Festival de San Sebastián: Javier Cercas: Los fanáticos no toleran la complejidad y por eso detestan la ironía. Noticias de Cultura
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Javier Cercas: "Los fanáticos no toleran la complejidad y por eso detestan la ironía"

El escritor acompaña a Manuel Martín Cuenca en la presentación en San Sebastián de 'El autor', una película basada en su primera novela

Foto: El escritor Javier Cercas (Efe)
El escritor Javier Cercas (Efe)

Bajo la amable apariencia de Javier Cercas se esconde un caníbal. Reconocido por él mismo. "Los escritores somos caníbales, vampiros. Lo devoramos todo, chupamos la sangre de todo el mundo y con ello hacemos otra cosa", apunta. Y precisamente de esa idea partió su primera novela, 'El móvil', que ahora llega a la Sección Oficial del Festival de San Sebastián transmutada en película, bajo la dirección de Manuel Martín Cuenca —sí, el responsable de 'Caníbal' (2013)— y con Javier Gutiérrez en el papel de un aspirante a escritor que vendería su alma al diablo por publicar una novela.

Para llegar al germen de la película es necesaria la regresión a la Barcelona de 1986, e incluso antes. "Yo no había publicado ni un artículo, acababa la carrera, tenía 23 añitos y no conocía a nadie del ámbito literario. Me encerré en un piso a leer y a escribir con un dinero de mi padre que ni él tenía ni se lo devolví y me puse a escribir esto pensando que nunca se publicaría. El libro, en su momento, lo leyó mi madre y alguna de mis hermanas, que tengo muchas. Y algún amigo por ahí. Y que venga un director de cine, 30 años después, a hacer una película de esto, es un pequeño milagro", agradece Cercas. "Lo primero que me hizo pensar es ‘este tío está loco’. Hasta que recordé que Manuel Martín Cuenca había hecho ‘Caníbal’, que es una película sobre un hombre que se come a las personas. Y resulta que aquí, en ‘El autor’, tenemos otro caníbal".

El equipo de 'El autor' en San Sebastián. (Efe)
El equipo de 'El autor' en San Sebastián. (Efe)

Álvaro, el protagonista de la película, trabaja en un despacho de abogados, pero su sueño —su obsesión— es escribir una novela. Pero una novela de calidad. Literatura con mayúsculas. Y a pesar de que el profesor del taller literario al que acude por las noches cree que no tiene ni talento ni honestidad, tiene que conseguirlo. Debe conseguirlo. Como sea. Y para más escarnio de la cosmogonía, su mujer es una escritora de 'bestsellers'. Cuando su vida comience a descalabrarse, acabar su novela se convertirá en el todo de su existencia. Tanto la novela como la película "son una sátira: nos estamos riendo de nosotros mismos, como escritores, como creadores, de nuestras pretensiones, de nuestras angustias, de nuestra ambición loca, necia y estúpida. El tipo tiene un punto ridículo, un punto cómico, pero también una forma de dignidad incluso heroica. Es perseverante, capaz de cualquier cosa por perseguir la vocación, y no lo hace porque quiera el éxito comercial o porque quiera salir en la tele: lo hace porque quiere ser escritor".

Para hacer una película de una novela tienes que traicionar la letra

Antes de 'El autor', Javier Cercas ya sabía lo que es ser adaptado al cine: en 2003 'Soldados de Salamina', dirigida por David Trueba, además de pasar por Cannes consiguió ocho nominaciones a los Goya y, finalmente, uno de los 'cabezones'. ¿Pero cómo afronta un creador la cesión de su obra para que otro creador la transforme, la reformule y la haga suya? "Mi novela es muy literaria y la película es muy cinematográfica, y voy a decir una perogrullada, pero es que una película es una película y una novela es una novela. Son dos lenguajes distintos, son dos cosas distintas, y para hacer una película de una novela tienes que traicionar la letra. Rafael Azcona decía que el cine es imbatible en lo superficial, y no como algo malo, sino porque en el cine todo lo tienes que llevar todo a la superficie, tienes que mostrarlo. Tiene que ser todo visible. Lo que hace Martín Cuenca, y lo y hace muy bien, es sacar lo que en el libro el personaje tiene dentro de la cabeza. Recuerdo que Woody Allen habló en una reseña sobre el sentido del espectáculo de Bergman, algo que a mí me sorprendió, y decía que en Bergman cada plano, lo mires por donde lo mires, es una maravilla. Y ese sentido del espectáculo me parece que Martín Cuenca lo tiene, cada plano es hermoso por sí mismo".

Esta primera novela de juventud, que —como reconoce el propio Cercas— pasó desapercibida en el momento de su publicación, se aleja completamente de la mirada histórica que caracteriza sus obras más conocidas, como 'Soldados de Salamina' (2001), 'Anatomía de un instante' (2009), 'El impostor' (2016) o 'El monarca de las sombras' (2017). En esta última, Cercas reconstruye la vida de Manuel Mena, tío de su madre, que con diecisiete años se alistó "en el bando equivocado de la historia" y combatió por los ideales falangistas y del movimiento fascista europeo. Una novela por la que le han llovido críticas por "equidistante" y blanqueador de los "sepulcros del fascismo".

"Ahora se opina, se habla, sobre cosas que nadie ha visto o leído", se lamenta. "Eso ocurre cuando eres una persona conocida, cuando te metes en temas delicados, complejos, candentes y tal. Y si además tienes fama de persona conflictiva como es mi caso, aunque nunca lo he querido ser. El problema es que hay gente que detesta la complejidad. Quieren las cosas claras. El politólogo que dijo eso de mí fue Monedero. Lo que quieren es que les den la razón a ellos. Los fanáticos no toleran la complejidad, y por eso detestan la ironía. Es esto o lo otro. O lo blanco o lo negro. Y, sobre todo, la novela y arte tienen que ser complejos, tienen que ser ambiguos, irónicos. No hay arte sin ambigüedad".

Pero también defiende haberse posicionado cuando ha tenido que hacerlo. "Yo no digo que no haya que tomar partido cuando hay que tomarlo. Yo he tomado partido, quizás demasiado y todo, como me reprocha mi familia, con toda la razón. Pero una cosa es el arte y otra cosa es el periodismo; yo no soy periodista, pero escribo columnas y ahí sí que he tomado partido. Intento presentar las cosas con la mayor complejidad posible y si te acusan de ambiguo que te acusen de ambiguo. Yo creo que es una cuestión de honestidad. De criticar a los tuyos si no tienen razón, que eso es lo más difícil. Como en el artículo de ‘El País’, que pone un ejemplo muy bueno con Orwell, que era republicano y vino a la República para decir que había cosas que se estaban haciendo muy mal".

Las ideas son las que rompen con un consenso establecido y cada vez hay un consenso más férreo

"Ser capaz de decir que 'no' a los tuyos es una cuestión de honestidad, de honestidad intelectual y de coraje", prosigue. "Porque decir no cuando todos dicen sí es lo más difícil. Sobre todo los tuyos. Y no es nada agradecido. A Orwell para que le dieran la razón han tenido que pasar décadas después de muerto. Contra el hombre que dice 'no' va todo el mundo. Es una variante de ‘El hombre rebelde’ de Camus. O como en ‘El enemigo del pueblo’ de Ibsen. Un hombre rebelde es el hombre que dice no". "Creo que cada vez más la expresión idea polémica se está volviendo un pleonasmo, una tautología. Las ideas son las que rompen con un consenso establecido y cada vez hay un consenso más férreo. Proust decía que las buenas ideas no son las que generan adhesión, aquiescencia, sino que genera contradicción. Si todo el mundo dice que sí no es una idea: es un lugar común".

Sin embargo, con las redes sociales de por medio, cada vez es más difícil convertirse en el hombre rebelde sin salir escaldado, como ha experimentado en sus propias carnes en más de una ocasión. "Dicen los que estudian estas cosas que las redes sociales, de las que felizmente no participo, entre otras cosas sirven para linchar a la gente. Que generan grupos de gente que piensa lo mismo y que te impide salir de tu burbuja de ideas y enfrentarte a tus propias cosas. Pero también creo que es algo que ha pasado siempre. La gente leía un periódico y eran periódicos muy militantes, pero muchísimo más militantes que los de ahora. No existía el periodismo que buscaba un cierto equilibrio, una cierta objetividad".

Internet ha servido para cosas horripilantes, pero también para cosas extraordinarias

¿Pero la complejidad de las ideas se pueden reducir a 140 caracteres? El medio es el mensaje, que dijo McLuhan. "Bueno, hay aforistas geniales. Yo adoro a los moralistas franceses como La Rochefoucauld. Creo que las cosas no son buenas o malas esencialmente, sino depende de cómo las uses. Creo que cada vez que se produce una revolución cultural aparecen los cascarrabias y los apocalípticos diciendo que se acaba el mundo. Platón, en ‘Fedro’, pone en boca del rey Tanos una cosa extraordinaria que es que con la escritura se acabó la cultura, porque la cultura verdadera sale del diálogo entre el maestro y el discípulo y porque además en cuanto escribes las cosas dejas de ejercitar la memoria. Pues no se acabó la cultura. Empezó otra. Cuando Gutenberg creó la imprenta pensaban que se iba a acabar la alta cultura porque se iba a difundir entre millones de personas y se iba a degradar. Pues no. Empezó otra cultura. Y con la revolución de internet no se acabará el mundo. Con ello puedes hacer cosas muy buenas o cosas muy malas. La cuestión es ser capaz de utilizarlo para bien y rechazar lo que tiene de malo. Internet ha servido para cosas horripilantes, pero también para cosas extraordinarias. A mí me ha cambiado la vida para bien: la capacidad de conocimiento, de acceso a la información. Pero para mal también, porque ahora me entero cuando me insultan y, cuanto más conocido eres, más te insultan; acabo de ver al pobre [Antonio] Banderas, que le deben de insultar cada dos por tres. Aprovechemos lo bueno y desechemos lo malo".

Hay periodistas que no saben el poder que tienen y que juegan con fuego

Recogiendo sus palabras, una cosa es el arte y otra el periodismo. Y sobre este último también reflexiona. "El poder de los medios de comunicación es abrumador. No sólo reflejáis la realidad, sino que también la creáis. Aquello que no existe en los medios no existe, a secas. Y la responsabilidad que eso significa para vosotros es enorme, pero no todo el mundo está a la altura de esa responsabilidad. Vosotros podéis decir la verdad o decir mentiras, dicho de otra manera. Y te puedo poner mil ejemplos desagradables, algunos de ellos que me atañen personalmente. Las grandes mentiras se cuentan con pequeñas verdades, y esas son las mentiras más perversas. Y no hacer eso es vuestra responsabilidad. Lo vemos todos los días y a todas horas y eso es peligrosísimo. Hay periodistas que no saben el poder que tienen y que juegan con fuego".

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