dotado con 601.000 euros

Javier Cercas gana el premio Planeta 2019 en una Barcelona en llamas

Tanto el ganador como el finalista, Manuel Vilas, publicaban hasta hoy en Random House, el otro gran gigante editorial

Foto: Javier Cercas. (EFE)
Javier Cercas. (EFE)

Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) se ha impuesto esta noche en la 68ª edición del Premio Planeta, dotado con 601.000 euros y fallado, como es tradicional, durante la noche del 15 de octubre, en una Barcelona en llamas en la segunda jornada de violentos incidentes callejeros tras darse a conocer la sentencia del 'procés'. Su novela fue presentada al premio con el seudónimo de Melchor Marín, el título provisional de 'Cristales rotos' —finalmente, será 'Terra Alta'— y un argumento policial que el escritor ha resumido así: "En Terra Alta, donde nunca pasa nada, aparecen asesinados los propietarios de la mayor empresa de la comarca y Melchor Marín es el poli encargado de investigar el caso. Es joven y lector". También está inspirado en el mosso d'esquadra héroe de los atentados de Cambrils. Conceder el galardón al escritor afincado en Girona restituye al premio un brío literario perdido en anteriores entregas, cuando se había decantado por autores de cariz más comercial. Lo mismo puede decirse del finalista, Manuel Vilas (Barbastro, 1962), que se lleva 150.500 euros con una novela titulada 'Tal como éramos' —cuyo título definitivo será 'Alegría'—, bajo el sobrenombre de Viveca Lindfors, que trata de "un hombre depresivo que, en la madurez de su vida, se da cuenta de que el sentimiento de la alegría es lo más importante de la vida".

Ambos autores pertenecen al Grupo Penguin Random House, segundo gigante editorial del país y archirrival de Planeta, y su 'robo' a golpe de talonario enciende la mecha de la guerra hasta ahora larvada y hoy ya abierta entre los dos sellos. Por cierto, según fuentes de la industria, el montante del Planeta sería solo una parte del dinero pactado con Cercas para quitárselo a Random. Como si les dijeran: "¿Vosotros compráis editoriales? Pues nosotros os compramos a vuestros autores".

[Guerra abierta entre los dos colosos editoriales]

Javier Cercas gana el premio Planeta 2019 en una Barcelona en llamas

El autor de 'Anatomía de un instante' ha destacado entre los miembros de su generación por una obra enmarcada entre la revisitación de ciertos aspectos de la historia española y una prosa accesible al gran público, algo visible desde su irrupción al estrellato en 2001 con 'Soldados de Salamina', donde Cercas abogó por otro paradigma sobre la Guerra Civil. Desde entonces, cada una de sus novelas ha sido esperada con anhelo tanto por un nutrido grupo de lectores como por la crítica, quien en ocasiones no ha dudado en achacarle cierto papel de intelectual afín a los postulados de sectores hegemónicos, sobre todo con 'Anatomía de un instante', donde efectuó un hábil despliegue narrativo sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Su última novela hasta hoy era 'El monarca de las sombras', en la senda de la autoficción con trasfondo familiar a partir de un tío abuelo enrolado en la Falange.

Si Cercas estaba en boca de todos como candidato al Planeta, quizá no lo estaba tanto Manuel Vilas, de singladura oscilante entre la poesía, donde goza de un merecido prestigio por lo corrosivo de sus versos, siempre dotados de ironía y una desesperación no exenta de malestar crítico, y la prosa, con novelas delirantes como 'España', 'El luminoso regalo' y colecciones de relatos como 'Los inmortales', iconoclastas por convertir el humor en una seña de identidad de estilo, metamorfoseado por completo en 'Ordesa' (Alfaguara), fenómeno literario de 2018 y, desde el punto de vista de quien escribe, obra menor en su currículo, aupada por asociarse con el auge del sentimentalismo emocional tan propio de nuestra época.

Cercas (2i) y Manuel Vila (c), junto al presidente de la editorial Planeta, José Creuheras (d), Carmen Calvo y Meritxell Batet. (EFE)
Cercas (2i) y Manuel Vila (c), junto al presidente de la editorial Planeta, José Creuheras (d), Carmen Calvo y Meritxell Batet. (EFE)

La cena con el correspondiente anuncio de los galardonados se ha celebrado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en una de las cimas de Montjuic. En los días previos, se había rumoreado si el cambio de ubicación obedecía a la previsible tensión de estas semanas como consecuencia de la sentencia del juicio del 'procés', pero el motivo de la elección tiene premisas más bien conmemorativas, pues se cumplen siete décadas de la fundación de la editorial Planeta y se pensó en un marco especial, por otra parte habituado a la versatilidad de su función, al haber albergado partidos del mundial de hockey sobre patines de 1954 y hasta una boda de un millonario indio en diciembre de 2013.

Si regresamos por un instante a la situación política, el grupo no ha tomado su cita más emblemática como excusa para hacer ninguna declaración, al no encontrar hasta el momento ninguna razón de peso para rectificar su decisión, tomada en los días de la declaración de independencia, de mudar su domicilio fiscal a Madrid.

Guerra abierta

Tanto Vilas como Cercas eran, hasta esta misma noche, autores pertenecientes al grupo editorial Penguin Random House. A partir de ahora, formarán parte del buque Planeta, confirmándose una tendencia tan solo esbozada con la concesión del Biblioteca Breve de 2018 a Agustín Fernández Mallo, quien con anterioridad había publicado el grueso de su producción en Alfaguara. De este modo, la guerra entre las dos potencias de la edición española ya es abierta, con Planeta en posición destacada desde estos trasvases. Quizá los premios no son política en la esencia habitual, pero adquieren esta categoría con la rotundidad de fichajes a golpe de talonario y un bonito trofeo en las estanterías.

La guerra entre las dos potencias de la edición española ya es abierta, con Planeta destacada

Por lo demás, el emplazamiento no ha sido obstáculo para el normal desarrollo de los acontecimientos, pese a estar cerca del camino hacia el aeropuerto, donde el lunes se produjeron los incidentes más remarcables de la jornada. Con el fin de la preocupación terminó el revuelo y la vertiente literaria, con la consiguiente rumorología sobre los vencedores, volvió a predominar en una edición destacable por el número de manuscritos aspirantes, 564 novelas de muy distinta procedencia, con predominio colombiano en Sudamérica y la no tan casual anécdota de comprobar cómo Estados Unidos adquiere siempre un peso más relevante en las letras del mundo hispánico, con 15 textos en el elenco, a escasa distancia de México, aún en cabeza en la región norteamericana.

Entre los finalistas, se observa una consolidación de argumentos propios de la novela negra, y desde esta perspectiva pueden analizarse dos factores. El primero es más fantasioso y se vincularía con la conmemoración de los 40 años de 'Los mares del sur', de Manolo Vázquez Montalbán, triunfadora en 1979 como clausura de un trienio prodigioso con la coronación de nombres de altísimo nivel como Jorge Semprún, con su 'Autobiografía de Federico Sánchez', y Juan Marsé, con 'La muchacha de las bragas de oro', posteriormente adaptada por Vicente Aranda en el debut cinematográfico de Victoria Abril.

Los tiempos han cambiado, y de la postura politizada de la Transición, no en vano 'Los mares del sur' es ante todo un grandísimo retrato de la periferia barcelonesa, viramos a la búsqueda de un nicho comercial muy concreto, con el género negro a la cabeza, tanto por petición de los lectores como por intuición de los distintos sellos del grupo, casi retroalimentándose a partir de la multiplicidad de temáticas de lo policíaco, detectable en los finalistas entre narcotráfico, episodios recientes como los atentados de Cambrils, asesinos en serie, guardias civiles o libros causantes de crímenes.

El 'boom' de lo sangriento ha conllevado una pérdida de presencia de otro vector recurrente, la Guerra Civil, interesante porque Carme Riera afirmó durante la rueda de prensa notar una nueva forma de abordar el conflicto, sin tanto maniqueísmo y con más conciencia de un tiempo pasado a diseccionar desde la normalidad, indicio de normalidad democrática y curación de viejas heridas omnipresentes en nuestro panorama.

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