La agonía del Festival de Cannes

El festival de festivales se ha inaugurado y clausurado con dos películas españolas: una dirigida por un iraní y la otra por un estadounidense

Foto: Ceremonia de clausura del 71 Festival de Cannes. (EFE)
Ceremonia de clausura del 71 Festival de Cannes. (EFE)

En nuestra última crónica nos lamentábamos de que no hubiera ninguna película española en la sección de la Competición Oficial del Festival de Cannes. Ignorábamos que 'Everybody Knows' (es el título con que se ha anunciado y publicitado esta coproducción) estuviera entre las elegidas como candidatas a la Palma de Oro, ya que habitualmente el filme de apertura participa fuera de concurso. Perdón a sus productores y equipo por nuestra ignorancia. También nos es grato felicitar al ICAA y a su Subdirección de Promoción por haber "colocado" otras cinco películas en las diferentes secciones del certamen. Aunque ello no ha sido suficiente para figurar en ninguno de los palmarés que han otorgado un total de 27 premios, lo que nos sigue haciendo cuestionar el interés en el mundo de nuestro cine actual. El Festival ha resultado decepcionante tanto por la calidad de la producción exhibida como por el ambiente en general y sobre todo por el desánimo de compradores y vendedores internacionales que conforman el famoso Mercado.

Hemos podido comprobar en esta septuagésimo primera edición, que el festival de cine más veterano y de mayor prestigio del mundo agoniza; esto nos lleva a la conclusión, querido Watson, de que los otros más de dos mil certámenes que vagan por la Tierra están en peligro. La Biennale di Venecia, -La Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica- se presenta como el certamen más interesante ahora. Los films que obtuvieron los tres últimos Oscar a la mejor película fueron presentados allí.

La decadencia del Festival en tanto que escaparate del séptimo arte y punto de encuentro -durante 11 días, nada menos- tiene sus razones

Siempre orgulloso de representar lo mejor de la cinematografía universal, Cannes ya estaba en crisis desde que su último gran director, Gilles Jacob, exquisito cinéfilo y hombre de singular cultura, fuera sustituido (digamos mejor, “sucedido”) por un animador cultural de Lyon, como es Thierry Fremaux. La decadencia de este Festival en tanto que escaparate del séptimo arte y punto de encuentro -durante once días, nada menos- de lo más distinguido de la cinematografía del universo mundo, tiene sus razones. Este año la alfombra roja ha logrado su mayor momento de esplendor cuando ochenta y dos actrices y cineastas, la mayoría absolutamente desconocidas, reclamaron paridad de género a la hora de seleccionar films en competición. Otro de los gestos notables en la alfombra roja fue el de la actriz Kristen Steward ("Crepúsculo"), quien a los 22 años según Forbes ingresó treinta y cuatro millones de dólares en 2012, mostrando su protesta por exigir a las mujeres llevar tacón alto. Una norma que jamás ha existido en un Festival que guardó un cobarde silencio cuando durante su celebración 52 palestinos fueron masacrados en Jerusalem por el ejército israelí. Habrá que ver como Monsieur Fremaux justifica su silencio, cuando emita su "rapport morale" sobre lo sucedido en esta edición.

Las causas

La primera y principal causa del declive del certamen es el surgimiento y desarrollo de las nuevas tecnologías. Las películas son "descubiertas" por todo aquel que se interese por ellas. Su contenido está expuesto en las redes con tal antelación y de tal manera que ya no cabe sorpresa alguna para el espectador-explorador del mercado de Cannes. De hecho solo el cine iraní, tan celosamente "protegido" por los ayatolas de turno, es el único que puede producir asombro (no siempre para bien) durante el transcurso del certamen.

¿Será que Fremaux es un fanático de la antigua Persia? Porque inaugurar Cannes con una película en español y dirigida por un iraní tiene su aquel, oiga. Lo menos que podemos decir ante tan insólita propuesta es que a nuestro Fremaux le encanta ver como unos y otros levantamos las cejas.

Inaugurar Cannes con una película en español y dirigida por un iraní tiene su aquel, oiga.

Veamos las películas de la Competición Oficial. Si la crítica internacional otorga cuatro-puntos-cuatro a un filme considerado excelente, la puntuación media, ha sido un discretísimo dos punto tres, siendo la mayor puntuación, un tres, para un film coreano y la menor para uno francés, un "pobre" uno.

O sea, como para no sentir nostalgia de 'El tercer hombre' de Reed, 'Viridiana' de Buñuel, 'Taxi Driver' de Scorsese, 'El árbol de la vida' de Mallick, 'Padre Padrone' de los Taviani, o “Pulp Fiction” de Tarantino... joyas todas que fueron ‘Palma de Oro’ en el pasado.

Mientras tanto, los Estudios de Hollywood y sus estrellas, allá en otros cielos, sólo miran la Costa Azul desde la cubierta de sus yates cuando vienen de vacaciones con familia o amigos. A ver si no: el Hotel du Cap, a 3.600 euros la noche en habitación simple, o el Carlton, a 2.400 euros si quieres ver el mar desde la cama. Restaurantes míticos como “Nounou”, “Le Moulin de Mougins” y “La Mère Besson” han desaparecido o cierran en tiempos de cine.

Decadencia

Un festival que dura once días y sus noches tiene una media de asistencia por persona que no llega a los cinco días (exactamente 4,7, querido Watson), excepción hecha de los sufridos periodistas que, con una dieta casi miserable dado lo que cuesta respirar el aire de Cannes, aguantan al menos 9 días (y “chitón, colegas, que en peores garitas habéis hecho guardia”).

En términos comerciales, Cannes ha dejado de ser el gran mercado anual del cine que fue. Cada vez son menos los compradores y/o vendedores que asisten. En tiempos no muy lejanos, las compañías desplazaban equipos de 12 a 30 personas para ver, comprar y vender películas. Y no sólo "aguantaban" el Festival completo: era habitual verlos días después, ya acabado el espectáculo, reponiendo fuerzas al sol en las mismas playas que habían pateado días antes, muy a la francesa, en busca del cliente perdido.

En términos comerciales, Cannes ha dejado de ser el gran mercado anual del cine que fue

El ‘glamour’ y la juerga canalla de antaño brillan por su ausencia. La gran fiesta de este año ha sido con John Travolta, una "estrella" que cuando fue ofrecido para protagonizar una película, un oscarizado director español, amenazó con retirarse del cine, si tenía que trabajar con él. Se acabaron las fiestas, sí, pero es curioso ver cómo algo que agoniza de repente parece interesar a gobiernos e instituciones públicas. La “International Village”, el Mercado del Festival, está copada por representantes de Estados que promocionan su cine, sus localizaciones y sus ventajas fiscales para atraer rodajes a sus territorios. Hasta los saudíes acaban de incorporarse.

Cannes tiene que reinventarse. Y no digamos el resto de festivales. Nosotros, los Furtivos, habituales de muchos de ellos, no tenemos la fórmula mágica para que vuelva a despertar el interés y la fascinación de los viejos tiempos. Sí sabemos que hacen falta otros métodos; que se requiere imaginación; que habrá que revisar planteamientos y costes. También sabemos que siempre habrá gaviotas acechando a los barcos en la mar de la Costa Azul. Pero está muy claro que los incompetentes y los cuervos tienen que desaparecer de la faz de esta tierra.

Continuará...

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