La obra que no te puedes perder | 'El Abrazo': réquiem metafísico por el hijo no nacido
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La obra que no te puedes perder | 'El Abrazo': réquiem metafísico por el hijo no nacido

El inicio de esta obra puede hacer pensar al espectador que se encuentra ante una nueva historia de amores crepusculares, pero la dimensión de 'El Abrazo' es otra muy diferente

placeholder Foto: 'El Abrazo', de María Galiana. (Foto: Pablo López Learte)
'El Abrazo', de María Galiana. (Foto: Pablo López Learte)

Si suena Leonard Cohen, el amor está en el aire. Sucede en los primeros compases de 'El Abrazo', la obra que dirige Magüi Mira en el Teatro Bellas Artes de Madrid y que se estrenó este viernes. Juan Meseguer, aka Juan, está en una esquina del escenario con su sombrero y su gabán moviendo su pierna izquierda, luego la derecha. De fondo, "Ay, ay, ay, ay, take this waltz, take this waltz, take this waltz with the clamp on its jaws". En la otra esquina, María Galiana, aka Rosa, juguetea con su paraguas, gira sobre sí misma. "This waltz, this waltz, this waltz, this waltz, with its very own breath of brandy and death". De pronto, ambos se giran, se miran y se reconocen. Son dos amantes que han pasado 44 años sin verse. Se abrazan.

El inicio de esta obra, cuyo texto es de la sueca Christina Herrström -Mira lo vio en un festival de Avignon y se quedó prendada de él y con ganas de traerlo a España-, puede hacer pensar al espectador que se encuentra ante una nueva historia de amores crepusculares. De segundas oportunidades. De lo que pudo ser y no fue. Como ese paseo por el Gijón de principios de los ochenta en la entrañable 'Volver a empezar' con Antonio Ferrandis y Encarna Paso. O como el del matrimonio que conformaron Henry Fonda y Katherine Hepburn en 'En el estanque dorado', que aquí protagonizaron hace no muchos años Lola Herrera y Héctor Alterio en un montaje que también dirigió Magüi Mira. Pero 'El Abrazo' no obedece a las mismas leyes. Su dimensión es otra.

placeholder Los protagonistas de 'El Abrazo'.
Los protagonistas de 'El Abrazo'.

La historia comienza con una pose realista y un diálogo tópico: los dos ancianos se sientan en el banco del centro comercial en el que acaban de encontrarse. Qué fue de tu vida. Él, más nervioso, habla de su jubilación, sus diez nietos, de su mujer, de esa pularda que tiene que comprar para la cena de Nochebuena. Ella, más fría -el espectador siente que está dolida cuarenta años después de una ruptura que se desconoce, pero se intuye- apenas le da demasiada tregua. Le habla de un nieto, del rompecabezas -no puzle- que tiene que comprarle como regalo navideño, de una vida feliz, poco más. Desea marcharse. Ya no suena Cohen sino que el hilo musical machaca con una mezcla tecno-reguetonera (más de los 2000 que actual) que destruye cualquier magia.

El corte abrupto de este inicial coqueteo que no es tal llega en la siguiente escena cuando aparece el tercer personaje, un treintañero (aunque el actor Jean Cruz da menos edad) que pronto sabremos que se llama Erling (este es, en realidad, el título original de la obra). Al espectador le descoloca su presencia porque la obra acaba de entrar en la dimensión de la ensoñación, del realismo mágico. Del hijo que ambos, Rosa y Juan, pudieron haber tenido y no ocurrió. "Y, como comprenderás, ahora es demasiado tarde. La ciencia ha avanzado mucho, pero milagros no hace", le espeta Rosa a Juan en un diálogo que cabalga entre lo cómico y lo surrealista.

placeholder Juan Meseguer abraza a María Galiana.
Juan Meseguer abraza a María Galiana.

No hay drama en 'El Abrazo' porque todo se tiñe de un aura fantasmal que se acompaña de pildoritas de comedia. No hay ningún regodeo en la nostalgia del amor que ya fue, solo breves alusiones: "¿Por qué dejaste de tocar el chelo? A mí me gustaba". Pero no teman: no hay nudo en el estómago ante la historia romántica. Juan Meseguer muestra esa talla de actorazo que llena un escenario con sus gestos -gabán que se quita y se pone- de tipo al que le viene todo grande y que, incluso, tiene ramalazos de hombre que no ha salido todavía de los años setenta como esa referencia rancia a tener un hijo gay (quizá por expreso deseo de la directora de la obra). María Galiana -olvídense de cualquier Herminia que tengan en mente- asume el papel de mujer soltera -que no sola- que ha vivido como le ha dado la gana, sin marido, sin hijos y con poco resquicio para la ternura (algo que quizá se echa en falta ante un amor que fue tan importante). Jean Cruz es la excusa que une a los dos.

Texto corto, de apenas una hora y diez minutos de duración. Puesta en escena sobria. Un sofá y una mesa que también puede hacer de banco. Tres actores. Un amor que se fue y un hijo que nunca vino. 'El Abrazo' es un pinchacito (indoloro) de ese recuerdo a quien se ha amado. Y, cuando salgan del teatro, siempre les quedará Cohen, que levanta cualquier función que se precie. Vayan a verla.

Si suena Leonard Cohen, el amor está en el aire. Sucede en los primeros compases de 'El Abrazo', la obra que dirige Magüi Mira en el Teatro Bellas Artes de Madrid y que se estrenó este viernes. Juan Meseguer, aka Juan, está en una esquina del escenario con su sombrero y su gabán moviendo su pierna izquierda, luego la derecha. De fondo, "Ay, ay, ay, ay, take this waltz, take this waltz, take this waltz with the clamp on its jaws". En la otra esquina, María Galiana, aka Rosa, juguetea con su paraguas, gira sobre sí misma. "This waltz, this waltz, this waltz, this waltz, with its very own breath of brandy and death". De pronto, ambos se giran, se miran y se reconocen. Son dos amantes que han pasado 44 años sin verse. Se abrazan.

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