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Modelos y musicote en la isla de Escobar: Fyre, la estafa para pijos que acabó en drama

Netflix ha estrenado el documental de Chris Smith sobre cómo Billy McFarland vendió humo a inversores y festivaleros para montar el festival de música más grande... que nunca existió

Foto: Imagen promocional del FYRE Festival en el documental de Chris Smith. (Netflix)
Imagen promocional del FYRE Festival en el documental de Chris Smith. (Netflix)

Si Guy Debord hubiese vivido para ver el fiasco del FYRE Festival en 2017 hubiese entrado en éxtasis. O mejor: le hubiese pegado fuego al recinto. Un festival en una isla de Bahamas que había pertenecido a Pablo Escobar, dirigido a gente con un poder adquisitivo medio alto en el que prometían "vivir la experiencia Escobar" durante tres días: alojamiento lujoso, modelos e 'influencers'paseándose en bikini, grupos de música de primera línea, vuelos en avioneta privada, ríos de alcohol, actividades exclusivas, una búsqueda del tesoro con las escrituras de propiedad de un terreno en la isla como premio y, lo más importante, la posibilidad de formar parte del mayor acontecimiento musical desde Woodstock. La oportunidad de decir "yo estuve allí". Entradas para 10.000 asistentes desde 1.320 euros —las más baratas— hasta 220.000 las más caras. Las 'celebrities' del momento, como Bella Hadid, Shanina Shaik, Alessandra Ambrosio, Elsa Hosk o Emily Ratajkowski como reclamo publicitario. ¿Lo quieres? Lo tienes. Si quieres, puedes. 'Wishful thinking', que llaman los anglosajones al pensamiento desiderativo. El sueño de la razón produce monstruos.

¿La realidad? Un festival a medio montar en una isla perdida sin apenas transporte ni infraestructuras básicas. Estampidas, saqueos, una muchedumbre borracha y enfurecida abandonada de la mano de Dios. Una estafa de decenas de millones de euros —24 sólo a los inversores, sin contar con asistentes ni proveederos impagados. Demandas de cientos de miles de dólares a trabajadores a causa de haber cargado servicios a sus tarjetas personales. La mayor estafa de la historia de los festivales que, además, expone los riesgos de una sociedad que ensalza el culto a la imagen, el pensamiento positivo, la venta de la nada, del concepto y del espectáculo por encima de la realidad. Así fue el desastre del FYRE —el timo del siglo hasta que ocurra el siguiente— y así lo cuenta el documental homónimo dirigido por Chris Smith y que acaba de estrenar Netflix.

"Mi agencia me contactó para hablarme de un nuevo festival súper exclusivo. El festival más alucinante de la historia. Un montón de modelos en Bahamas. Conciertos de Major Lazer, Disclosure, Tyga…. Estábamos súper entusiasmadas, pero en realidad no sabíamos de qué iba nada", confiesan un grupo de modelos al inicio del documental. Los magos detrás del evento: Billy McFarland —un tipo que se vendía como genio emprendedor— y Ja Rule —un rapero en busca de buenas inversiones y mayor visibilidad—. A finales de 2016, en el Web Summit de Lisboa, McFarlan y Ja Rule presentaron la aplicación FYRE, un programa para contratar a celebrities de primera línea para eventos privados, como fiestas o cumpleaños. "Iba a ser el Uber de la contratación de famosos". Mdavid Low —director creativo de la 'app'— propuso hacer un evento para promocionarla y atraer a inversores potenciales. Y aquello fue el principio del apocalipsis. "A Billy le gustó la idea y de ahí evolucionó a lo bestia sin consultarnos ni a Ja ni a mí, y se convirtió en el FYRE Festival", admite Low.

Un post de Instagram de la modelo Elsa Hosk promocionando el festival inexistente. (Instagram)
Un post de Instagram de la modelo Elsa Hosk promocionando el festival inexistente. (Instagram)

El caso de FYRE es la hipérbole extrema de la cultura de la marca personal, del marketing conceptual en su forma más aberrante. "Los grupos que iban a tocar, cómo iba a ser la comida y esas cosas que suelen importar no eran lo que nosotros estábamos promocionando. Estábamos vendiendo un sueño, una escapada, un concepto”, cuenta el director del vídeo promocional. Todo un grupo de inversores, trabajadores y clientes de alta cualificación y formación arrastrados a un proyecto delirante en el que no se aceptan consejos ni negativas ni nadie pide ver resultados tangibles hasta que la hostia de realidad es monumental e inevitable. Gente sin experiencia embarcada en un negocio que les supera dirigida por 'genios' —o embaucadores, como plantea Smith— más parecidos a monos encocados pilotando un avión de pasajeros que empresarios con nociones básicas de matemáticas. La devoción por el tiempo condicional: "La aplicación PODRÍA haber generado miles de millones de dólares". Podría... o no.

"La aplicación PODRÍA haber generado miles de millones de dólares", defienden

La preproducción de FYRE —el festival, no el documental— fue una fiesta perpetua: todo el día alcoholizados de sol a sol. "Brindamos por vivir como estrellas de cine, divertirnos como estrellas de rock y follar como estrellas del porno", en palabras de Ja Rule. "Estamos vendiendo una utopía al perdedor medio", como leitmotiv. O sea, humo. Concibieron una campaña promocional brutal —a Kendall Jenner le pagaron 220.000 euros en una sola transferencia por un solo post—, los medios de comunicación hicieron de altavoz y los inversores, las agencias y los clientes picaron el anzuelo. Sin preguntarse nada más allá. En 48 horas vendieron el 95% de las entradas.

Otra de las imágenes promocionales del FYRE Festival. (Netflix)
Otra de las imágenes promocionales del FYRE Festival. (Netflix)

Durante meses, McFarland y Ja Rule dedicaron más tiempo a divertirse que a montar el evento, como muestra 'FYRE'. Vendieron entradas que aseguraban alojamientos en "lujosas villas" sin tenerlas aseguradas. Anunciaron cabezas de cartel sin tenerlos reservados. En la isla en la que iba a tener lugar el festival —tuvieron que cambiar de localización en varias ocasiones— no había ya no infraestructuras mínimas, sino espacio físico para albergar tantas personas como entradas se habían vendido. Pero a quien osó plantear que "en vez de pensar en modelos deberían pensar en lavabos" lo despidieron. "Billy decía: 'No nos centraremos en los problemas, sino en las soluciones. Hay que tener una actitud positiva'. Nada le perturbaba, pero estaba delirando", recuerda uno de sus trabajadores. "Era como si no pudieses diferenciar lo que era verdad y lo que era mentira", añade otro.

"Estamos vendiendo una utopía al perdedor medio", como leitmotiv

Marc Weinstein, asesor de festivales, pensó la primera vez que oyó hablar del Fyre que "estos tipos eran o unos embusteros o unos genios". Aun así, aceptó trabajar para ellos. Ni las cuentas ni los tiempo cuadraban, pero aun así McFarland y Ja Rule consiguieron embarcar a expertos que llevaban décadas trabajando en la industria festivalera. "Para organizar un buen festival de música necesitas empezar con el diseño y la recaudación de fondos unos doce meses antes. Cuando llegó el equipo de trabajo tenía literalmente entre seis y ocho semanas para organizarlo todo".

Ja Rule y McFarland en un momento del documental. (Netflix)
Ja Rule y McFarland en un momento del documental. (Netflix)

La organización contrató a cientos de trabajadores temporales locales para trabajar de día y de noche, sin descanso: casi todo el mundo en la isla participó en la construcción del recinto. Lo que vendían como “villas de lujo” eran tiendas de campaña sobrantes de las que usaron para reubicar a la gente después del Huracán Matthew. Tenían que pagar por anticipado un millón de euros y el resto más adelante, pero uno de los trabajadores admite que no sabe "si ese millón llegó a pagarse". El festival había contratado por más de cinco millones de euros a una empresa de cátering, pero como no tenían liquidez y les habían asignado menos de uno de presupuesto tuvieron qu despedirles y buscar a última hora otro proveedor más barato. La realidad pintaba bastante diferente a lo que el FYRE había vendido, pero nadie cuestionó nada. En las redes hubo páginas que intentaron desenmascarar el timo, pero no tuvieron apenas repercusión: que la realidad no te fastidie la ilusión.

Imaginad si llegan 350 personas a una isla remota [...] y los dejan en un recinto sin terminar donde se dan cuenta de que no tienen sitio donde dormir

Apenas unos días antes del comienzo del evento, ante la evidencia de que aquello iba a ser una catástrofe, Weinstein avisó a McFarland y al resto del equipo vía mail: "Sé que os preocupa la mala prensa, pero imaginad la situación si llegan 350 personas a una isla remota, se montan en autobuses escolares y los dejan en un recinto sin terminar donde se dan cuenta de que no tienen sitio donde dormir y, aún peor, no tienen forma de volver a casa porque no hay reservados vuelos de vuelta". La respuesta fue: "Al menos verán tu sonrisa y tus técnicas de yoga".

McFarland en otro momento de 'FYRE'. (Netflix)
McFarland en otro momento de 'FYRE'. (Netflix)

El nivel de demencia llegó hasta tal punto, que cuando la aduana pidió 175.000 dólares para dejar pasar el agua embotellada importado de Estados Unidos, McFarland tomó una medida enloquecida y desesperada: "Billy me llamó. Me dijo: ’Andy, debes hacer algo grande por el equipo’", cuenta uno de los organizadores. "Yo le dije: ‘Dios mío, lo hago cada día’. Y él dijo: ‘Eres nuestro maravilloso líder gay y necesitamos que practiques un oral. ¿Podrías chupar una polla para arreglar lo del agua? Andy, si se la chupas a Cunningham, el jefe de aduanas, para que autorice los contenedores con el agua, salvarás el festival’. Literalmente conduje a casa, me di una ducha y me enjuagué la boca. En plan: “Dios, ¿de verdad? Y cogí el coche, y me crucé la isla para sacrificarme por el equipo. Entré en su oficina, preparado para chuparle la polla. Pero fue muy amable y me dijo: ‘Andy, te entregaré el agua, te dejaré servirla, si me prometes que seremos nosotros los primeros en cobrar por esta tasa de importación".

Los trabajadores locales empezaron a amenazar a los organizadores, a secuestrarlos y pedir recompensas "o a hacerles daño"

El día anterior al festival McFarland todavía aseguró que todo saldría bien. Cayó una tromba de agua que embarró las tiendas de campaña y las pocas instalaciones que había montadas. Cuando los primeros influencers y asistentes llegaron, aquello parecía el fin del mundo: fue un todos contra todos para conseguir un techo bajo el que dormir, algo que llevarse a la boca e incluso agua. La organización ya entonces —y sólo entonces— decidió que la mejor opción era cancelar el evento. Después de ver que no les iban a pagar, los trabajadores locales empezaron a amenazar a los organizadores, a secuestrarlos y pedir recompensas "o a hacerles daño". Los promotores intentaron salir de la isla sin que los vieran. Dejaron pufos por toda la isla.

Ésta fue la experiencia de lujo con la que se encontraron los asistentes. (Netflix)
Ésta fue la experiencia de lujo con la que se encontraron los asistentes. (Netflix)

McFarland había estafado a más de 100 inversores para que metiesen más de 24 millones de dólares en algo que no existía, dando daton hinchados y falseando la realidad. Dijo que había contratado a Drake. Falso. Decía que estaban ganando dinero. Falso. Decía que el coste de las contrataciones era de 35 millones de dólares, cuando sólo había cerrado por 1,5 millones. Dijo que tenía 2 millones de dólares en acciones de Facebook con las que responder. Falso. en realidad sólo tenía 1.500. "Es un sociópata funcional", describe uno de sus trabajadores, al que ha dejado 250.000 euros de deuda con American Express.

Tuve que usar 50.000 dólares de mis ahorros, que tenía para improvistos. Me dejaron seca y no volvieron la vista atrás

"Tenía a diez personas trabajando directamente para mí, preparando comida día y noche, las 24 horas. Tuve que pagarle a esa gente. Soy bahameña. Los veo cada día. Tuve que usar 50.000 dólares de mis ahorros, que tenía para improvistos. Me dejaron seca y no volvieron la vista atrás. Ver que nadie vuelve para decir ‘Vamos a hacernos cargo de lo suyo, porque sabemos que lo hizo bien", lamenta la encargada del restaurante de la zona.

La mujer bahameña a la que McFarland le dejó a deber más de 40.000 euros. (Netflix)
La mujer bahameña a la que McFarland le dejó a deber más de 40.000 euros. (Netflix)

Antes de que la justicia lo condenara a seis años de cárcel e inhabilitación de por vida para tener cualquier cargo directivo en una empresa que cotice en bolsa, McFarland volvió a intentar varios negocios fraudulentos, parapetándose tras otras identidades. Ja Rule afirma que él fue otra víctima más del timo. Pero aunque McFarland sea el principal culpable de la estafa millonaria, la cadena de colaboradores necesarios pasa desde los medios, las redes sociales, los 'influencers', y una sociedad de consumo irreflexivo y de culto a la imagen y al espectáculo en la que vivimos. 'FYRE': cómo los post en redes sociales de un grupo de modelos fue lo que vendió un festival que nunca había existido y que dejó a cientos de personas con unas deudas inasumibles. Del timo de la estampita al timo del post de Instagram.

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