CREAR CONCIENCIA

Feminismo, ecologismo, inmigración… ¿Cómo influye la universidad en la sociedad?

El estudiante no es solo la persona que se está formando como profesional sino también como ciudadano. Las universidades tienen el deber de abrirle a las problemáticas sociales

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El feminismo, el ecologismo, los refugiados, el pacifismo, los animales, las personas en riesgo de exclusión, la pobreza… La sensibilidad por los temas sociales ha traspasado la política y los jóvenes así lo están manifestando con distintas formas de expresión. La universidad influye en la sociedad y es responsable de su desarrollo. Por ello, expertos en este campo de la educación superior han contado a El Confidencial qué iniciativas están estimulando una masa crítica y comprometida ya extendida en todo el país.

“Como parte de la sociedad, la universidad está inmersa en esta ola de sensibilidad social. No solo generando pensamiento y conocimiento, sino también incorporando dinámicas en el aula y en la propia gestión institucional que contribuyen a fomentar sensibilidades como palanca de cambio social", explica Cecilia Martínez Arellano, directora de Responsabilidad Social Universitaria en la Universidad de Deusto. En el contexto del País Vasco, por ejemplo, están presentes temas como la violencia y la búsqueda de condiciones para la convivencia social.

Las universidades españolas están estableciendo redes sobre temáticas como la sostenibilidad medioambiental, el género o la solidaridad internacional para influir en los actores que directa o indirectamente participan de su actividad. Martínez Arellano reivindica que “la universidad siempre ha sido un espacio de debate, de deliberación ideológica, y tiene el reto ético de mantenerse como tal”.

No debemos confundir el aprendizaje-servicio con las prácticas profesionales. Aquí, los estudiantes dan una respuesta real a una necesidad social

Incluso la Comisión Europea ha implementado el concepto de investigación e innovación responsable en Horizonte 2020, ya que también forma parte de la misión de los centros universitarios. Maria Marquès impulsó ya en 2005 la institucionalización del aprendizaje-servicio, una propuesta formativa donde los estudiantes combinan el aprendizaje y el servicio solidario con el objetivo de mejorar su entorno, en la Universidad Rovira i Virgili (URV). En su opinión, “en tiempos de profunda crisis del Estado social, más que nunca necesitamos que nuestros titulados superiores, aquellos que a medio plazo estarán al frente de instituciones y organizaciones públicas y privadas, tengan conciencia de las implicaciones sociales de su futura actividad profesional. Únicamente ofreciéndoles la oportunidad de trabajar ellos mismos con los problemas sociales podrán crear la base de una sociedad más justa, solidaria y sostenible”.

Con el objetivo de debatir, entre otros temas, sobre la contribución de la educación superior al desarrollo social y territorial, se darán cita los próximos días 21 y 22 de mayo más de 600 rectores y representantes académicos procedentes de 26 países en el IV Encuentro Internacional de Rectores Universia. Un evento presidido por Ana Botín, presidenta de Banco Santander y Universia, que tendrá lugar en Salamanca.

Más críticos, cívicos y activos

Pero ¿de qué forma se materializa esta influencia?, ¿en qué espacios están los universitarios desarrollando estas competencias? La Universidad de Barcelona (UB) ha creado una oficina propia de aprendizaje-servicio en la Facultad de Educación y estas son algunas de las ofertas que proponen: ayudar a hacer deberes a personas en riesgo de exclusión, trabajar con los refugiados, reforzar el gusto por la lectura entre la comunidad gitana, acompañar a jóvenes en centros de justicia juvenil o favorecer las relaciones entre personas con discapacidad intelectual que están en la cárcel.

La promotora de esta iniciativa es Anna Maria Escofet, profesora de la facultad y responsable de la Oficina Aprendizaje-Servicio de la UB: “No debemos confundir el aprendizaje-servicio con las prácticas profesionales. Aquí, los estudiantes universitarios intervienen en un contexto real para dar respuesta a una necesidad social. Lo hacen de forma voluntaria y persiguen un objetivo distinto. Solamente se trabaja con entidades que solicitan nuestra participación y, tras un proceso de evaluación, certificamos que las competencias de los alumnos pueden aportar soluciones que nadie más daría”.

Porque el impacto, reflexiona, va mucho más allá de la experiencia individual: “Es la manera en que sociedad y universidad se dan de la mano para avanzar. El estudiante no es solamente la persona que se está formando como profesional sino también como ciudadano, y esta metodología de aprendizaje en la educación superior es una forma de abrirnos a todas las problemáticas sociales”. Por su parte, Maria Marquès ahora sigue vinculada con este tipo de pedagogía como directora de la Clínica Jurídica Ambiental de la URV. Ha detectado que en los últimos años estamos asistiendo a un auge del aprendizaje-servicio en las universidades españolas. "Se trata de un movimiento global, muy desarrollado en Estados Unidos y Canadá, con importantes iniciativas también en Irlanda, Reino Unido o Sudáfrica”.

Pero este no es el único sistema que los centros universitarios utilizan para mejorar el entorno actual. La investigación, los diálogos dentro y fuera de la universidad o la colaboración con otras instituciones también contribuyen al cambio. La Universidad de Cádiz (UCA) es la primera institución universitaria española en sostenibilidad ambiental, según el ultimo 'ranking' de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE).

Si los alumnos universitarios trabajan con problemas sociales, podrán crear la base de una sociedad más justa, solidaria y sostenible

La vicerrectora de Responsabilidad Social de la UCA, Teresa García, sostiene: “Desde el punto de vista ambiental, hacemos actividades relacionadas con el reciclaje y la gestión de residuos, la compra verde, el urbanismo, el consumo de agua, damos cursos de ecoconducción o investigamos la huella de carbono para mitigar su impacto”. El centro incluso cuenta con una Oficina de Sostenibilidad, aunque también ha priorizado otros temas como la conciliación de la vida personal y laboral: “Tenemos espacios donde los profesores y los alumnos que lo necesiten pueden dejar a sus hijos haciendo talleres, para comer, etcétera”.

¿Es necesaria una regulación?

En el marco de la Estrategia Universidad 2015, el Ministerio de Educación incorporó la responsabilidad social de la universidad y el desarrollo sostenible como motor de su modernización. Aunque ya son muchas las universidades que incluyen estas actividades en su estrategia, algunos expertos coinciden en que sería necesaria una regulación más clara.

Establecer los límites de actuación, sugerir sus posibilidades o intensificar los apoyos son algunas de las cosas que la comunidad académica echa en falta por parte de la Administración. Y es que más allá de los pronunciamientos de las Naciones Unidas para promover la educación superior sostenible, Cecilia Martínez Arellano admite que el reto de implicar al conjunto de la universidad sigue sobre la mesa: “Si bien hay conocimiento en las universidades sobre sus implicaciones, este conocimiento no alcanza por igual a las distintas facultades y centros. La financiación de esta nueva área, la formalización de estructuras o la definición de sistemas de medición y rendición de cuentas adecuados para las universidades son posiblemente los ámbitos en los que tenemos más margen de mejora”.

Sobre el papel de la universidad en la sociedad, quedan todavía muchos aspectos por definir. Anna Maria Escofet rescata la crítica recurrente de que “el conocimiento que se crea en la universidad no sale fuera” y, por ello, insiste: “Introducir esta dimensión social en nuestra actividad nos hace mucho más conscientes de la necesidad de no vivir de forma aislada y participar dentro de la sociedad”.

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