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La izquierda cultural reivindica el levantamiento de 1934 en Asturias

Ramón Lluís Bande y Nacho Vegas estrenan 'Cantares de una revolución'

Foto: Milicianos socialistas en Asturias en octubre de 1934
Milicianos socialistas en Asturias en octubre de 1934

Fue uno de los episodios clave de la historia reciente de España. Para unos, revolución, para otros intento de golpe de estado. Diversas zonas de Asturias llegaron a proclamarse “república socialista” (caso de Mieres y Sama de Langreo) o quedaron bajo control anarquista (caso de Gijón o La Felguera). El catedrático de historia Manuel Pérez Ledesma, recientemente fallecido, lo describió como “la última revolución social, bien que fracasada, del occidente europeo”.

El episodio cuenta con todos los ingredientes para atraer al director de cine Ramón Lluís Bande (Gijón, 1972), con un pie en la vanguardia y otro en la militancia. También a su amigo Nacho Vegas, cantautor rockero vinculado a movimientos sociales de izquierda. El resultado es 'Cantares de una revolución', una película sobria, con documentación sustancial y animada por el repertorio rojo de la época. Dentro de un cine cada vez más domesticado, aquí todo son chispas para encender la polémica política. O, si hay suerte, el debate.

Conciencia obrera

El objetivo del documental es evidente: reforzar la memoria sobre la importancia del levantamiento. “Ya sé que esta no es la función del cine, pero creo que están sin estudiar seriamente las consecuencias que tuvo para Asturias el fracaso de la revolución. No sólo hablo de las directas: más de dos mil muertos, tres mil heridos, la ciudad de Oviedo destruida, treinta mil pesos políticos, torturas generalizadas… Me refiero sobre todo a las consecuencias históricas: el ensañamiento en la guerra, la durísima represión en la posguerra... Siempre digo, en una afirmación que suele resultar polémica y que creo que necesitaría de un mayor análisis, que Asturias, el país entero, muy unido al desarrollo de su clase obrera como sujeto político, perdió la guerra contra el fascismo y con ella su posibilidad de seguir existiendo”, opina.

A Bande no se le escapa que el discurso de los historiadores conservadores se ha recrudecido en los últimos años. “Sigue circulando esa gran mentira que explica el 34 como el inicio de la guerra civil. De hecho, se está convirtiendo en el relato hegemónico, al tiempo que se naturaliza y se normaliza la presencia de discursos de extrema derecha en la política. Veo, con preocupación creciente, como nuestro tiempo político cada vez se parece más al de los años treinta, a nivel estatal e internacional. No hay que olvidar que el levantamiento de los obreros y campesinos asturianos en octubre de 1934 se produjo por la entrada de la extrema derecha en el gobierno de la República, con el fin de acabar con ella y de empezar una nueva cruzada, en este caso, contra las clases populares. El levantamiento del 34 fue un movimiento armado de autodefensa de toda una clase social con mucha conciencia y muy ideologizada. Muchas de las cosas que nos pasan –y nos van a pasar– tienen que ver precisamente con el olvido interesado de la historia de nuestra clase y la de sus enemigos”, señala.

Polarización nacional

Llegamos al momento de la pregunta incómoda: ¿no hubiera quedado mejor el documental incluyendo testimonios de intelectuales de derecha? “Durante la preparación de la película trabajé con textos de escritores conservadores o de otras tendencias que no veían con buenos ojos la revolución, pero que también son excelentes para entender el momento. Textos de autores como Chaves Nogales o Josep Pla –autores ambos a los que admiro mucho–, pero que por la propia conformación del dispositivo de la película se quedaron fuera. Ahora que estoy trabajando en el libro de la película voy a recuperar algunas de esas miradas”, aclara.

Durante la preparación de la película trabajé con textos de escritores conservadores que también son excelentes

Si solo cupieron voces de izquierda en la película fue por el planteamiento artístico. “Tenía dos líneas narrativas que seguir. Por un lado, la música popular nacida de la revolución y que capturaba a la perfección las emociones y los planteamientos de aquellos días. Por otro, la experiencia revolucionaria en primera persona de Belarmino Tomás, presidente del Tercer Comité Revolucionario, que protagoniza la mayor parte del texto de la película. Belarmino Tomás es la figura política más importante del siglo XX asturiano: participó en el primer caso de socialización de una mina en Asturias, la Mina San Vicente. Además fue uno de los principales líderes de la revolución, y después en el 36 y el 37, se convirtió en la principal autoridad republicana en Asturias. Primero, fue gobernador, después Presidente del Consejo Interprovincial de Asturias y León y, en los últimos meses de la guerra, Presidente del Consejo Soberano. Falleció en el exilio mejicano en los años 50 y hoy nadie sabe quién fue, nadie se acuerda de él. Unos de los objetivos de la película está en empezar a trabajar contra ese olvido y reivindicar su figura”, explica.

Himnos populares

Dentro del apartado musical, sorprende la belleza de muchas letras clásicas ('La bella Lola', 'Asturias, patria querida') adaptadas al conflicto armado. “Las canciones compuestas por los revolucionarios se apoyaban en melodías populares preexistentes a las que se la cambiaba la letra para contar lo que estaba pasando. Es un juego muy interesante y que nos da mucha información sobre lo que realmente significa la música popular y sus mecanismos internos: cómo van evolucionando las melodías, como los textos se adaptan al contexto concreto de las personas que las cantan, cómo cambian y mutan en composiciones nuevas... En este sentido el trabajo de Nacho (Vegas) en la película engancha un eslabón más en esa cadena evolutiva, trayéndolas al presente musical y, a través de su registro en la película, al presente político”, subraya.

El planteamiento de la cinta también incluye reproches a la izquierda institucional, desde la Transición hasta nuestros días. “Hubo una traición declarada a su gente y a su propia historia, de la que estamos sufriendo las consecuencias. Con mensajes falsos y espejismos de bienestar, dejaron a las clases populares sin autodefensas. Y ahora es complicadísimo desandar ese camino y, la verdad, tampoco se ve mucha voluntad”, lamenta. “Un "sistema democrático" que se funda sobre más de 120.000 personas enterradas en fosas comunes, y sin romper con las estructuras económicas y de poder del régimen fascista anterior, no da muchas garantías”, añade. El director responde con todos los topónimos en asturiano -“Asturies”, “Uviéu”…-, pero los reproducimos en castellano por motivos de estilo (también porque el asturiano no está reconocido como lengua oficial de España).

Batalla cultural

Nadie puede acusar a Bande de deshonestidad, ya que reconoce su apuesta por el cine militante. “Hay que seguir reivindicando la utopía que se acarició aquellos días: una sociedad sin clases, la abolición de la propiedad privada y del poder del dinero... Como decía Marguerite Duras, ‘creo en la utopía. La utopía, aunque fracase, es lo que hace avanzar las ideas de la izquierda’. En tiempos de desmemoria y de ausencia de conciencia de clase, en los que la doctrina neoliberal va ganando la batalla cultural, se hace más necesario que nunca recordar ciertos momentos históricos y ciertos comportamientos colectivos desde los que deberíamos volver a pensarnos. La revolución de octubre de 1934 es un episodio histórico que debería tener un valor central, casi fundacional, en el relato colectivo de las clases populares asturianas –y por lo tanto de Asturias como sujeto político– y, por lo menos referencial, para las del resto del Estado”, concluye.

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