pedro j. ramírez, en 'el confidencial'

"Si los italianos me echan, que no va a pasar, mi próximo proyecto será digital"

Llega con el Ipad bajo del brazo. Y con un titular que quiere evitar a toda costa. “No vamos a cerrar la web”, dice. Pedro J. Ramírez, director de El Mundo.

Foto: El director de 'El Mundo', Pedro J. Ramírez (c), visita 'El Confidencial'. (Foto: Enrique Villarino)
El director de 'El Mundo', Pedro J. Ramírez (c), visita 'El Confidencial'. (Foto: Enrique Villarino)

Llega con el iPad bajo del brazo. Y con un titular que quiere evitar a toda costa. “No vamos a cerrar la web”, se anticipa. Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, cuenta los días para la presentación el próximo 4 de noviembre del nuevo proyecto digital de Unidad Editorial, el presunto antídoto contra los números rojos que asolan el sector. Una metamorfosis a lo New York Times cuya principal novedad a priori pasa por la introducción de un paywall o muro de pago, fórmula que obliga al usuario a suscribirse a partir de un determinado número de visitas mensuales. El periodista, sin embargo, se revuelve y niega la mayor.

“Vamos a incluir un mecanismo de pago, pero eso no es lo esencial. La inmensa mayoría va a poder seguir utilizando la web en las mismas condiciones. La novedad es que todos nuestros contenidos van a estar disponibles en todos los soportes. Yo prefiero hablar de esclusas en la presa, no de un muro. Abro y cierro en función de cómo evolucione el modelo de negocio. También en función de la estrategia informativa. La cuestión no es tanto de abierto o cerrado, sino de rediseñar el concepto de periódico”, subraya con convicción durante un encuentro mantenido en la sede de El Confidencial.

¿Y si sale mal? “El futuro es digital o no es. El negocio de la prensa escrita no se va a recuperar nunca. Nunca vamos a tener la publicidad que tuvimos ni a vender los ejemplares que vendimos”, expone Ramírez. Otra cosa es que este sea el momento y que Unidad Editorial acierte con el timing. “Soy director de periódico desde hace 33 años. No ha pasado un mes sin que se haya publicado que me echan. No lo he dejado de leer un solo mes. Si los italianos me echan, cosa que no va a suceder porque vamos a tener éxito, mi próximo proyecto sería digital. Tal vez complementado por una parte impresa, pero la parte clave de la actividad sólo puede ser digital”, remata.

Aunque no precisa datos, sí echa cuentas. Y no ve demasiado riesgo en el proyecto, aunque admite que el tráfico puede resentirse al principio entre un 5% y un 10%. “Hay margen para no perder el liderazgo”, deja claro. Y es que Ramírez cuenta con que más de un 90% de sus usuarios no se vea afectado por esas esclusas. Sólo el resto, los heavy users, es quien tendrá que decidir si paga o no. “Para ellos vamos a lanzar las mejores aplicaciones, que vamos a convertir en palanca para conseguir suscriptores premium”, subraya. Como contrapartida, el impacto en la cuenta de resultados tampoco se prevé ni mucho menos inmediato.

Pedro J. Ramírez. (Foto: E. Villarino).
Pedro J. Ramírez. (Foto: E. Villarino).
El lector impenitente de las cabeceras de Unidad Editorial que apueste por la suscripción dispondrá de diferentes tarifas –“las cuantías aún no están decididas”– en función de su nivel de acceso. La estrella serán los abonados de Orbyt, actualmente 85.000 suscriptores, que tendrán a su disposición una edición vespertina del diario enriquecida con El Mundo de la Tarde, un minitelediario de tres minutos presentado por Carlos Cuesta. “Se trata de cambiar la experiencia del PDF a la experiencia tableta. Es una ficha más del dominó, un gancho para continuar con el desarrollo de Orbyt y enriquecer el formato en línea con lo que ofrece el soporte”, subraya Ramírez.

Una carga de trabajo extra que El Mundo tendrá que afrontar con una plantilla adelgazada por las salidas de los últimos años, incluida una última remesa de 115 profesionales. El periodista prefiere mirar hacia delante y apunta que los ajustes se han llevado a cabo de forma menos traumática que en periódicos como El País. “Sigo teniendo una redacción con 300 periodistas y es la segunda en número después de la de El País. De lo que se trata es de utilizar mejor la redacción y los perfiles de los periodistas que se van incorporando”, justifica, sin albergar duda alguna sobre la viabilidad del proyecto.

La pasividad de la competencia

El director de El Mundo también se apunta el tanto de abrir camino y no duda en criticar la pasividad de sus competidores. “Somos el rompehielos. Es inaudito que Prisa o Vocento no se hayan anticipado o no lo estén haciendo a la vez que nosotros”, asevera. Con ellos comparte las estrecheces publicitarias de la crisis en pleno agotamiento del modelo tradicional. “Nos va mal como a todos, pero no a todos nos va mal de la misma manera”, deja caer, insistiendo en que las obligaciones de Unidad Editorial lo son menos por ser con su matriz, la italiana RCS Mediagroup. Toda una alusión velada a la editora de El País, que el 1 de enero de 2014 verá como La Caixa, Santander y Telefónica entran en su accionariado tras canjear deuda.

“Tenemos una deuda muy importante y ese es nuestro problema –concede–, pero todas nuestras cabeceras estarían en positivo desde el punto de vista operativo. ¿La ventaja? Tenemos un accionista poderoso que sigue creyendo en los medios de comunicación. ¿El inconveniente? Que es un cuerpo vivo y no es un ahora un accionista estable. Vamos a ver cómo se establecen las nuevas relaciones de fuerza en el accionariado. Nosotros ya hemos hecho un esfuerzo en reducción de costes”. Como publicó este diario, la ruptura del pacto sindicado en RCS Mediagroup, propietario de Unidad Editorial, abre un periodo de incertidumbre sobre la estrategia para España.

Un reto en un mercado donde los players tradicionales no son ya el único adversario. “La publicidad y los medios de comunicación no son ya el carro y el caballo. Cualquiera que ofrezca productos digitales es un competidor nuestro”, admite. Y no se engaña. Tiene claro que “hay anunciantes que no nos dan el dinero sólo porque seamos un instrumento rentable, sino por llevarse bien con nosotros”. En el epílogo, y tras dos horas entre Apple y Samsung, una confesión y un objetivo: “Ya siento dedicar todo este tiempo a la tecnología. A mí lo que gusta es salir a buscar noticias, poder fastidiar al mayor número de gente con motivo. Pero no hay más remedio. Si llegamos a las 200.000 suscripciones digitales, vamos en canoa”.

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