Isa P. o la cultura de la nada: la hija de Isabel Pantoja ahora quiere ser artista

La cultura funciona cada vez más como blanqueo de la actividad mercantil y los subproductos de entretenimiento acorralan a la industria cultural

Foto: Isa P. lanza su primer sencillo, 'Ahora estoy mejor'.
Isa P. lanza su primer sencillo, 'Ahora estoy mejor'.

Ha nacido una estrella. Se llama Isa P. Esa P. con misterio, como de papeles de Bárcenas, que es para ella el símbolo de la emancipación: P. de Pantoja. Porque si no te haces a ti mismo, al menos que lo parezca. Quizás una amnesia colectiva o un invierno nuclear borren del mapa las horas y horas de pasear el apellido por los platós de televisión en calidad de hija de. Isa P. saca nuevo 'single', 'Ahora estoy mejor', y persigue su nueva vocación siguiendo los pasos de su hermano Kiko, convertido ahora en Dj y cantante, con un caché estimado de entre 6.000 y 9.000 euros por actuación.

Habla la nota de prensa que anuncia el acontecimiento que Isa P., "artista de reconocido nombre en el panorama español", "lanza su primer tema en solitario", "un tema de 'reggaeton' suave con guitarras acústicas, melodías dulces y una letra que cuenta una historia de amor ya pasada". Su definición como "artista de reconocido nombre" y el hecho de que lance su primer tema no parecen entrar en contradicción. Tampoco que después de unas bases electrónicas y un rasgueo de guitarra española asalte una voz metálica y estridente con un acento seseante hasta ahora inédito en ella: "Te quiero decir/ que ahora que entendí/ que gracias a ese tiempo es mejor así/ es mejor así/ no, no". En la portada, tan producida como la voz, Isa P. posa frente a un deportivo amarillo con un mono de vinilo rojo, una coleta tirante y uñas de gel rosa. Isa P. no quiere ser Isabel Pantoja: prefiere convertirse en la nueva Rosalía.

Isabel Pantoja, en el programa 'Sálvame'. (Mediaset España)
Isabel Pantoja, en el programa 'Sálvame'. (Mediaset España)

"La hija de la tonadillera" —su apelativo de cabecera— quiere ser artista, pero saltándose el conservatorio y los años de formación de la cantante española de moda. La formación no es exclusiva de la academia, también está en la calle, pero tiene que estar. Al menos un interés por lo que se hace. Y con este 'hitazo' reguetonero, Isa P. se erige como la Boudica de la cultura de la nada, del vacío revestido de cultura popular, de la producción de lo que sea y como sea, pero que mantenga la máquina engrasada. Siempre en movimiento, da igual hacia dónde. Porque el aburrimiento es la raíz de todos los males.

Isa P., de profesión cantante: por un lado, una estrategia para legitimar su identidad individual, desligada del linaje; por otro, una forma de expansión comercial cuando uno se ha convertido en su propia empresa. Como su hermano, Kiko Rivera, como Ylenia, como Rafa Mora y otros animales televisivos. Diga discos, libros o baterías de cocina. Lo que sea, pero que traiga dinero o la perspectiva de dinero. La cultura como blanqueo de la actividad mercantil. Como esas webs en las que el anuncio de turno impide leer el contenido. Ni siquiera Yung Beef, C. Tangana u otros artistas jóvenes consiguen tanta promoción televisiva como ellos.

Un fotograma de la adaptación al cine de 'La historia interminable'.
Un fotograma de la adaptación al cine de 'La historia interminable'.

Como en 'La historia interminable', la Nada se expande, y como una broma cósmica perversa, Isa P. se ha cruzado en la trayectoria profesional, pero a la inversa, con su madre. Isabel Pantoja, coplista con una treintena de discos, colaboradora de Juan Gabriel, tótem del folclore español, ha intercambiado su espacio natural con el de su hija, que es el de los 'reality shows' y los programas autófagos de cotilleo televisivo. Como ella, otros artistas en horas bajas sobreviven reencarnados en subproductos catódicos. La Nada los ha fagocitado.

En una industria musical cada vez más precaria, con el cierre de salas de conciertos y el filtro (casi) impenetrable de las grandes multinacionales, que acaparan las emisoras, los espacios publicitarios, los vídeos recomendados por YouTube, este tipo de productos prefabricados, de nuevos talentos de la nada, ocupa el espacio antes reservado para la cultura y la contracultura. Personajes de la telerrealidad que se venden como 'mocatrices' y 'mocatores' que manejan unos cachés inalcanzables para cantantes y grupos de los márgenes o los recién llegados. Que se suman a la corriente hegemónica entre su público objetivo, que hoy es el reguetón o el trap, pero que si mañana fuesen el 'ragtime' o las marchas militares, donde suenen los 'cling', allí estarían.

El mismo día que Isa P. lanza su 'single', Amazon España estrena 'El corazón de Sergio Ramos', que, disfrazado de documental, es más bien un anuncio de la imagen de marca del jugador, convertido en una empresa en sí mismo. El caso de Ramos dista mucho del de Isa P., pero es un reflejo de la banalización de la obra cultural, convertida en un simple producto de consumo, siquiera de entretenimiento. Una prolongación de la campaña de 'marketing' de uno mismo, sin buscar una aportación artística, científica, social o industrial al colectivo.

La cultura de la nada se hace fuerte a la vez que el espacio, el tiempo y los recursos dedicados a los sectores culturales tradicionales merman. El cine pelea por presupuestos públicos y ayudas cada vez más exiguas y por no acabar el año con unos ingresos de taquilla por debajo de los 100 millones de euros como barrera mental. Las salas cierran y las sustituyen gimnasios o centros comerciales. Las salas de conciertos pequeñas y medianas desaparecen: ¿de dónde saldrían ahora unos Sex Pistols, unos Ramones? Probablemente de internet, pero de forma gratuita. Los museos buscan nuevas estrategias para atraer a un público esquivo y a la inversión privada, igual de esquiva: este año, el Museo Reina Sofía dispone de un millón de euros para nuevas compras, cuando en 2010 contó con 15 millones de euros, mientras que el Prado sobrevive sin nada, como informó 'El País'. Como curiosidad, el tercer museo más visitado de España y el primero en beneficios es el Santiago Bernabéu.

Visitantes observan este martes 'El jardín de las Delicias', de El Bosco, en el Museo del Prado. (EFE)
Visitantes observan este martes 'El jardín de las Delicias', de El Bosco, en el Museo del Prado. (EFE)

Crecen los lectores, pero la mitad de los españoles no lee nada. En la parrilla televisiva de las principales cadenas privadas, más allá de las tertulias políticas, se suceden programas de sucesos o derivados de la prensa rosa y 'realities'. Los informativos se llenan de vídeos de contenidos virales y las noticias culturales consiguen tiempo en las escaletas solo cuando se produce algún gran acontecimiento. Los españoles dedican el 2,1% de sus gastos a la cultura. CNN+ cerró en 2010 para dejar sitio a 'Gran Hermano 24h'. 'Sálvame Naranja', el programa matriz de Isa P., consigue mayor audiencia que los telediarios de La 1. Al final, lo de menos será aquello de "Te quiero decir/ que ahora que entendí/ que gracias a ese tiempo es mejor así/ es mejor así/ no, no".

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