en el dcode se vivieron "jornadas infernales"

La rebelión de los camareros: algo huele a podrido en los festivales de música

En los dos últimos años, El Confidencial ha publicado varios artículos denunciando las condiciones laborales en los festivales de música españoles

Foto: Madrid festival Dcode 2017 (EFE)
Madrid festival Dcode 2017 (EFE)

“Nos pagaron ocho euros la hora, pero el plan de trabajo era demencial. Consistía en coger un autobús en Elche a las nueve de la mañana, llegar pasadas las dos del mediodía y trabajar doce horas. Luego tuvimos que esperar hasta las siete de la mañana para cobrar y coger el bus de vuelta muertos de sueño para llegar a casa a una del mediodía. Si divides 96 euros por esas 27 horas de disponibilidad te salen cinco con cincuenta y cinco la hora. Y acabas hecho un auténtico trapo”.

Habla uno de los camareros de barra de la última edición del festival DCode de Madrid, una denuncia que se suma a las que en los dos últimos años ha venido publicando El Confidencial acerca de las condiciones laborales de los empleados de estas citas, especialmente las de los empleados de barra de Benicàssim, pero también los de personal de MadCool y Marea Rock. El pasado mes de julio, comprobamos como el primer texto de denuncia, publicado en 2016, no parecía haber mejorado el trato que Benicàssim dispensa a sus empleados. La explicación es que dan los afectados es sencilla: la organización ha optado por reprimir filtraciones en vez de buscar maneras de mejorar la retribución y el descanso de sus trabajadores.

Así lo explica una de nuestras fuentes: “Los artículos de El Confidencial les han jodido mucho. Después de cada publicación, se han llevado a cabo reuniones e interrogatorios para intentar averiguar quién había colaborado con vosotros. En la bolsa de trabajo de barra del Dcode de Madrid, que manejan los mismos que el FIB -por lo menos, la barra que viene de Elche-, se ha eliminado a todo aquel que fuera sospechoso. Se ha “castigado” sin trabajo a tantos que está claro que se han llevado por delante a gente que no ha hablado. Su forma de manejar las denuncias de explotación consiste en perseguir, no en dialogar”, explica.

Jornada infernal en Dcode

La pregunta sale sola: ¿por qué traer a los camareros de tan lejos? El camarero del DCode prosigue: “En el sur hay niveles más altos de paro juvenil, por lo que es más sencillo encontrar jóvenes dispuestos a aceptar peores condiciones y remuneraciones. Pero, como siempre, la razón principal es el pánico a contratar camareros de la capital y que estos inviten a copas a sus amigos. Prefieren pagar ochocientos o mil euros por el alquiler del bus antes que arriesgarse a unas rondas gratis”, señala.

El plan de trabajo era demencial: coger un autobús en Elche a las nueve, llegar pasadas las dos del mediodía y trabajar doce horas

Curiosamente, la empresa encargada de las barras se esfuerza más que nunca por venderse como “sensible” a la comodidad de los trabajadores. “Cuando te explican el curro, subrayan que no te cobran por el viaje en autobús y que te dan un bocadillo por trayecto, como si fuera un derroche de generosidad. En realidad, el autobús lo pagamos nosotros, ya que no te remuneran por las horas de desplazamiento. La empresa se llama Sabrosón Servicios y trabajan los mismos que en la empresa del Festival de Benicàssim”, denuncia. Recordemos que en los grandes festivales no es extraño un caché de medio millón de euros para un cabeza de cartel.

Publirreportaje laboral

El mes pasado, un veterano ejecutivo del festival de Benicàssim, todavía en nómina, hacía circular por redes sociales un artículo que presuntamente desmentía las malas condiciones de los camareros. Se trata de un breve reportaje de la ignota página web Hipsterian Circus donde se consulta a tres empleados -todos ellos entusiastas- sobre el trato del festival. En el texto no se desmentía ni un solo dato de El Confidencial, sino que se recurría a la técnica de “otros pagan menos”.

Los testimonios, en realidad, resultan muy jugosos. Por ejemplo el de Borja, una de las fuentes consultadas: “Las condiciones del FIB son las mejores respecto a los demás, son los que más pagan (por encima de siete euros). En el Viña (VillarRobledo) alcanzan la misera cantidad de cinco euros la hora y en el Dreambeach (Almería) se han llegado a dar las condiciones de trabajar más de veinte horas seguidas con tan solo veinte minutos de descanso por cien euros”. La información que da Borja no es del todo exacta, ya que “en los festivales del norte como Azkena y BBK Live se paga diez euros la hora, más transporte y alojamiento”, asegura nuestra fuente.

Divide y vencerás

Entre los testimonios de los camareros de Benicássim destacan muestras de menosprecio a los compañeros que habían denunciado sus condiciones laborales. Por ejemplo, esta frase de Carlos: “Sinceramente creo que esa gente no sabe a lo que va, que no están acostumbrados a trabajar, sólo quieren tener dinero calentito en el bolsillo sin doblar la raspa”. Un clásico del argumentario esquirol desde el siglo XIX.

Una tal Sara abunda en esta lógica, con el siguiente razonamiento: “Respecto a la crítica del FIB, sabes a lo que vas, si te piensas que te vas a estar de fiesta, mejor cómprate la entrada y no trabajes allí, que seguramente alguien necesitará ese dinero más que tú. Estoy segura de que, si puedo, el año que viene vuelvo a trabajar allí porque ha sido una experiencia maravillosa”. Por lo visto, pedir sombra para dormir en el cámping de empleados, una remuneración de diez euros la hora y una cena mejor que un bocadillo reseco te convierte en un quejica.

Menos mal que nos queda Portugal

El Primavera Sound de Barcelona tampoco se caracteriza por el trato digno a sus camareros, como denunciaba en El Periódico el crítico musical Nando Cruz, colaborador de El Confidencial. “El festival entregó hace años la explotación de las barras a la empresa portuguesa Eventualidades. Una flota de autocares trae a quinientos portugueses. "Nos pagan 6,5 euros la hora", explica uno de los jóvenes que despacha cervezas a cinco euros el medio litro.

"Los españoles trabajan más caro", apunta otro, que sacará 312 euros por tres jornadas de 16 horas. Cada madrugada un autocar los lleva a dormir a Calella de la Costa. Una hora de viaje. El sábado ya no duermen en cama. En cuanto acaben su último turno, vuelven a Portugal. Catorce horas más de autocar”. Con alguna salvedad, la explotación laboral parece endémica en los festivales españoles. Las primeras respuestas de las organizaciones, denuncian los empleados afectados, han sido perseguir a los que protestan y jalear a quienes salen en público dando las gracias por el trato o maltrato actual.

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