de aberración a mito

Por qué el 'Ecce Homo' es la mayor obra de arte española del siglo XXI

La obra de Cecilia Giménez cumple cinco años convertida en un auténtico icono que tiene marca registrada, 'merchandising' variado, inspira óperas y musicales y moviliza el turismo

Foto: Imágenes del 'Ecce Homo' tras la intervención de Cecilia Jiménez. (EFE)
Imágenes del 'Ecce Homo' tras la intervención de Cecilia Jiménez. (EFE)

El 'Ecce Homo' de Borja cumple este lunes cinco años y ya es la mayor obra de arte que ha dado España en lo que llevamos de siglo XXI. Así de claro, así de crudo. Decir esto de un país que tiene en activo a Miquel Barceló, Cristina Iglesias o al estudio RCR Arquitectos, ganador del último premio Pritzker, suena osado. Pero, por suerte o por desgracia, es así.

Para empezar, hay que decir que no soy el único que lo piensa. La revista especializada 'Art Info' colocó al 'Ecce Homo' en el número 52 de las obras de arte más icónicas creadas en el mundo entre 2007 y 2012 (por delante, por cierto, de Damien Hirst). Además, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el más importante del mundo, se interesó por comprarlo. Al menos es lo que dice Scott Cleverdon, que investigó sobre la obra para producir un documental basado en su historia para la televisión británica 'Sky'.

Pero, ¿cómo es posible que la mayor abominación que un pincel puede concebir acabe considerándose buen arte? Aquí van seis razones:

Cuanto más feo más hermoso

A la hora de juzgar si una obra de arte es buena o mala, solemos fijarnos en lo estético: si está bien o mal pintada, por ejemplo. Desde ese punto de vista, el 'Ecce Homo' de Borja es una aberración monstruosa, no hay duda. Pero desde que Marcel Duchamp puso un urinario en mitad de una exposición para provocar al Nueva York de 1917, el arte ha dejado de ser valorado solo estéticamente.

Puede ser un orinal, la lata con ‘Mierda de Artista’ de Manzoni, la cama sucia de Tracey Emin o un Cristo monstruoso pintado en la pared de un santuario de Borja. Ya no siempre importa el objeto en sí (el lienzo pintado o un trozo de piedra esculpido), lo valioso está en la reacción que genera en nosotros, los espectadores. Y no se me ocurre ninguna obra de arte española de este siglo que haya provocado más polémica y debate en todo el mundo que esta.

Es un retrato de todos nosotros

Cecilia Giménez durante la inauguración del Centro de Interpretación del 'Ecce Homo'. (EFE)
Cecilia Giménez durante la inauguración del Centro de Interpretación del 'Ecce Homo'. (EFE)

Una de las misiones del arte es retratar la sociedad de su tiempo para ayudarnos a analizar el mundo en que vivimos. Y el 'Ecce Homo' de Cecilia Giménez lo consigue. El revuelo que esa imagen amorfa generó describe magistralmente nuestra era de las redes sociales, con sus virtudes y defectos. Esos chorretones de pintura mal puestos nos recuerdan la banalidad de una sociedad capaz de convertir a un adefesio en protagonista global a golpe de 'likes'. Pero al mismo tiempo, el fenómeno ocurrido en Borja y sintetizado en esa pintura nos recuerda el inmenso poder político y revolucionario de esos aparatos que llevamos en el bolsillo. Cualquiera puede burlarse, criticar, opinar y compartir lo que quiera. Un día nos dio por el 'Ecce Homo', pero también podemos viralizar cosas mucho más serias.

Su historia inspira y da esperanza

Toda gran obra de arte lleva detrás una historia inspiradora, de superación. 'Los girasoles' de Van Gogh no serían lo mismo sin la trágica vida de locura y automutilación de su autor. Las pinturas negras de Goya perderían atractivo si no supiéramos que las pintó febril, sordo y amargado en su casa de Madrid. Obviamente, en calidad artística, el 'Ecce Homo' está a años luz de estos dos maestros. Pero esta obra también cuenta la historia de superación de su autora, Cecilia Giménez, una zaragozana que siempre quiso ser pintora pero a quien la vida se lo impidió (quedó viuda tras tener dos hijos enfermos, uno de ellos murió y el otro necesita cuidados continuos). Paradójicamente, gracias a la fama que ganó por destrozar un Cristo, el pueblo le dedicó una exposición con sus cuadros. Incluso la tele fue a la inauguración. Su sueño, cumplido.

Y esto también es el arte: imágenes que nos cuenten historias de esperanza, que nos recuerden que a veces, aunque sea por casualidad, lo bueno también pasa. Es cierto, ella no pretendía todo esto y el 'fenómeno Ecce Homo' fue involuntario, pero eso no le quita valor. Más bien se lo añade. A veces los milagros ocurren.

'Venite adoremus'

El 'Ecce Homo' no solo es una obra de arte. Ha alcanzado en tiempo récord el estatus de icono, algo que pocas pinturas han conseguido en la historia. La prueba está en la gran cantidad de gente que acude a verlo: ya van por las 200.000 personas. Según las estadísticas del santuario, han ido visitantes de todo el mundo salvo de ocho países. Algo increíble si tenemos en cuenta que Borja está a cuatro horas de Barcelona, la ciudad turística internacional más cercana.

Ver las colas de gente esperando delante de este Cristo amorfo para hacerse un selfie recuerda, salvando las distancias, a las muchedumbres que fotografían la 'Mona Lisa' en París o el 'Guernica' en Madrid. ¿Quiere decir esto que el 'Ecce Homo' está al nivel de la 'Gioconda'? No, pero ambas obras tienen el misterioso poder de atraer a la gente. Que vayan a burlarse o a admirarlas, es indiferente. Reto a cualquiera a que haga, aun sin querer, algo con semejante tirón.

Es una mina de oro

Vino con la etiqueta Ecce Homo (Efe)
Vino con la etiqueta Ecce Homo (Efe)

El Ecce Homo es una marca registrada y en el Santuario de Borja puedes comprar todo tipo de productos con su imagen: peluches, llaveros, vino, libros… Solo las obras icono de los grandes museos tienen el “privilegio” de acabar en un imán para la nevera.

¿Y qué tiene que ver el 'merchandising' con que una pintura sea buena o mala? Desgraciadamente, mucho. Porque el arte, nos guste o no, es en última instancia un objeto de compra-venta que se rige por la ley de la oferta y la demanda. Normalmente, la calidad de una obra la marca el precio que tiene en el mercado. Triste pero cierto. Y el 'Ecce Homo' vale muchísimo dinero: no hay cifras fiables pero, entre los dos euros que cuesta la entrada para verlo y lo recaudado por la venta de recuerdos, ya lleva cosechada una pequeña fortuna. El 49% de ese dinero es para su autora (como es de justicia) aunque, según ella, lo dona a organizaciones benéficas. Una vez más, desafío a quienquiera a que pinte algo tan rentable como esto.

Ha nacido un mito

Volvemos a la 'Mona Lisa'. Sobre ella se han hecho miles de libros, películas y documentales en los que cada vez se analiza más al detalle cada milímetro del cuadro. Con los años, su significado se ha exagerado buscando interpretaciones más y más rebuscadas a todo lo que contiene: que si en realidad es un retrato gay oculto del amante secreto de Da Vinci, que si sonríe así porque tenía sífilis… A esto se le llama mitificar una obra, algo al alcance de muy pocas pinturas.

Representación de la ópera estadounidense del 'Ecce Homo' titulada 'Behold the Man'. (EFE)
Representación de la ópera estadounidense del 'Ecce Homo' titulada 'Behold the Man'. (EFE)

Pues esto es exactamente lo que le está ocurriendo al 'Ecce Homo': ya le han dedicado libros, musicales, óperas, documentales y cortos de ficción en los que la historia de Cecilia se ha ido distorsionando hasta el límite del absurdo. Han llegado incluso a decir que lo pintó tras recibir la llamada de Dios… Y solo han pasado cinco años. A este ritmo la hacen santa.

Repito, no estoy comparando estéticamente la 'Gioconda' con el 'Ecce Homo'. Solo digo que, salvando las distancias, los pegotes de pintura de Cecilia cumplen los mismos requisitos para ser considerados arte (y del bueno) que el 'sfumato' de Leonardo. No hay que dejarse engañar por su apariencia cómica porque, aunque sea la chapuza involuntaria de una anciana, ha conseguido retratarnos de forma magistral. Al fin y al cabo, la obra aparentemente “buena” que Cecilia pretendía restaurar estaba olvidada y cayéndose a trozos, mientras que el esperpento que hoy conocemos vive protegido por un cristal para que no lo dañemos al hacernos fotos. A ver si al final va a resultar que los grotescos somos nosotros…

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
20 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios