Cómo cambiar el capitalismo tras la crisis del covid-19, sólo para suscriptores
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ADELANTO EDITORIAL

Cómo cambiar el capitalismo tras la crisis del covid-19, sólo para suscriptores

La pandemia ha provocado que mucho de nuestros resortes hayan cambiado para siempre, ¿pero servirá para tener un modelo económico que se ajuste a las nuevas necesidades?

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El colapso del PIB mundial, el bloqueo de la producción y el comercio, infinidad de personas sumidas en la pobreza y el desempleo... Este es el resultado de la pandemia de covid-19 desde el punto de vista económico. El desafío al que se enfrentan los gobiernos de todo el mundo es enorme: la necesidad de aplicar medidas de apoyo a los ciudadanos y de ayuda a las empresas con dificultades, el refuerzo de los servicios sanitarios, un nivel de colaboración entre naciones sin precedentes, desde la carrera por las vacunas hasta la gestión de las pruebas de detección y el rastreo de los contagios. De esta premisa parte ' No desaprovechemos esta crisis', el último libro publicado por Mariana Mazzucato por la editorial Galaxia Gutenberg.

Por desgracia, durante el último medio siglo, el mensaje político predominante en muchos países ha sido que los gobiernos no pueden –y, por tanto, no deben– gobernar. Desde hace tiempo, políticos, dirigentes empresariales y expertos se dejan guiar por una ideología que se centra en medidas estáticas de eficiencia para justificar los recortes de gastos, las privatizaciones y la subcontratación.

Esta es la razón por la que los gobiernos disponen ahora de menos herramientas para responder a la crisis. Y esta es precisamente la lección del covid-19: la facultad de un Estado para gestionar una crisis de gran envergadura depende de lo que haya invertido en la capacidad de gobernar, hacer y gestionar, es decir, en dar forma a mercados que produzcan un crecimiento sostenible e inclusivo orientado al interés general. Para tener más información sobre el trasfondo de la pandemia, El Confidencial ofrece en exclusiva para sus suscriptores un capítulo de 'No desaprovechemos esta crisis', otra manera de entender cómo el covid-19 nos ha afectado en nuestro día a día.

La triple crisis

La crisis del covid-19 es una oportunidad para cambiar el capitalismo. El mundo se encuentra en estado crítico. La pandemia de covid-19 se está propagando con rapidez entre los países, a una escala y con una severidad inéditas desde la devastadora gripe española de 1918. A menos que se lleve a cabo una acción global coordinada para contenerla, el contagio pronto será también económico y financiero.

La magnitud de la crisis requiere que los gobiernos intervengan. Los estados están inyectando estímulos en la economía al tiempo que intentan desesperadamente ralentizar la propagación de la enfermedad, proteger a la población vulnerable y contribuir a crear nuevas terapias y vacunas. La escala y la intensidad de estas intervenciones recuerdan a las de un conflicto militar: es una guerra contra la propagación del virus y el colapso económico.

Y, sin embargo, hay un problema. La intervención exige un marco muy distinto del que han escogido los gobiernos. A partir de la década de 1980, a estos se les ha dicho que se queden en un segundo plano y dejen que sean las empresas las que dirijan y creen riqueza, y que solo intervengan para arreglar los problemas cuando estos surgen. El resultado es que los gobiernos no siempre están adecuadamente preparados y equipados para enfrentarse a crisis como la del covid-19 o la emergencia climática. Al asumir que deben esperar hasta que se produzca un inmenso shock sistémico antes de decidirse a actuar, los gobiernos no hacen los preparativos suficientes sobre la marcha.

En el proceso, se debilitan instituciones clave en la prestación de servicios públicos y, en términos más generales, los bienes públicos, como el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés), en el que desde el año 2015 se han producido recortes en la sanidad pública por un total de un millón de libras.

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El destacado papel de las empresas en la vida pública también ha provocado una pérdida de confianza en lo que el Gobierno puede lograr por sí solo. A su vez, esto ha dado pie a muchas asociaciones público-privadas problemáticas, que priorizan los intereses de las empresas por encima del bien público. Por ejemplo, está bien documentado que con frecuencia las asociaciones público-privadas en investigación y desarrollo favorecen los 'éxitos de ventas' a expensas de medicamentos con menor atractivo comercial pero que son muy importantes para la salud pública, como los antibióticos y las vacunas contra numerosas enfermedades que pueden dar lugar a brotes.

Además, las sociedades donde la desigualdad es cada vez mayor carecen de una red de seguridad y protección para la gente trabajadora, en especial para quienes trabajan en la economía gig (literalmente, economía 'de bolos') sin protección social.

Pero ahora tenemos la oportunidad de utilizar esta crisis para entender cómo hacer un capitalismo distinto. Lo cual implica repensar para qué sirven los gobiernos: en lugar de limitarse a corregir los fallos de mercado cuando estos surgen, deberían pasar a conformar y crear activamente mercados que generen un crecimiento sostenible e inclusivo. También deberían garantizar que las asociaciones con empresas que reciben financiación pública están motivadas por el interés público, no por los beneficios.

En primer lugar, los gobiernos deben invertir en instituciones –‍y en algunos casos crearlas–‍ que ayuden a impedir crisis, y que nos den capacidad para gestionarlas mejor cuando estas se produzcan. El presupuesto de emergencia de 12.000 millones de libras del Gobierno de Reino Unido para el NHS es un paso positivo. Pero es igual de importante centrarse en la inversión a largo plazo para fortalecer los sistemas sanitarios y revertir la tendencia de los últimos años.

En segundo lugar, los gobiernos tienen que coordinar mejor las actividades de investigación y desarrollo y dirigirlas hacia objetivos de sanidad pública. El descubrimiento de vacunas requerirá coordinación internacional a una escala hercúlea. Esto lo ejemplifica el extraordinario trabajo de la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés).

Pero los gobiernos nacionales también tienen la enorme responsabilidad de conformar los mercados, dirigiendo las innovaciones a la consecución de objetivos públicos, como han hecho ambiciosas organizaciones públicas como la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos. Cuando la DARPA estaba resolviendo el problema de que los satélites pudieran comunicarse, financió lo que acabó convirtiéndose en internet. Una iniciativa similar en materia de sanidad aseguraría que la financiación pública se orientara a solventar grandes problemas de salud.

Ahora tenemos la oportunidad de usar esta crisis para saber cómo hacer un capitalismo distinto, lo que implica pensar para qué sirve un gobierno

En tercer lugar, los gobiernos tienen que estructurar las asociaciones público-privadas para que beneficien tanto a los ciudadanos como a la economía. La sanidad es un sector que recibe miles de millones de dinero público a escala global. En Estados Unidos, los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) invierten 40.000 millones de dólares al año. Desde el brote del SARS en 2002, los NIH han gastado 700 millones de dólares en investigación y desarrollo vinculados a los coronavirus. La gran financiación pública destinada a la innovación sanitaria requiere que los gobiernos estén al mando del proceso para asegurarse de que los precios son justos, no se abusa de las patentes, el suministro de medicamentos está garantizado y los beneficios se reinvierten en innovación en lugar de desviarse hacia los accionistas. Y que si se necesitan suministros de urgencia –‍como medicamentos, camas de hospital, mascarillas o respiradores‍–‍, las mismas empresas que se benefician de los subsidios públicos en los buenos tiempos no especulen y cobren de más en los malos tiempos.

El acceso universal y asequible es esencial no solo a escala nacional, sino también internacional. Esto es especialmente crucial en el caso de las pandemias: no debe haber lugar para el pensamiento nacionalista, como el intento de Donald Trump de adquirir una licencia exclusiva de la vacuna contra el coronavirus para Estados Unidos.

En cuarto lugar, es el momento de que aprendamos al fin las duras lecciones de la crisis financiera global de 2008. A medida que las empresas, sean líneas aéreas o tiendas, vayan pidiendo rescates y otro tipo de ayudas, es importante no limitarse a darles dinero. Pueden imponerse condiciones para que los rescates estén estructurados de tal modo que transformen los sectores que están salvando y estos se vuelvan parte de una nueva economía. Una centrada en la estrategia del nuevo pacto verde para reducir las emisiones de carbono al mismo tiempo que se invierte en los trabajadores y se garantiza que pueden adaptarse a las nuevas tecnologías. Debe hacerse ahora, mientras el Gobierno lleva ventaja.

El covid-19 es un gran acontecimiento que pone de manifiesto la falta de preparación y resiliencia de una economía cada vez más globalizada e interconectada. Sin duda, no será el último. Pero podemos utilizar este momento para poner en el centro del capitalismo un enfoque basado en las partes interesadas. No desaprovechemos esta crisis.

El colapso del PIB mundial, el bloqueo de la producción y el comercio, infinidad de personas sumidas en la pobreza y el desempleo... Este es el resultado de la pandemia de covid-19 desde el punto de vista económico. El desafío al que se enfrentan los gobiernos de todo el mundo es enorme: la necesidad de aplicar medidas de apoyo a los ciudadanos y de ayuda a las empresas con dificultades, el refuerzo de los servicios sanitarios, un nivel de colaboración entre naciones sin precedentes, desde la carrera por las vacunas hasta la gestión de las pruebas de detección y el rastreo de los contagios. De esta premisa parte ' No desaprovechemos esta crisis', el último libro publicado por Mariana Mazzucato por la editorial Galaxia Gutenberg.

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