La dinamita política de Hamilton estalla en la Tate
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londres dedica una muestra al padre del pop

La dinamita política de Hamilton estalla en la Tate

La retrospectiva sobre el padre del pop británico llega a la Tate Modern de Londres antes de su paso, el 24 de Junio, por el Museo Reina Sofía de Madrid

Extremadamente crítico con el mundo, inconformista con su trabajo, y autoexigente con su persona Richard Hamilton se preguntaba poco antes de morir en 2011 ¿es posible que el arte digital alcance la perfección artística de la pintura? La respuesta trató de encontrarla a través de tres obras a las que no dio título (Untitled 2011) y sobre las que trabajó utilizando el escaneado digital y photoshop. Se trata de variaciones sobre la imagen de una mujer desnuda que tomó de una revista del siglo XIX y junto a la que situó los autorretratos de Tiziano, Poussin y Courbet.

Fue su última obsesión, aunque su salud no le permitió llegar a pintar sobre un lienzo ese mismo cuadro por lo que nunca sabremos cuál hubiera sido el resultado completo de un trabajo inspirado en un relato corto de Balzac, The Unknown Masterpiece, en el que el protagonista trata de pintar el cuerpo perfecto y enloquece en el intento. Una vez terminado, el resto del mundo mira su cuadro y apenas puede entrever un pedacito del pie de la mujer. El pintor en cambio, piensa que ha alcanzado la perfección.

A Hamilton no podría haberle ocurrido jamás. Este artista británico nunca se mostró del todo satisfecho con su obra, de ahí que toda su carrera sea una constante búsqueda y experimentación en la que se suceden los soportes, técnicas y géneros y que incluso a los 89 años, una edad en la que muchos creadores prefieren agarrarse a la seguridad del pasado, Hamilton se atreviera a navegar por las novedosas aguas digitales. Pero es que, como aprendió de su admirado Marcel Duchamp, seguridad artística era un concepto prohibido en la ecuación artística hamiltoniana.

'just what was it that made yesterday's homes so different, so appealing?', richard hamilton

Y quizás por eso la espectacular antología inaugurada ayer en el Museo Tate Modern de Londres “puede dar la impresión de que se trata de una colectiva de diferentes artistas”. Lo decía Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, el lugar en el que comenzó a gestarse hace cinco años esta exposición que por carambolas del calendario ha terminado inaugurándose antes en Londres que en Madrid. Allí llegará el próximo 24 junio, donde se mostrarán, además de las 160 obras presentes en Londres, otro centenar en el que abundan muchos dibujos pequeños y obras en papel.

Pero la diferencia fundamental entre ambas muestras es que la de la Tate “es una exposición de obras mientras que la del Reina Sofía será una exposición de exposiciones” subraya Borja-Villel. No es una diferenciación baladí: para Hamilton organizar exposiciones era un arte en sí mismo y paradójicamente, nunca quiso que esta muestra ocurriera en Londres. “Hamilton se acercó al Reina Sofía en 2009 con la idea de organizar una retrospectiva con obras que no se hubieran visto juntas antes, como sus instalaciones. Y quería que se organizara en su segundo país, que era España, un lugar al que llegó de la mano de Duchamp, que pasó largas temporadas en Cadaqués, donde él acabó pasando también mucho tiempo”.

Los comisarios son el español Vicente Todolí, ex director de la Tate Modern, y Paul Schimmel, ex comisario jefe del museo MOCA de Los Angeles, adónde la muestra iba a viajar antes de que el museo se declarara en bancarrota, hubiera que cambiar los planes de itinerancia y el museo Tate Modern se ofreciera sin dudarlo a albergarla. Es posible que a Hamilton no le hubiera hecho gracia descubrir que su antológica se haya acabado inaugurando en primer lugar en Londres, donde además se han organizado contemporáneamente otras dos exposiciones sobre él: una en el ICA, donde se muestran dos de sus instalaciones y otra en la galería Alan Christea.

Swingeing london 67, richard hamilton

Pero importa poco puesto que estos días la prensa británica no ha dejado de alabar y celebrar (sin mencionar al Reina Sofía en ningún momento) a un artista que, más allá de ser el padre oficial del pop británico, ha conseguido por fin que se le reconozca por la trascendencia histórica de toda su obra.

En sus primeras exposiciones lo criticaban porque lo categorizaban como diseñador, no como pintor, algo que resulta irónico porque es el padre del pop

“Siempre ha sido un artista de artistas, muy admirado en su gremio, pero nunca fue profeta en su tierra. El mundo de las artes británicas es muy jerárquico, un pintor es pintor, un escultor un escultor, la fotografía ni se coleccionaba hasta hace muy poco en el museo Tate, y resulta que Hamilton era todo eso. En sus primeras exposiciones lo criticaban porque lo categorizaban como diseñador, no como pintor, algo que resulta irónico porque es el padre del pop. Es uno de los primeros que entiende en Europa la importancia de los medios de comunicación de masas, del objeto de consumo, de la obsolescencia del mercado, pero al mismo tiempo no quiere renunciar a la pintura y esa mezcla le convierte en alguien mucho más complejo e interesante que otros artistas pop” explicó el El Confidencial Borja-Villel.

La pintura es una de sus principales herramientas a lo largo de su carrera, pero no sólo, como se observa en esta muestra. También fue uno de los pioneros en el mundo de las instalaciones y en 1956 ya sorprendió al establishment artístico británico con Fun House, una instalación nacida de su colaboración con el arquitecto John Voelcker y el artista John McHale, donde las imágenes de la publicidad y de Hollywood se mezclan con estímulos visuales e ilusiones ópticas en un montaje que casi sesenta años después apenas ha envejecido. Junto a él se muestra el collage Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing? considerada la primera obra de arte pop de la historia.

Exposición del artista británico richard hamilton

Sin embargo, al contrario que Andy Warhol, Hamilton fue un artista pop muy poco pop desde el punto de vista intelectual. La crítica profunda a la cultura de consumo subyacente en todas sus obras no está presente del mismo modo en el mundo del arte pop estadounidense, donde todo tiene un sentido mucho más juguetón y light que en las obras de Hamilton. En éstas puede intuirse un pequeño lado oscuro. Incluso en aquellas en las que juega con la tostadora Braun, todo un icono de la modernidad en la década de los sesenta, es capaz de transmitir un cierto desasosiego.

Pasada la fiebre del pop, Hamilton pasó años en la retaguardia del éxito puesto que no se entendió el giro que comenzó a dar en los años ochenta hacia una obra de corte mucho más político, donde sus análisis anticapitalistas se mezclan con la crítica política, como demuestran obras como la instalación Treatment Room, donde la imagen de Margaret Thatcher en una televisión habla en silencio sobre una camilla en una especie de sala de operaciones.

La muestra recorre, a través de 18 salas, más de sesenta años de trabajo de un artista al que no sólo le interesaba la cultura moderna si no el mundo alrededor del que se construía esa cultura. Las implicaciones que objetos como el coche o la televisión tienen para el ser humano y el poder que pueden ejercer sobre nosotros son sólo algunos de los temas que exploró a lo largo de una carrera que en esta antológica brilla con la misma inteligencia que el artista desplegó en toda su obra.

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