las huellas de Julio verne

El 'Nautilus' vuelve a Galicia: el fabuloso tesoro sumergido en la ría de Vigo

La ciudad gallega celebra su vinculación con el autor francés y con su obra ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’, que sitúa en la ría viguesa un capítulo crucial

Foto: Grabado de 'La batalla de Rande', el tesoro hundido en la ría de Vigo que inspiró a Verne
Grabado de 'La batalla de Rande', el tesoro hundido en la ría de Vigo que inspiró a Verne

En 1868 el 'Nautilus' alcanzó la ría de Vigo, se sumergió en sus profundidades y –ojo al spoiler– extrajo de sus tesoros toda la riqueza que el capitán Nemo precisaba para financiar sus excéntricas aventuras. Quedó una frase para el recuerdo: “Pues bien, señor Aronnax, estamos en la bahía de Vigo, y solo de usted depende que pueda conocer sus secretos”. Y la entonces pequeña ciudad gallega, ajena todavía al crecimiento que en el siglo XX la convertiría en la mayor de Galicia, pasó a formar parte de una de las obras literarias más leídas de todos los tiempos. Fue el 18 de febrero de aquel año, hace exactamente 150, un aniversario que Vigo no ha querido pasar por alto, y que ha celebrado en un ambiente de creciente recuperación de la vinculación de Jules Verne con la ciudad.

Un encuentro internacional atrajo estos días a algunos de los principales expertos en Verne del mundo, llegados de Nantes, París, Turín Valencia o Barcelona. Entre ellos, el mayor coleccionista del universo verniano, el noble italiano Piero Gondollo della Riva. Fue gracias a él, y al contacto que estableció en 2013 de forma poco menos que casual con el periodista vigués Eduardo Rolland, como se pudieron desentrañar las incógnitas de otro hito de la conexión Vigo-Verne que en 2018 está de aniversario: la primera visita, hace 140 años, del escritor de Nantes a la ciudad, que quedó perfectamente documentada en un diario de Verne que permaneció inédito hasta el feliz encuentro entre Della Riva y Rolland.

Mucho se habló durante los días que duró el encuentro internacional ‘De Verne a Vigo’ de los motivos que llevaron al autor a situar en la ciudad y su ría, que aún no había visitado, un capítulo tan crucial de su novela. De alguna manera, Verne necesitaba una explicación literaria de la inconmensurable fortuna del famoso capitán, y si de fortunas se trata, pocos acontecimientos históricos como el de la batalla de Rande de 1702, conocida en muchos países como la batalla de Vigo, en la que desapareció el mayor tesoro que haya cruzado jamás el océano Atlántico.

Tesoros bajo el mar

La batalla de Rande se libró en el interior de la ría viguesa y enfrentó a las escuadras de las coaliciones anglo-holandesa e hispano-francesa, en el contexto de la Guerra de Sucesión Española. La flota de Indias estuvo bloqueada en La Habana y en Tierra Firme durante años, acumulando riquezas que debían servir para financiar la contienda. Tal era la fortuna a bordo que incluso se tiraron las bombas de los cañones para sustituirlas por grandes esferas de plata que se pintaban luego de negro, para traer más metales preciosos de estraperlo. La leyenda dice que parte de aquellos tesoros se encuentra aún hoy bajo el mar entre los pecios, aunque la realidad dicta que los galeones fueron convenientemente saqueados antes de que la flota al mando de sir George Rooke los enviase al fondo de la ría.

Pues bien, señor Aronnax, estamos en la bahía de Vigo, y solo de usted depende que pueda conocer sus secretos


Pero eso no se sabía en el momento en que Verne escribió la novela, entre 1866 y 1870. “En aquellos años, la batalla de Vigo estaba de actualidad debido a un escándalo financiero internacional relacionado con los derechos de rescate de los tesoros de Rande”, precisa Rolland, codirector del portal de divulgación GCiencia y organizador de las jornadas. “Un tal David Langland, de nacionalidad inglesa, había obtenido licencia de la corona de España para rescatar los tesoros, pero no la utiliza, la revende y estafa a un montón de inversores europeos que compran acciones falsas. Todos los periódicos de Europa, especialmente los de Francia, estaban hablando de las campañas de rescate de los tesoros como consecuencia de esta estafa internacional”.

'Veinte mil leguas'. (Nórdica)
'Veinte mil leguas'. (Nórdica)

Así debió ser cómo Verne supo de la existencia del tesoro, de Rande y de Vigo, hasta decidir utilizarlo en ese capítulo de la célebre novela titulado 'La bahía de Vigo' en el que se puede situar el inicio del desenlace. Pero hubo más, porque la célebre batalla no solo le sirvió en bandeja al autor la carta financiera del capitán Nemo, sino también algunas de las tecnologías que Verne aprovechó para su obra. “Hay dos en concreto que emplean los buceadores del Nautilus. Una de ellas son las lámparas eléctricas Ruhmkorff, una novedad en esa época, más seguras que las de combustión a las que sustituían, y que se emplearon bajo el mar por primeva vez en Vigo, en la campaña que hizo Hipólito Magen para buscar los galeones de Rande. Es evidente que Verne conocía de la campaña de Magen y del uso de esas lámparas, que decide entregar a sus buceadores de ficción en el Nautilus”, apunta Rolland.

La trastienda

El segundo elemento son los respiradores llamados Rouquayrol de esos mismos buceadores, que también fueron empleados por primera vez de una manera profesional en la ría de Vigo. “Ya se habían presentado en la Exposición Universal de París un par de años antes de que escribiese la novela, pero sólo a manera de exhibición. Hay una relación evidente entre las noticias que está leyendo sobre la campaña de Magen y los adelantos técnicos que luego refleja en su novela”, sostiene el organizador de ‘De Verne a Vigo’.

“Busqué en los periódicos franceses de la época y son incontables las noticias en que se hablaba de Vigo, en muchísimos periódicos y revistas. Incluso acompañadas de grabados, en el momento en que estos comienzan a aparecer en la prensa diaria, y hay muchísimos que muestran estampas de la ría de Vigo y de los buceadores de la expedición de Magen. Es evidente que Verne, que era un gran lector de periódicos, aprovechaba esas noticias para inspirarse y equipar a los buceadores del Nautilus”, concluye Rolland.

Que Verne situase en Vigo tan importante capítulo no significa que se sintiese la obligación de conocer la ciudad. Solo una casualidad, una tormenta que amenazaba su yate, el St. Michel III, con el que realizaba un viaje de placer, le obligó a recalar en el puerto vigués en 1878, hace 140 años. De ese viaje y del que realizaría seis años después, en ese caso por una avería en el mismo barco, se conocían hasta ahora datos difusos. Verne era ya un personaje famoso y la prensa local de la época se hizo eco de aquel acontecimiento, pero la hemeroteca está preñada de errores y contradicciones. Solo la aparición del famoso diario de Verne permitido reconstruir con detalle aquellas dos estancias.

"Admirable bahía'

Por ejemplo, Verne escribe: “Domingo, 2 de junio. Paseo matinal a las 6 horas con Pierre. Barco de vapor. Fondo de la bahía. Galeones. Vista. Un verdadero fiordo. Graneros de maíz. Naranjos. Retorno a bordo”. O más adelante: “Con el cónsul. Cargamos carbón. Cena a bordo del Flore. Comedor de oficiales. Siete salvas de cañón por el cónsul. Noche. En la casa del cónsul. Procesión. Mujeres sobre las rodillas durante cuatro horas. De 4 horas a 8 horas. Retorno a bordo. Mujeres con colores vistosos, amarillo, rojo y verde”. Le acompaña en su travesía el diputado francés Edouard Raoul Duval, mucho más expresivo en su propio diario: “No podéis imaginar nada más admirable que esta bahía de Vigo, lago inmenso rodeado de montañas cortadas a pico cuyas cimas acaban como las de los Pirineos: algo así como el lago de los Cuatro Cantones en una latitud meridional”.

Gracias a los carnés de viaje, de puño y letra de Verne, sabemos que se integró plenamente en la vida social de la ciudad

Rolland explica así la importancia de los diarios: “Cambiaron la imagen de las dos visitas del escritor a la ciudad. Hasta entonces se pensaba que habían sido dos breves escalas en 1878 y 1884, pero gracias a los carnés de viaje, de puño y letra de Verne, conocimos que pasó cuatro días y tres días en los que se integró plenamente en la vida social de la ciudad, participó en la procesión del Cristo de la Victoria, en las fiestas de la Reconquista, asistió a bailes en sociedades recreativas como La Tertulia o El Casino, visitó casas de personajes destacados de la ciudad y la paseó cada día, acudiendo al monte de O Castro para admirar las vistas de la ría, tomando café en el Café Suizo, para leer la prensa internacional que allí se recibía o dejando sus cartas en el hotel Continental”.

Durante tres días, Vigo se sumergió en el encanto de Verne en un encuentro internacional que repasó todas estas anécdotas, y que incluyó conferencias y rutas literarias y marítimas, entre otras actividades. Pero la ciudad continuará la celebración de su particular año verniano con una exposición sobre al autor de Nantes, e incluso se plantea reconocer esa vinculación con un museo estable. Quizás el tesoro de Vigo no se encuentre bajo la ría, como se pensaba, sino en una combinación de realidad y ficción literaria que hacen de ella una de las ciudades más vernianas del universo.

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