25 años de una estafa descabellada

Petromocho: el timo del oro negro asturiano que tumbó a un presidente autonómico

Jeques árabes, consejeros en la parra y un negocio multimillonario. Todo ello en medio de la batalla electoral del 93 entre Aznar y González. Bienvenidos a la madre de todas las crisis

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"Si publicáis esa noticia os vais a columpiar". Esta frase de mayo de 1993 debería ocupar un lugar de honor en la historia del periodismo español. Se la dijo Víctor Zapico, consejero de Industria del Principado, a un periodista de 'El Comercio', el periódico más antiguo de Asturias, fundado en 1883 en Gijón.

El Gobierno autonómico había anunciado el día anterior —18 de mayo— que un grupo saudí iba a construir un complejo petroquímico en las afueras de Gijón, con una inversión de 366.000 millones de pesetas, la mayor de la historia asturiana, para la que se crearía una empresa (Petróleos Asturianos S.A.) cuyo capital social sería más grande que el de todos los bancos españoles, con 180.000 barriles de crudo entrando cada día en el puerto (El Musel) camino de la nueva refinería, un enorme chorro de oro negro extendiéndose sobre Asturias… pero 'El Comercio' sospechaba que el Gobierno había sido engañado por un timador profesional.

El acuerdo para la "fabricación de productos petroquímicos, garantizando el suministro de crudo procedente de los yacimientos" árabes fue presentado por el presidente del Principado, Juan Luis Rodríguez-Vigil, el consejero de Industria, Víctor Zapico, el empresario Juan Blas Sitges, y el representante del Saudi International Bank y del "alto ejecutivo saudí", el ciudadano francés Maurice Jean Lauze, que apareció en Asturias con su mejor sonrisa.

Lauze, Vigil y Zapico en la presentación del proyecto. (EFE)
Lauze, Vigil y Zapico en la presentación del proyecto. (EFE)

Tras firmar el contrato, Lauze, Vigil y Zapico comieron fabes con almejas en el restaurante Trascorriales de Oviedo. "Me gusta comer. Tengo que reconocer que los buenos platos no me asustan", diría luego Lauze sobre esta comida. Esa tarde/noche, en el apartamento del último piso de la sede de la Presidencia del Gobierno, Vigil, Zapico y otros miembros del Gobierno tomaron café y güisqui. Zapico se fumó un habano. Al fin y al cabo, aquello parecía un trato histórico.

Pero, ¡ay!, 24 horas después de las fabes con almejas, 'El Comercio' decidió "columpiarse". Y una semana más tarde... Juan Luis Rodríguez-Vigil (PSOE) presentaba su dimisión como presidente autonómico. Todo ello en mitad de la tensa campaña electoral de las generales de 1993, que acabó con el ajustado triunfo de Felipe González sobre José María Aznar. Bienvenidos al 25 aniversario del Petromocho, una de las historias más rocambolescas de la democracia.

He aquí una de esas estafas que parece inverosímil, pero que puede entenderse —hasta cierto punto— con un poco de contexto histórico.

1) En los años cincuenta, la Asturias del carbón y la siderurgia estaba entre las cinco provincias que más riqueza generaban de España, pero la reconversión industrial (años setenta/ochenta) la sumió en una depresión económica de la que aún trata de recuperarse. En esos años, se multiplicaron las ideas resucitadoras; algunas de ellas cabales, otras, directamente descabelladas; siempre bajo la tentación populista de encontrar un remedio milagroso a la recesión y el paro.

2) Las campañas electorales las carga el diablo.

Espacio a las afueras de Gijón donde debía situarse la petroquímica del Petromocho. (El Comercio)
Espacio a las afueras de Gijón donde debía situarse la petroquímica del Petromocho. (El Comercio)


La investigación

Una simple llamada de teléfono desencadenó el drama… Tres periodistas de 'El Comercio' —Chema Fernández, Ángel González y Marco Menéndez— decidieron hacer su trabajo, es decir, llamar al Saudi International Bank —banco de negocios internacional cuyo 50% estaba en manos de la agencia de inversiones saudí SAMA— para conocer la letra pequeña de su acuerdo multimillonario con el Principado.

Antes de entrar en detalles sobre LA LLAMADA, un pequeño recordatorio: hablamos de 1993, cuando no era tan sencillo conocer la opinión de algunas instituciones internacionales (la labor de los periodistas era más difícil y la de los timadores más fácil). "Las fuentes documentales cambiaron totalmente. De aquella no había nada: ni internet, ni correo electrónico, ni móviles, ni webs de las empresas, ni nada. A nosotros lo del Saudi International Bank nos sonaba a chino, tratamos de enterarnos de qué era aquello, buscamos su teléfono —no fue sencillo: no tenían presencia en España— y llamamos a su sede de Londres", recuerda por teléfono Ángel González, subdirector de 'El Comercio' y uno de los periodistas que sacó la exclusiva del Petromocho.

O cuando una llamada de apariencia rutinaria se convierte en una bomba atómica informativa...

Respuesta del ejecutivo del banco tras escuchar que su empresa iba a invertir 336.000 millones de pesetas en Asturias: "Es una historia increíble". La respuesta dejó "estupefactos" a los periodistas de 'El Comercio'. "El portavoz no tenía ni idea de lo que le estábamos hablando", asegura González.

El Principado no dio mayor importancia a este primer desmentido: el acuerdo, decían, no se había cerrado con la sede londinense del banco, sino con la neoyorquina.

No obstante, el periódico volvió a la carga al día siguiente: el director londinense del banco, Michael Ladenburg, aseguró que la documentación aportada por el intermediario Maurice Jean Lazue al Gobierno autonómico era "totalmente falsa".

El consejero de Industria se trasladó personalmente a la sede de 'El Comercio', mostró los papeles del acuerdo y afirmó rotundo que si publicaban la noticia se iban a columpiar. No había asomo de mentira o cinismo en Zapico, que todavía creía tener la verdad de su lado, como una de esas escenas de 'El Golpe' en las que un pobre incauto tarda horas en reaccionar tras haber sido víctima de un engaño extremadamente elaborado: Zapico aún no podía creer que lo que habían visto sus propios ojos —el carismático Maurice Jean Lauze y sus historias sobre un jeque cargado de petrodólares— no fuera más que un trampantojo.

La papeleta del Principado no era sencilla: ¿a quién nos creemos: a un intermediario que está avalado por un príncipe saudí o a un periódico de Gijón?

"La papeleta del Principado no era sencilla: ¿a quién nos creemos: a un intermediario que viene con todos los papeles y está avalado por un príncipe saudí o a un periódico de Gijón? Las dudas eran comprensibles; lo que no era razonable es que se hubiera llegado hasta aquí, es decir, que la consejería de Industria no hubiera comprobado antes —cuando arrancaron las negociaciones— toda aquella documentación", aclara ahora González.

El viernes 21 de mayo, tras un desmentido del banco saudí, el presidente Vigil dijo a 'La Nueva España' estar "perplejo pero tranquilo" pues poseía documentos y poderes "indubitables".

No obstante, la llegada ese fin de semana de la campaña electoral a Asturias, desató la histeria.

La campaña electoral

El sábado 22 de mayo, 'La Nueva España' abrió con un titular demoledor a cuatro columnas: "El gobierno asturiano reconoce que no sabe con quién estuvo negociando". La otra gran noticia de portada era el mitin de Aznar y Álvarez Cascos en Gijón. El candidato del PP dijo que su Gobierno sería de "solidaridad y cohesión no de refinerías inexistentes"; mientras que Francisco Álvarez Cascos, que jugaba en casa, forzó el límite de la demagogia regionalista: es más barato apoyar a las pymes "que regalar 100.000 millones de pesetas a un banco árabe para que instale una refinería". Es decir, que en el PP no estaban aún seguros de lo que había pasado —¿la refinería existía o no existía?— pero habían olido sangre y veían cerca el 'sorpasso' en un territorio tan adverso para la derecha como Asturias.

La presión sobre el presidente Vigil, con Felipe González a punto de aterrizar en la región, empezaba a ser homérica.

Estos van a Europa, toman cuatro cubalibres y se dejan engañar por el primer estraperlista que se les arrima

Los desmentidos se sucedían: ni la embajada saudí, ni su ministerio del Petróleo, ni la cámara de comercio francesa… nadie parecía conocer al tal Lauze. 'The Wall Street Journal' se hizo eco en su portada bajo el titular "¿Química electoral?", en alusión a la relación entre la campaña y el anuncio de la petroquímica. El 'Times' londinense publicó que todo se trataba de "un fraude meticulosamente elaborado".


A Felipe González le acababan de arruinar su campaña electoral en Asturias. El presidente del Gobierno participó en dos actos el sábado 22: la inauguración de la factoría química de Du Pont y un mitin en Oviedo. Dado el ambiente enrarecido —entre la ceremonia de la confusión y la tensión por los vaivenes del Principado— González decidió obviar el Petromocho y tirar de los clásicos 'asustaviejas' que nunca fallan: ¡Que viene la derecha! El líder del PSOE arremetió en el mitin contra los "señoritos crapulosos de gomina en el pelo". Mientras, un Vigil visiblemente alterado, cargó contra el "señoritismo visceral y matón" de Álvarez Cascos.

Anguita: "¡Cuidado con los ilusionistas! Que en este país de jeques, milagros y María santísima" los hay proclives a "dejarse engañar por el 'tocomocho' de nuestra política"

Ese sábado también estuvo mitineando en Asturias Julio Anguita, líder de IU y atizador oficial del PSOE. "¡Cuidado con los ilusionistas! Que en este país de jeques, milagros y María santísima" los hay proclives a "dejarse engañar por el 'tocomocho' de nuestra política", contó Anguita.


'El Comercio' se preguntaba cómo era posible que el contrato no hubiera sido estudiado por los servicios técnicos y jurídicos del Principado dada su cuantía: el capital social de Petróleos Asturianos "superaba con creces el de las 11.362 sociedades mercantiles activas en Asturias". Dicha cifra, según el periódico, debió hacer sospechar desde el primer día: "En nuestro país solo existen tres sociedades que superan ese capital social: Telefónica, Iberdrola y Teneo" (que agrupaba a las empresas del INI).

La historia empezaba a hacer agua y había otras dos cifras que inquietaban a la sociedad asturiana: el 30% de los fondos necesarios para el desarrollo del proyecto iba a ser cubierto con subvenciones. Según una de las clausulas secretas del contrato, el comisionista francés se llevaría un 5% de la inversión.

A estas alturas, casi todo el mundo pensaba que aquello había sido un timo… y empezaron los ajustes de cuentas en la izquierda asturiana. Emilio Huerta, secretario regional de CCOO en Asturias, dejó un titular para la historia: "Estos van a Europa, toman cuatro cubalibres y se dejan engañar por el primer estraperlista que se les arrima". Iban a empezar a rodar cabezas…

La dimisión

El 24 de mayo de 1993 tuvo lugar el primer debate electoral televisado de nuestra historia: Felipe González contra José María Aznar. Mientras media España veía el debate (61,8% de share y 9.625.000 espectadores), en el Palacio de la Presidencia de Oviedo se estaba cociendo la madre de todas las crisis institucionales. Nada más acabar el debate, a la 1:15 de la madrugada, Rodríguez-Vigil dimitió como presidente del Principado.

Su comunicado de renuncia decía cosas como:

"Soy consciente de que la desdichada y absurda situación provocada por la refinería, que ha generado la ingenuidad de mi consejero de Industria, víctima... de una compleja y elaborada trama, cuyas finalidades aún no alcanzó a comprender, pone en riesgo mi credibilidad como presidente... No haría honor a mis principios... si me limitara a achacar culpas a mi subordinado. Yo le he nombrado y yo debo responder”.

El político dio explicaciones en sede parlamentaria tres días después de dimitir. Bien porque se había quitado un peso de encima tras soportar una presión brutal, bien porque el Petromocho había sido tan disparatado que quizá solo quedaba reír por no llorar, Vigil quebró cuando explicaba la naturaleza de los negocios del timador francés. Tras asegurar que las sociedades presididas por Lauze —Kintyre Sales Limited y Kintyre Stations Service— tenían un capital social de "una libra esterlina", rompió a reír compulsivamente. Así lo contó 'La Nueva España': "El presidente asturiano, forzado a una precisión mercantil que, a la vista de los acontecimientos, podía rayar en lo esperpéntico, irrumpió en una carcajada incontenida, que sirvió de contrapunto a una mañana tensa… Fue el epílogo desenfadado de una historia rocambolesca, con trascendencia internacional y que abrió en Asturias la mayor crisis institucional desde la instauración del Principado como autonomía".

"Para mantener la dignidad hay que conservar también el sentido del humor", justificó elegante el dimitido presidente.

Los personajes

"Era un conglomerado de estrellas… que al final se estrellaron. Una serie de personajes pintorescos", resume el subdirector de 'El Comercio' sobre las tres personas claves del Petromocho: el político Zapico, el timador Lauze y el empresario Sitges.

  • El empresario
Sitges.
Sitges.

Los Sitges eran una de esas sagas familiares implicadas en la industrialización de Asturias desde el siglo XIX (lo que un marxista llamaría la oligarquía) desde la Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM). Aunque Juan Blas Sitges era el primogénito, fue su hermano Francisco Javier quien se haría cargo de las empresas participadas por su familia, entre ellas, Asturiana de Zinc (heredera de RCAM e integrada en Banesto). Juan Blas Sitges quedó como consejero.

Los hermanos Sitges estaban vinculados a la Corporación Industrial de Banesto, a Mario Conde y al rey Juan Carlos I. Este triángulo de placer y negocios dio lugar a episodios náuticos erráticos en los días de vino y rosas de la democracia. Una de las empresas asturianas de los Sitges, Mefasa, pasó de fabricante de papeleras a 'astillero de los millonarios': construyó yates para Mario Conde y Javier de la Rosa y restauró el del Rey (el 'Fortuna', regalo de Arabia Saudí). Poco después del Petromocho, estalló el escándalo Mario Conde: Francisco Javier Sitges fue procesado y absuelto por el caso Banesto, el Rey dejó de dirigirle la palabra… y Mefasa volvió a fabricar papeleras. 1993, por tanto, no fue el mejor año para los Sitges.

Pero volvamos con el gran protagonista del Petromocho: Juan Blas. El mayor de los Sitges —con la ayuda de Banesto Ventures— ya había intermediado meses antes en otro proyecto petroquímico fallido en Asturias: Panoco. Pero no escarmentó.

Cuando le tocó dar explicaciones en sede parlamentaria, Vigil achacó la falta de controles del Petromocho a un exceso de confianza: "Nos fiamos de un empresario asturiano". Se refería a Juan Blas Sitges, que llevó a Maurice Jean Lauze hasta el corazón mismo del poder asturiano. A ningún político le dio por pensar que al empresario —al que le prometieron la presidencia de Petróleos Asturianos— se la hubieran podido meter doblada, así que el timador francés entró hasta la cocina.

No obstante, fuentes periodísticas asturianas conocedoras de los entresijos de la familia Sitges, califican sin medias tintas a Juan Blas: "Era el hermano tonto de la familia, casi te diría que le faltaba un hervor".

  • El timador
Lauze.
Lauze.

Maurice Jean Lauze subió la apuesta ilusionista tras estallar el escándalo. En una entrevista en 'La Nueva España', que le localizó en un modesto piso madrileño en Delicias, vino a decir que el timado había sido él y que la petroquímica se había volatizado por la precipitación electoral del Principado... Ya saben: la mejor defensa es un buen pim pam pum:

"Tras firmar con Zapico les dije que no podía asistir a una rueda de prensa, que me estaba prohibido. Pero el presidente, siempre con su sonrisa, me dijo: 'No se preocupe, va a ser muy breve... Quisieron que se firmase porque venía el presidente del Gobierno [Felipe González]. Se tuvo que firmar cuanto antes porque este señor [Felipe] venía el sábado a inaugurar la planta de Du Pont".

"Esto no se tendría que haber firmado, tendría que haberse esperado a que viniera el señor árabe que me había mandatado".

"El árabe aparecerá, porque va a montar gasolineras en España".

Y así sucesivamente...

Nota de color: "El francés recibió a 'La Nueva España' en camiseta con tirantes, mientras dos perros enanos correteaban por el salón", según el rotativo, que también habló con su mujer, la española Francisca Romero, que dejó una perla surrealista: "Le dije a mi marido: no vayas [a Asturias], es una encerrona. Me disgusté. Si no hubiera habido tanto rollo, se solucionaba perfectamente. Lo de Arabia [el desmentido oficial] no significa nada: príncipes árabes hay unos setecientos". En resumen: ¿Qué queréis? ¿Un príncipe árabe con dinero? No os preocupéis, que ya traigo yo uno...

Por cierto, Lauze también aseguró que su salario sería el 1% de las acciones de Petróleos Asturianos.

Una de las preguntas del millón es saber si el sacacuartos francés llegó a cobrar por el Petromocho. "Lauze no llegó a pillar comisión… quizá por la rapidez con la que el periódico puso en duda el negocio. Si se hubiera alargado, igual hubiera cobrado algo, no sabemos muy bien de quién, si del Principado o de otro lado. El objetivo era que aquello fuera rodando y poner el cazo en el momento oportuno. Tenía una serie de deudas en Murcia, unos cuantos millones de pesetas que trató de conseguir en Asturias, aunque nunca supimos qué buscaba a ciencia cierta: si cobrar una comisión, conseguir autorizaciones de la administración para traspasarle luego el negocio a alguien o si actuaba de comisionista de un tercero", aclara el periodista Ángel González.

Era un encantador de serpientes. Un galán, alto, pelo blanco, con buena fisionomía y trato exquisito: un embaucador en toda regla

Dado que luego se supo que Lauze no contaba con medios suficientes para montar un engaño sofisticado —ya saben: oficinas en la Castellana, vehículos de alta gama, cenas en Casinos— cabría pensar que su éxito se debió a su encanto personal.

Así le describió Zapico: "Galantería, elegancia y distinción". "Fantasioso y megalómano", dijo 'La Nueva España'.

"Era un encantador de serpientes. Un galán, alto, pelo blanco, con buena fisionomía y trato exquisito: un embaucador en toda regla", describe Ángel González.

'La nueva España' publicó el historial delictivo de Lauze (Francia, 1920). La policía española le tenía fichado por dos 'bisnes': falsificación de documentos —detenido en Hospitalet en los años setenta— y una estafa de 50 millones de pesetas en Madrid en 1979. El intermediario llevaba afincado en Murcia desde la Transición. Un refugio en el sur tras una azarosa vida como, ojo al dato, miembro de la OAS, organización paramilitar contraria a la retirada francesa de Argelia, para la que gestionó una imprenta que falsificaba bonos del Estado francés.

Ya en España, Lauze se compró una casa de campo cerca de Águilas. En la zona todos le conocían como "el francés de Cocón". Allí se dedicó, según la prensa asturiana, a "tejer ante sus convecinos una leyenda de millonario y hombre de mundo". Bueno, se dedicó a eso... y a timar a unos cuantos murcianos incautos también.

El Petromocho fue el clásico gran golpe para zanjar una carrera y lograr un retiro dorado. No obstante, 25 años después, el enigma Lauze sigue en pie. El periodista de 'La Nueva España' que le localizó en Madrid, trató de ponerse en contacto con Juan Blas Sitges ese día. Al plumilla le llamó la atención el contraste entre la modestia del pisito de Lauze y el lujo de la oficina de Asturiana de Zinc junto a la Castellana. "El primero, con gran despacho y oficina en zona próspera de Madrid; y 'el francés', con sus bienes hipotecados y una retahíla de deudas". Todavía hay clases.

El vendedor de humo francés fue condenado a un cuarto de millón de pesetas de multa y a un año de cárcel por falsificar documentos oficiales. Ni pagó la multa ni pisó la prisión. Bueno era él. El Petromocho le salió gratis.

  • El consejero
Zapico.
Zapico.

Víctor Zapico fue primero comunista —consejero del Partido Comunista de Asturias en el Principado cuando arrancó la autonomía— y luego socialista, tras ser captado por José Ángel Fernández Villa —el gran poder asturiano en la sombra durante varias décadas— para engrosar la filas del PSOE. Fue director regional de Minas y consejero de Industria.


"Era un personaje peculiar que quería pasar a la historia de Asturias con un gran proyecto industrial que aliviara las penalidades de la reconversión. No dejó que los técnicos de la consejería entraran a negociar el Petromocho. A Zapico se le hicieron los ojitos chiribitas cuando le dijeron que detrás estaba un príncipe saudí", resume el subdirector de 'El Comercio'.

Lo crean o no, Zapico aún tuvo tiempo de protagonizar un escándalo aún mayor que el Petromocho. Y no hablamos de las veces que le tocó la lotería, según fuentes periodísticas asturianas, sino de la mina La Camocha.

En efecto, su carbonización con el Petromocho no fue óbice para que Zapico -hombre de Villa- se convirtiera luego en directivo (con mando en plaza) de una de las minas más legendarias de la periferia gijonesa: La Camocha (1935-2008). La cosa acabó fatal: en 2014, tres directivos de la mina, incluido Zapico, fueron condenados a 9 años de cárcel por fraude de subvenciones; aunque el proceso fue anulado, se repitió a finales del año pasado: el presidente de la empresa fue condenado a 7 años y medio de cárcel; Zapico había fallecido 8 meses antes…

Atentos al fraude de La Camocha porque es de no creer: los directivos compraban carbón en el extranjero, lo trasladaban a Asturias y lo hacían pasar por carbón de La Camocha para cobrar subvenciones por valor de 93 millones de euros y lograr así mantener la mina abierta (sí, era más barato traerlo de fuera en una operación clandestina que producirlo en la mina). O la obsesión de Zapico por paliar la reconversión en fase manierista y delictiva...

Moraleja: Ante el estupor del PP, el PSOE volvió a ser el partido más votado en Asturias en las elecciones generales de 1993, pero el Petromocho generó una fisura cultural que trascendió el corto plazo. "El nuevo Gobierno regional no puede dar albergue ni a los alucinados ni a los aventureros. El escarmiento ha sido demasiado duro", escribió Carantoña, histórico director de 'El Comercio', tras la dimisión del presidente del Principado. ¿Petróleo en Asturias? El Petromocho como alucinación.

La entrevista

Juan Luis Rodríguez-Vigil empezó su carrera política en el antifranquismo del Frente de Liberación Popular (Felipe). Fue abogado laboralista y consejero de Sanidad en el primer Gobierno autonómico. El Petromocho puso fin abruptamente a su carrera política. Hablamos por teléfono con Rodríguez-Vigil, de 73 años, sobre la fontanería del Petromocho.

PREGUNTA. Quería empezar hablando del contexto previo al Petromocho: la reconversión industrial y los parches del Gobierno autonómico para escapar de la recesión...

El invento de las autonomías dio lugar a un espíritu milagrero en toda España, con la gente reclamando que las autonomías resolvieran problemas que les superaban

RESPUESTA. Estábamos inmersos en una crisis de empleo brutal, con Asturias concentrando el 80% de la reconversión industrial del país, al solaparse la crisis minera, la siderúrgica y la del naval. El invento de las autonomías dio lugar a un espíritu milagrero en toda España, con la gente reclamando que las autonomías resolvieran problemas que les superaban, como la reconversión industrial. Pensemos en la dimensión minúscula de Asturias, una comunidad autónoma uniprovincial y con pocos recursos.

P. Tras unos años ochenta explosivos, la conflictividad laboral por la reconversión tocó techo el año (1991) que usted llegó a la presidencia autonómica. ¿Cuál era la situación en el PSOE regional entonces?

R. Yo no estaba nada cómodo en mi partido. Se dijo, aunque no era cierto, que a mí me puso de presidente el sindicato minero [Soma-UGT, controlado por José Ángel Fernández Villa, histórico sindicalista de la minería caído en desgracia hace tres años acusado de corrupción]. Lo que sí hice —con gran ingenuidad— fue intentar integrar en el Gobierno a todas las corrientes… y luego me arrepentí. Entonces había una lucha a muerte entre el sindicato del metal y el de la minería, se odiaban y se han odiado siempre. Les pedí que aparcaran sus diferencias y remaran por el bien común; me prometieron que lo harían, pero pronto volaron otra vez los cuchillos. Fue muy necio por mi parte someterme a ese tipo de componendas. No fue un Gobierno hecho por mí, sino con cuotas, como la consejería de Industria, controlada por el sindicato minero. Si hubiera dependido de mí, nunca hubiera nombrado a Zapico para ese puesto.

P. Cuesta creer que no se tomaran más medidas de control antes de firmar el acuerdo con el embaucador francés...

25 años después, sigo sin tener claro cómo pensaban lucrarse con este asunto

R. Quiero aclarar una cosa: es imposible que se hubiera materializado la estafa, lo único que podían haber rascado era apoyo para obtener ayudas nacionales y europeas, muy altas, eso sí: hasta el 40% de la inversión, pero se pagaban por obra realizada. 25 años después, sigo sin tener claro cómo pensaban lucrarse con este asunto.

P. Dice que Zapico era cuota impuesta por Villa. En el comunicado de su dimisión mencionó la "ingenuidad" del consejero durante el Petromocho. ¿No hubo también delirios de grandeza? Digo, por el secretismo con el que llevó la negociación, sin consultar a los técnicos de la consejería, como si quisiera llevarse el mérito de gran salvador de la reconversión industrial.

R. Es posible que Zapico tuviera su vanidad, pero por mucha manía que tuviera yo a ese hombre, lo que es objetivo es que no hubo riesgo de estafa. Aunque es cierto que la conducta posterior de Zapico fue un tanto choriza…

P. Por lo de la mina La Camocha…

R. Sí, por lo de La Camocha, pero con el Petromocho no hubo guarrería alguna.

P. Respecto a la psicología del timador francés…

R. Bueno, yo no le conocí más que un momento…

P. El día de la rueda de prensa…

R. Sí. Los que tuvieron más contacto con él fueron Sitges y Zapico.

P. ¿Eran Sitges y Zapico dos cándidos predispuestos a ser engatusados o había algo más?

R. Pues… Al margen de sus tendencias ideológicas, Zapico no tenía la formación adecuada para gestionar este proyecto, lo que explica en parte mi dimisión: a Zapico le nombré yo. Responsabilidad 'in eligendo' e 'in vigilando', pero sobre todo 'in eligendo'.

P. En el comunicado de su dimisión hablaba de "dignidad" y "honor". No obstante, podía haber entregado la cabeza de Zapico, apagar así el fuego, y aquí no ha pasado nada. Si lo miramos retrospectivamente, usted sería la excepción que confirma la regla: la dimisión es el último recurso en España... y la resistencia a hacerlo el deporte nacional.

Fue una payasada, algo tan grotesco que me da la risa solo de pensarlo. En política no se puede hacer el ridículo

R. Procedo de una familia republicana. Siempre me he guiado por ese esquema moral, esa vieja cultura republicana que determina una forma de ser y un elevado sentido de la responsabilidad: no se pueden hacer cosas ignorando las consecuencias.

P. ¿Felipe González le pidió que dimitiera?

R. No, al contrario. Felipe vino a inaugurar la factoría de Du Pont durante la campaña. Le fui a recoger. En el viaje en coche del aeropuerto a la Du Pont, me preguntó: "¿Aquí qué pasó? ¿Se ha llevado alguien dinero?" Le dije que lo único que se había llevado el pájaro había sido una comida y una estatuilla de la Caja de Ahorros. Nada de nada. Felipe me sugirió que cesara a Zapico... y aquí paz y después gloria. Pero le dije: "Mira, Felipe, yo conozco mucho mi tierra y tengo un sentido grande del ridículo, esto ha sido una payasada, algo tan grotesco que me da la risa solo de pensarlo. En política no se puede hacer el ridículo. No tuve la decisión, el valor o la lucidez de negarme a que Zapico fuera el consejero; solo me queda dimitir por un mínimo sentido de la responsabilidad. Yo me voy".

P. ¿Cómo se lo tomó Felipe González?

R. Le sentó muy mal. Ten en cuenta que entonces había varios miembros del partido en problemas [son los años de la corrupción y la crispación que marcaron la posterior caída del felipismo]. Dimitir te ponía fuera de la corriente, me trajo muchos problemas en el partido, nunca entendieron bien aquello, les pareció propio de un chisgarabís, no encajaba dentro del esquema normal y razonable, era una conducta extraña.

P. El último ejemplo de esta larga tradición de resistencias numantinas es el de Cristina Cifuentes en Madrid. ¿Qué le parecen este tipo de atrincheramientos?

Llega un momento en el que te das cuenta de que correr por correr y subir por subir es una gilipollez

R. Yo al principio lo pasé mal, pero nunca me arrepentí de la decisión, al contrario, me permitió abrir mi vida a cosas que nunca hubiera hecho en la primera línea política. No sé si conoce usted un relato de Alan Silitoe, el escritor inglés de la generación de los airados... No me sale ahora el título…

P. ¿'La soledad del corredor de fondo'?

R. Sí, justo. Me sentía como el personaje del libro: que corría y corría, y de pronto se paraba en una piedra, y pensaba: "Estas corriendo pero... ¿para qué corres? Corro porque tengo que correr". Pues bien: llega un momento en el que te das cuenta de que correr por correr y subir por subir es una gilipollez. Mucha gente está hoy en la política para estar en la política no para hacer política, aunque tampoco me quiero hacer el guapo…

La profecía de Ozores

Pese a las evidencias de 'El Comercio, al Gobierno asturiano le costó reconocer la verdad: el timador francés les había dicho que detrás de la operación estaba un príncipe que era el accionista mayoritario del banco saudí, pero exigía discreción máxima. O el folclore del jeque árabe dispuesto a invertir a lo loco en España funcionando a pleno rendimiento.

Ya lo advirtieron Pajares, Esteso y Ozores en 1979: los pelotazos energéticos en España suelen acabar como el rosario de la aurora, y cuando uno ve pasar un intermediario con turbante y maletines de millones, debe echarse a temblar. En 'Los energéticos' (Mariano Ozores 1979), un Antonio Ozores con la cara pintaba de betún llevó el arquetipo del jeque árabe suelto por España más allá del astracán.

Pero la Profecía Ozores no fue tomada en serio por las autoridades, quizá porque, por mucho que lo intenten Pajares y Esteso, la realidad celtibérica siempre supera a la ficción.

A finales de los ochenta, y tras decir el ministro de economía, Carlos Solchaga, que España era el país donde era más fácil hacerse rico, emergió una nueva figura pop: la del jeque árabe que tenía tantos petrodólares que casi no le importaba regalarlos: recuerden el estrepitoso y delictivo auge y caída de KIO (y la millonada que se llevaron unos cuantos pícaros españoles a cuenta del dinero de Kuwait).

Pues bien: entre la documentación (falsa) aportada por Maurice Jean Lauze al Gobierno asturiano, estaba un poder firmado por un (supuesto) ejecutivo del Saudi International Bank. Se trataba de un príncipe y familiar directo del Rey de Arabia Saudí llamado (tomen aire): Abdulah Ibn Faisal Ibn Tuzki-al-Abdullah al-Saud… 

Nunca acabó de quedar claro si el timador francés había usurpado la personalidad de un personaje real —el presidente del 'holding' de las compañías petroquímicas de Arabia Saudí, pariente lejano de la familia real saudí, tenía un nombre similar— o si era un nombre inventado; pero la historia del misterioso príncipe saudí que quería convertir Asturias en la nueva meca del petróleo fascinó al consejero de Industria del Principado, Víctor Zapico, embobado ante esta nueva versión de las mil y una noches.

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