Correr: Cómo convertir el pulsómetro en tu aliado para mejorar el entrenamiento
la tecnología, al servicio del corredor

Cómo convertir el pulsómetro en tu aliado para mejorar el entrenamiento

Este dispositivo puede ser muy útil a traves de dos funciones: la mediación de la frecuencia cardiaca de reserva y el tiempo de recuperación

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Los efectos positivos que tiene el 'running' a nivel cardiovascular han animado a muchos a practicar este deporte que antiguamente era algo minoritario. Además, los avances técnicos que existen en la actualidad pueden ayudarnos a obtener aún mayores beneficios. Entre ellos destaca el pulsómetro, un dispositivo en forma de reloj o pulsera que mide nuestras pulsaciones y el tiempo empleado en el recorrido y puede ayudarnos a optimizar nuestros entrenamientos. En primer lugar, es muy útil para evitar que excedamos la intensidad de esfuerzo que nos podemos permitir. En cardiología se sigue calculando la frecuencia máxima restando a 220 la edad del corredor, una forma sencilla de conocer esa frecuencia que no debemos sobrepasar para evitar el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares.

Un concepto más interesante que nos ayuda a valorar el pulsómetro es la frecuencia cardiaca de reserva, que es la diferencia entre nuestra frecuencia máxima y la que tenemos en reposo, la llamada frecuencia basal. Puede variar por el entrenamiento y otros factores, y no es lo mismo que un corredor llegue a una frecuencia de, por ejemplo, 180 latidos por minuto partiendo de una basal de 50 que haciéndolo a partir de 80 pulsaciones en reposo. En el primer caso, habrá habido un mayor incremento de pulsaciones con el ejercicio, lo que implica mayor esfuerzo que en el segundo.

El tiempo que tardamos en recuperar nuestra frecuencia cardiaca basal tras el ejercicio nos va a indicar nuestro estado de forma

Este problema no existe utilizando la frecuencia de reserva. Entrenar en el 60%-75% de esta frecuencia basta para favorecer un descenso de la tensión arterial, del colesterol y del peso, esto es, para mejorar nuestra salud. Sin embargo, los corredores que deseen aumentar su rendimiento deben realizar un entrenamiento de calidad, alcanzando frecuencias próximas al umbral anaeróbico y trabajando en el 80%-85% de la frecuencia de reserva, para lo que deben tener una buena salud cardiovascular. Sobrepasando este umbral hay una descarga de catecolaminas que incrementa el riesgo de sufrir un problema cardiovascular. A este nivel solo deberían acceder deportistas de competición supervisados por el equipo adecuado.

Cómo convertir el pulsómetro en tu aliado para mejorar el entrenamiento

Running, la gran obsesión.

Otra utilidad del pulsómetro es el trabajo en la recuperación. El tiempo que tardamos en recuperar nuestra frecuencia cardiaca basal tras el ejercicio indica nuestro estado de forma, pues cuanto antes volvamos a esa frecuencia de reposo, mejor será nuestra condición física. Aunque en los laboratorios de medicina deportiva se mide la reducción de frecuencia conseguida a los dos y cuatro minutos de terminar el ejercicio, a nivel de aficionado la determinación a un minuto se ha hecho más popular, y las recuperaciones superiores a 40 pulsaciones en este intervalo implican una buena condición física. Ahora bien, el descenso de frecuencia debe ser siempre progresivo, pues si es abrupto y pasamos bruscamente, por ejemplo, de 100 pulsaciones a 50, existe la posibilidad de que haya algún tipo de bloqueo cardiaco y deberíamos ser vistos por un cardiólogo.

Una elevada frecuencia cardiaca no es el único indicador de que algo va mal. Si notamos mareo, dolor torácico o arcadas, debemos detenernos

En el caso de los corredores aficionados de nivel competitivo, las funciones básicas del pulsómetro tienen una importancia más secundaria, puesto que este grupo conoce muy bien la respuesta al ejercicio de su organismo e intuye, con escaso margen de error, las pulsaciones que tienen en cada momento. Por el contrario, las personas menos entrenadas tienen en este dispositivo un aliado ideal para hacer una adecuada progresión del ejercicio y para ir conociendo su organismo al poder contrastar sus sensaciones con las pulsaciones que presentan. Los deportistas de nivel competitivo apreciarán más otras funciones que incorporan cada vez más pulsómetros, como el GPS, que les permite conocer la distancia y desnivel recorridos, calculando las velocidades alcanzadas y las calorías consumidas, lo que facilita la programación de los futuros entrenamientos.

Por último, a pesar de estas ventajas, debemos ser prudentes en el uso de este dispositivo, pues una elevada frecuencia cardiaca no es el único indicador de que algo va mal. Específicamente, si notamos sensaciones anómalas, como mareo, dolor torácico o arcadas, debemos detenernos inmediatamente aunque nuestro ritmo cardiaco no esté excesivamente elevado. Dicho en otras palabras, el pulsómetro no debe ser el único guía en el entrenamiento sino una ayuda más, puesto que nuestras sensaciones también son importantes. Atribuirle un papel protagonista en el entrenamiento puede hacer un flaco favor a la reputación de este dispositivo y a nuestro propio organismo. Por el contrario, usarlo como una herramienta complementaria puede mejorar la práctica deportiva y nuestra salud cardiovascular.

*Dr. José Tuñon, servicio de Cardiología en la Fundación Jiménez Díaz.

*Dra. Araceli Boraita, servicio de Cardiología en el Centro de Medicina del Deporte AEPSAD.

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