Peter kennard contra LAS GUERRAS

"Sigo buscando la imagen que acabe con los horrores. Pero nunca lo consigo"

El artista político y pacifista más veterano de Gran Bretaña denuncia la guerra y la pobreza en una exposición con más de 200 collages irónicos, directos, certeros, que trituran la imagen de los políticos

Foto: Peter Kennard en el montaje de la exposición en el Imperial War Museum de Londres. (B.C.)
Peter Kennard en el montaje de la exposición en el Imperial War Museum de Londres. (B.C.)

En la puerta del Imperial War Museum de Londres hay dos cañones de un buque militar de la Segunda Guerra Mundial. En el atrio interior hay un avión de combate, un Land Rover de la agencia Reuters tiroteado, un vehículo hecho puré tras una explosión en Irak... Es un lugar extraño, donde no se comprende del todo la filosofía que lo envuelve: ¿se alaba la guerra o se critica? Todos los objetos tienden a estar presentados de forma neutra, lo que crea aún más confusión. Pero el nombre del museo, inaugurado antes del final de la Primera Guerra Mundial, no dejaría dudas: es un museo dedicado a la guerra y sus consecuencias, aunque al margen de la sala dedicada al holocausto, el acento se pone sobre los objetos. De sus consecuencias aparentemente no hay ni rastro. Pero sí una enorme tienda de merchandising.

Pero acaban de colocar una bomba: la primera exposición retrospectiva dedicada a Peter Kennard, el artista político (y pacifista) más veterano y conocido de Gran Bretaña. Peter Kennard, unofficial war artist es el irónico título escogido para una muestra que no deja dudas sobre sus objetivos: denunciar la guerra y la pobreza. Dos conceptos a menudo interconectados y que han sido el centro de la creación artística de Kennard, desde que abandonó los pinceles en los años sesenta y los cambió por unas tijeras y una cámara oscura. 

Si alguna vez llega el cambio real al Reino Unido será de la mano de los jóvenes activistas que se organizan al margen de los partidos

Más de 50 años después, su trabajo y sus inquietudes políticas son inseparables y el collage la mejor forma de expresar esta dualidad. Kennard continúa trabajando sobre los mismos temas, y de hecho El Confidencial lo encuentra montando la instalación Boardroom, creada especialmente para esta exposición. "Son imágenes ampliadas que he utilizado a lo largo de estos años y con las que estoy construyendo una especie de recorrido por la idea de la guerra. Sobre las imágenes proyectaré números: son todas cifras relacionadas con el armamento, la pobreza, las inversiones de los gobiernos... Todos esos horrores que nos rodean y que lamentablemente no han mejorado desde que yo empecé a trabajar", dice. 

Kennard es alto y desgarbado, y aunque al principio parece tímido, es fácil entablar conversación con él. Aún monta las cinco salas en las que tiene que condensar las más de 200 piezas que ha escogido. Es un viaje visual donde llama la atención una pared en la que se muestran algunos de los fotomontajes originales que le hicieron célebre como el Crushed missile (una mano rompiendo un misil) o Protect and survive (una calavera leyendo un manual para sobrevivir a una explosión nuclear).

Ironía mortal

Son imágenes que se popularizaron como posters, pancartas y camisetas, entre quienes se opusieron durante la era Thatcher a su programa de armas nucleares. De hecho, Kennard fue el principal creador de muchas de las imágenes utilizadas por el CND, la organización que aún aboga por el desarme nuclear de Gran Bretaña. Sorprende además que sus collages, irónicos, directos, certeros, acabaran en la portada de revistas de actualidad informativa como The New Statesman.

'Los artistas pueden hacer lo que quieran, yo no espero que todos hagan arte político, sólo espero que al menos no hagan arte decadente'

Varias vitrinas muestran el trabajo de Kennard realizado para revistas y periódicos en los años setenta y ochenta. "Es que antes la prensa era mucho más atrevida. Con los años se ha vuelto extremadamente conservadora. No sólo en contenidos, también en la parte creativa. En la portada de una revista nunca verás un collage político, sólo retratos de hombres o mujeres, nada arriesgado", afirma. 

Basta pasarse por cualquier quiosco para darle la razón, aunque las histriónicas portadas de la prensa conservadora durante las elecciones también podrían exhibirse en un museo. "Bueno, eso yo lo llamaría más bien arte pop", comenta divertido. La entrevista se realizó el mismo día de las elecciones así que no es posible saber qué piensa de la victoria de los tories, aunque ya advirtió que "si ganan lo vamos a pasar mal, aunque tories y laboristas son cada vez más parecidos”. “Si alguna vez llega el cambio real al Reino Unido será de la mano de los jóvenes activistas que se organizan al margen de los partidos", asegura. Él votó por los laboristas.

"Los jóvenes son los que me dan fuerza para seguir trabajando. Si el público fuera siempre el mismo mi trabajo no tendría sentido. Ahora hay nuevas generaciones interesadas en los mismos temas que yo. Y, afortunadamente, también entre los artistas jóvenes se ha creado consciencia social. Yo soy profesor en la Royal School of Arts y en los años noventa todos mis alumnos querían ser Damien Hirst y forrarse pero ahora ya no. Ahora incluso trabajan juntos, cosa impensable entonces. Tienen mucha más conciencia del mundo en el que viven. Los artistas pueden hacer lo que quieran, yo no espero que todos hagan arte político, sólo espero que al menos no hagan arte decadente, que su obra responda de alguna manera a lo que ven a su alrededor".

Arte adinerado

Sin embargo, daría la sensación de que hoy el arte es menos político que nunca. "Bueno, el arte es más corporativo que nunca y está conectado con el dinero como no lo había estado nunca. Depende más de las ferias, de las subastas, de los ricos que compran obra. Hace 40 años esa relación no era tan fuerte. Tampoco lo era con los museos o las galerías. Hoy todos necesitan patrocinadores y ¿quién se los da? Multinacionales. Y eso afecta a lo que se exhibe. Yo por eso siempre he intentado hacer arte al margen de los canales habituales, fuera de las galerías, aunque también las he utilizado. Es un conflicto difícil de resolver para un artista que hace lo que yo hago".

Kennard, que se declara feliz de exponer en el museo de la guerra -"aquí no está mi público natural y eso es positivo para agitar conciencias"-, sabe que una obra de arte no parará un conflicto. Pero, ¿se puede cambiar al menos la percepción de una guerra a través del arte? "Sin duda. El establishment crea unas imágenes y nosotros ofrecemos otras, que con suerte también servirán para recordar esa guerra y verla de otro modo. Eso traté de hacer con la serie Decoration al pensar en Irak”, cuenta a este periódico. Es una serie de medallas de guerra digitalizadas y sobre las que pintó explosiones sobre los rostros de víctimas de la guerra de Irak y que abre la exposición. 

Pero quizás la imagen que mejor ha definido la reacción del arte frente a la guerra de Irak fue Photo-Op, un fotomontaje en el que se ve a Blair haciéndose un selfi frente a una explosión con cara de psicópata y que incluso fue censurada hace dos años por el ayuntamiento de Manchester como cartel de promoción de otra exposición. ¿Por qué esa imagen no está en la retrospectiva? "Porque no es sólo mía. La hice junto a Cate Philipps, dentro de una serie que firmamos juntos como kennardphilipps. La gente piensa que porque yo soy el hombre la obra es mía, pero no es cierto". 

'Entristece ver que casi nada ha cambiado. Las armas nucleares siguen estando ahí, los presupuestos de defensa siguen creciendo...'

La muestra se completa con otra sala dedicada a sus primeros fotomontajes, de la serie Stop, marcados por todos los acontecimientos políticos del 68. ¿Cómo es para un artista mirar hacia atrás y revolver en toda su obra para montar una retrospectiva? "Es un proceso muy emocional y reconforta ver que he hecho cosas tan variadas y al tiempo interconectadas. Pero entristece ver que casi nada ha cambiado. Las armas nucleares siguen estando ahí, los presupuestos de defensa siguen creciendo..."

Aún asi Kennard, a sus 66 años, sigue trabajando indómito. ¿Por qué? ¿No es descorazonador hacer arte de denuncia y ver que el mundo empeora? "Uno continúa haciendo arte porque siempre falla algo. El mundo está lleno de horrores y a uno le gustaría hacer la imagen correcta para acabar con ellos, pero nunca lo consigues. Por eso sigo buscándola". 

Cultura

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