Actor Excéntrico

El día en que Joaquin Phoenix engañó a todo Hollywood desde el infierno

El conocido actor, protagonista de 'En realidad, nunca estuviste aquí', y su amigo Casey Affleck se quedaron con la crítica y el público en 2010

Foto: Joaquin Phoenix en 'I’m Still Here'
Joaquin Phoenix en 'I’m Still Here'

Fue una actuación digna de Oscar. Un engaño mantenido en secreto durante dos años que sólo conocían sus protagonistas, Joaquin Phoenix y su cuñado Casey Affleck, y que pretendía narrar el descenso a los infiernos del primero después de anunciar que abandonaba el cine para perseguir otros sueños. Phoenix regresa este fin de semana a las pantallas con 'En realidad, nunca estuviste aquí, pero nunca estuvo más lejos de ellas que cuando estrenó 'I’m Still Here' en aquel célebre festival de Venecia.

Corría el verano de 2010 y la cinta era uno de los platos fuertes de una Mostra que se llevó 'Somewhere' de Sofia Coppola y que otorgó el premio al mejor director a Álex de la Iglesia por 'Balada triste de trompeta'.

Pero el tipo que robó el show por completo fue Phoenix. No en vano, llevaba dos años desaparecido de las salas de cine y su aspecto desaliñado (melena alocada, barba de varios meses) se parecía más al de un hipster pasado de rosca que al de un icono generacional que apenas cuatro años antes, en 2006, había estado nominado al Oscar al mejor actor por Walk the Line. El motivo, un documental que narraba su abandono del cine y sus primeros pinitos en la industria del hip hop.

Ver a Phoenix pasear por Venecia —eso sí, afeitado y con un aspecto más saludable— levantó todo tipo de intrigas entre la prensa y el público desplazado hasta la cita. ¿Iba en serio aquel documental? ¿Era todo una broma entre él y Affleck? El segundo no se cansó de repetir que lo que se iba a ver en pantalla era todo verídico, que había obtenido permiso de Phoenix para documentar su salto al mundo de la música mientras, por el camino, tiraba por la borda su carrera cinematográfica.

Una entrevista célebre

Todo aquello había comenzado en octubre de 2008 y se había confirmado en una famosa entrevista, por llamarla de alguna manera, en el show de David Letterman en febrero de 2009. Phoenix, que venía de estrenar 'Two lovers', se pasó los diez minutos de intercambio dialéctico entre balbuceos y provocando las risas del personal escondido detrás de unas gafas de sol. Pero lo que en un primer momento parecía un montaje muy bien orquestado se tornó en noticia: Phoenix iba en serio con lo de abandonar la actuación.

Pero el órdago de Phoenix no era uno cualquiera. No era tu crisis profesional cuando rondas los cuarenta preguntándote qué haces con tu vida y flirteando con una infidelidad o cambiar de coche. No. Lo de Phoenix eran palabras mayores: drogas, prostitución… El pack completo. El actor incluso se enfrenta con su agente por una supuesta traición y en un descenso absoluto hacia los infiernos este le devolvía la afrenta y se iba de vientre encima suyo. A ese se le llama poner toda la carne en el asador.

La cinta se estrenó en Venecia un seis de septiembre ante el estupor de los allí presentes, que no sabían por dónde cogerla. Si todo aquello era una farsa, Phoenix merecía un Oscar (sin ceremonia ni parafernalia ni nominados) por haber engañado al mundo durante dos años. Y si realmente era mentira, se merecía por lo menos un sincero aplauso de admiración después de haber arriesgado su carrera como pocas celebridades habrían sido capaces. Ni siquiera Shia LaBoeuf ha jugado tan fuerte en estos últimos años.

Casey Affleck graba a Joaquin Phoenix en 'I'm still here'.
Casey Affleck graba a Joaquin Phoenix en 'I'm still here'.

Lleva al espectador al límite

Apenas diez días más tarde, Casey Affleck tuvo que salir a la palestra y descubrir el pastel. Que sí, que aquello había sido una enorme broma y que no le quedaba otra que admitirlo porque la bola de nieve se estaba comenzando a descontrolar. “Es una actuación espectacular. Es la actuación de su vida”, confesó el por aquel entonces cineasta novel al New York Times. Affleck quería llevar al espectador al límite y hacerle creer que lo que sucedía en pantalla era real. Que Phoenix era adicto a la coca, que sus flirteos con la música iban en serio, que era capaz de humillarse en público. Todo era falso e incluso se había rodado a la manera tradicional, ensayando planos antes de rodarlos. Según la versión del director, la cinta ofrecía pequeñas pistas para demostrar que todo era mentira, y ponía el ejemplo del trabajo de cámara, más crudo en los primeros compases y que poco a poco se dulcificaba a medida que avanzaba el metraje.

En una entrevista con el Telegraph, una vez descubierta la farsa, Affleck se sinceraba: “Vivimos obsesionados con las celebridades. Tenemos fijación por ellas. Las creamos, las destruimos y, por alguna razón que no llego a entender, tenemos un insaciable deseo por hacerlo una y otra vez. Esto le ha sucedido a gente a la que conozco de cerca y a otras personas que no conozco tan bien. Las elevamos y luego, de repente, las bajamos de nuevo”.

Joaquin Phoenix en la premiere británica de 'En realidad, nunca estuviste aquí'
Joaquin Phoenix en la premiere británica de 'En realidad, nunca estuviste aquí'

Talento antes que fama

¿Qué sucedió con Phoenix? El actor guardó un meticuloso silencio durante la promoción de la cinta, aunque 'I’m still here' no pareció dañar su carrera. Al contrario, le colocó en un lugar alejado de los grandes focos pero donde ha podido desarrollar su talento al servicio de reputados directores. No hay que olvidar que el intérprete se puso al frente de 'The master', de Paul Thomas Anderson, cinta que le permitió volver a recorrer la alfombra roja de los Oscar en 2013 en calidad de nominado a mejor actor. Una vez más, se quedó a las puertas del éxito.

Siete años después, el actor vuelve a copar portadas y titulares. Lo hace ahora, en pleno estreno de 'En realidad, nunca estuviste aquí', cinta que le valió el reconocimiento del jurado en el pasado Festival de Cannes y que ha vuelto a llamar la atención de los medios. Esta vez ha sido Bret Easton Ellis quien le ha dedicado un perfil en el New York Times en el que repasa su carrera y en el que, cómo no, se detiene un segundo a recordar lo que significó I’m Still Here: “Fue una experiencia sensacional: no ser capaz de encontrar tu luz, no llegar a dar la talla, no tener que memorizar ningún diálogo. Me permitió ser atrevido a la hora de tomar decisiones en lugar de ir a lo seguro”.

Probablemente fue la actuación de su vida. Y nadie tuvo el valor de reconocer que el mejor papel del año fue para un tipo que engañó a la industria cultural más poderosa del planeta durante casi dos años.

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