ENTREVISTA

Iñaki Ezkerra: "Baroja no fue misógino ni antivasco"

El escritor Iñaki Ezkerra relata cómo ha sido su vida a través de las lecturas de Pío Baroja en 'La voz de la intemperie'

Foto: El escritor Pío Baroja
El escritor Pío Baroja

Escritor, periodista, fundador del Foro de Ermua y lector impenitente, la vida de Iñaki Ezkerra (Bilbao, 1957) no habría sido la misma sin la compañía de Pío Baroja. Para dar cuenta de la historia de sus lecturas del autor de 'La busca' a lo largo de los años, de sus prodigios pero también de los clichés insostenibles que penden sobre su vida y su obra, Ezkerra se apuntó a participar en la colección 'Baroja y yo' que alcanza con él la entrega número 19 y en la que destacados escritores como Eduardo Mendoza, Soledad Puértolas o Jon Juaristi han trenzado sus visicitudes biográficas con las páginas del escritor donostiarra. ¿Por qué Baroja no se resume en una fórmula? ¿Cómo logró sustraerse a las iniquidades de su tiempo manteniendo siempre firme su individualidad insobornable? En este libro titulado 'La voz de la intemperie' (Ipso), Ezkerra rescata a Baroja del peso siempre injusto del presente.

PREGUNTA. Cuenta que descubrió a Baroja con 12 años porque su madre escondía sus libros en el armario. ¿Qué era aquello tan peligroso que quería evitar que encontrara allí?

RESPUESTA: Yo creo que ni ella lo sabía, de hecho mi madre era una gran lectora. Como explico en el libro, cuando se habla del franquismo, en fin, no es que no fuera ese régimen condenable en muchos aspectos, si no que a veces, precisamente por condenarlo, se cargan las tintas en aspectos que falsean la realidad. Yo nací a fin de cuentas en el 57 y ya me tocaron los años del desarrollismo, no los años duros de la posguerra en los que el régimen estaba identificado con las fuerzas del Eje.

'La voz de la intemperie'
'La voz de la intemperie'

¿Qué había? Una atmósfera de mojigatería ambiental e, incluso mi madre que era una persona que no era clerical en absoluto ni anticlerical tampoco, pero que su familia había quedado en la zona republicana durante la guerra, pues sin embargo participaba de esa mojigatería ambiental. Y Baroja era temido y magnificado, como hacía el franquismo, por su capacidad intelectual. Yo no sé por qué las dictaduras temen tanto a los intelectuales, ojalá tuvieran la influencia que les atribuyen. Por otra parte, Franco, ni necesitaba a los intelectuales ni necesitaba ideología. Baroja era uno de los autores malos para los niños, imagino que por tópicos que han sobrevivido hasta hoy.

P. ¿Por qué Baroja es ‘la voz de la intemperie’? Lo utiliza en dos sentidos, el narrativo que puede ilustrar ese final de 'La busca' en la Puerta del Sol y en el sentido también de que no lo resguarda ninguna ideología.

R. Eso es, se trata de una intemperie intelectual y moral. Baroja juzga a la España de su tiempo y a los intelectuales pero sin intentar representar a nadie. Eso no quiere decir que resulte superficial, en absoluto. Precisamente lo que no hace es utilizar como escudo la religión, la política o la patria. Su literatura es así un ejercicio de libertad que me parece muy aconsejable hoy. Porque hoy nadie parece ser capaz de hablar sin ampararse en las grandes siglas o en las grandes palabras que, por otra parte ,hace tiempo que han entrado en crisis. Así, Baroja es un buen antídoto de los populismos porque si de algo pecan los populismos es precisamente de gente que quiere representarnos amparándose en iconos y clichés para atacar a sus rivales.

Iñaki Ezkerra
Iñaki Ezkerra

P. 'La voz de la intemperie' involucra sus encuentros lectores con Baroja en un relato de tintes autobiográficos. En los últimos tiempos no sé si llamarlo una moda editorial ha dado impulso a libros del tipo ‘Cómo vivir, una vida con Montaigne’. En su caso, ¿cómo ha sido vivir una vida con Baroja?

R. Precisamente la propuesta de esta colección me ha hecho reflexionar sobre por qué Baroja ha sido para mí un autor de referencia. Y sí, tiene que ver mucho con la vida. No es casualidad que en los últimos años cada vez estén más de moda los diarios, las biografías, lo que llaman autoficción. Precisamente Montaigne no fue un escritor abstracto, sino que continuamente incluye referencias a su propia vida. De hecho, cuando habla de la peste en Burdeos, habla de sus propias experiencias y de los horrores que vio a su alrededor. Pero también escribía de asuntos perfectamente domésticos. Y todo el pensamiento contemporáneo se revuelve contra el cansancio de esas grandes palabras a las que me refería antes. De las grandes catedrales ideológicas y filosóficas que querían salvar el mundo, el pensamiento occidental ha pasado al pensador concreto, un filósofo también pero con menos pretensiones que relaciona la filosofía con la vida. Nuestro análisis del mundo ahora es más parcial, más modesto. Lo que no significa que no estemos rodeados de demagogos que no se hayan enterado.

Baroja es el gran retratista de la mujer de la literatura española del primer tercio del siglo XX pero la pinta de una manera realista

P. Dos son los tópicos barojianos que desarma aquí. Vayamos al primero, la supuesta misoginia de Baroja. Defiende que su actitud antes las mujeres fue más bien la contraria y que obedecía a una suerte de coquetería.

R. Sí, de coquetería o seducción. Un verdadero misógino sería aquel que rehuye el contacto con la mujer pero no alguien como Baroja que constantemente busca su encuentro y, de alguna manera, intenta mostrarse como alguien desvalido y que no ha tenido suerte para explotar los sentimientos maternales de las mujeres. Siempre con ironía, claro, sin cargar las tintas. Y esto se ve en su obra. Además, como escribo en el libro, Baroja es el gran retratista de la mujer de la literatura española del primer tercio del siglo XX. También es alguien que pinta a una mujer de una manera realista, que la escucha, que no la falsea y, en ese sentido, coincide con su propio tratamiento de lo vasco. También ha tenido fama de antivasco.

P. Ese sería el segundo de los tópicos barojianos, el de su antivasquismo. Y ahí diferencia usted, amar al País Vasco no tiene por qué obligarte comprar el imaginario interesado de los nacionalistas. Y dices: "El realismo mágico ha hecho mucho daño al País Vasco.

R. Es que se nos ha impuesto una metáfora. Lo mágico, que en principio era un piropo, se ha convertido en una imposición oficial que mistifica al País Vasco. Y es curioso porque Baroja es el que mejor, y con más emoción, describe el paisaje vasco como en 'Las inquietudes de Shanti Andía' o en Zalacaín el aventurero'. Manifiesta así un amor que los nacionalistas no han sido capaces de demostrar. No hay una sola página de Sabino Arana en la que uno vea amor al País Vasco sino odio hacia los imaginarios enemigos.

P. El individualismo de Baroja, defiendes, nos vacuna ayer como hoy de los populistas de todos los partidos. Por cierto, ¿diría que el populismo de Vox es una reacción a otros o tiene características propias?

R. Pero con ingredientes posmodernos. Santiago Abascal es un gran defensor de la familia… tan defensor que ha fundado dos. Anda fichando generales para sus listas y quiere ser generalísimo… pero se escabulló de la mili. A mí me parece muy bien que la gente se librara de la mili, como me libré yo, o que la gente se divorcie. Pero no puedes ir luego de talibán o de esencialista de la familia que reza unida o del ejército.

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