A PESAR DE LOS RECORTES

Científicos españoles cuentan el secreto de su éxito en el campo de la investigación

La partida presupuestaria destinada a investigación no ha dejado de menguar pero algunos de nuestros investigadores han conseguido ser números uno en su campo. ¿Cómo lo han logrado?

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España es el país de la OCDE que más ha recortado en investigación, 20.000 millones desde el año 2009 hasta 2017 según un informe de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE). Pero los investigadores españoles siguen apareciendo en las listas de los mejores a nivel internacional y es la primera nacionalidad extranjera en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), considerada la mejor universidad del mundo.

Los centros de educación superior, lejos de abandonar la investigación ante las dificultades económicas, han decidido intensificar su apuesta. Cada vez hacen más pedagogía entre los interesados en esta opción profesional. “En España hay muchos estudiantes universitarios a los que les gusta la investigación, que son buenos y que podrían tener un buen futuro en esta dirección", explica Àgata Lapedriza, investigadora visitante en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y profesora de la UOC.

China y Corea del Sur cada vez están más cerca pero Estados Unidos sigue siendo el líder mundial en invertir para crear conocimiento. Ester Caffarel también es investigadora en el MIT y sugiere que en Norteamérica “el dinero que se destina en investigación no solo proviene de organizaciones estatales o compañías privadas, sino también de organizaciones sin ánimo de lucro o recolectas a nivel personal. Esto da pie a proyectos de mayor riesgo. Los experimentos fallidos no se ven como algo negativo, al contrario, la persistencia, la experimentación y la innovación permiten nuevos descubrimientos y avance de la ciencia”.

Estudiantes del MIT. (Reuters)
Estudiantes del MIT. (Reuters)

Las dos mayores bases de datos de currículos de investigadores -ORCID y ResearchGate- permiten rastrear los movimientos entre países de centenares de miles de investigadores y muestran que en 2016 había más investigadores españoles residentes en el extranjero -2.400- que extranjeros residentes en España -1.900-. La comunidad científica ha advertido en numerosas ocasiones sobre la fuga de cerebros en nuestro país. Para Lapedriza hay un aspecto que merece especial atención en este sentido: “El reconocimiento de nuestro trabajo por parte de la sociedad y la política, sentirte valorado y ver proyección de futuro en lo que haces, ayuda a superar los momentos difíciles. La investigación es apasionante pero no siempre es agradecida. Más allá de los recursos económicos, creo que los investigadores nos deberíamos esforzar para llegar más a la sociedad, explicar mejor qué hacemos y cómo nuestro trabajo puede tener un impacto social positivo”.

Más del 50% de la comunidad universitaria considera necesario destinar más recursos a investigación, según la encuesta realizada recientemente por IPSOS y que se enmarca en los preparativos del IV Encuentro Internacional de Rectores Universia. Un evento donde se darán cita los próximos días 21 y 22 de mayo en Salamanca más de 600 rectores y representantes académicos procedentes de 26 países y que estará presidido por Ana Botín, presidenta de Banco Santander y Universia.

Pisar el laboratorio desde el principio

Involucrarse en grupos de investigación en los primeros años de la educación superior es, según los expertos, una oportunidad. Caffarel recomienda a los universitarios que “aprovechen el verano para hacer prácticas en laboratorios locales. Los estudiantes del MIT pasan todos los veranos desde primero de carrera en laboratorios para coger experiencia y mejorar su currículum, a veces llegan hasta estudiantes de instituto”. Ella pasó un verano de prácticas en el CSIC de Barcelona ayudando en un proyecto sobre fibrosis pulmonar idiopática. Durante esa estancia aprendió técnicas, ganó experiencia y despertó su curiosidad científica: “Se deberían fomentar más las prácticas de laboratorio en las universidades españolas”.

"El reconocimiento de nuestro trabajo por parte de la sociedad y la política, ver proyección de futuro en lo que haces, ayuda a superar momentos difíciles"

Comentan que este tipo de rodaje es un valor añadido a la hora de hacer estancias de investigación en el extranjero. Jesús Pérez, que investiga en el departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid, explica que “muchos estudiantes lo hacen en los propios laboratorios y bibliotecas de la universidad, pero también en centros de investigación públicos como el CSIC, CNIO, CNIC, INIA, IMDEA, etc., laboratorios de investigación de empresas o de grandes hospitales”.

La UCM está haciendo una fuerte apuesta por la investigación y el vicerrector de Política Científica, Investigación y Doctorado, Ignacio Lizasoain, recomienda las becas de colaboración para estudiantes que están en último año para estar en un departamento. "Una vez graduados, en el máster oficial que ahora es necesario para acceder al doctorado también se hace una investigación. Luego existen los contratos predoctorales que pueden incluir estancias en el extranjero y los posdoctorales”. De todas formas, “la investigación ya es internacional, los grupos son multidisciplinarios y hay que salir. La experiencia en otros países no garantiza tener una plaza fija a la vuelta pero sí se valora y muchos establecen contactos fuera para contratos de dos o tres años”.

Invertir tiempo en elegir

Elegir sin que lo hagan por ti. Esta es una máxima imprescindible para Juan Bisquert, investigador de la Universidad Jaime I de Castellón especializado en materiales para energía solar. En su opinión, “ver qué centros son excelentes es algo que en España no se hace. El estudiante va al que mejor le queda por comodidad y luego escoge el tema. En el extranjero ocurre lo contrario, se suele invertir mucho tiempo en buscar el tema de interés y qué grupos están trabajando en ello para contactar con el que tiene mayor prestigio”.

Bisquert es uno de los 47 españoles que aparecieron en la lista de los investigadores más influyentes del mundo elaborada por la agencia Thomson Reuters, Highly Cited Researchers, basada en los artículos publicados en revistas científicas y en el impacto que tienen a través del número de veces que han sido citados por sus colegas. Para él, “la universidad es un momento de arranque esencial y es importante escoger un campo que tenga potencial de desarrollo, que esté creciendo, como por ejemplo las energías renovables”.

Jesús Pérez lo confirma: “La mayoría de las personas que han conseguido acabar dedicándose a la investigación lo han hecho a partir de su etapa de estudiantes”. Anticipar qué campo de investigación será más exitoso es difícil pero "en España tenemos particularmente buena ciencia en biomedicina y biotecnología así como en física de materiales. También hay muchas oportunidades en comunicaciones o informática y se hace mucha investigación en el mundo de las humanidades”.

Sin miedo al ‘networking’

Una habilidad en la que nos hemos quedado atrás ha sido en establecer relaciones de colaboración. La experiencia de Caffarel, que ahora está desarrollando una pastilla de insulina para los diabéticos, le permite hacer la comparación: “En Estados Unidos se fomentan mucho las colaboraciones, que suelen nacer de eventos de ‘networking’. En el MIT hay constantemente ‘social hours’ para facilitar interacciones entre investigadores de distintos grupos y departamentos”.

Algo destacable para su colega Àgata Lapedriza, experta en inteligencia artificial y visión por computador, “es que cuando estás allí y tienes una idea, empiezas a buscar información y descubres que hay gente trabajando en temáticas relacionadas muy cerca. En general la gente es receptiva a hablar contigo, escucharte y, si lo ven razonable, plantear una colaboración”.

Con todo, Lapedriza y Caffarel coinciden en que “los científicos españoles salimos bien preparados”. Incluso “mejor que comparados con Reino Unido o Estados Unidos”, según Caffarel. ¿La tarea pendiente para el futuro? La comunicación: “No nos enseñan a vendernos ni tampoco a vender nuestro trabajo. En Estados Unidos desde pequeños tienen que hacer presentaciones en público y dar charlas. La comunicación es esencial tanto para conseguir financiación, como contactos o colaboraciones”.

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