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Cuando Rusia y Estados Unidos decidieron ser grandes amigos por la mejor causa posible
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HISTORIA DEL SIGLO XIX

Cuando Rusia y Estados Unidos decidieron ser grandes amigos por la mejor causa posible

Hubo un tiempo en el que todo eran halagos y buenas palabras entre Washington y Moscú. La Unión Soviética todavía no había nacido y... la esclavitud aún existía en estas dos potencias

Foto: Abraham Lincoln y el zar Alejandro II. (Elaboración propia)
Abraham Lincoln y el zar Alejandro II. (Elaboración propia)

"Dios bendiga a los rusos". Resulta curioso cuando menos que esta frase fuera un día pronunciada por un secretario general de la Armada estadounidense. Sobre todo en una época en la que Estados Unidos pasaba por el peor momento interno de toda su historia, la sangrienta Guerra de Secesión que enfrentaba el Norte y el Sur, la Unión y la Confederación, en la cual se dirimió el futuro de la nación entre aquellos que querían mantener la esclavitud y aquellos que pensaban que una nación moderna y fuerte solo podía aspirar a abolirla para siempre. La frase salió de la boca de Gideon Welles, mano derecha del expresidente Abraham Lincoln, concretamente el 23 de septiembre de 1863, cuando las tropas del zar Alejandro II llegaron a las costas de Nueva York entre vítores para expresar su apoyo al líder de la Unión.

Esto no le sentó nada bien a Inglaterra, por aquel entonces enemigo número uno de Rusia, al haberse aliado con el Imperio Otomano, Francia y el ejército de Cerdeña-Piamonte para disputarse contra los eslavos de Crimea (y salir victoriosos). En una revista londinense, apareció una curiosa caricatura en la que Lincoln y Alejandro II se daban las manos irradiando colegueo y felicidad, casi fusionándose en un abrazo, mientras a sus espaldas un grupo de hombres se enfrentaban malheridos entre cadáveres y en lo que parecen ciudades en llamas. La historia muchas veces es cíclica, y aunque ahora resultaría impensable que los actuales presidentes Joe Biden y Vladímir Putin tuvieran una relación tan fecunda, no sería raro encontrar por Internet, en alguna malintencionada web o red social, una reproducción actual de esta imagen a modo 'meme' con ciudades ucranianas de fondo.

"Lincoln en su día citaba mucho la Declaración de Independencia. La esclavitud era una contradicción que obligaba a la autocrítica"

La que no es cíclica es la buena relación entre los gobiernos ruso y estadounidense, que salvo a la hora de aliarse para derrotar a los nazis en la Segunda Guerra Mundial, son las dos grandes superpotencias en disputa en el mundo desde mediados del siglo XX, con el permiso de China. Supondría un reto vislumbrar las oscuras motivaciones actuales que han llevado a la enemistad de estos dos nuevos países de nuevo con la guerra de Ucrania como telón de fondo; pero, en aquella época, en la década de 1860, hace casi 150 años, todo eran alabanzas mutuas. Y esta vez por un motivo de gran calado en el ámbito de la preservación de los derechos humanos: la abolición de la esclavitud.

No más esclavos

En realidad, Abraham Lincoln y Alejandro II tienen más cosas en común que simplemente (y no es poco) la pretensión de conceder la libertad a los esclavos de sus respectivos países. Una de ellas es que justo el día antes de la toma de posesión del histórico presidente estadounidense, ocurrida el 3 de marzo de 1861, el zar liberó a 20 millones de personas de la esclavitud tras la proclamación de la Reforma emancipadora. Por aquel entonces, la mayoría de los países occidentales ya la habían abolido, por lo que ambos presidentes pronto tomaron la iniciativa para avanzar en su prohibición.

"Leyendo sus cartas, Lincoln y Alejandro II parece que tenían una verdadera amistad genuina"

"La Reforma emancipadora aceleró mucho las pretensiones de abolir la esclavitud en Estados Unidos", asegura Ted Widmer, historiador de la City of New York University, quien publicó un libro sobre Abraham Lincoln, en un artículo reciente de 'Smithsonian Mag' en el que detallan cómo fue la relación entre los dos presidentes. "Obtuvo buenas reseñas en la prensa unionista. Fue considerado como un triunfo del liderazgo ilustrado. La esclavitud es un asunto vergonzoso si consideras que tu nación es moderna y ética. Gran parte de nuestra historia se basa en la idea de ofrecer un alto grado de libertad a la gente. Lincoln en su día citaba mucho la Declaración de Independencia americana. La esclavitud era una contradicción tan flagrante que obligaba a la autocrítica. Y él fue muy bueno a la hora de señalar esas contradicciones".

En Estados Unidos, la sociedad quedó dividida entre los partidarios de abolir la esclavitud (la Unión) y los de mantenerla (la Confederación). En Rusia, también, aunque con sus particularidades: los occidentalistas (que como su propio nombre indica se sentían más europeos y, por ello, tenían un espíritu reformista basado en la Ilustración) y los eslavófilos (reaccionarios descontentos que buscaban expandir la cultura tradicional rusa al resto del continente). El zar Alejandro II tenía un espíritu reformista y buscaba asemejar su país a las grandes potencias europeas. Y, en este sentido, quería lo mismo para Estados Unidos, una nación en la que estaba a punto de estallar una guerra civil a raíz de la voluntad de Lincoln de conceder libertades a sus ciudadanos.

Buenos amigos

"La Unión puede contar con la más sincera simpatía por parte del zar en la grave crisis en curso por la que atraviesa el país", aseguró en un comunicado el ministro de Relaciones Exteriores ruso en julio de 1861, según recoge un antiguo artículo de 'The New York Times'. La respuesta de Lincoln no se hizo esperar, agradeciendo al zar su apoyo. Ambos se tuteaban y llamaban por "tu buen amigo", como viene recogido en el archivo digital sobre la biografía del expresidente estadounidense. "Leyendo sus cartas, parece que tenían una verdadera amistad genuina", señala Widmer.

Así es como en 1863, dos años después de llegar al poder y de que Alejandro II proclamara la Reforma emancipadora, Abraham Lincoln emitió un edicto para liberar a los esclavos de sus siervos. Por aquel entonces, los estados esclavistas del sur ya se habían unido para formar los Estados Confederados de América, que no fueron reconocidos por el gobierno de Lincoln. Al estar en mitad de la guerra, el expresidente concedió una libertad limitada, manteniendo la esclavitud en aquellos estados que, a pesar de ser esclavistas, se habían mantenido leales a la Unión.

La última coincidencia entre ambos: murieron asesinados

Sin embargo, las diferencias al respecto entre ambos países eran muy notables. Los estadounidenses tenían muy arraigada la cultura del esclavismo (de hecho, fue el detonante por el que estalló la Guerra de Secesión), mientras que los rusos no llevaban a cabo una política racial tan dura como los occidentales. "Son dos actos de emancipación muy significativos, con dos años de diferencia entre uno y otro, similares en algunos aspectos y muy diferentes en otros", prosigue Widmer. De ahí, añade el historiador, que Alexis de Tocqueville predijera que, de algún modo, el futuro de la humanidad estaría regido entre Estados Unidos y Rusia en su famoso libro 'La democracia en América'. Razón no le faltaba.

Desgraciadamente, hay una cosa más que tenían en común ambos jefes de gobierno: fallecer a causa de un asesinato. En el caso de Lincoln, ocurrió el 15 de abril de 1865, mientras asistía a una obra de teatro en Washington. Alejandro II vivió mucho más, hasta el 13 de marzo de 1881, cuando un grupo terrorista le lanzó dos bombas al carro en el que iba montado, en San Petersburgo. Ya habían intentado matarlo en seis ocasiones sin éxito. Los dos murieron a manos de radicales que estaban en contra de las reformas que intentaban implantar en sus respectivos países. Reformas que, menos mal, no se modificaron tiempo después.

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Aun así, quien les diría a estos dos gobernantes que, varias décadas después, la situación política en sus países cambiaría tanto. Estados Unidos comenzaría un 'boom' económico capitalista que más tarde derivaría en el 'crac' del 29 y Rusia viviría una revolución obrera que cambiaría para siempre su sociedad y posición geoestratégica en el mundo. Tiempo después, pasarían a ser enemigos íntimos. Por no hablar del presente, mucho más complicado de comprender que el pasado. ¿Qué más da? El análisis de la historia solo importa, en este caso, para comprobar que, por muy alejados cultural o geográficamente que estén dos países, eso no es pretexto para enfrentarse de manera vicaria entre sí, como sucedió en la Guerra Fría. Y como dicen, "de aquellos barros..."

"Dios bendiga a los rusos". Resulta curioso cuando menos que esta frase fuera un día pronunciada por un secretario general de la Armada estadounidense. Sobre todo en una época en la que Estados Unidos pasaba por el peor momento interno de toda su historia, la sangrienta Guerra de Secesión que enfrentaba el Norte y el Sur, la Unión y la Confederación, en la cual se dirimió el futuro de la nación entre aquellos que querían mantener la esclavitud y aquellos que pensaban que una nación moderna y fuerte solo podía aspirar a abolirla para siempre. La frase salió de la boca de Gideon Welles, mano derecha del expresidente Abraham Lincoln, concretamente el 23 de septiembre de 1863, cuando las tropas del zar Alejandro II llegaron a las costas de Nueva York entre vítores para expresar su apoyo al líder de la Unión.

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