primero quemarlos, luego cobrarlos

Joseph Goebbels reclama derechos de autor

¿Es lícito pagarle derechos de autor a los albaceas de un criminal nazi? Random House Alemania se enfrenta a una demanda por negarse a saldar copyright de las memorias del ministro nazi

Foto: Joseph Goebbels, moralidad, intereses comerciales y memoria.
Joseph Goebbels, moralidad, intereses comerciales y memoria.

El fantasma de Joseph Goebbels ha regresado de entre los muertos para reclamar su parte del pastel editorial y hacer lo que mejor supo hacer en vida: agitar y confundir conciencias. ¿Es lícito pagarle derechos de autor a los descendientes o albaceas de un criminal nazi? La editorial Random House Alemania y su filial alemana Siedler se enfrentan a una demanda judicial por negarse a pagar los derechos de autor que le corresponderían a los herederos del fiel propagandista de Adolf Hitler, por la utilización de algunos extractos de sus diarios personales en la biografía Goebbels, del historiador alemán, experto en el III Reich y el Holocausto, Peter Longerich.

El libro, de más de 1000 páginas, publicado en Alemania en 2010 y en España en 2012 por RBA, llegará el mes próximo a las librerías británicas (siempre que un juez no decida lo contrario) precedido por el estupor que ha provocado conocer la existencia de una denuncia presentada en Alemania el pasado septiembre por Cordula Schacht, la actual albacea de los derechos del ministro nazi.

“No me puedo creer que alguien pida royalties por las palabras de Goebbels”. Así recordaba Rainer Dresen, responsable de Random House Alemania, su reacción al conocer inicialmente la reclamación que le hizo Schacht en 2010 y que el sábado recogía The Guardian. Dresen temió que esta mujer, a su vez hija de un ministro nazi, pudiera llegar a paralizar la publicación del libro “en nombre de Goebbels”. Una ironía demasiado retorcida como para no reaccionar (recuerden que fue él quien ordenó quemar miles de libros en piras públicas, en 1933), así que le prometió que le pagaría el 1% sobre las ventas del libro.

Hitler, Goering, Goebbels y Hess.
Hitler, Goering, Goebbels y Hess.

Sin embargo, cuando el año pasado Schacht le pidió que cumpliera el contrato, Dresen se negó. “Nuestro acuerdo no es válido. Va en contra de los derechos morales. Usted no tiene ningún derecho a venderme ninguna palabra puesto que ese derecho lo ostenta el gobierno alemán”. Según la editorial, los diarios de Goebbels iban a ser publicados de forma póstuma por el editor de Hitler y como todos los contratos del régimen nazi se perdieron durante los bombardeos aliados los derechos deberían pasar al gobierno alemán.

Obviamente a Schacht no le convenció el argumento y demandó a la editorial, que en otro giro de ironía histórica tendrá que responder ante un juez precisamente el próximo 23 de abril, día del libro. Un tribunal de Munich le pidió a Random House que desvelará cuánto ha ganado con las ventas de la biografía y la editorial ha apelado para evitarlo alegando que “es inmoral” que un criminal de guerra cobre derechos de autor. El día 23 el juez decidirá si tiene que contestar. Pero ¿es posible ignorar los derechos de autor por cuestiones morales?

La editorial ha apelado para evitarlo alegando que 'es inmoral' que un criminal de guerra cobre derechos de autorSegún el diario Der Spiegel, ni siquiera se trata de un litigio económico, porque apenas habría en juego 6.000 euros (cifra que no está confirmada y sólo se conocerá tras el juicio). Los diarios de Goebbels, que abarcan desde 1924 a 1945, entrarán a formar parte del dominio público a finales de este año.

Respecto al interés de Schacht en el asunto, no tiene ningún vínculo de sangre con el sumiso servidor de Hitler, que además murió sin descendencia puesto que se suicidó junto a su líder en Berlín y arrastró también a sus seis hijos y a su esposa a la muerte. No obstante el padre de Schacht trabajó codo con codo junto al “más venenoso y mendaz de todos los nazis” (según Viktor Klemperer). Hjalmar Schacht fue ministro de economía con Hitler entre 1934 y 1937 y ayudó a preparar la guerra, hasta que cayó en desgracia frente al Führer, pasó a la resistencia y llegó a ser encarcelado por ello. Fue procesado en Nuremberg, pero se le absolvió. Falleció en su casa en 1970.

Dominio público criminal

Cordula Schacht obtuvo los derechos como albacea sobre el legado de Goebbels en 1996 de manos del espía y financiero suizo Francois Genoud, el hombre que además mejor supo explotar la fina pluma del demagogo nazi y el primero en amenazar a una editorial exigiendo derechos de copyright sobre él.

Ocurrió en los años ochenta, cuando la extinta editorial británica Hamish Hamilton y P T Putnam’s inicialmente se negaron a pagarle por publicar los diarios de los años 1939-1941. “La obra de un criminal nazi pertenece al dominio público”, alegó entonces Peter Israel, presidente de Putnam’s, según se relata en un artículo de la revista New York de 1983, que no aclara si llegó a cobrar.

Genoud, que contribuyó con su fortuna a mantener a la diáspora nazi durante décadas, había sido proclamado ese año por la editorial alemana Hoffmann und Campe albacea único del legado de Goebbels y por ello recibió una sustanciosa suma tras publicarse en Alemania el diario del propagandista relativo a 1945. No fue un triunfo que consiguiera solo: acababa de negociar con el gobierno de Baviera y con el gobierno federal alemán la publicación de todos los diarios originales de Goebbels a través de Cordula Schacht, quien consiguió, según Der Spiegel, que Genoud se embolsara una fortuna en derechos de autor.

'Si aceptamos que una persona privada controla los derechos de los diarios, entonces también le estamos dando control sobre nuestra investigación'Este oscuro y singular personaje, supuestamente propietario también de los derechos póstumos de los escritos de Hitler y de su secretario Martin Bohrmann, le entregó antes de morir sus derechos sobre la obra del nazi a esta abogada que hoy actúa en nombre de los hijos y nietos de los hermanos de Goebbels.

“Si aceptamos que una persona privada controla los derechos de los diarios, entonces, teóricamente, también le estamos dando control sobre nuestra investigación”, clama el autor de la biografía Peter Longerich en el diario The Guardian. “Eso significaría que podría haber solicitado leer el manuscrito antes de su publicación y no lo ha hecho. Pero en general, los historiadores no podemos permitir el control de personas privadas, al margen de sus intereses”. Longerich sostiene que eso daría pie a la censura. “En este caso además estamos lidiando con la hija de un compañero de gobierno de Goebbels. Es una situación completamente inaceptable. No se trata sólo de una cuestión moral, sino de profesionalidad para un historiador”. 

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