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esnobismo y prejuicios

Contra la lectura: no, leer no te hace más inteligente ni mejor persona

Blackie Books publica por primera vez en español este ensayo literario de culto de la inglesa Mikita Brottman que desmitifica, con sagacidad y buen humor, el acto de leer

Foto: Una mujer en un mar de libros en Ginebra (Suiza). (Efe)
Una mujer en un mar de libros en Ginebra (Suiza). (Efe)

Dice Mikita Brottman que leer y masturbarse son dos actividades que se asemejan más de lo que podría parecer al primer vistazo. “Aunque en un principio no parezca evidente, las dos actividades tienen mucho en común. Ambas suelen llevarse a solas y en privado, a menudo en la cama y por la noche, antes de dormir”, argumenta en 'Contra la lectura' (Blackie Books, 2018), un ensayo sobre la personalísima pero transferible —al fin y al cabo ni usted ni yo somos tan especiales como para tener unos hábitos de lectura únicos e irrepetibles— relación del lector con el acto de la lectura y con los libros como objetos que pueden acercar las pasiones más encendidas o matarte traicioneramente con el filo de sus hojas.

Portada de 'Contra la lectura'
Portada de 'Contra la lectura'

No, 'Contra la lectura' no es un alegato en contra de nuestros amigos —a veces— los libros. Anticipándose a los críticos de comprensión más literal, Brottman defiende que es más bien una carta de amor con peros: "el primero de ellos es que la lectura, en sí misma, no es necesariamente una actividad virtuosa; qué se lee y cómo se lee marcan la diferencia. El segundo es que leer demasiado es, de hecho, algo posible".

Porque en la sociedad se ha instalado la idea de que leer 'per se' es algo bueno. Da igual qué. No importa si es el 'Mein Kampf' o el último título sobre sanación del cáncer a través de la imposición de pies. ¿Con abrir la página de un libro uno se vuelve más inteligente, mejor persona? Pues no. El acto de la lectura viene a veces acompañado de una especie de pensamiento mágico —"los libros te hacen mejor persona"—, de cierto narcisismo —yo soy mejor que tú por el simple hecho de leer— y algo de nostalgia —¡el libro ha muerto! ¡salvemos al libro!—. Además, con la aparición de la nuevas tecnologías, los límites que acotan el concepto de lectura se han visto difuminados: ¿es lo mismo leer una novela en formato papel que en un móvil?, ¿es lo mismo leer un cuento corto que un reportaje de un periódico digital?

En la sociedad se ha instalado la idea de que leer, per se, es algo bueno

Más que a la lectura en sí, la autora ataca el esnobismo, los prejuicios y los dogmas de fe de los que se rodea. Por ejemplo, la idea extendida de que internet se ha convertido en el depredador natural de la industria editorial. Si la gente pasa más tiempo en las redes, leen menos. Si leen menos, disminuyen los índices de alfabetización. Si leen menos, también se venden menos libros. Además, las grandes multinacionales están acabando con las pequeñas librerías. Los últimos estertores del formato en papel. Sin embargo, Brottman plantea que la llegada de internet ha supuesto, más bien al contrario, la democratización de la lectura. Nunca había sido tan fácil encontrar un libro descatalogado ni comprar un libro tan barato como ahora, aduce. Eso sí, otra historia es el abaratamiento de la producción literaria y lo que supone la competitividad por ofrecer los precios más bajos.

"Ahora, además, se publican más libros que en cualquier otro periodo de la historia", explica. Y aunque Brottman se centra en el mercado estadounidense —actualmente reside en Baltimore—, si miramos los datos que el Ministerio de Cultura ofrece del sector del libro en España, la conclusión no es muy diferente. Las cifras son mareantes. "España es el noveno mercado del libro más grande del mundo, con un volumen de ventas de 2.889 millones de euros" y supone casi el 1% del PIB total, analiza el último informe. Recientemente, el antiguo director de una de las librerías más importantes en español del mundo se sorprendía de que la industria de cine celebrase la taquilla de 103 millones de euros de la producción nacional, cuando dicha librería, en solitario, supera esos ingresos anuales. Así que no, el libro no ha muerto.

Una librería de Madrid. (Efe)
Una librería de Madrid. (Efe)

Además, a diferencia de en otras épocas históricas, al libro no se le tose. Si en otros momentos más oscuros de la humanidad los analfabetos lo veían como un grimorio —dibujos raros, gente huraña, y una probable capacidad de invocar bichos demoníacos— y Platón pensaba que los libros "eran un impedimento para el verdadero aprendizaje", actualmente las campañas de fomento de la lectura con las que dan la matraca en los institutos y las marquesinas callejeras inciden en que leer es indiscutiblemente positivo, sin recomendar hacerlo de forma reflexiva y crítica. ¿Bajo qué criterios se seleccionan las lecturas obligatorias en los centros escolares? ¿Hay que optar por clásicos indiscutibles que a veces resultan pesados o títulos actuales elegidos al alimón? ¿Todos los libros son buenos para todas las personas, independientemente de sus circunstancias?

'Reading is sexy'. ¡La literatura debe ser importantísima porque sirve para follar!

Por otro lado, algunas de las campañas más novedosas para estimular a la gente a leer acaban cayendo en argumentos tan baratos y superficiales como el de que un libro te puede servir para ligar, porque 'Reading is sexy'. Coincidiendo con la banalización que, según Brottman, estas campañas hacen del ejercicio de leer, el crítico y escritor Joaquín Jesús Sánchez cargaba en 'Jot Down Smart' contra este tipo de eslóganes: "Seguro que les han fustigado con la penosa frase de John Waters: 'Tenemos que hacer que los libros vuelvan a molar. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles'. O su reducción, que ha sido adoptada en la comunicación de muchas editoriales: 'Reading is sexy'. ¡La literatura debe ser importantísima porque sirve para follar!".

Una ilustración de Jane Austen
Una ilustración de Jane Austen

Y eso, sin hablar de los aspectos más nocivos para quienes no saben digerir aquello que leen o no pueden relacionarse de forma sana con el libro-objeto. Brottman, recurriendo a su propia experiencia, plantea que los libros tienen muchos aspectos positivos, pero que también esconden un lado oscuro. Como, por ejemplo, el aislamiento social que puede sufrir un lector compulsivo que prefiere el trato con la tinta y el papel antes que con personas de carne y hueso. O la idea de amor romántico que puede tener una adolescente que base sus aspiraciones en Jane Austen o las Brontë. O la frustración que conlleva descubrir la distancia entre la representación idealizada de algo en una novela y la realidad representada. O las suspicacias que despierta en sociedad alguien a quien le gusta disertar sobre sus lecturas. O los peligros de convertirse en un bibliomaníaco o coleccionista obsesivo de libros, que da más valor al objeto que al contenido.

Pero en 'Contra la lectura', Brottman también habla de aquellos títulos que le han cambiado la vida también para bien. Porque no todo va a ser lo malo.

"Leer es importante, es cierto", concluye 'Contra la lectura', "pero también lo es saber cuándo dejar de hacerlo, incluso aunque solo sea un momento. Es importante tener la cabeza despejada y mantenerla así para detener el flujo de pensamientos, la conciencia del futuro y del pasado inmediatos, la preocupación sobre qué debemos hacer a continuación o sobre qué pasó ayer". En definitiva, leer con criterio, con mesura y con conciencia, como todo en la vida, que dicen. O no.

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