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Cómo conseguir que tu hijo tenga las mismas aficiones que tú
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Cómo conseguir que tu hijo tenga las mismas aficiones que tú

Las grandes pasiones comienzan cuando somos muy pequeños. Si lo que te gusta es la música o el baile, posiblemente es porque viviste algún momento en tu infancia que te marcó

Foto: Foto: iStock.
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Cuando tenemos un hijo, es inevitable que procuremos proyectar en él todo lo bueno que nos define. Y esto, en muchos casos, son las cosas que nos apasionan, aquellas que nos han ayudado a lo largo de los años a seguir adelante. La vida solo tiene sentido cuando se comparten pasiones con la gente. Y, como es evidente, nuestros hijos pasan a ser lo más importante de la vida desde el momento en el que nacen, de ahí que cuando sean mayores aspiremos a disfrutar con ellos de todos esos placeres y aficiones que nos hacen tan felices.

Sin embargo, esto no deja de ser un deseo con cierto tufo narcisista que hay que coger con pinzas y no tomarse demasiado en serio. Al fin y al cabo, prima el libre albedrío y la libertad de la persona para descubrir y elegir, independientemente de sus influencias externas. No podemos moldear a nuestro hijo o hija como si fueran una versión mejorada de nosotros mismos; lo que sí que podemos hacer es enseñarles todo aquello que nos apasiona para que ellos luego decidan si se decantan por ello o no. Si de verdad sentimos amor por ello, será fácil transmitírselo con ilusión y profundidad para que él también empiece a dar sus primeros pasos en ese deporte, hobby o disciplina artística. Y, si finalmente no le gusta, prevalecerá en él o ella la pasión que le hemos infundido, que luego aplicará a otra cosa que le llame más la atención.

La clave no es ser pesados, sino predisponerlos a que disfruten por todo lo que precede o sigue a esa actividad, así como también crear el ambiente propicio

En primer lugar, las pasiones fuertes comienzan siempre cuando somos muy pequeños. Posiblemente, si lo que te gusta es la música o el baile es porque viviste en algún momento de la infancia una experiencia muy bonita que te marcó y de la que ni siquiera eres capaz de acordarte. Y lo más seguro es que no fue la actividad misma lo que como por arte de magia te atrajo, sino todo lo que venía antes o después, así como el contexto. Esto es para Jessica Beachkosfsky, una psicóloga especializada en padres primerizos, lo más esencial.

Lo importante es el momento, no la actividad

Por ejemplo, si te gusta pintar, tal vez no sea por el hecho de que un día cuando eras muy pequeño de pronto pasaste un rato formidable con las acuarelas; seguramente fuera lo que hiciste antes o después, como un taller improvisado en el que tu padre o tu madre te mostraron las grandezas de la pintura o una excelente recompensa al acabar, aunque fuera simplemente con una muestra de halago o cariño por parte de tus padres o profesores. También puede ser que ese día hiciera muy bueno y pintaste tu obra en un parque mientras anochecía y el ambiente estaba cargado de una fragancia muy especial, o que incluso hiciste un amigo gracias al dibujo que también te halagó por ello.

Si te tomas tiempo para ti, les prepararás para hallar aquello que les hará felices. Hazles ver lo feliz que eres al estar disfrutando con ellos de tu pasión

En resumidas cuentas, hay que pensar "en todos los aspectos del día en el que planeas involucrar a tus hijos en aquello que te gusta", asegura Beachkosfky en un artículo publicado en Life Hacker. Y, sobre todo, "prepararlos de antemano para que sepan qué es lo que están esperando, lo que disminuirá las posibilidades de que se aburran o se sientan abrumados". La clave no es ser pesados intentándoles mostrar todo lo que sabemos o todo lo que nos gusta de una actividad, sino predisponerlos a que gocen de ella por todo lo que precede o sigue a ese momento, así como también crear el ambiente ideal para dedicarse a ello.

placeholder Nada como un poco de actividad física en familia al caer las tardes de verano. (iStock)
Nada como un poco de actividad física en familia al caer las tardes de verano. (iStock)

Otro ejemplo: no puedes pretender que a tu hijo le encante tocar la trompeta si le pides encarecidamente (o peor, le obligas) a aprender a hacerlo los días de diario, justo después de que acabe los deberes. En vez de eso, busca el momento propicio para hacerlo en fin de semana o durante sus vacaciones escolares. Es mucho más posible que desarrolle pasión por ciertas disciplinas si estas van asociadas a un instante de gozo y placer, de ruptura con su rutina o simplemente en períodos en los que están aburridos o haciendo el vago y, de pronto, descubren algo que les estimula gracias a ti.

Disfruta tú

Otro detalle importante: disfruta. Si él ve que así lo haces, lo hará también, ya que los niños interiorizan muchas cosas imitando todo lo que ven o experimentan. Imagina que pones tu canción favorita y no dibujas ni una sonrisa. Si empiezas a canturrear, tu hijo o hija se alegrará de verte feliz. "Tienes que atender a tus propios intereses", asegura la psicóloga.

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"Incluso si eso significa pasar tiempo lejos de tus hijos. Si te tomas tiempo para ti, les prepararás para hallar aquello que les hará felices. Cuando muestras interés en alguna cosa específica que te gusta a ti, refuérzales positivamente en ello, hazles ver lo feliz que eres al estar disfrutando con ellos de tu pasión", puntualiza. Por ejemplo, si te gusta mucho el tenis y le llevas los sábados a entrenar, muestra que eres su mayor fan en lugar de corregirle todo el tiempo o decir que lo está haciendo mal.

Estas son algunas de las instrucciones más efectivas para intentar transmitir la pasión por algo a tus hijos. Pero seguramente haya muchas más, que en este caso tienes que descubrir por ti mismo. Sea como sea, tu prioridad será descubrir qué es lo que a él le gusta, ver si se distancia de tus propios hobbies y, sobre todo, cómo potenciarlo, ya que al final, quien tiene una pasión tiene un tesoro. Y, si es tu caso, bien sabes que es esta la que al final te lanza en tus propósitos, sueños y anhelos cuando las cosas se ponen difíciles.

Cuando tenemos un hijo, es inevitable que procuremos proyectar en él todo lo bueno que nos define. Y esto, en muchos casos, son las cosas que nos apasionan, aquellas que nos han ayudado a lo largo de los años a seguir adelante. La vida solo tiene sentido cuando se comparten pasiones con la gente. Y, como es evidente, nuestros hijos pasan a ser lo más importante de la vida desde el momento en el que nacen, de ahí que cuando sean mayores aspiremos a disfrutar con ellos de todos esos placeres y aficiones que nos hacen tan felices.

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