.

'Nada' es la novela de Barcelona, existencialista sin querer y con una apabullante capacidad para retratar la España del momento

No corresponde a este artículo desgranar todos los dones de 'Nada', novela de Barcelona, existencialista sin querer y con una apabullante capacidad para retratar la España del momento desde lo tétrico de ese apartamento mientras las calles se teñían de claroscuros mediante puntualísimos detalles. La biografía ofrece datos de raigambre al revelar todo el esfuerzo dedicado a esa prosa contundente desde su inocencia. Siempre declaró haberla redactado en seis meses cuando lo hizo en dos años cruciales para recortar fragmentos incómodos al reflejar la supervivencia del catalanismo y exhibir aún más prismas normales en la pluralidad barcelonesa, sobre todo si se atiende a una obra sin épica y, por lo tanto, proclive a facetas cotidianas, con conversaciones resguardadas del autoritarismo, mimetizándose en su censura con la podredumbre económica imperante.

La miseria vital

La tentación de jugar a las vidas paralelas de Plutarco asoma con Laforet al ser una de las inspiraciones de los personajes de 'Nada' el primer esposo de Ana María Matute, Ramón Eugenio de Goicoechea, un tunante cinco estrellas experimentado en sablazos y aprovecharse de los demás, también de la escritora, abandonada hasta quedarse sin su hijo y desarrollar, años más tarde, un larguísimo silencio ágrafo.

La carencia tiene un papel relevante en ambas escritoras. Laforet se adaptó al rol hegemónico dictado por el poder. Tuvo cinco hijos, obedeció a su marido y sólo tuvo una brisa de esperanza cuando irrumpió en su existencia Lili Álvarez, reverso de una moneda donde la cara sería Elena Fortún. Su relación, datada entre 1951 y 1958, se nutrió de una sexualidad imposible. La antigua finalista de Wimbledon la maniató psicológicamente, empujándola hacia el camino de la oración y el catolicismo, buen señuelo de dominación hasta la ruptura. Las cartas insinúan una pasión, confirmada en otras epístolas de vejez donde la escritora habla de sentir el único gran amor junto a ese tormento o delicia, pues en este caso los términos se funden con perversa tenacidad.

Lilí Álvarez
Lilí Álvarez

Dicho esto, cabría cuestionarse sobre los vaivenes literarios de una firma tan prestigiosa. En ese universo nunca perdió comba y prestigio. De Destino, donde siempre mantuvo tiras y aflojas con el editor Vergés, transitó hasta Planeta. José Manuel Lara fue muy paciente con ella, aficionada en grado sumo a dibujar castillos en el aire mientras la insatisfacción planeaba en su horizonte mental, agotada por tantas pesadillas y la frustración por no colmar las expectativas. Por si fuera poco, en los años sesenta las nuevas generaciones la atisbaban con desconfianza. A principios de los años sesenta veraneó en Calafell y quiso la casualidad que su domicilio estuviera justo al lado del triunfal Carlos Barral, a quien se acercó mientras dialogaba con Juan Marsé, siendo rechazada sin paliativos desde la sequedad de sus reacciones entre lo viejo y lo nuevo desde cierto absurdo, pues Laforet aún no había cumplido los cuarenta y de haberse mantenido en sus cabales, arruinados por todo lo esgrimido, aún tenía mucho porvenir por delante.

Una larga decadencia

Pese a ser reclamada por los principales medios de comunicación de la época ya no tenía arrestos para enhebrar una continuidad periódica. Prometió a Lara una trilogía, recibió las galeradas del segundo volumen y nunca las devolvió, quedándose congeladas hasta 2004, cuando los lectores pudieron acceder a 'Al volver la esquina'. Su única escapatoria era viajar. Entonces recobraba la felicidad al desaparecer de sus nubarrones la tormenta española. No debemos diseccionarla desde el dolor arquetípico, sino desde un bucle mental donde, quizá, desde mi modesta opinión se han mencionado en exceso, influyó el consumo de anfetaminas, legales en nuestras farmacias como en ningún otro rincón del Viejo Mundo.

Prometió a Lara una trilogía, recibió las galeradas del segundo volumen y nunca las devolvió, quedándose congeladas hasta 2004

Tras su primera estancia en Estados Unidos se convirtió en la niñita de los ojos de Ramón J. Sender, a quien dio largas en un encuentro de escritores en Madrid, cuando ella había hallado un leve respiro de su propio agobio al instalarse durante un lustro de los setenta en Roma, más proclive a su bohemia y posible filón por unas maletas extraviadas con los únicos escritos con suficiente valor para aniquilar su silencio, paulatino y dramático mientras respiró pese a sus conferencias norteamericanas de los años ochenta, cada vez más volátiles por la degradación de su cerebro, finalmente enmudecido por el Alzheimer hasta su fallecimiento el 28 de febrero de 2004 en Majadahonda.

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