'Sonetos y poemas para la libertad'

Miguel Poveda: el dilema de un artista flamenco en tierra de nadie

El artista actuará otras cinco noches en el Teatro Compac con su impecable espectáculo cargado de versos de Miguel Hernández, Rafael Alberti o Jaime Gil De Biedma

Foto: Miguel Poveda este martes en Madrid
Miguel Poveda este martes en Madrid

A la entrada del teatro Compact Gran Vía, nos recibe un póster de Miguel Poveda enfundado en un traje caro, paseando por Nueva York (o una ciudad parecida). Bajo la foto, un texto que resume su actual espectáculo, 'Sonetos y poemas para la libertad': “Es un trabajo abordado desde la libertad y lleno de excelencia gracias a la colaboración de Pedro Guerra y del poeta Luis García Montero, la producción musical de Joan Albert Amargós, el aporte indispensable de Chicuelo y la complicidad impagable de Miguel Ríos, Ana Belén y Víctor Manuel”.

Resumiendo: en dos frases se reúne a la alineación titular del frente cultural del PSOE de 1982 (Amargós es colaborador habitual de Serrat). En la lista de invitados estaba Iñaki Gabilondo y en el patio de butacas Josemi Carmona, Isabel Gemio, Pitingo, Albert Rivera, Raphael y Leonor Watling, entre otras celebridades. A veces, mirando la lista VIP, te puedes hacer una idea de por dónde van los tiros de un concierto.

Miguel Poveda: el dilema de un artista flamenco en tierra de nadie

Riesgo Cero

Antes de entrar en materia, diremos que hay poco que reprochar al espectáculo. La voz de Poveda es tan bonita, su técnica tan pulida, que es imposible no disfrutar los poemas de Miguel Hernández, Rafael Alberti o Jaime Gil De Biedma, que despliega de manera impecable. El artista era víctima de un resfriado, del que se disculpa a medias, diciendo que cuando no se tiene la voz perfecta se busca la emoción en otras partes del cuerpo. El espectáculo consta de tres partes: poemas, flamenco y copla. La más intensa es la segunda, aunque las dos restantes tienen un nivel notable.

La voz de Poveda es tan bonita, su técnica tan pulida, que es imposible no disfrutar los poemas de Miguel Hernández , Rafael Alberti o Jaime Gil De Biedma

El mayor reproche que se puede hacer a su enfoque es que no asume ningún riesgo: la mayoría del repertorio son clásicos indiscutibles, archisabidos, hiperconsagrados. De Miguel Hernández escoge 'Para la libertad' y de Gil de Biedma, 'No volveré a ser joven' (ambas con fases emocionantes). Quien quiera algo nuevo hará mejor en comprarse una entrada para ver al Niño de Elche, un artista atento a las novedades poéticas y a dar un tratamiento de shock al flamenco, además de inspirarse en los nuevos movimientos sociales. Se puede decir más claro: la diferencia entre ambos artistas es la que separa al PSOE del Zapatero de las acampadas del 15M.

Emoción hippie

La pieza más intensa del concierto es 'Todo es de color', un homenaje a los clásicos Lole y Manuel. Poveda la hace suya, conservando el voltaje emocional y dejando hipnotizado al público. Solo por escuchar esto merece la pena pagar la entrada. Estamos ante un artista con solvencia y sentido del ritmo, que sabe intercalar humor para oxigenar (el soneto de Aute), alcanzar intensidad en los cantes clásicos y cerrar con potencia y alegría, tirando de 'La leyenda del tiempo', el himno de Camarón de la Isla.

Llega la copla y cada interpretación da fe de lo que Poveda quiere al género, que ya no hace falta reivindicar. ¿Quién dijo que la copla era franquista?

En el tramo de la copla, cada interpretación deja claro lo mucho que Poveda quiere a este género, que ya no hace falta reivindicar. ¿Queda alguien en pie diciendo que “la copla es franquista”? El asunto se zanjó cuando el referente comunista Manuel Vázquez Montalbán dejó por escrito su adhesión emocional. Los rojos también tienen su corazoncito y sus problemas de pareja. También se mostró favorable La Movida, a través de la figura de Martirio, que por cierto asistió al recital de anoche. Él canta con la soltura de quien no siente necesidad de modernizarlo ni de disculparse.

El dilema del flamenco

Miguel Poveda está en el centro de un debate artístico relevante. Lo ha definido muy bien el crítico Alfredo Grimaldos: “El patio de vecinos donde vivía la Piriñaca y nació el Terremoto, el tabanco donde cantaba el Sordera, eso ya no existe. Ahora hay cantaores globales, como Miguel Poveda, que ha aprendido a cantar escuchando discos y que lo canta todo bien, a un nivel profesional, pero sin sabor ni pellizco: las alegrías no saben a Cádiz, las bulerías no saben a Jerez... El flamenco vinculado a las raíces sociales va desapareciendo, como desaparece el lince ibérico o los bolcheviques”. Más que un reproche, es la constatación de que los cambios económicos por fuerza pasan factura a los géneros populares. El peligro de Poveda está en quedarse en tierra de nadie, más acomodado que los artistas experimentales y más estandarizado que los cantaores clásicos.

El peligro de Poveda está en quedarse en tierra de nadie, más acomodado que los cantaores experimentales y más estandarizado que los clásicos

Dicho esto, uno sale de su espectáculo con tremendas ganas de escuchar flamenco, leer poetas clásicos y repasar coplas de toda la vida. Es un triunfo innegable tocar seis noches seguidas en un teatro de la Gran Vía madrileña. Luego dicen que a la gente no le interesa la poesía. Quizá, simplemente, prefieren que alguien competente se la recite en voz alta.

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