El flamenco más punki viene de Elche
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el niño de elche, la revolución del género

El flamenco más punki viene de Elche

La revolución llega al flamenco con Niño de Elche: no canta en plazas de toros ni en teatros de SGAE

Foto: Niño de Elche, la revelación del flamenco (Celia Macías)
Niño de Elche, la revelación del flamenco (Celia Macías)

¿Un cantaor flamenco que se niega a actuar en plazas de toros e invita al rapero El Chojín a cantar la Elegía a Ramón Sitje de Miguel Hernández? Existe. Es Niño de Elche, un artista cuyo trabajo desafía la norma y le sitúa en caminos poco transitados.

Se mezcla sin rubor con poetas como Antonio Orihuela en el proyecto Los Flamencos, con el dúo de pop experimental Seidagasa en el disco Las malditas órdenes del coronel o hace de peculiar hombre anuncio de 'Compro Oro' en la intervención 'La noche del apagón' en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

En sus preferencias musicales y referencias a la hora de crear, otorga tanta importancia a figuras del cante flamenco (Enrique Morente o Terremoto de Jerez) como a nombres de la vanguardia (Diamanda Galas), el metal (Tool) o la electrónica (Kraftwerk).

En ese modo de hacer resaltan las recientes negativas a actuar para el ayuntamiento de Elche, su localidad natal, por renombrar en castellano edificios públicos antes en valenciano y mantener calles dedicadas a alcaldes franquistas; tampoco se le verá en la plaza de toros de Las Ventas ni en la red de teatros de la SGAE. Por muy suculentas que fueran las propuestas, que lo fueron.

Lo hace a conciencia, sin que le tiemble la mano, y por voluntad propia: “cuando me afirmé en mis posiciones socio-artísticas, mi trabajo se tomó más en consideración, por lo tanto no siento estar pagando ningún precio”, aduce.

Otro ejemplo muy revelador de su posicionamiento es la respuesta a qué haría Niño de Elche si en el futuro se le otorgase un Premio Nacional, como el de Música a Carles Santos en 2008, un artista con el que comparte la amplitud de miras en el trabajo.

“Nunca se sabe qué situaciones te deparará la vida pero seguramente si viviera una así lo primero que haría sería cuestionarme toda mi carrera artística. Seguidamente lo rechazaría por ser coherente con mi trabajo ya que en él va implícito el cuestionamiento de conceptos como lo “Nacional”. Me parece paradójico que esos mismos artistas que rechazan premios oficiales sean artistas 'oficiales'”.

Afinando aún más, opina que la relación entre artista e institución “debería de ser una relación hacia la construcción de la cultura como concepto de lo común”.

Se podría entender, entonces, la declaración del flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010 como un triunfo. En este punto, también se desmarca: “triunfo y derrota son resultados de una competencia, son conceptos que no me interesan para nada y que además creo no ayudan a nadie. Y, como diría Enrique Morente, “yo reivindicaría la humanidad para el flamenco”.

¿Poeta, cantaor o punk?

En Elche entró en contacto con el flamenco por vía familiar, aunque la ciudad no sea uno de los núcleos principales de este arte. El recuerdo de su padre cantando en las reuniones familiares es el primero que Francisco Contreras Molina, Niño de Elche, vincula con la música. Para él, artista y persona son inseparables, no hay dos miradas. “No me genera conflicto porque no creo que se pueda hablar de lugares distintos cuando nos referimos a las prácticas artísticas personales”.

Después se instaló en Sevilla, donde sí pudo conocer de cerca los entresijos del flamenco. Desde allí ha despegado su carrera, llevándole a los más variados escenarios. “Me gusta hablar de trabajo más que de obra. No creo que el trabajo que realizo a día de hoy se pueda considerar como aperturista. Lo de multidisciplinar es una realidad que comparto con Carles Santos y tantos otros artistas. Me siento cerca de artistas inquietos y lejos de artistas 'inmóviles'”.

El interés por varias disciplinas y el fuerte rechazo a la tradición hacen evidente la tentación de catalogarle como un punk dentro del mundo del flamenco. Él, sin embargo, muestra una razonada alergia a cualquier etiquetado.

Tampoco entiende que darle la vuelta al flamenco y desligarlo de aspectos conservadores sea algo nuevo ni reciente. “Se lleva haciendo muchos años desde muchos prismas diferentes. Mi fin no es ampliar los límites del flamenco porque, primero, no pretendo ampliar nada y, segundo, no sé dónde están los límites del flamenco o de las artes en general. Sería una tarea totalmente inútil”.

Recordando al compañero

Su más reciente lanzamiento discográfico es Sí, a Miguel Hernández, una revisión colectiva de la obra del poeta pastor realizada desde la más pura autogestión.

“Más que un intento de ofrecer otra mirada del poeta oriolano, mi-nuestro trabajo consistía en utilizar a Miguel como muleta mediática para contar nuestros problemas de hoy y sus paralelismos con el pasado más reciente de nuestra historia”, explica Contreras.

Sin embargo, la voluntad divulgativa puede chocar con unos presupuestos artísticos que orillan su trabajo y quizá lo alejan del gran público. ¿Cómo enfrentar esa contradicción?

“Para acceder a ese llamado “público mayoritario” hace falta tener a favor no solamente la parcela económica sino toda la estructura de poder y control que ejercen las grandes instituciones públicas y privadas. Por lo tanto, mi interés está en compartir mi-nuestro trabajo con el mayor número de personas posible utilizando las herramientas que actualmente tenemos a nuestro alcance como por ejemplo Creative Commons”, concluye.

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