LOS PROBLEMAS DE 'EL COSMONAUTA'

El 'crowdfunding' entra en suspensión de pagos

"El cine 'low cost' es el futuro", se ha repetido una y otra vez durante los últimos años como solución a la crisis que vive nuestro

Foto: Fotograma de 'El Cosmonauta'
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    "El cine 'low cost' es el futuro", se ha repetido una y otra vez durante los últimos años como solución a la crisis que vive nuestro cine. El crowdfunding o financiación colectiva, la principal vía para ello. Si en Estados Unidos ha funcionado con cintas como Veronica Mars, ¿por qué no aventurarse en España?, se preguntaron algunos.

    De entre todos ellos sobresalió un caso: el de El Cosmonauta. Convertida en la mayor producción cinematográfica de la historia de España financiada vía crowdfunding, gracias a los 400.000 euros recaudados a través de las aportaciones de más de 5.000 personas y organismos, la cinta se estrenaba el pasado 14 de mayo de 2013.

    Hoy, un año después de aquel hito, la productora de la cinta, Riot Cinema Collective S.L, se ha visto obligada a echar el cierre tras un camino de obstáculos y después de que el Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA) les reclame 73.000 euros de los 99.500 euros que recibieron como subvención hace ahora tres años.

    El ICAA les reclama 73.000 euros de los 99.500 euros que recibieron como subvención hace ahora tres años.¿La razón? La ayuda tenía una pequeña claúsula en la que se aceptaba como inversión del productor los sueldos pagados. Sin embargo, como en toda producción low cost, las personas que trabajaron en El Cosmonauta decidieron diferir el cobro de sus honorarios y cobrarlos sólo si hubiera beneficios. En un principio, el organismo informó que no habría problemas en computar esos pagos.

    Pero la sorpresa llegó dos años después. En el proceso de justificar los gastos, el ICAA les informó que no podían admitir esos sueldos como inversión del productor, así como otros gastos por el hecho de haberlos realizado en Letonia, lugar donde se rodó la película y los episodios. Estos gastos se hicieron a través de la productora asociada en la que se apoyaron para rodar en ese país, lo que, burocráticamente, no encaja en las normas de la Ley General de Subvenciones".

    "Nuestra mayor sensación es la de frustración, puesto que estamos ante una situación complicada donde no hemos hecho nada malo, ni ningún tejemaneje extraño, pero sí es cierto que no seguimos a rajatabla -porque se nos dió a entender que podíamos actuar de manera diferente- un sistema al que nos acogimos al aceptar esa subvención", relata a este diario Bruno Teixidor, productor ejecutivo de Riot Cinema.

    Ahora, Teixidor y sus compañeros, Nicolás Alcalá -director y guonista- y Carola Rodríguez -productora ejecutiva-, se encuentran preparando su defensa con abogados expertos "ya que tenemos suficientes pruebas para justificar lo que decimos y que esa reclamación no se haga efectiva".

    No obstante, sea cual sea finalmente el desenlance del juicio, el cierre de la productora es un hecho. Y es que si pierden y deben devolver esos 73.000 euros, la productora debería declararse en concurso de acreedores. De ganarlo, sus recursos son tan limitados que sólo podrían terminar el proceso de cierre de la empresa.

    Al límite del cierre

    Un cierre que, sin embargo, siempre ha estado cerca. Y es que según relatan en su web, los ingresos no han sido los esperados. La cinta ha sido vista por unos 165.400 espectadores, sin embargo, no todos han pagado por ello. En salas, ningún exhibidor se aventuró a estrenarla; mientras que en las plataformas de VOD, los ingresos sólo alcanzaron los 1.800 euros, un poco menos de lo que tuvieron que pagar al agregador para añadirla a esas plataformas.

    No obstante, lo peor llegó a través de su página web. Allí, la productora ofrecía la película gratis a cambio de pagar lo que el espectador considerara oportuno, teniendo acceso a material adicional a partir de cinco euros. Sólo un 2,5% decidió pagar por ella. Tampoco parece que de los 47.000 internautas que la descargaron de forma legal a través de P2P pagaran por ello.

    Sólo un 2,5% ha pagado por ver la película en la página web "No creo que hayamos abusado de buena fe. En todo momento dijimos que lo haríamos así y parte de nuestro éxito procede de mantenernos fieles a ese principio. La película era un proyecto experimental que buscaba ser rentable, pero que salió adelante gracias a la gran generosidad de gente que nos apoyaba por esos mismos ideales de gratuidad y de buscar el retorno por otras vías", explica Teixidor.

    "Cuando empezamos no nos imaginamos que este viaje iba a ser tan difícil, pero fue nuestra elección empezarlo y terminarlo y lo que más sentimos es que económicamente haya sido tan poco satisfactorio, especialmente en lo que concierne a los inversores y a nuestro equipo", relata Teixidor, Rodríguez y Alcalá.  No obstante, recocen que gracias a esta aventura han contribuido a un nuevo modelo y a cambiar cosas, algunas para bien, otras no tanto. Entre las positivas, tender un puente a la industria y que usara el proyecto como laboratorio. 

    Una solución, no la panacea

    "El crowdfunding siempre ha sido una posible solución, pero no puede ser la panacea. Ojalá que vaya muy bien, pero no puede ser el modelo de producción, sino que debe ser uno de los modelos", comenta Enrique González Macho, presidente en funciones de la Academia de Cine y exhibidor, distribuidor y productor.

    Este tipo de financiación es muy válida para un determinado proyecto. Todavía no hay un mercado general en torno a este modelo de distribución. Creo que es muy válido para producciones pequeñas, pero no para grandes producciones. Pero sí está muy bien para dar cabida producciones de presupuestos reducidos”, comentaba hace unos meses Juan Carlos Tous, presidente de Filmin.

    “No creo que esto dure mucho tiempo”, aseguraba Rodrigo Sorogoyen, director de Stockholm, también financiada a través de crowdfunding y una de las películas más valoradas de 2013. "Estoy muy contento con el resultado, por la libertad que ofrece este tipo de financiación, pero aun así creo que es una pena tener que recurrir a ello y no poder pagar a los trabajadores hasta que empiece a dar frutos la película", añadía.

    En este sentido también se ha mostrado Paco León. "Está a bien hacer una película low cost, pero lo suyo es hacer películas donde se pague a todos los que trabajan en ella. En Carmina y Amén he estado muy cómodo y con el gusto de no pedir favores y pagar a todo el mundo y profesionalizar, que es a lo que hay que tender".

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