FERNANDO RAMÍREZ ESTRENA 'SUBPRIME', UNA OBRA AMBIENTADA EN LA ALTA EMPRESA MADRILEÑA

El financiero que se convirtió en dramaturgo

Luces, vídeo y… se abre el telón. ¿Cine o teatro? Ambos. ¿Trabajar en una empresa de capital riesgo y escribir un libreto de 60 páginas? Fernando

Foto: El financiero que se convirtió en dramaturgo
El financiero que se convirtió en dramaturgo

Luces, vídeo y… se abre el telón. ¿Cine o teatro? Ambos. ¿Trabajar en una empresa de capital riesgo y escribir un libreto de 60 páginas? Fernando Ramírez, malagueño de 38 años, compagina su empleo en el grupo Ahorro Corporación, como responsable en Andalucía, con la “quijotesca” aventura de trasladar a cuatro paredes una obra absolutamente contemporánea. Subprime es un thriller con aroma cinematográfico de hora y media de duración. El estreno nacional fue este viernes en el Teatro Cervantes de Málaga.

El miércoles por la tarde el financiero reconvertido en dramaturgo esperaba que sus dos hijos y su mujer llegaran al patio de butacas para hacerse unas fotos de recuerdo. Empezaba uno de los últimos ensayos de la obra. El actor Chete Lera iba a su camerino. “Aquí estás con el autor teatral contemporáneo; que los demás se esfuercen por ser los segundos”, le anima Lera, tras abrazarle. Sentado en un sillón de la primera planta del emblemático escenario del siglo XIX, el autor se muestra inquieto (no nervioso) ante el estreno de su criatura teatral. Han sido dos años y medio volcado en un proyecto que recibió el premio Carlos Arniches y que tiene previsto estrenarse en Madrid en el primer trimestre de 2013. 

Ramirez escribió la obra, ambientada en una empresa del IBEX 35 ubicada en el Paseo de la Castellana, en cuatro meses “con pausas”. Surgió tras conocerse, en agosto de 2007, la crisis de las hipotecas subprime de Estados Unidos. El título apareció después. “Prime es 10 y subprime es 9, esto es, de nota 9, en vez de triple A+, es triple A”, explica y recuerda lo bien que lo retrata la película Margin Call. “Esa es la metáfora de toda la obra, enseñamos lo que está justo por debajo de todo lo que brilla”, cuenta Ramírez, formado en ICADE (Derecho y Empresariales).

“Me uní al teatro en parte porque vi que era importante para mejorar la expresión oral y hablar  en público; subir a un escenario es la mejor experiencia, el ambiente es estupendo, se crea una gran camaradería, convives con el elenco, lo que representa es una sensación inenarrable, que haya 500 ojos que siguen tu mano, y cuando lo superas y tienes ya ese grado de control puedes decir: ‘Ahora os voy a llevar por aquí’, es brutal, lo que pasa es que eso es vivirlo, es complicado contarlo”.

El Palo, Loyola y Deutsche-Bank

Su pasión por el teatro arranca en el colegio de los Jesuitas de El Palo (Málaga), pero son los años en el Colegio Mayor Loyola de Madrid cuando participó en los montajes de García Lorca y El sueño de una noche de verano de Shakespeare y cuando definitivamente el gusanillo se convirtió en vocación. Es más, en pasión. Incluso pensó (“mil veces”, precisa) en abandonar los estudios de ICADE para dedicarse a tiempo completo al teatro. La voz de la experiencia del actor Julio Escalada, su maestro en la dirección teatral de aficionado en esos años noventa, fue decisiva. “Para vosotros ahora es un divertimiento, un hobby, pero cuando se convierte en un trabajo es muy duro”, les dijo Escalada. “Hay que comer, tener estabilidad y conciliar la vida personal con la profesional”, añadió.

Su experiencia de seis años en RREEF, el área de capital riesgo inmobiliario comercial de Deutsche-bank en España, comprando activos y poniéndolos en rentabilidad (recuerda con admiración a su exjefe, Ismael Clemente, y la operación de venta del hotel Arts de Barcelona, firmada apenas un día después de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York), le ha servido en Subprime para “darle ese lenguaje” de la Castellana en un universo de intrigas financieras y políticas en la pomada madrileña. “En la obra hay trazos de personalidad de toda la gente que te vas cruzando por el camino, es como un puzle; coges fichas de uno y de otro para dar verosimilitud, pero lo que pasa en Subprime yo no lo he vivido”, aclara.

En 2006 regresó a Málaga. Pensó que, para formar una familia, la capital de la Costa del Sol, su ciudad natal, era un mejor sitio para vivir que el asfalto trepidante madridí. “Ahora tengo menos intensidad, menos ambición, todo con un cero menos, pero el trabajo es el mismo que en Madrid: me encanta lo que hago y lo hago para una gran empresa”, subscribe.

“Aburrirse aquí es imposible”

La vuelta también se explicó por sus ganas de escribir teatro. Desde entonces, su primera obra, apareció gracias al encuentro del grupo de amigos del colegio mayor que se reunía los sábados por la mañana para montar obras de teatro. La estrenaban en el salón de actos del Loyola. Un día se dieron cuenta que les apetecía interpretar un texto original. Fernando Ramírez se encerró a escribir. Desde aquel momento quizá haya perdido “visceralidad, inocencia", pero ha aprendido el sentido del ritmo. “Al público puede gustarle más o menos, pero aburrirse aquí es imposible”.

Ya tiene otra obra escrita, ambientada en una empresa de vigilancia. Trata sobre los peligros de la privacidad en Internet. Quizá, como en Subprime, surjan en la mitad de la escritura “27 puertas hacia donde llevar la historia”. El financiero loco por el teatro cumplió ayer el principio de su sueño. El telón apenas se acaba de levantar.

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