Qué debes leer | Heracles, Jasón, Edipo y otros héroes griegos como nunca los habías visto
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Qué debes leer | Heracles, Jasón, Edipo y otros héroes griegos como nunca los habías visto

El popular presentador y escritor británico Stephen Fry, que ya dedicó un primer y estupendo volumen a los dioses griegos, revisita ahora a los héroes en la segunda parte

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Imagen: Irene de Pablo.

De pronto todo ha quedado claro mientras el terror le domina. Sí, Edipo comprende al fin que ha matado a su padre, que ha desposado a su madre Yocasta con la que he tenido nada menos que cuatro vástagos, que ha atraído la maldición en forma de peste a Tebas y, además, que el grito que ha escuchado en el palacio es el de su madre/esposa que se acaba de ahorcar al descubrir al mismo tiempo toda la verdad. Piensa en primer lugar en quitarse la vida él también pero no se siente capaz de toparse en el Hades con las víctimas de sus desmanes. Observa a su lado dos afilados broches de oro que sobresalen del vestido abandonado por Yocasta. Los agarra sin pensar y se los clava en los ojos.

El trágico destino de Edipo, narrado entre otros por Sófocles y, tal vez, el héroe más icónico de la mitología de la Grecia antigua, ha servido de fuente de inspiración inagotable durante siglos, irradiando la literatura, el arte, la filosofía o el psicoanálisis. Su peripecia funde paradójicamente la inevitabilidad del destino fijado con la asunción libre y no predestinada de responsabilidades y nos señala así ese instante en la secuencia mítica en la que los seres humanos dejan de ser simples comparsas de los dioses para jugar sus propias cartas. Es el momento de los 'Héroes' y a ellos les dedica el presentador y escritor británico Stephen Fry su nuevo libro en Anagrama tras ocuparse en una entrega anterior de las vicisitudes de los Dioses del Olimpo.

"La Edad de Oro", escribe Fry, "se ha convertido en la Edad de los Héroes: hombres y mujeres que cogen las riendas de sus destinos, emplean sus cualidades humanas -valentía, astucia, ambición, velocidad y fuerza- para llevar a cabo proezas asombrosas, vencer horribles monstruos y establecer grandes culturas y linajes que cambian el mundo. El fuego divino robado al cielo por su campeón Prometeo arde en ellos. Temen, respetan y adoran a sus dioses paternos, pero en el fondo saben que son la horma de su zapato. La humanidad ha entrado en la adolescencia".

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No nos engañemos, el mundo sigue siendo un lugar lleno de peligros, habitado aún por monstruos, ninfas, por los espíritus de montes y ríos, por enormes serpientes y dragones que imponen todo tipo de pruebas a vida o muerte a estos héroes. Por no hablar de que los sibilinos dioses, inquietos por su decreciente influencia, siguen intentando meter baza cada vez con peores artes. Tal será el escenario de las gestas y desventuras de Perseo, Heracles, Belerofonte, Orfeo, Jasón y sus argonautas, Atalanta, Teseo, Procusto o el desgraciado Edipo.

No parece fácil volver a contar otra vez con cierta originalidad y atractivo algo tan archiconocido como los mitos griegos, narrados en mil formatos distintos, en miles de libros para todas las edades, en series, películas, anclados de alguna forma en la memoria colectiva de la humanidad. Y, sin embargo, eso es lo que ha logrado Stephen Fry en sus dos volúmenes titulados 'Mythos' y este nuevo de 'Héroes'. Pese a que obras clásicas como la apabullante e inolvidable 'Los mitos griegos' de Robert Graves siguen siendo un tesoro obligado de toda biblioteca personal, siempre es buena idea refrescar y volver a animar a nuevas generaciones a perderse con alegría en el mayor arsenal simbólico a que ha dado lugar nuestra civilización.

De pronto todo ha quedado claro mientras el terror le domina. Sí, Edipo comprende al fin que ha matado a su padre, que ha desposado a su madre Yocasta con la que he tenido nada menos que cuatro vástagos, que ha atraído la maldición en forma de peste a Tebas y, además, que el grito que ha escuchado en el palacio es el de su madre/esposa que se acaba de ahorcar al descubrir al mismo tiempo toda la verdad. Piensa en primer lugar en quitarse la vida él también pero no se siente capaz de toparse en el Hades con las víctimas de sus desmanes. Observa a su lado dos afilados broches de oro que sobresalen del vestido abandonado por Yocasta. Los agarra sin pensar y se los clava en los ojos.

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