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El síndrome de María Antonieta o cuando el pelo se vuelve blanco en un instante
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Entre la ciencia y la leyenda

El síndrome de María Antonieta o cuando el pelo se vuelve blanco en un instante

Solemos recordar a la monarca con el pelo muy claro a través de la pintura, en los libros, series o películas, pero la austríaca ni siquiera era rubia. Fue la moda la que la llevó a ese tono

Foto: Fuente: iStock / Elaboración propia.
Fuente: iStock / Elaboración propia.

Hubo una vez una reina de pelo oscuro, pero bastó una noche para que este se le volviera blanco. Lo que podría empezar como un cuento de los antiguos, con su fábula de trasfondo para un relato doloroso, es, en realidad, una realidad, o eso dice al menos el relato de la Historia. Aquella reina no era otra que la mismísima María Antonieta: protagonista máxima, eso sí, de cuanta fantasía cabe en el misterio que nos deja el tiempo para quienes miran hacia atrás para entretenerse. Siempre está ella, en todas las historias de ensoñamiento de un tiempo pasado que parece de un extraño colorido, la monarca de la fiesta y la gracia, de los bailes eternos, de los banquetes despampanantes, de los orígenes de la extravagancia máxima, la reina de las pelucas y los peinados imposibles. La reina decapitada.

Si bien fue su muerte, eclipse de su vida despampanante, la que sostiene en la actualidad buena parte del relato de María Antonieta (una decapitación ante el pueblo no merece menos), su nombre real (el realista era María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena) ha servido más tarde para dar nombre a una especie de somatización del cuerpo, un misterio en cualquier caso.

Foto: Alopecia areata en la barba (Fuente: iStock)

El síndrome de María Antonieta (también conocido como 'canities subita') no te hace perder la cabeza, aunque tiene que ver con esta: se refiere a la aparición totalmente repentina aunque absoluta de una cabellera canosa. Solemos recordar a la monarca con el pelo muy claro a través de la pintura, en los libros, series o películas, pero la austríaca ni siquiera era rubia. Fue la moda la que la llevó a ese tono, y el dolor, llegó a decir, la causa del último cambio de imagen no elegido. Sin embargo, el asunto sigue siendo en la actualidad tan complejo como el marco que rodea a esta figura.

En cuestión de horas

La ciencia no ha encontrado explicación evidente aún, pese a que el de la reina no fue un caso único: solo según los registros, hubo personas con esta misma turbación del físico antes y después de ella. De hecho, aunque este nombre lo acuñaran un grupo de investigadores en un artículo publicado en 2009 en 'Archives of Dermatology', el más antiguo de estos se remonta a casi 2000 años atrás.

placeholder Fuente: Wikipedia.
Fuente: Wikipedia.

"En una sola noche, su pelo quedó tan blanco como el de una mujer de setenta años", decía Henriette Campan, la dama de honor de María Antonieta. Cuando aquello le ocurrió, solo tenía 35 años. Por supuesto que en cuestión de canas no hay edad, solo muchos mitos y más estereotipos, pero por muy pronto que estaban vayan apareciendo, se suceden durante un proceso que requiere de más o menos tiempo.

Entonces, ¿puede ser posible que ocurra en cuestión de horas? Según explica a la periodista Anne Jolis Desmond Tobin, profesor de ciencias dermatológicas en el University College Dublin en un reportaje para 'The Atlantic', es imposible. "No hay células vivas en el cabello. El estrés psicosocial no puede afectar la fibra capilar que ya está formada, solo puede afectar las fibras a medida que se forman".

El miedo por dentro

Desmond habla del estrés, y es que en la noche en la que la reina de Francia perdió su tono castaño hasta aquel momento habitual, había ocurrido uno de los hechos más importantes de su vida, que ya es decir. El 20 de junio de 1791, huyó de París justo a su marido, el rey Luis XVI y sus hijos, perseguida por el pueblo en revolución contra el derroche y desprecio que suponía la corona. Fue ella misma la que alentó a su marido a fugarse hacia los territorios controlados por su hermano, el emperador José II. Lo harían protegidos por un ejército de 10.000 todavía leales a la monarquía, que permitiría después que la realeza retomara su trono.

placeholder Fuente: Wikipedia.
Fuente: Wikipedia.

Evidentemente, no podían burlar a la gente con su imagen de reyes, y acabaron disfrazándose con las ropas de una institutriz y un ayudante de cámara. Ocultos dentro de un coche de caballo, la familia dejó París durante la noche, con la esperanza de llegar a los aliados antes de que saliera el sol. Es aquí cuando el plan empezó a decaer.

La noticia de la fuga se hizo pública rápidamente y la guardia nacional de Francia fue tras ellos. Cuando habían llegado a la ciudad de Varennes, a medio camino entre París y Dijon, un jefe de correos descubrió que aquellos rostros estaban por todas partes. El del rey, sin ir más lejos, en un billete que llevaba encima. Descubiertos, dieron marcha atrás escoltados por una turba de guardias y ciudadanos armados. De vuelta a París, algo en María Antonieta ya no era igual que antes. La conciencia, tal vez, el miedo; el pelo, cubierto.

Otros casos históricos

Una reina en apuros, y resulta que era la misma reina que había puesto de moda tantas y tantas cosas, como el llamado "puf", un peinado que usó por primera vez en junio de 1775 en la coronación de su esposo Luis XVI, y que las mujeres de la nobleza francesa no tardaron en replicar sobre ellas, así como poco después también miles y miles de mujeres de toda Europa.

Otra reina en apuros fue María I de Escocia, también ejecutada, pero dos siglos antes. Según apuntan escritos de la época, era un día de 1587 cuando arrastraron a María Estuardo hasta la guillotina, culpable de conspirar para asesinar a la reina inglesa Isabel Tudor o Isabel I de Inglaterra, y con el pelo totalmente cano. También el del humanista y abogado Tomás Moro acabó blanco de la noche a la mañana. En ambos casos, el suceso parecía síntoma del mismo tipo de daño al que se referiría después María Antonieta.

placeholder Marie Stuart, reina de Escocia, recibe la sentencia de muerte recién ratificada por el Parlamento (1809), por Jean-Baptiste Vermay. Fuente: Wikipedia.
Marie Stuart, reina de Escocia, recibe la sentencia de muerte recién ratificada por el Parlamento (1809), por Jean-Baptiste Vermay. Fuente: Wikipedia.

"No ayuda que los relatos más famosos sean anteriores a la medicina moderna, como la aparente canitis subita de la reina de Escocia antes de su decapitación a los 44 años. Cuando el verdugo levantó su cabeza cortada para mostrársela a la multitud, él dejó caer su toca para revelar el cabello blanco muy corto. 'No fue la vejez lo que la había vuelto blanca', atestigua el noble francés Pierre de Bourdeille, que presenció la decapitación, 'sino los problemas, las desgracias y las penas que había sufrido, especialmente en su prisión'", apunta Jolis.

Las cosas de palacio van despacio

En 2016, la periodista se denominaba el caso número 85. Tenía como referencia un estudio de 2013 publicado en el 'International Journal of Trichology' que recogió 84 informes de blanqueamiento de pelo "inusualmente rápido" en adultos en la literatura médica desde 1800 hasta entonces. "De estos, 14 fueron presenciados por un médico y no se explicaron por la tasa de crecimiento del folículo ni por ninguna condición médica conocida", dice Jolis en su artículo.

No obstante, sí existe algún que otro caso "moderno". Por ejemplo, como recoge la propia Jolis, en 1902, un médico del London Temperance Hospital trató a una joven que vio "a una mujer siendo degollada y la víctima cayendo muerta a sus pies". La mitad del vello púbico de la mujer se había vuelto blanco. También en 1915, a un soldado francés que casi muere en la explosión de una mina durante una batalla de la Primera Guerra Mundial, "lo llevaron al hospital inglés de Arc-en-Barrois, donde al día siguiente notó, para su sorpresa, mechones de cabello blanco en el lado izquierdo de la cabeza".

Lo achacan a una consecuencia de la alopecia areata, provoca caída repentina del pelo cuando "el sistema inmunitario ataca por error los folículos pilosos"

Como las cosas de palacio parece que van despacio, también cuando se trata de una cuestión científica sucede que pasan los siglos y el hecho sigue resultando un tanto de aquí y un tanto de allá. Por un lado, lo achacan a una consecuencia de la alopecia areata, de la que tanto se habla en los últimos años con relación a un efecto de la pandemia en la salud mental. Se trata de una afección que provoca caída repentina del pelo en diferentes zonas del cuero cabelludo cuando "el sistema inmunitario ataca por error los folículos pilosos", señalan desde el Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Músculo-esqueléticas y de la Piel (NIH) de Estados Unidos.

Desde la Clínica Universidad de Navarra añaden que aunque la causa de esta no está claramente definida, "se puede desencadenar por situaciones de estrés, y en ocasiones puede haber un trasfondo autoinmune", fruto de "una dieta carente de nutrientes esenciales, problemas de tiroides, déficit de hierro, infecciones, estrés, anemia, exceso de cosméticos (tintes, …)". En la actualidad, está demostrado científicamente que el estrés y otras alteraciones que lo conllevan como la ansiedad o la depresión. Pero, ¿puede realmente suceder de la noche a la mañana? Todavía no hay respuesta, pero eso no significa que no haya experiencias reales.

Hubo una vez una reina de pelo oscuro, pero bastó una noche para que este se le volviera blanco. Lo que podría empezar como un cuento de los antiguos, con su fábula de trasfondo para un relato doloroso, es, en realidad, una realidad, o eso dice al menos el relato de la Historia. Aquella reina no era otra que la mismísima María Antonieta: protagonista máxima, eso sí, de cuanta fantasía cabe en el misterio que nos deja el tiempo para quienes miran hacia atrás para entretenerse. Siempre está ella, en todas las historias de ensoñamiento de un tiempo pasado que parece de un extraño colorido, la monarca de la fiesta y la gracia, de los bailes eternos, de los banquetes despampanantes, de los orígenes de la extravagancia máxima, la reina de las pelucas y los peinados imposibles. La reina decapitada.

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