en el teatro infanta isabel

Tartufo, ¿el hipócrita impostor o el político populista y manipulador?

Pedro Villora y José Gómez-Friha traen al personaje de Molière al siglo XXI con un Tartufo, protagonizado por Alejandro Albarracín, convertido en un perverso narcisista neoliberal

Foto: 'Tartufo, el impostor', dirigida por José Gómez-Friha
'Tartufo, el impostor', dirigida por José Gómez-Friha
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Dice la RAE que un tartufo es un "hombre hipócrita y falso". Tanto es así que el título de la obra de Molière se acabó adjetivando para señalar la hipocresía y la ambición. No dista mucho el retrato que hizo el escritor francés en el siglo XVII de la realidad que rodea este XXI en muchas esferas de poder. Es más, Tartufo "podría ser uno de los primeros populistas", asegura Alejandro Albarracín, que le da vida en 'Tartufo o el impostor', en el Teatro Infanta Isabel (hasta el 1 de octubre).

"Hay muchas referencias políticas hoy. Siempre nos hablan de Trump, y es una referencia que hemos tenido en cuenta pero no a nivel físico sino en esas ideas que transmite, cómo juega con ellas y el poder que llega a ejercer sobre el pueblo. Es algo muy agresivo, que asusta mucho y que existe y tenemos hoy en día. Es curioso ver cómo a través de Tartufo y de las risas que provoca en el público, porque es una comedia hilarante, se cuenta algo tan duro", agrega el actor a El Confidencial.

Porque tartufos los ha habido y habrá siempre. Esos que se instalan en los lugares de poder y privilegio gracias a su hipocresía, que medran mintiendo y apelando al miedo como subraya Pedro Villora en esta versión mucho más cercana a la actualidad que el original y José Gómez-Friha desde la dirección. De hecho, el director huye en esta puesta en escena de la imagen del bufón desgradable, mediocre y gordinflón Tartufo para poner frente al público a un atractivo protagonista igual de afectadamente santurrón. "Fue una de las primeras preguntas al director: ¿por qué un chico joven para Tartufo y tan diferente de la idea que tenemos sobre él? Quería jugar con la idea de confundir y tener el poder de engañar a los personajes e incluso al público, que no fuera solo hacer reír sino que también pudiera llegar a convencer", explica Albarracín.

'Tartufo, el impostor' de Molíere ,dirigida por José Gómez-Friha (Efe)
'Tartufo, el impostor' de Molíere ,dirigida por José Gómez-Friha (Efe)

Así, su Tartufo es un "perverso narcista hipócrita" que utiliza la religión para embaucar a Orgón, su benefactor, y manejarle cual títere para casarse con su hija, seducir a su joven esposa y quedarse con todo lo suyo. Todo con el mismo objetivo: riqueza y poder. "Tartufo denuncia la injusticia social. Por una parte, critica a esas personas que como él son manipuladores, se aprovechan y utilizan al mundo para su propio beneficio sin ningún problema moral ni ético, pero también denuncia a gente como Orgón, que se queda en la superficie, que no profundiza y se deja manipular. Hoy en día el hecho de estar informado, de leer, aprender y culturizarse es un arma necesaria para defenderse", agrega el actor. Además, la obra señala los fanatismos tras los cuales no subyace otra cosa que la sed de poder que aquí se recrean en esa religiosidad exacerbada. "Tartufo utiliza la religión para aprovecharse del resto de personajes. Hoy podemos ver muchos casos de gente que necesita un líder que les guíe y le diga qué camino seguir. No hay que perder el sentido crítico nunca".

"La ley protege a quien la conoce"

Pero, sobre todo, su Tartufo es un político manipulador. Villora y Gómez-Friha han cambiado el final de la obra porque Molière fue censurado en 1667. Se le prohibió representar la obra, que señalaba a aquellos que maniobraban en la Corte para estar cerca del rey, hasta que cambió el final. "En el texto original va a la cárcel, pero creen que este final se puede acercar más al primero que escribió Molière", asegura Albarracín. Y es aquí cuando, micrófono en mano, se convierte en ese político populista que escupe sus ideas pese a quien pese casi como si de un mitin se tratase.

'Tartufo, el impostor' en el teatro Infanta Isabel de Madrid (Efe)
'Tartufo, el impostor' en el teatro Infanta Isabel de Madrid (Efe)

"La ley protege a quien la conoce. No es culpa mía que la mayoría viva viva despreocupada de obligaciones y normas", espeta Tartufo a la familia Pernelle desde el escenario. "Soy un hombre de este tiempo (...) que se ayuda a sí mismo para, con el tiempo, ayudar a los demás. No soy un parásito. (...) Creo en la ética del trabajo, en el compromiso con el orden social y en el predominio de los más fuertes y más capacitados. Este mundo necesita de hombres como yo: seguros, dinámicos, activos. En nuestra voluntad radica el progeso. Sabemos cómo funciona el mundo y sabemos ponerlo en movimiento. Damos el impulso a las cosas para que sucedan y evolucionen. Apostamos por el futuro", añade en un monólogo que podrían pronunciar muchos poderosos hoy en día.

"Las referencias políticas están en que habla desde el poder, de sus principios y de por qué ha hecho todo esto. Es un texto que tiene influencias del neoliberalismo, muy duro pero al final transmite la esencia de Tartufo", dice Albarracín, que comparte escenario con Lola Baldrich, Vicente León, Nüll García, Ignacio Jiménez y Esther Isla. ¿Vivimos en una sociedad llena de tartufos? "Quiero pensar que son pocos, aunque los que hay hacen mucho daño y mucho ruido, pero creo que cada vez hay menos. Prefiero enfocarme en eso porque, al final, si vivimos con ese miedo uno mismo se puede comportar como Tartufo", responde.

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