Entrevista con Lucas Gortázar

Por qué deberíamos invertir una parte de los fondos europeos en educación

La llegada de los fondos europeos es una oportunidad para reformar algunos males endémicos del sistema educativo, cuenta el especialista en educación Lucas Gortázar

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Lucas Gortázar es director de investigación y 'senior fellow' de educación de EsadeEcPol, un 'think tank' dedicado al estudio de las políticas públicas en España, además de consultor del Banco Mundial en materia educativa. A finales del mes pasado, Gortázar publicó '10.000 millones para rescatar y transformar el sistema educativo con fondos europeos tras la covid-19', un informe en el que recomendaba la utilización de una parte de los fondos europeos para la reforma del sistema educativo español. En esta conversación, repasamos algunos de los problemas a resolver y el impacto que puede tener en ellos esta nueva crisis si no se resuelve de manera satisfactoria.

PREGUNTA. De acuerdo con su informe, la suma de ayudas y préstamos europeos podrían suponer 140.000 millones de euros para España entre el año que viene y 2027. Dice que es el momento de que las administraciones piensen a lo grande y que identifiquen las prioridades, ahora que hay dinero para gastar. ¿Por qué deberíamos pensar que una de esas prioridades es la educación?

RESPUESTA. Por tres motivos. Sin entrar en el mantra de que la educación lo resuelve todo, sí creo que tenemos un margen de mejora enorme que podría ponernos en un lugar mejor como país en el medio y largo plazo.

En el plano económico, porque sabemos que una población con mayor nivel educativo supondrá más crecimiento económico, especialmente si lo que se aprende en la escuela es más relevante para la vida laboral y adulta del futuro. Más formación implica más productividad, lo que permitirá al estado de bienestar ser más sostenible a largo plazo; la educación es clave si pensamos en una sociedad avanzada del conocimiento, que esté más habituada a la innovación, a los cambios. Por cierto, esta visión más economicista de la educación es cada vez más compatible con una visión humanista emancipadora de la escuela. En la sociedad del conocimiento, ambas convergen hacia formar ciudadanos críticos, imaginativos, que pueden adaptarse a distintos contextos y que sepan participar de manera activa en la realidad que les rodea.

La visión más economicista de la educación es cada vez más compatible con una visión humanista emancipadora de la escuela

En el plano social, si mejoramos el nivel educativo de los jóvenes, esto es, reducimos el abandono escolar temprano, estaremos contribuyendo a una integración más plena en la sociedad. Sabemos del mal endémico del mercado de trabajo español y aunque sus causas son múltiples y muchas de ellas ajenas a la educación, la educación puede contribuir de manera decisiva a cerrar brechas y dar más capacidad a las personas para tener vidas laborales más plenas.

Y en el plano político, porque la educación es un pilar esencial para proyectar un modelo de país compartido, favorecer el desarrollo de aptitudes y promover la capacidad de convivir juntos. Cosas tan importantes como aprender a discrepar, aprender a trabajar juntos, aprender a convivir y resolver conflictos, o aprender de lo distinto son esenciales.


P. Afirma que el plan del gobierno en esa materia debería ser más resuelto y ambicioso. Usted identifica cuatro ejes y propone una inversión total de 10.000 millones de euros en educación, dividida en los siguientes aspectos: apoyo educativo y tecnológico al alumnado (2.000 millones); digitalización de la administración educativa (100 millones); infraestructuras (la parte principal, 7.800 millones); capacitación y formación del profesorado y otros actores del sistema (100 millones). ¿Cree que es viable un plan semejante? Los políticos muestran entusiasmo por la educación, pero no estoy seguro de que quieran comprometer una parte tan relevante del dinero en proyectos cuyo resultado económico no es inmediato y cuya inversión es a largo plazo.

R. El tema de la educación es muy complejo de abordar, sobre todo a partir de un punto en que todo el mundo accede a educación primaria y secundaria y el siguiente paso ya no es solo que vayan sino hacer que la experiencia escolar sea más significativa para los alumnos. Como dices, los resultados tardan, no son inmediatos, la inmediatez de la infraestructura desaparece y hay que pensar de manera distinta; mejorar los procesos, mejorar la forma de organizarse, alinear mejor objetivos y recursos, formar a los docentes, todo eso es una tarea compleja de mucha prueba y error.

Digamos que este primer problema es universal: le pasa a cualquier responsable público en materia de educación en un país desarrollado. Lo que ocurre en España es, además, que en materia de educación, hay una enorme división y, en muchas ocasiones, los políticos acaban cayendo o promoviendo activamente el uso partidista de los tópicos de la religión, la lengua o la escuela concertada para la bronca. Es una estrategia rentable para agitar el debate, fomentar la división y cerrar filas. Así que en ese contexto, pensar de una manera pausada y a largo plazo es un auténtico campo de minas.

Los políticos acaban promoviendo activamente el uso partidista de los tópicos de la religión, la lengua o la escuela concertada para la bronca

Dicho esto, hay algunos elementos para ser un poco optimista. Tenemos a una nueva generación de padres, con un mayor nivel educativo que la anterior, y con una mirada más exigente hacia la escuela; esperan mucho de ella. Pasa un poco lo mismo con una nueva generación de profesores: hay un impulso transformador e innovador que se va abriendo paso de abajo a arriba y que va generando red, se va haciendo cada vez más sistémico. Esa demanda va creciendo por ambos lados. A eso le añadimos que el experimento natural del cierre de escuelas ha supuesto una apertura brutal de la escuela hacia el hogar, todo el mundo ha comprendido cuales son las fortalezas pero también las enormes carencias. Digamos que ha sido una toma de conciencia muy grande.

P. Algunas de las cuestiones de las que hablamos con frecuencia cuando abordamos el sistema educativo español es el alto abandono escolar, la repetición y la segregación por clases sociales. Últimamente se está discutiendo mucho de meritocracia. ¿El sistema español es meritocrático? ¿Debería serlo más? Si es así, ¿cómo? ¿O la idea de meritocracia en educación es un error?

R. Sí, esto de la meritocracia es recurrente, siempre vuelve. Pero es una idea muy necesaria, tanto en la vertiente educativa como en la de la vida laboral. En educación se da la paradoja de que necesitamos que la gente crea en la idea de meritocracia ("si estudias, si te esfuerzas, tendrás más oportunidades"), de lo contrario se rompe el contrato educativo y el descrédito puede llevarse a la institución por delante. Pero a la vez, si no somos honestos con la realidad del sistema educativo, corremos el riesgo de cronificar las dinámicas y que eso también genere descrédito. Supongo que hay que encontrar un equilibrio entre la crítica práctica y la defensa del ideal.

Un sistema educativo es meritocrático si lo que te lleva hasta etapas superiores son tus capacidades y no tu contexto social

En todo caso, respondiendo a tu pregunta, me aplico la siguiente definición: un sistema educativo es meritocrático si lo que te lleva hasta etapas superiores son tus capacidades y no tu contexto social. Y en este sentido, la promesa meritocrática de la escuela sigue sin cumplirse en España (más si lo comparamos con países vecinos), a pesar de las mejoras de las últimas décadas. Somos un país donde los hijos de padres poco educados repiten mucho más de curso que el resto (con las mismas capacidades que sus pares) y donde esos jóvenes llegan menos a la universidad (precisamente por ese alto abandono): en un mercado laboral como el nuestro eso es casi una condena vital.

Creo que en lo anterior hay bastante consenso; no lo hay tanto en los motivos (algunos echarán la culpa al excesivo igualitarismo "por abajo" que frena todo esfuerzo; otros dirán que es el neoliberalismo y la estructura de élites). En mi opinión, la razón es sobre todo de concepción de la escuela y el aprendizaje; seguimos pensando que la escuela (obligatoria) tiene un papel selectivo (desde muy pronto, demasiado pronto) y por tanto convertimos lo que debería ser una experiencia de aprendizaje fuerte en un camino de vallas, baches y saltos, que se hace aburrido para los más capaces (o más apoyados en el hogar) y horrible para los que más dificultades tienen (o menos apoyo disponen en el hogar).

P. Dice en su informe: "Las consecuencias económicas, sociales y políticas de no actuar y rescatar a toda esa generación de alumnos invirtiendo en el sistema educativo y reforzando la equidad, pueden ser enormes en el corto, medio y largo plazo. No solo están en juego las oportunidades de los más afectados por la pandemia y la crisis económica. Está en juego la recuperación económica, la inserción laboral de cientos de miles de jóvenes y la cohesión social y política de los próximos años." ¿Cuál es su visión a medio plazo de la educación española en el escenario de que se aprovechen las circunstancias actuales para invertir en él, y en el de que no?

R. Soy optimista en el sentido de que creo que algunas cosas van a mejorar. La escuela va a abrirse, van a producirse algunos cambios menos lineales y van a acelerarse dinámicas que han sido lentas durante muchos años. Pero también creo que con eso vienen riesgos importantes, puede aumentar la desigualdad y las brechas educativas. Y puede también aumentar el descrédito del sector educativo ante la sociedad (a diferencia del sanitario); a pesar del enorme esfuerzo de la mayor parte de sus profesionales, para muchos es un esfuerzo insuficiente y eso va generando una división entre los educadores y el resto de la sociedad al que hay que darle la vuelta. Una ministra de Hacienda solo va a invertir más en educación si le pones encima de la mesa un plan y unas expectativas de dónde esperas llegar; si vas con la idea de que tu trabajo es el más importante del mundo y cualquier inversión es poca, quizás consigues mucho menos de lo que esperas.

En todo caso, el dinero no es lo único importante, pero ayuda a engrasar y dirigir los cambios. Aumentar la inversión siempre ayuda a navegar el valle de la reforma, en palabras de Przeworski. Pero una inversión per se puede ser totalmente estéril. Reformas e inversiones deben ir de la mano en un plan concreto y coherente. Si se invierte de manera dirigida en aquellos temas con mayor potencial (sin escaquearse de los temas difíciles y complejos de gestionar, como por ejemplo las políticas de profesorado), podemos dar un salto importante en el sistema a 10 o 15 años y, por ejemplo, lograr reducir el abandono temprano de forma drástica. Si no se invierte, la ventana será más pequeña, y habrá que ser mucho más imaginativos en un contexto político cada vez más difícil.

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