cómo decir "te quiero" en dual

La lengua de los dioses: ¿cómo sonaba el griego antiguo?

La sorpresa editorial del año en Italia llega a nuestro país con su alegato apasionado por el idioma de Homero y Platón

Foto: Discurso fúnebre de Pericles en el ágora de Atenas
Discurso fúnebre de Pericles en el ágora de Atenas

Imaginen a un erudito de un futuro postapocalíptico en el que el español hubiera desaparecido de la faz de la Tierra y solo perviviera su impronta en algunos antiguos textos. Si ya no existieran hablantes sevillanos, murcianos, valencianos, venezolanos o mexicanos... ¿cómo podríamos adivinar los sonidos de sus palabras? Tal es el escenario del griego antiguo. No sabemos cómo sonaba -diferente sin duda al griego moderno-, somos incapaces de imaginar el rumor del ágora de Atenas, a Ion declamando la 'Iliada' en las fiestas en honor a Asclepio en Epidauro, a Sócrates defendiendo la inmortalidad frente a sus sobrecogidos discípulos mientras la cicuta comienza a enfriar sus pies. Ni lo sabemos ni podremos saberlo nunca. Y sin embargo...

Sin embargo, pese a que el alfabeto griego haya enmudecido, sí sabemos algunas cosas, como por ejemplo que se trataba de una lengua extraordinariamente musical, melódica y rítmica, en contraposición de la intensidad determinada por el acento que define a nuestras lenguas romances. Y más allá del tesoro oculto de los sonidos, podemos deducir que el griego antiguo caracterizaba el mundo de una manera muy particular, alterando el sentido del paso del tiempo, transformando el trato y los negocios del alma, el amor o el deseo, multiplicando casos y géneros, abriéndonos, en definitiva, una puerta a una manera ajena y apasionada de entender el mundo.

'La lengua de los dioses'
'La lengua de los dioses'

Es lo que defienda la escritora italiana Andrea Marcolongo (Milán, 1987) en 'La lengua de los dioses. Nueve razones para amar el griego antiguo", un extravagante canto a una lengua muerta que ha vendido más de 100.000 ejemplares en Italia y cuya versión española llega ahora a nuestras librerías editada por Taurus. "Este es un relato literario (y no literal) de algunas particularidades de una lengua tan magnífica y elegante como el griego antiguo: esa manera suya de expresar de un modo fulminante, sintético, irónico, abierto, del que -seamos sinceros- sentimos un a nostalgia inconsciente. (...) Yo, que soy tan rara, he aprendido a mirar el tiempo de otra manera gracias al 'aspecto' de la lengua griega, he soplado dientes de león expresando deseos en 'optativo', he dicho te quiero en 'dual', un número de la lengua griega que significa 'nosotros dos', solo nosotros".

No hace falta saber griego antiguo para leerlo y, sin embargo, al paso de sus páginas, Marcolongo retará al lector a jugar a pensar en griego antiguo. Y, por momentos, mágicamente, creeremos escuchar a los dioses dirigiéndose a nosotros.

Yo, nosotros dos, nosotros

Vale, no sabemos cómo sonaba la lengua de Pericles pero qué sabemos. Que a los griegos apenas les interesaba el paso del tiempo sino sus efectos, nosotros -esclavos de la parca- preguntamos 'cuándo', ellos siempre se preguntaban 'cómo' (el 'aspecto'). Que al añadir al masculino y femenino un género más -'el neutro'- y al singular y el plural otro número -el 'dual'- su mundo se multiplicaba fogosamente, desplegando una red tan invisible como sensible que comunicaba lo animado y lo inanimado, aquello que tenía alma y lo que carecía de ella, difuminando la arbitrariedad de los sexos y abriendo, finalmente, un refugio inédito al amor que clama: uno más uno no son solo dos sino uno formado por dos. "Los que han tenido el raro privilegio de amar de verdad", escribe Marcolongo, sabrán siempre distinguir la diferencia de intensidad y de respeto que existe entre pensar como 'nosotros dos' y pensar como 'nosotros'; pero ya no lo saben decir. Para ello se necesitaría el dual del griego antiguo.

Los que han tenido el privilegio de amar distinguirán entre pensar como 'nosotros dos' y como 'nosotros'; pero ya no lo saben decir

Para sopesar la importancia de esto y como una suerte de advertencia sobre la extinción de su sentido, el mejor negocio es regresar al inagotable 'Banquete' de Platón. Recuerden. Al poeta Agatón le han dado un premio y, para celebrarlo, los amigotes se juntan en Atenas para hacer lo que mejor saben: beberse hasta los floreros. Sócrates llega tarde porque, como habituaba, en el camino se ha quedado un buen rato varado en plena calle sin hacer nada, absorto Dios sabe en qué, e irrumpe en el simposio cuando ya he arrancado la juerga. El juego consiste en que cada comensal improvise unas palabras en alabanza de Eros, el dios del Amor. Y el discurso que nos interesa es el del dramaturgo Aristófanes, interrumpido por cierto por un ataque de hipo.

"En primer lugar, tres eran los sexos de las personas, no dos, como ahora, masculino y femenino; había, además, un tercero que participaba de ambos, cuyo nombre sobrevive todavía, aunque él mismo ha desaparecido. En segundo lugar, la forma de cada persona era redonda en su totalidad, con la espalda y los costados en forma de círculo como una bola o una manzana. Tenía cuatro manos, mismo número de pies que manos y dos rostros perfectamente iguales sobre un cuello circular. Eran extraordinarios en fuerza y vigor y tenían un inmenso orgullo, hasta el punto de que conspiraron contra los dioses. Tras pensarlo detenidadmente dijo, al fin Zeus: 'Me parec 'e que he encontrado el modo de permitir que los hombres sigan existiendo y de que, al mismo tiempo,cesen en su desenfreno, haciéndolos más débiles: los cortaré en dos mitades a cada uno'. Así, desde tiempo inmemorial, el amor de los unos a los otros es innato en los humanos y tiene la facultad de restaurar su antigua naturaleza, en su afán de hacer uno solo de dos, y de curar la naturaleza humana".

Sí, la media naranja, que usted conoce aunque nunca haya leído a Platón. Y gracias a 'La lengua de los dioses', de Andrea Marcolongo', no podrá adivinar quizá como sonaba el griego de Platón pero sí, tal vez, cómo pensaba Platón. El griego.

Historia del griego antiguo en 14 versos

[Sinopsis de Luis Alberto de Cuenca]

Cierto ario que vivía en Pamir

cultivando con primor un abedul,

decidió que mejor sería vivir

más al Sur, y se hizo la maleta y el baúl.

Emigró y emigró con temas puros

que se iban flexionando lentamente

y al llegar de Micenas a los muros

el sistema ya era competente

para todo lo que fuera locativo

en los más diversos grados de alternancia,

que es asunto que tiene más sustancia

que seguirle la pista al abedul

que dejó aquel ario preflexivo

y cambió por el mar Egeo azul.

Cultura

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