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¿Comunista, anarquista, cristiano? El "pensamiento débil" de Gianni Vattimo

El Círculo de Bellas Artes de Madrid concede al filósofo italiano la Medalla de Oro por "afrontar con rigor algunas de las cuestiones más importantes de nuestro tiempo"

Foto: Gianni Vattimo. (EFE)
Gianni Vattimo. (EFE)

La última entrevista de Martin Heidegger se publicó después de su muerte, en 1976, aunque se hizo diez años antes. El filósofo alemán forcejeó con un periodista de 'Der Spiegel' sobre la controversia que rodeó a su obra: el rectorado en la Universidad de Friburgo bajo el gobierno de Hitler y sus vínculos con el nazismo.

Pocas preguntas después, Heidegger habló sobre lo que, a su juicio, iba a acabar con el mundo: los hombres desarraigados y dominados por la tecnología. Entonces, el periodista respondió a unas palabras que empezaban a sonar apocalípticas. ¿Cuál es el problema?, ¿qué es lo que falta en el estado del bienestar? Si todo funciona... Heidegger explotó:

“Todo funciona. Esto es precisamente lo inhóspito, que todo funciona y que el funcionamiento lleva siempre a más funcionamiento y que la técnica arranca al hombre de la tierra cada vez más y lo desarraiga. No sé si usted estaba espantado, pero yo desde luego lo estaba cuando vi las fotos de la Tierra desde la Luna. No necesitamos bombas atómicas, el desarraigo del hombre es un hecho”.

El filósofo alemán Martin Heidegger (CC)
El filósofo alemán Martin Heidegger (CC)

Cuando Heidegger pronunciaba estas palabras para 'Der Spiegel', Gianni Vattimo tenía 30 años. Acababa de publicar ‘Ser, historia y lenguaje en Heidegger’ y daba clases de Estética en la Universidad de Turín, su ciudad natal. Vattimo es el pensador de referencia en el posmodernismo, uno de los grandes filósofos del siglo XX y el creador de la teoría del “pensamiento débil”. Entonces, era un estudioso italiano especializado en la obra de Nietzsche, quien, precisamente, vivió en Turín sus últimas horas de lucidez.

El Círculo de las Bellas Artes de Madrid ha decidido conceder a Gianni Vattimo la Medalla de Oro de la institución, su mayor galardón, “por su audaz intento de replantear las posibilidades del pensamiento crítico en un mundo globalizado”. El acto de entrega, programado para el martes, se ha pospuesto indefinidamente por los problemas de salud del filósofo. Vattimo leyó a Nietzsche y a Heidegger con vocación revolucionaria, y su ‘pensiero debole’ recogió el devenir de las grandes ideologías que languidecían sin remedio. Pero volvamos a Turín.

En la universidad, Vattimo estudió a Emmanuel Mounier y Jacques Maritain, cristianos existenciales, en búsqueda de algo que le desmarcara del “liberalismo capitalista y el comunismo burocratizado de la Unión Soviética”. Su maestro, Luigi Pareyson, le recomendó que leyera a Nietzsche y se fue un verano a la montaña con unas traducciones al francés. “Por la mañana esquiaba, después comía, conversaba con un cornista de la Ópera de Viena que también estaba en el refugio y luego estudiaba a Nietzsche”, cuenta en 'No ser Dios', su autobiografía.


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La iluminación llegó con Martin Heidegger. Junto con el descubrimiento de Nietzsche, fue “el giro más importante en su experiencia especulativa”. “¿Y qué sucedió? Que mientras estudiaba a Nietzsche aparecieron dos grandes volúmenes de Heidegger sobre Nietzsche. [...] Lo leí en alemán, tomando notas, registrándolo todo sobre pequeñas hojas verdes del Banco San Paolo. [...] Aún hoy conservo aquellas hojillas verdes con mis anotaciones”.

Vattimo terminó sus estudios de Filosofía en su ciudad natal y los completó en Heildelberg. Allí se introdujo en la obra de Gadamer, discípulo de Heidegger, y regresó a Italia para dar clases. En 1977, llegó a ser decano de la Universidad de Turín y, después, profesor visitante en Yale, New York University, doctor ‘honoris causa’ en Palermo y La Plata, en Argentina.

'Il pensiero debole’

Cubierta de 'El pensamiento débil', de Gianni Vattimo (Cátedra)
Cubierta de 'El pensamiento débil', de Gianni Vattimo (Cátedra)

En 1988 publicó ‘El pensamiento débil’, la obra que recoge su análisis de la posmodernidad y que sigue recorriendo el mundo. Tomando “la historia del ser” de Heidegger, es decir, el estudio paralelo de la historia de Occidente y de la metafísica, Vattimo rechazó los grandes discursos sobre el sujeto, la verdad o el poder. Y propuso una alternativa a este “pensamiento fuerte” que condujo a la violencia y al fracaso de la modernidad: el “pensamiento débil”.

Frente a las imposiciones y la razón con vocación de totalidad, el pensamiento de Vattimo es “una forma de anarquía no sangrante”. En el mundo globalizado, el choque violento entre culturas e ideologías se evitará, según Vattimo, con “una interpretación menos neurótica de la existencia”, contaba hace veinte años, en entrevista para 'El País'.

La caída de la metafísica y las verdades últimas (la “muerte de Dios” nietzscheana) no es angustiosa para Vattimo. Los hombres del siglo XX se acostumbrarán a convivir con la nada y con el diferente. Su pensamiento será “demasiado débil para organizar atentados”. Todas las disciplinas se abrirán a un diálogo infinito. Más asceta que relativista, Vattimo actualizó el pensamiento de los que ya acontecieron la crisis de la modernidad: Nietzsche y Heidegger.

Quizá sorprenda que Gianni Vattimo pueda rechazar el dogma, la gravedad de la metafísica, e incluir el cristianismo en su discurso. En una entrevista para ‘Ideal’, le preguntaron su opinión sobre la crítica de Benedicto XVI al relativismo. “Cuando el Papa habla de relativismo y lo condena, me pregunto si yo soy relativista, y me respondo que no. Admito que hay muchos puntos de vista sobre las cosas, pero confío mucho en el mío. [...] En una sociedad tienen que convivir diferentes miradas, y eso es el relativismo. Si luego el Papa dice que con el relativismo no se llega a un acuerdo social, yo tengo que añadir que el acuerdo se establece entre quienes tienen ideas diferentes. La verdad está en el acuerdo, no en lo que alguien impone a los demás”.

Gianni Vattimo, junto a una estatua de Simón Bolívar en Ecuador. (EFE)
Gianni Vattimo, junto a una estatua de Simón Bolívar en Ecuador. (EFE)

Para Vattimo, las religiones deben renunciar a convertirse en una identidad política o cultural, porque es entonces cuando se gesta el conflicto. En su libro ‘Creer que se cree’, se pregunta por Dios y por el cristianismo desde la nada. La conjugación del “pensamiento débil” y la religión da lugar a un Dios encarnado, no metafísico, que predica el amor, el acogimiento y la comunidad.

Vattimo, la política y el sexo

“Yo digo siempre que, si no fuera cristiano, no sería comunista. Si no fuera homosexual, no sería cristiano”. Gianni Vattimo habla sin tapujos de su sexualidad y no ve ninguna incompatibilidad con la Iglesia Católica. También se proclama comunista. En política, comenzó su carrera en el Partido Radicale italiano, y fue eurodiputado entre el grupo de ‘Demócratas de Izquierda’ hasta 2014.

Para él, el comunismo ideal es también “débil”, no dogmático. “Sin esencias ni absolutos que realizar a toda costa. Se trata sólo de un ideal de sociedad equitativa, una sociedad que debilite progresivamente la violencia como dialéctica”, decía en entrevista para La Vanguardia. Como ejemplos, menciona el Brasil de Lula, la Bolivia de Morales o la Argentina de Kirchner.

¿Comunista, anarquista, cristiano, nihilista? Libre. Lo deja claro en ‘No ser Dios’: “Puedo decir que D’Alema está para el desguace o contar a ‘Vanity Fair’ que me he enamorado de un go-go veinteañero. Lo hago por esa insólita libertad -quizá debida a la edad- no en aras de la provocación ni el exhibicionismo. [...] Me reprochan: ‘¿Por qué lo haces? O ‘Quién te manda hacerlo, podrías ser un gurú y te escupen así’. Sonrío. Lo hago porque me siento libre, porque soy libre. [...] Sin iglesias ni partidos. ¡Ah, qué hermoso!”.

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