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Qué debes leer | ¿Que es lo que acabó con los Neandertales? Esta es la última teoría
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Qué debes leer | ¿Que es lo que acabó con los Neandertales? Esta es la última teoría

Un libro espectacular de la arqueóloga británica Rebecca Wragg Sykes recorre la vida el amor, la muerte, el arte y la extinción de nuestros primos evolutivos

Foto: Imagen: Rocío Márquez.
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"Pellízcate la barbilla y, bajo la carne y los músculos flácidos, sentirás un núcleo óseo. Casi todos los neandertales carecían de ese rasgo, incluso desde bebés. Pálpate la cabeza: es alta pero globular; tu cara es corta y vertical bajo la frente. Aunque compartían nuestros cerebros abultados en relación con los de otros homínidos, la forma de sus cráneos era rematada por una visible protuberancia por encima de la nuca muy diferente. Las coronillas más bajas les conferían una apariencia más aerodinámica y esculpida, rematada por una visible protuberancia por encima de la nuca. Unos ojos más grandes y hundidos miraban desde una cara cuya nariz y boca parecían proyectadas hacia delante, pero con los pómulos hundidos. Enmarcando todo esto se dibujaban unos pronunciados toros supraorbitales, sin separación central como los tuyos, y mucho más imponente. Pero el cerebro -el que controlaba esos ojos que devuelven intensamente la mirada- era tan grande y capaz de pensar como el tuyo".

Ojo con nuestros primos evolutivos. Sobrevivieron 300.000 años -cien mil más que nosotros- en condiciones climáticas terriblemente hostiles, se extendieron por todo tipo de biosferas -de la tundra a la estepa, de los bosques a los mares- y fueron curiosos, creativos, espirituales, artistas, tecnológicamente avanzados y muy inteligentes, tal vez incluso más que los sapiens que les sustituimos. Pero, entonces, ¿por qué se extinguieron? ¿Por qué nuestra especie, que llegó a convivir con la suya, ganó el premio gordo de la supervivencia? Esa una de las muchas preguntas a las que intenta responder la arqueóloga británica Rebecca Wragg Sykes en un libro espectacular: 'Neandertales. La vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos' (Geoplaneta, 2021).

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Para ser precisos, los neandertales no se extinguieron del todo. Los caucásicos europeos albergamos en nuestro interior genes neandertales que nos indican la sorprendente existencia en el pasado de contactos sexuales entre especies, probablemente en la zona de encuentro que es Oriente Próximo. En cualquier caso, en algún momento entre hace 45.000 y 40.000 años, los neandertales como seres humanos alternativos y separados dejaron de existir. Y, conociendo el reverso tenebroso de nuestra especie, estamos tentados a pensar que nosotros fuimos los culpables, tal vez no por un genocidio directo como una mayor flexibilidad adaptativa en el combate por los recursos.

No es tan sencillo. Como dijimos antes, la superioridad de nuestra especie cada vez es puesta más en duda por los investigadores. En realidad, recuerda la autora del libro, no hay ninguna respuesta lógica ni sencilla a por qué estamos aquí nosotros y no ellos. Pero prometimos una conjetura novedosa. Y vamos a cumplir.

"El colapso climático, unido a un continente mucho más poblado, pudieron haber creado las condiciones para que nosotros perduráramos y los neandertales desaparecieran. (...) Una tormenta perfecta resultante de la acumulación de tensiones pudo ser catastrófica. Tanto poblaciones como especies pueden desaparecer por factores que no tienen nada que ver con la inteligencia, sino que sencillamente se deben al tiempo y las crías. El destino de los últimos neandertales que no se juntaron con nosotros quizás fue más un adiós susurrado que un grito de guerra: una desaparición tranquila acompañada por el canto quejumbroso de las madres en la noche".

"Pellízcate la barbilla y, bajo la carne y los músculos flácidos, sentirás un núcleo óseo. Casi todos los neandertales carecían de ese rasgo, incluso desde bebés. Pálpate la cabeza: es alta pero globular; tu cara es corta y vertical bajo la frente. Aunque compartían nuestros cerebros abultados en relación con los de otros homínidos, la forma de sus cráneos era rematada por una visible protuberancia por encima de la nuca muy diferente. Las coronillas más bajas les conferían una apariencia más aerodinámica y esculpida, rematada por una visible protuberancia por encima de la nuca. Unos ojos más grandes y hundidos miraban desde una cara cuya nariz y boca parecían proyectadas hacia delante, pero con los pómulos hundidos. Enmarcando todo esto se dibujaban unos pronunciados toros supraorbitales, sin separación central como los tuyos, y mucho más imponente. Pero el cerebro -el que controlaba esos ojos que devuelven intensamente la mirada- era tan grande y capaz de pensar como el tuyo".

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