cambios en las cúpulas de vocento y prisa

El 'establishment' nacional se refuerza en los grupos de medios con el sector en ruinas

Seis años de crisis han dinamitado las cuentas de los medios. Una debilidad que ha encajado con los intereses de las grandes corporaciones del país

Foto: Juan Luis Cebrián y César Alierta, en una imagen de archivo. (Efe)
Juan Luis Cebrián y César Alierta, en una imagen de archivo. (Efe)

Seis años de crisis han dinamitado las cuentas de los principales grupos de comunicación, en su mayoría auténticos zombis. Una debilidad que ha terminado por encajar con los intereses de las grandes corporaciones del país y forjando una tela de araña de relaciones peligrosas e intereses cruzados. Dos movimientos en las últimas fechas escenifican cómo avanza ese proceso. En primer lugar, la llegada a la presidencia de Vocento de Rodrigo Echenique, a la sazón consejero del Santander. En segundo, la propuesta de Telefónica para comprar Canal+ al Grupo Prisa, sociedad de la que en breve será accionista. El establishment nacional gana peso en los medios.

Por orden cronológico, el primer episodio acaeció el pasado 30 de abril, fecha en la que Vocento cerró su enésima crisis interna con el nombramiento de Echenique como presidente. Ejecutivo de primera, gestor de valía incuestionable, la conveniencia de su designación es solo una cuestión de sensibilidades. Exconsejero delegado del Santander seis años, aún forma parte del cónclave que preside Emilio Botín. ¿Debe un grupo de medios, editor del diario ABC, tener como cabeza visible a un directivo con esa filiación? A falta de que se definan sus funciones y hasta qué punto serán ejecutivas, accionistas de la casa no dudaban en admitir tras la última junta que su mandato arranca con un estigma.

Rodrigo Echenique. (Efe)
Rodrigo Echenique. (Efe)
Al margen de esta vinculación indirecta, el Santander es parte fundamental en el rescate al Grupo Prisa. Corría mediados de 2012 y el banco, junto a La Caixa y HSBC, aceptaba canjear deuda por capital y suscribía bonos que se convertirán obligatoriamente en acciones de la propietaria de la Cadena Ser el próximo mes de julio. En ese momento, la entidad pasará a formar parte del capital con un porcentaje significativo. Por ahora y según avanzó este diario, sólo la firma catalana ha deslizado que no tiene interés alguno por entrar en el accionariado del grupo de medios, al punto que busca colocar en el mercado esos bonos antes de que venzan. Eso sí, si lo hace, tendrá que asumir importantes minusvalías.

En paralelo a la acción de los bancos, Telefónica se comprometía a inyectar 100 millones de euros en Prisa vía bonos convertibles en acciones. Una operación que, cuando entre en vigor dentro de algunas semanas, también le concederá una cuota importante del capital. El propio presidente ejecutivo de la sociedad, Juan Luis Cebrián, ponía en valor el paso delante de estas multinacionales en una de las últimas juntas de accionistas. “La presencia de HSBC, Santander y La Caixa pone de relieve el permanente apoyo de las instituciones financieras a nuestro grupo –exponía el factótum de Prisa–. La incorporación de Telefónica (…) tiene un significado estratégico particular”. La cuestión es, ¿sin impacto en la línea de la editora de El País?

El fin de un imperio

En este sentido, la multinacional de César Alierta no tendrá que consultar con nadie sus decisiones editoriales en Canal+. Claro que aquí el negocio es lo primero. El acuerdo para la compra del 56% de la plataforma que aún atesora Prisa convertirá a la teleco en un operador con una potencia de fuego fenomenal en diferentes mercados que van de la televisión de pago a las propias telecomunicaciones, con una capacidad enorme de empaquetar ofertas convergentes. La transacción, que se eleva a 725 millones de euros, no hubiera sido posible con una Prisa saneada. En pleno desguace, Telefónica ha aprovechado para sacar rédito. Al tiempo, el principal imperio mediático del país deja de ser multimedia y pierde toda su división televisiva. “La compañía está como está” se explicaba desde el ámbito financiero.

El acuerdo para la compra del 56% de Canal convertirá a Telefónica en un operador con una potencia de fuego fenomenal en diferentes mercados Los números no pueden ser más desalentadores. Prisa perdió el año pasado la friolera de 648,7 millones de euros, lastrada por un nuevo deterioro de Canal+. El agujero supera los 1.350 millones en tres años. Al cierre de 2013, la compañía acumulaba una deuda superior a los 3.200 millones e incluso se veía obligada a incrementar sus provisiones para hacer frente a regularizaciones derivadas de inspecciones fiscales. Por su parte, Vocento mejoraba sus guarismos el año pasado, pero lo hacía tras el cierre de negocios como Punto Radio, La 10 o el gratuito Qué! . Ahora tiene el reto de incrementar la cifra de negocios, si una nueva división familiar no lo impide. Son solo ejemplos de las estrecheces en que se mueve la industria.

El pasado miércoles, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se reunió con los grandes empresarios del país, agrupados en el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC). Según se observa en la foto de familia, le flanqueaban Emilio Botín y César Alierta. A la izquierda del presidente de Telefónica, sólo separado por Pablo Isla (Inditex), pululaba Isidro Fainé. El Gobierno que presume de no intervenir en asuntos de medios dejará el poder –cuando toque– con un sector irreconocible y marcado en su accionariado y sus cúpulas por las grandes multinacionales del país. Dura batalla para la independencia de grupos que, por otra parte, no tienen motivo de queja tras hacer mal los deberes. Unos, la mayoría, por su incapacidad para anticipar el fin de un modelo de negocio y su falta de talento para desafiarlo. Otros, por sus luchas intestinas. Entre todos la mataron.

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